¿Cómo saber si tu hija sufre violencia de género o si tu hijo ejerce violencia de género con su pareja? ¿Cómo se debe actuar en estos casos?... Estas son las cuestiones que aborda la Guía para familias de adolescentes que viven o ejercen violencia de género, editada por la Mancomunidad THAM y cuyas autoras son Marta Monasterio e Irene García Rubio.

La publicación pretende acercar la realidad de la violencia de género a los adultos cercanos a cualquier adolescente que esté en pareja, con la finalidad de ofrecer herramientas para detectar la presencia de violencia de género en la relación.

Autor: Tirachard Kumtanom Fuente: 
pexels Fecha descarga: 22/11/2022

El documento se estructura en tres pasos que facilitan la aproximación al fenómeno y que son: comprender el problema de la violencia de género, detectar posibles signos de alarma tanto en las chicas que están sufriendo violencia de género como en los chicos que la ejercen, y finalmente, actuar en caso de detectar esta conducta violenta.

Tal y como se explica en la guía, en relación con las menores, existen algunos indicadores que pueden alertar del riesgo de que estén siendo víctimas de violencia de género por parte de la pareja, tales como:

  • Cambios repentinos en la forma de vestirse y en la autoestima, generalmente observándose un descuido o deterioro de la imagen personal, así como verbalizaciones sobre su falta de valía, su torpeza o rechazo a salir en fotos por considerarse feas.
  • Irritabilidad y cambios de humor constantes y repentinos, sin causa aparente.
  • Rechazo y negación ante las críticas sobre el trato que recibe de su pareja o sobre la relación.
  • Falta de proyecto personal y pérdida de motivación hacia tareas y actividades que antes le gustaban y a las que dedicaba tiempo, así como deterioro en su rendimiento académico.
  • Tendencia a aislarse los fines de semana en casa y a no salir con sus grupos habituales de amigos y amigas, dedicando el tiempo exclusivamente a estar con la pareja o a hablar con la pareja a través del móvil o las nuevas tecnologías.
  • Patrón alterado en los hábitos de sueño y alimentación, manifestado principalmente en problemas de sueño y periodos de pérdida de apetito o consumo de alimentos compulsivo.
  • Cambio en la imagen y contenido que proyecta en sus redes sociales. Según se expone en el texto, esto puede deberse a que la pareja está presionando a la menor para que suba un determinado contenido o no sea tan activa en las redes, ejerciendo control sobre el contenido que puede mostrar y su nivel de actividad.

Según se cita en la publicación, las adolescentes envueltas en relaciones de violencia de género necesitan el apoyo de los familiares cercanos para poder hacer frente a esta situación. En este sentido, la guía ofrece recomendaciones a los familiares para brindar un apoyo adecuado que les permita poder romper el círculo de la violencia en la que la menor está inmersa o para ayudar al joven violento a adoptar medidas para reconocer el daño que hace, responsabilizarse y evitar que repita esa conducta a través de los correspondientes apoyos especializados.

Tal y como se recoge en el documento, “una vez que tenemos la certeza de que se están produciendo situaciones de violencia, intervenir no es una tarea sencilla. Debemos ser capaces de asumir lo que sucede, aceptar y elaborar lo que sentimos, y saber pedir ayuda. Estar bien nos permitirá generar un espacio de confianza y escucha para actuar con nuestras hijas e hijos”.

La labor de ayuda no es una tarea fácil y va a depender de muchas circunstancias, tales como el grado de reconocimiento o de insight de la hija acerca de la presencia de violencia en la relación. No obstante, existen determinadas actitudes que dificultan la comunicación familiar y aumentan el distanciamiento con la menor, haciendo aún más difícil que se rompa la relación de violencia. Entre estas conductas a evitar, se citan en el documento las siguientes: culpabilizarse a uno mismo o a la hija sobre la situación, regañarla, hacer comentarios negativos de su novio, obligarla a romper la relación con él o prohibirle la comunicación con él, retirarle el móvil, controlar lo que hace, exponerle que está en una situación de violencia de género, etc. Por el contrario, se recomienda adoptar otros comportamientos para evitar que la menor rechace la ayuda, tales como validar y reconocer las emociones que está sintiendo, crear espacios de escucha sin emitir juicios de valor, mostrarle apoyo incondicional y señalar su valía personal, hacerle ver que lo que le está pasando no es culpa suya, tener paciencia o pedir ayuda profesional, entre otros.

La publicación puede resultar de interés para los familiares de jóvenes y los profesionales y técnicos que trabajan en contacto con familias y/o adolescentes.

Se puede acceder a la guía en la propia Web y en el siguiente enlace:

Guía para familias de adolescentes que viven o ejercen violencia de género

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