Más de la mitad de los problemas que afectan a niños, niñas y adolescentes en España se prolongan durante más de un año y, en seis de cada diez casos, se producen a diario, en un contexto en el que los problemas de salud mental representan ya el 35,8% de las problemáticas atendidas, destacando la conducta suicida como principal motivo de consulta, junto a un incremento significativo de las autolesiones entre los y las menores.
Estas son algunas de las preocupantes conclusiones recogidas en el Informe Anual de las Líneas de Ayuda ANAR 2025, un documento que confirma la creciente magnitud y gravedad del malestar psicológico en la infancia y la adolescencia. Tal y como ha advertido la Fundación ANAR en la presentación del informe, este fenómeno no solo se mantiene, sino que continúa intensificándose, principalmente, en relación con la conducta suicida, las autolesiones y otros problemas psicológicos de elevada complejidad.
De acuerdo con los datos, durante 2025, la organización atendió a 19.990 menores de edad, lo que supone un incremento del 8,9% respecto al año anterior, a través de 252.561 peticiones de ayuda gestionadas mediante teléfono, chat y correo electrónico.
Este volumen de atención no solo refleja una mayor demanda, sino también una realidad más compleja: cada niño, niña o adolescente atendido/a presenta, de media, casi cinco problemáticas simultáneas.

Un problema estructural: la salud mental representa el 35,8% de las problemáticas.
El análisis detallado de los casos atendidos confirma el peso estructural de la salud mental en la infancia y adolescencia. A este respecto, el informe revela que, el 35,8% de los problemas detectados en los casos atendidos corresponden a salud mental.
Dentro de este conjunto, destacan especialmente la conducta suicida —que concentra el mayor porcentaje (19,3%)— y las autolesiones (7,5%), seguidas de los trastornos de ansiedad (2,1%), los problemas de conducta (2,0%), la depresión o tristeza (1,0%), las adicciones (0,9%), los trastornos de la alimentación (0,7%), así como el duelo (0,3%), los miedos o fobias (0,3%), la soledad (0,3%), la agresividad o ira (0,3%), las obsesiones (1%), la baja autoestima (1%) o el aislamiento (1%). Estas manifestaciones no aparecen de forma aislada, sino que suelen formar parte de un cuadro más amplio de malestar psicológico y emocional persistente.
El propio informe incide en que, cuando son los propios menores quienes llaman, el peso de la salud mental es aún mayor: el 51,8% de sus consultas están relacionadas con este ámbito, lo que la convierte en el principal motivo de contacto con las Líneas de Ayuda ANAR, por delante de otros problemas también graves, como la violencia (33,6% de las peticiones de ayuda).
Conducta suicida y autolesiones: expresión extrema del malestar psicológico.
Uno de los aspectos más preocupantes del informe es la evolución de la conducta suicida, que se mantiene como el principal motivo de consulta por cuarto año consecutivo. En 2025, ANAR atendió 6.467 casos de menores con ideación o intento de suicidio, de los cuales 1.405 correspondían a tentativas ya iniciadas en el momento de la llamada.
Según ha advertido ANAR, se trata de situaciones de máxima gravedad en las que la intervención inmediata resulta determinante: muchos de estos y estas menores estaban en pleno proceso autolítico cuando contactaron con el servicio, lo que da cuenta del nivel de urgencia y riesgo que afrontan.
Junto a ello, las autolesiones han experimentado un incremento bastante significativo, con un aumento del 35,2% respecto al año anterior, pasando de 3.375 casos en 2024 a 4.564 en 2025, lo que confirma su consolidación como una de las principales preocupaciones en el ámbito de la salud mental infanto-juvenil.
A esto se suma el crecimiento de las adicciones (del 8,6%, al pasar de 1.087 casos a 1.180) -especialmente vinculadas a las tecnologías (33,3%), al juego (100%) y a otras drogas distintas del alcohol y el cannabis (2,8%)-, y de los problemas de conducta que han pasado de 856 a 909 casos (aumento de 6,2% en comparación con 2024), lo que apunta a un deterioro sostenido del bienestar psicológico y emocional.
El informe alerta también de que otros problemas psicológicos —como la ansiedad, la soledad o la tristeza persistente— deben entenderse como manifestaciones de un malestar más profundo, frecuentemente asociado a experiencias adversas, contextos de desprotección, violencia o dificultades en el entorno familiar.
La violencia contra niños, niñas y adolescentes: magnitud y consecuencias psicológicas.
La violencia constituye, además, un eje central en la problemática que afecta a la infancia y la adolescencia, siendo el principal motivo de preocupación para las familias y el entorno educativo (63,3%) y el segundo motivo de consulta entre los propios menores (38,7%). ANAR advierte, además, de la estrecha relación entre violencia y salud mental, señalando que muchos de los problemas psicológicos atendidos son consecuencia directa de situaciones de violencia sufridas por niños, niñas y adolescentes.
Entre las formas de violencia más frecuentes, el maltrato físico y psicológico continúa siendo el más predominante, al representar el 40% del total de las violencias atendidas, con un incremento tanto en los casos de maltrato físico como psicológico. Este último, presenta especiales dificultades para su identificación, evaluación e intervención, «debido a su carácter menos visible y a la normalización que, en ocasiones, lo rodea».
Le siguen la agresión sexual, que supone el 15,3% del total de las violencias y continúa erigiéndose como «una de las vulneraciones de derechos humanos más graves, frecuentes y ocultas en la sociedad española», y otras problemáticas igual de graves, como la prostitución y la pornografía infantil, que también muestran un aumento respecto al año anterior. La Fundación recuerda aquí la trascendencia de reforzar las estrategias de prevención, detección temprana y protección.
