El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) ha aprobado el documento 2026-2030 para el desarrollo de la Estrategia de Cuidados Paliativos, un nuevo marco que redefine el abordaje de estos cuidados en España y que, tras veinticinco años desde el primer Plan Nacional, refuerza su consideración como un derecho del individuo, independientemente de su patología o lugar de residencia.
La nueva estrategia introduce un cambio sustancial en el modelo asistencial, situando el foco no únicamente en la fase terminal de la enfermedad, sino en el sufrimiento asociado a la misma como elemento central que activa la atención. Este giro conceptual supone una evolución significativa en la forma de entender los cuidados paliativos, alineándolos con la realidad clínica y social actual.
Un cambio de enfoque: del pronóstico a la identificación de necesidades paliativas.
Uno de los aspectos más relevantes del documento es la redefinición de la población diana. Los cuidados paliativos dejan de limitarse a pacientes en situación terminal con un pronóstico de vida inferior a seis meses y pasan a centrarse en el sufrimiento causado por la enfermedad como principal criterio de intervención.
Tal y como ha señalado el Ministerio de Sanidad en nota de prensa, este enfoque responde a una realidad epidemiológica clara: se estima que el 75% de los fallecimientos en España se producen actualmente como consecuencia de enfermedades crónicas que generan necesidades paliativas. De este porcentaje, el cáncer representa aproximadamente un 25% de las muertes, mientras que las enfermedades no oncológicas —como las demencias, las insuficiencias orgánicas o la fragilidad avanzada—, suponen ya el 50%, estableciendo una proporción de dos casos no oncológicos por cada caso de cáncer.
Este cambio tiene importantes implicaciones clínicas y organizativas, ya que amplía considerablemente el número de personas susceptibles de recibir atención paliativa, incorporando a colectivos que tradicionalmente han quedado fuera de estos recursos.

Envejecimiento, multimorbilidad y nuevas necesidades asistenciales.
La estrategia pone de relieve el impacto del envejecimiento poblacional en la demanda de cuidados paliativos. En España, la prevalencia de personas adultas con necesidades paliativas se sitúa entre el 1,4% y el 1,6% de la población general.
En este contexto, el perfil predominante de paciente ha cambiado: el grupo más numeroso ya no es el oncológico, sino el de personas con multimorbilidad y fragilidad avanzada. Estos y estas pacientes suelen experimentar procesos de deterioro más prolongados y fluctuantes, que requieren un abordaje continuado, integral y adaptado a lo largo del tiempo, más allá de la fase final de la vida.
Desde la perspectiva de la psicología y de la salud mental, este escenario implica la necesidad de atender no solo los síntomas físicos, sino también el impacto emocional, cognitivo y conductual asociado a estos procesos, incluyendo la ansiedad, la depresión, el miedo, la incertidumbre o el desgaste psicológico tanto de los pacientes como de sus familiares.
Identificación precoz y atención anticipada.
Un pilar fundamental de la nueva estrategia es el impulso de la identificación precoz de personas con necesidades paliativas en todos los niveles del sistema sanitario. Para ello, se promoverá la incorporación de herramientas validadas como NECPAL 4.0 dentro de la historia clínica informatizada.
Esta medida pretende facilitar la labor de los y las profesionales de la salud, permitiéndoles valorar la complejidad de cada caso y activar de forma temprana el enfoque paliativo. La importancia de esta iniciativa radica en que favorece una intervención progresiva y anticipada, evitando que la atención paliativa se limite a las fases más avanzadas o finales de la enfermedad.
Desde el ámbito psicológico, esta detección precoz permite intervenir antes sobre el sufrimiento emocional, mejorar las estrategias de afrontamiento, favorecer la adaptación a la enfermedad y prevenir complicaciones en la salud mental tanto del paciente como de su entorno.
Atención continuada y coordinación asistencial.
La estrategia establece la necesidad de garantizar una atención continuada las 24 horas del día, los 365 días del año, con el objetivo de evitar ingresos innecesarios en servicios de urgencias y mejorar la calidad de la atención.
Para ello, se prevé el desarrollo de servicios de atención telefónica experta y el uso de la telemedicina, una herramienta especialmente relevante en zonas rurales o con alta dispersión geográfica, donde el acceso a recursos especializados puede resultar más limitado.
