La depresión podría generar pérdidas económicas globales de unos 12 billones de dólares hasta 2050
02 Oct 2026

La depresión podría ocasionar unas pérdidas acumuladas de, aproximadamente, 12 billones de dólares -a precios de 2024- en la economía mundial entre 2025 y 2050. Esta cifra equivale al 0,46% del producto interior bruto (PIB) global previsto durante este periodo y supone un coste medio estimado de 1.429 dólares por persona. La reducción de la participación laboral y de la productividad constituye el principal mecanismo a través del cual este problema de salud mental repercute sobre la economía.

Así lo concluye el estudio Global economic burden of depression in 154 countries from 2025 to 2050, publicado en la revista Nature Medicine, cuyo objetivo ha sido estimar las consecuencias macroeconómicas de la depresión a escala mundial mediante un modelo que incorpora su impacto sobre la participación en el mercado laboral, la formación y acumulación de capital humano y físico, la educación y la experiencia laboral. El análisis abarca 154 países y territorios, que representan aproximadamente el 96% de la población mundial.

Con motivo del Día Europeo de la Depresión 2026, que se celebra cada 4 de octubre, con el objetivo de concienciar sobre este problema de salud mental y promover los recursos necesarios para hacer frente a su impacto, Infocop recoge este interesante estudio que pone de relieve las importantes consecuencias que la depresión puede tener no solo para la salud y el bienestar de las personas, sino también para la economía mundial. La edición de 2026 se celebra bajo el lema Stop to Depression: Throwing Light on a Dark Problem («Frenar la depresión: arrojar luz sobre un problema oscuro»), en línea con el propósito de esta iniciativa de mejorar el conocimiento social sobre la depresión, combatir el estigma y favorecer el acceso de las personas afectadas a una atención adecuada.

La depresión y su impacto sobre la salud y la economía mundial.

La depresión constituye una de las principales causas de carga asociada a los trastornos mentales en todo el mundo. Según los datos recogidos por los autores y autoras del presente estudio, en 2023, alrededor de 322 millones de personas vivían con depresión, casi 127 millones de hombres y 196 millones de mujeres. La tasa de prevalencia estandarizada por edad se situaba en 3.810 casos por cada 100.000 habitantes y era considerablemente superior entre las mujeres: 4.611 por cada 100.000, frente a 3.005 entre los hombres.

A diferencia de investigaciones anteriores centradas fundamentalmente en los costes sanitarios directos, las pérdidas de productividad o la valoración económica de las pérdidas de salud, este trabajo trata de estimar las consecuencias que la depresión puede producir sobre el conjunto de la economía a lo largo del tiempo. Para ello, los investigadores desarrollaron un modelo macroeconómico basado en la teoría del crecimiento económico, incorporando la morbilidad asociada a la depresión como un factor que afecta a la acumulación tanto de capital humano como físico.

depresión pérdidas
Fuente: Magnific. Autoría: katemangostar. Descarga: Cropped view of sales manager counting on calculator and working with diagram
Una pérdida global de unos 12 billones de dólares.

Los resultados sitúan la carga macroeconómica mundial acumulada de la depresión entre 2025 y 2050 en 12,435 billones de dólares, expresados en dólares estadounidenses de 2024, con un intervalo de incertidumbre del 95% de entre 10,369 y 14,884 billones. En términos relativos, esta pérdida equivaldría al 0,460% del PIB mundial, con un intervalo estimado de entre el 0,384% y el 0,551%. La carga económica media per cápita se situaría en 1.429 dólares durante el periodo analizado.  

Los autores advierten de importantes diferencias entre países. En términos absolutos, Estados Unidos concentraría la mayor pérdida económica, con unos 4,087 billones de dólares, seguido de China, con 2,072 billones, y Reino Unido, con aproximadamente 475.000 millones.

Las diferencias son igualmente marcadas cuando se calcula el coste por habitante. Suiza registra la mayor carga per cápita, con 12.251 dólares, seguida de Irlanda, con 11.882 dólares, y Noruega, con 11.685 dólares.

