Ofrecer una atención integral, mantener cargas asistenciales reducidas y adaptar la duración del tratamiento a cada persona puede favorecer mejores resultados en la psicosis. La terapia cognitivo-conductual, las intervenciones familiares y el apoyo a cuidadores también forman parte de los componentes asociados con resultados más favorables. Además, una transición bien planificada hacia otros servicios resulta fundamental para evitar que las personas se sientan abandonadas tras finalizar la atención.
Estas son algunas de las principales conclusiones recogidas en un informe del Centre for Mental Health, publicado en agosto de 2026. El documento analiza las implicaciones del proyecto EXTEND sobre los servicios de intervención temprana en psicosis en Inglaterra. Este proyecto fue financiado por el National Institute for Health and Care Research (NIHR).
EXTEND ha estudiado la relación entre la duración de estos servicios y los resultados obtenidos por las personas atendidas. Para ello, ha utilizado datos longitudinales y estudios cualitativos sobre las experiencias de usuarios, cuidadores, profesionales sanitarios y responsables de planificación.
Una atención integral se relaciona con mejores resultados.
Los servicios de intervención temprana en psicosis ofrecen tratamiento y apoyo comunitario durante un primer episodio de psicosis. En Inglaterra, habitualmente atienden a las personas y sus familias o cuidadores durante un máximo de tres años.
Según el informe, proporcionar el conjunto completo de intervenciones recomendadas se relaciona con mejores resultados y una experiencia más positiva de la atención. Estas prestaciones incluyen coordinación asistencial, medicación, terapia cognitivo-conductual para la psicosis, intervención familiar, atención a la salud física y apoyo educativo y laboral. También contemplan específicamente el apoyo a los cuidadores.
En concreto, las personas que recibieron terapia cognitivo-conductual para la psicosis presentaron menos ingresos hospitalarios bajo la legislación británica de salud mental. También experimentaron menos intervenciones restrictivas, como el ingreso en unidades psiquiátricas de cuidados intensivos o la contención física.
Además, la terapia cognitivo-conductual para la psicosis, la terapia familiar y las intervenciones dirigidas a cuidadores se asociaron con una mayor satisfacción. Los equipos que ofrecían más intervenciones también registraron mejoras autoinformadas en salud mental.
La carga asistencial de los coordinadores resulta clave.
El informe destaca el papel de los profesionales responsables de coordinar la atención. Las cargas asistenciales más reducidas se asociaron con mejores resultados, mientras que su incremento se relacionó con una mayor probabilidad de recaída.
Las recomendaciones británicas establecen que un coordinador a tiempo completo no debería atender simultáneamente a más de 15 personas. Sin embargo, la carga media supera actualmente las 17 personas y algunos servicios atienden a más de 25 por coordinador.
Según los resultados recogidos por EXTEND, la diferencia entre las cargas asistenciales más bajas y las más altas observadas en Inglaterra representa un 50% más de riesgo de recaída durante tres años. Por este motivo, el Centre for Mental Health considera esencial mantener un máximo de 15 personas por coordinador.
La duración de la atención debería responder a las necesidades individuales.
Otro de los resultados destacados afecta al tiempo de permanencia en los servicios. Aunque habitualmente se establece un periodo máximo de tres años, EXTEND muestra que esta duración no resulta adecuada para todas las personas. Algunas abandonan los servicios antes porque ya no necesitan apoyo. Otras finalizan su atención debido a dificultades para mantener el contacto con el servicio. También existen personas que permanecen más de tres años por sus necesidades individuales o por retrasos para acceder a otros recursos.
Cuando el alta se producía a los tres años pese a que la persona no se sentía preparada, algunos participantes describieron sentimientos de abandono y pérdida de capacidad de decisión. La desaparición del vínculo con el coordinador podía dificultar posteriormente el acceso y la adaptación a otros servicios sanitarios.
Por el contrario, prolongar la intervención fue valorado positivamente cuando respondía a necesidades concretas. Entre ellas figuraban completar una terapia, afrontar un embarazo o un duelo, o disponer de apoyos adicionales relacionados con la neurodivergencia.
La transición hacia otros servicios también condiciona la experiencia.
Los resultados ponen de manifiesto la importancia de planificar adecuadamente el paso hacia atención primaria o los servicios comunitarios de salud mental. Las transiciones centradas en las necesidades y preferencias de la persona fueron percibidas como facilitadoras de una evolución más favorable.
Una transición adecuada implicaba planificar conjuntamente el alta con la persona, sus cuidadores y los servicios que continuarían la atención. También requería preparar con antelación este proceso y mantener el apoyo del coordinador.
En cambio, las personas mostraban experiencias más negativas cuando no podían participar en las decisiones o percibían un alta precipitada. Algunas describieron sentimientos de abandono después de abandonar los servicios, principalmente cuando pasaban a atención primaria.

Desigualdades en los resultados de la atención.
EXTEND también identificó desigualdades en los resultados en función del origen étnico. Entre ellos se encontraban intervenciones restrictivas, como el ingreso en unidades psiquiátricas de cuidados intensivos y la contención física.
Paradójicamente, las medidas sobre experiencia asistencial fueron más positivas entre estas personas. Sin embargo, los autores advierten de una posible infrarrepresentación en las encuestas y del consiguiente riesgo de sesgo. Por ello, el informe reclama mejorar la evaluación del acceso, las experiencias y los resultados de estos grupos.
Implicaciones para los servicios de intervención temprana.
A partir de estos hallazgos, el Centre for Mental Health plantea que los servicios deben mantener el modelo integral de intervención temprana en psicosis. Esto implica proporcionar todas las intervenciones recomendadas y disponer de recursos suficientes para limitar las cargas asistenciales.
El documento también propone abandonar la aplicación rígida del límite de tres años. En su lugar, la transición debería realizarse cuando resulte adecuada para las necesidades de cada persona. También, señala la necesidad de reforzar la coordinación con atención primaria y mejorar el apoyo disponible después del alta.
En conjunto, los resultados de EXTEND apuntan a que la calidad de la intervención temprana no depende únicamente de facilitar un acceso rápido. También importan el contenido de la atención, la carga asistencial, su duración y la continuidad del apoyo cuando finaliza el tratamiento especializado.
Se puede acceder a la nota completa en la página web, aquí.