Asimismo, se refuerza la figura del o de la profesional de enlace o enfermera gestora de casos, que desempeña un papel clave en la coordinación entre el hospital y el domicilio. Esta figura garantiza la continuidad asistencial y asegura que el plan de cuidados personalizado sea conocido y aplicado de forma coherente en todos los niveles del sistema sanitario.
Atención específica a la infancia y adolescencia.
El documento dedica una atención específica a la población infantil y adolescente, cuya prevalencia de necesidades paliativas en nuestro país se estima en 65 casos por cada 10.000 niños y niñas.
En este ámbito, la estrategia incorpora medidas dirigidas a garantizar una atención integral y adaptada a las características de esta población. Entre ellas, destaca la cobertura paliativa desde la etapa prenatal, sobre todo, en casos de diagnóstico de condiciones incompatibles con la vida extrauterina.
Asimismo, se contempla la necesidad de asegurar una transición adecuada hacia los recursos de adultos para jóvenes de entre 19 y 24 años, evitando rupturas en el vínculo terapéutico en momentos especialmente críticos.
Otro elemento relevante es el compromiso de garantizar el acceso a la educación mediante aulas hospitalarias y apoyo domiciliario, permitiendo que los y las menores mantengan sus relaciones sociales y su desarrollo educativo en la medida de lo posible, un aspecto clave también para su bienestar emocional y psicológico.
Determinantes sociales, género y envejecimiento.
La estrategia incorpora de forma explícita la consideración de los determinantes sociales de la salud, reconociendo su influencia en la experiencia del sufrimiento y en el acceso a los cuidados.
En este sentido, se señala la necesidad de combatir el sesgo de género en la evaluación del dolor, ya que las mujeres, con frecuencia, deben declarar niveles más elevados de dolor para que este sea reconocido clínicamente. Asimismo, se visibiliza la carga emocional que asumen las mujeres como cuidadoras informales, un factor con claras implicaciones en su salud mental.
El documento también aborda el edadismo, subrayando la importancia de garantizar que las personas mayores, principalmente, aquellas que residen en centros sociosanitarios, reciban una atención de calidad equiparable a la del entorno hospitalario.
Estos elementos refuerzan la dimensión psicológica y social de los cuidados paliativos, evidenciando que el sufrimiento no puede entenderse únicamente desde una perspectiva biomédica, sino que está profundamente condicionado por factores sociales, familiares y culturales.
Comunidades compasivas y participación social.
Otro de los ejes innovadores de la estrategia es la apuesta por el modelo de «Comunidades Compasivas», que promueve la implicación de la sociedad civil —vecinos, amigos y voluntarios— en el acompañamiento de las personas al final de la vida.
Este enfoque busca normalizar la muerte como parte del ciclo vital y fomentar redes de apoyo social que contribuyan a reducir el aislamiento, mejorar el bienestar emocional y complementar la atención sanitaria formal.
Desde el ámbito psicológico, este modelo resulta especialmente relevante, ya que pone en valor el apoyo social como un factor protector frente al sufrimiento emocional y favorece procesos de afrontamiento más adaptativos tanto en pacientes como en familiares.
Un proceso colaborativo con objetivo de dignidad y calidad.
El documento 2026-2030 ha sido elaborado a través de un proceso colaborativo en el que han participado el Comité Institucional —integrado por las comunidades autónomas— y un Comité Técnico formado por expertos, sociedades científicas y asociaciones de pacientes.
El objetivo último de esta estrategia es garantizar que todas las personas en España puedan afrontar el final de la vida con dignidad, con un adecuado soporte psicosocial y con un alivio efectivo del sufrimiento, asegurando una atención segura y de calidad.
Conclusión.
La aprobación de la Estrategia de Cuidados Paliativos 2026-2030 representa un avance significativo en la organización del sistema sanitario, al incorporar un enfoque más amplio, inclusivo y centrado en la persona.
En un contexto de envejecimiento poblacional y creciente prevalencia de enfermedades crónicas, la estrategia sienta las bases para una atención más equitativa, accesible y humanizada, orientada a garantizar la calidad de vida y la dignidad de las personas en las etapas más complejas de su trayectoria vital.