En el caso de España, el modelo estima unas pérdidas económicas acumuladas de 200.616 millones de dólares entre 2025 y 2050, con un intervalo de incertidumbre de entre 170.481 y 235.328 millones. Esta cantidad equivale aproximadamente al 0,620% del PIB previsto durante el periodo, mientras que el coste acumulado por habitante se sitúa en 4.421 dólares, con un intervalo estimado de entre 3.757 y 5.186 dólares.

Grandes desigualdades entre regiones y niveles de renta.

El análisis regional confirma que las consecuencias económicas de la depresión no se distribuyen de manera uniforme. En relación con el PIB, América del Norte presenta la mayor carga, con un 0,599%, seguida de Europa y Asia Central, con un 0,506%, y África subsahariana, con un 0,493%. En el extremo contrario, Asia Oriental y Pacífico registra el porcentaje más bajo, un 0,351%.

Las diferencias son todavía más acusadas en términos per cápita: el coste estimado oscila entre 10.730 dólares por persona en América del Norte y 229 dólares en África subsahariana. En términos absolutos, América del Norte acumularía pérdidas por 4,339 billones de dólares; Europa y Asia Central, por 3,099 billones; y Asia Oriental y Pacífico, por 3,035 billones.

Al clasificar los países por nivel de ingresos aparece una aparente paradoja. Los países de renta alta concentran el 63,5% de las pérdidas económicas mundiales atribuibles a la depresión, pese a representar una proporción mucho menor de la carga mundial de enfermedad. Por el contrario, los países de renta media-baja concentrarían el 47,7% de los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) asociados a la depresión en 2050, pero únicamente el 9,8% de las pérdidas económicas estimadas.

De hecho, África subsahariana representaría en 2050 el 22,7% de los AVAD mundiales atribuibles a la depresión, pero únicamente el 3% de las pérdidas económicas acumuladas entre 2025 y 2050. Europa y Asia Central, por su parte, concentrarían el 10,6% de los AVAD en 2050, pero alrededor del 24,9% de la carga económica. Según los investigadores, estos resultados ponen de relieve que el impacto sanitario y el económico de la depresión siguen patrones geográficos diferentes.

La reducción de la participación laboral, principal fuente de pérdidas.

Una de las principales aportaciones del estudio es analizar los mecanismos mediante los cuales la depresión puede trasladarse al funcionamiento de la economía. El modelo considera que esta afecta al crecimiento fundamentalmente a través de la reducción de la oferta laboral eficaz y, en menor medida, mediante sus efectos sobre el ahorro, la inversión y la acumulación de capital.

Los síntomas asociados a la depresión, como la falta de energía, las dificultades de concentración o la pérdida de motivación, pueden interferir con las tareas cotidianas y laborales y traducirse en una menor productividad y participación en el mercado de trabajo. A ello se añade que la depresión suele aparecer durante la adolescencia o la adultez temprana, coincidiendo con etapas decisivas para la formación académica, el inicio de la trayectoria profesional y la construcción de la vida familiar. Dado que puede prolongarse durante años, sus consecuencias económicas pueden acumularse a lo largo del tiempo.

El modelo contempla, asimismo, un segundo mecanismo. Los gastos relacionados con la atención sanitaria pueden reducir los recursos disponibles para el ahorro y la inversión, afectando progresivamente a la acumulación de capital físico. No obstante, esta vía desempeña un papel considerablemente menor que la reducción de la fuerza laboral. A escala mundial, la proporción de la carga económica asociada a la disminución del capital físico aumentaría desde el 1,203% en 2025 hasta el 9,027% en 2050, de acuerdo con las proyecciones.

El impacto podría ser aún mayor al considerar la mortalidad por suicidio.

El cálculo principal no incorpora la mortalidad atribuible a la depresión debido a las dificultades existentes para determinar qué fallecimientos pueden atribuirse específicamente a este trastorno. Sin embargo, los investigadores realizaron análisis adicionales para estimar qué ocurriría al incorporar las muertes por suicidio.

La literatura utilizada por el estudio sitúa entre el 16% y el 60% la proporción de muertes por suicidio que podría estar vinculada a una depresión subyacente. Aplicando el escenario superior, en el que se atribuye a la depresión el 60% de estos fallecimientos, la carga económica ascendería aproximadamente a 14 billones de dólares y alcanzaría el 0,512% del PIB, casi un 10% más que en el escenario principal.