Asimismo, el informe pone también el foco en el impacto de las tecnologías, con implicación de las TRIC en el 62,7% de los casos atendidos. En este contexto, aumentan las formas de violencia digital, como el ciberacoso, el grooming, el sexting o el ciberbullying, así como las adicciones a las tecnologías, con un incremento de casos respecto al año anterior.
El entorno familiar: un factor clave en la salud mental de los menores.
El documento pone de relieve la importancia del contexto familiar. En 2025, el 44,4% de los niños, niñas y adolescentes atendidos vivían en familias donde existían problemas de salud mental.
Dentro de este entorno, predominan la depresión o tristeza persistente (19,6%), las adicciones (18,7%), los trastornos de ansiedad (17,4%) y las fobias o miedos (16,9%), configurando un escenario que puede agravar la vulnerabilidad de los y las menores y dificultar su desarrollo emocional. Esta interrelación entre el bienestar psicológico del entorno y el de los propios niños, niñas y adolescentes refuerza la necesidad de intervenciones que no se limiten al individuo, sino que incorporen una perspectiva familiar y sistémica.
Con respecto a la violencia, los datos destacan que el 31,2% de las familias de los y las menores que la sufren, éstos/as conviven con situaciones de violencia en su entorno, lo que impacta directamente en su bienestar emocional y desarrollo. Dentro de este ámbito, destacan la violencia de género (38,6%), el maltrato físico y psicológico (35,8%) y las agresiones extrafamiliares (12,1%), lo que evidencia la exposición de muchos niños, niñas y adolescentes a contextos de riesgo continuado.
Acoso escolar: una problemática persistente y multifactorial.
El acoso escolar continúa siendo otra de las principales problemáticas detectadas. En 2025, ANAR registró 20.779 peticiones de ayuda relacionadas con acoso escolar, atendiendo un total de 4.580 casos.
El informe evidencia que este fenómeno adopta múltiples formas —psicológica, verbal, física, social y digital—, siendo especialmente prevalentes las dimensiones psicológicas y verbales. La presencia del ciberbullying y de formas de violencia sexual en este contexto subraya la complejidad del problema y su impacto en la salud mental de los menores.
En este sentido, el informe detalla que el acoso psicológico está presente en el 79,2% de los casos, seguido del acoso verbal (74,7%), el físico (63,4%) y el social (41,9%), junto a otras manifestaciones como el ciberbullying (18,5%) o la violencia de carácter sexual (7,6%).
Problemas cronificados, frecuentes y de elevada gravedad.
Más allá de la tipología de los problemas, uno de los elementos más relevantes del informe es el análisis de los parámetros de las situaciones atendidas, que permite comprender su intensidad y persistencia.
Así, más de la mitad de los casos (55,5%) corresponden a problemas que se prolongan durante más de un año, mientras que en el 62,4% de las situaciones la frecuencia es diaria. Esto indica que no se trata de episodios puntuales, sino de contextos de vida adversos y sostenidos en el tiempo.
A ello se suma que el 70,4% de los casos presentan un nivel de urgencia alto y el 81,7% una gravedad elevada, lo que refleja la alta complejidad de las situaciones atendidas y la necesidad de intervenciones rápidas y coordinadas.
Estos datos reflejan una realidad en la que el malestar psicológico no solo es cada vez más frecuente, sino también más persistente y grave, afectando de manera significativa al desarrollo emocional, social y educativo de niños, niñas y adolescentes.
La orientación psicológica, eje central de la intervención.
En cuanto a la respuesta ofrecida, la orientación psicológica constituye el eje central de la intervención de ANAR. Prácticamente todas las consultas atendidas incorporan esta dimensión, ya sea de forma exclusiva o combinada con orientación social y jurídica.
De hecho, en casi siete de cada diez casos (68,8%) la intervención fue de carácter integral —psicológica, jurídica y social—, lo que pone de manifiesto la complejidad de las situaciones atendidas. A esta cifra se suman aquellas intervenciones exclusivamente psicológicas o combinadas con otros ámbitos, lo que confirma que la atención psicológica está presente en la práctica totalidad de los casos. En concreto, mientras que el 18,2% fueron exclusivamente psicológicas, el 9,4% combinaron orientación psicológica y social, y el 3,6% psicológica y jurídica.
Esta labor se complementa con un elevado número de derivaciones a recursos especializados, que en 2025 alcanzaron las 65.826. Entre ellas, destacan las realizadas a servicios de emergencia (9.963), servicios sociales municipales (7.168), centros escolares (6.805), centros de salud y especialidades (4.257), así como derivaciones específicas a recursos de salud mental (2.461) y a terapia psicológica (2.589), fundamentales para el abordaje de estos problemas.
Una realidad que exige respuestas integrales.
En conjunto, los datos de esta nueva edición del Informe ANAR correspondientes a 2025, dibujan un escenario preocupante, marcado por el aumento de los problemas de salud mental en la infancia y la adolescencia, su estrecha relación con contextos de violencia y la cronificación de las situaciones de riesgo.
Tal y como advierte la Fundación, la magnitud de estos datos exige reforzar las estrategias de prevención, detección temprana y atención psicológica, así como mejorar la coordinación entre los sistemas sanitario, educativo y social. En palabras recogidas en la presentación del informe, se trata de una realidad que obliga a “poner el foco” en la salud mental de los y las menores y en los factores que están contribuyendo a su deterioro, con el objetivo de ofrecer respuestas eficaces y sostenidas en el tiempo.
Se puede acceder al informe completo desde la página web de Fundación ANAR.