En cualquier caso, los resultados indican que las pérdidas relacionadas con la morbilidad y la productividad continúan constituyendo el principal componente de la carga económica, incluso cuando se introduce la mortalidad por suicidio en los cálculos.

Invertir en salud mental puede generar retornos económicos.

A la luz de estos resultados, los autores insisten en que el tratamiento de la depresión no debería contemplarse exclusivamente como un gasto sanitario. Estudios anteriores citados en el artículo estiman que cada dólar invertido en ampliar el tratamiento de la depresión y la ansiedad puede generar un retorno de cuatro dólares en forma de mejoras en salud y productividad. Desde esta perspectiva, la inversión en atención a la salud mental contribuiría también al desarrollo del capital humano y al crecimiento económico.

Entre las intervenciones que destacan se encuentra la terapia cognitivo-conductual a través de Internet, que los autores señalan como una de las alternativas coste-eficaces, particularmente en países de renta baja y media, debido a sus menores costes de prestación y a sus posibilidades de ampliación mediante plataformas digitales.

Asimismo, consideran fundamental aumentar la inversión en servicios de salud mental y, especialmente, integrar su atención en Atención Primaria, una estrategia que puede ampliar el acceso, combatir el estigma y favorecer una intervención temprana. Según las estimaciones citadas en el artículo, esta integración podría llevarse a cabo en países con pocos recursos con una inversión anual aproximada de entre 1 y 5 dólares por persona. A ello debería sumarse la actuación sobre los determinantes sociales de la salud mental y la reducción del estigma asociado a la depresión.

Algunas limitaciones que deben tenerse en cuenta.

Los propios investigadores señalan varias limitaciones importantes a la hora de interpretar sus estimaciones. En primer lugar, aunque los análisis de sensibilidad incorporan la mortalidad por suicidio, el modelo no recoge otras posibles vías mediante las cuales la depresión puede asociarse con una mayor mortalidad, incluidas determinadas enfermedades concomitantes y conductas relacionadas con la salud. Por este motivo, los autores consideran que las estimaciones podrían ser conservadoras respecto a las consecuencias más amplias de la mortalidad asociada a la depresión.

Asimismo, aunque los 154 países y territorios analizados representan aproximadamente el 96% de la población mundial, la ausencia del 4% restante limita parcialmente la generalización de los resultados. Los costes de tratamiento se estimaron principalmente a partir de datos estadounidenses ajustados según el gasto sanitario de cada país, por lo que podrían no representar con exactitud las diferentes realidades asistenciales.

Otra limitación relevante afecta a las estimaciones de prevalencia, basadas mayoritariamente en encuestas domiciliarias y cuestionarios autoinformados, en lugar de evaluaciones clínicas. Los investigadores advierten de que las diferencias culturales en la comunicación de los síntomas depresivos pueden introducir sesgos y dificultar las comparaciones internacionales. Además, ante la heterogeneidad de los datos disponibles sobre productividad, el modelo utiliza los años vividos con discapacidad como indicadores estandarizados de pérdida de salud funcional, y no como medidas directas de pérdida de productividad.

Invertir en prevención y tratamiento de la depresión, clave para reducir su impacto sanitario y económico.

En definitiva, los resultados muestran que la depresión constituye no solo un importante problema de salud mental y salud pública, sino también un desafío económico de alcance mundial. Los autores concluyen que fortalecer la prevención y el tratamiento, mejorar el acceso a intervenciones psicológicas basadas en la evidencia e incrementar la inversión en salud mental podría contribuir simultáneamente a reducir la carga de enfermedad, mejorar la participación laboral y la productividad y favorecer el desarrollo económico a largo plazo.


Fuente.

Cao, Z., Luo, Y., Jiao, L. Chen, W., Prettner, K., Kuhn, M., Bloom, D.E., Jamison, D.T., Winfried Bärnighausen, T., & Chen, S. (2026). Global economic burden of depression in 154 countries from 2025 to 2050. Nature Medicine (open access). https://doi.org/10.1038/s41591-026-04548-7

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