El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha anunciado la intención de prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años, extendiendo la restricción hasta los 18 años para aquellas bebidas con más de 32 mg de cafeína por 100 ml, en respuesta a los riesgos para la salud asociados a su consumo entre la infancia y la adolescencia.
Tal y como ha anunciado el ministro, Pablo Bustinduy, esta medida se apoya en un amplio respaldo social: según afirma, los datos del último barómetro de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), alrededor de nueve de cada diez personas en España avalan esta prohibición, con un apoyo elevado incluso entre jóvenes adultos.
La iniciativa también incluirá la limitación de la publicidad de alimentos no saludables, con especial foco en la que está dirigida a niñas, niños y adolescentes, siguiendo recomendaciones de organizaciones como la Organización Mundial de la Salud que subrayan el impacto de la publicidad en la dieta y los hábitos de consumo en edades tempranas.

Consumo elevado de bebidas energéticas entre adolescentes pese al descenso de otras sustancias.
Aunque el consumo de muchas sustancias psicoactivas entre adolescentes en España ha mostrado tendencias a la baja o se ha estabilizado en niveles históricos bajos, el caso de las bebidas energéticas plantea un desafío específico. A este respecto, la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES 2025), elaborada por el Ministerio de Sanidad, refleja que el consumo de bebidas energéticas entre estudiantes de 14 a 18 años sigue siendo notable. En concreto, un 38,4% del alumnado ha consumido estas bebidas en el último mes, con mayor prevalencia entre los chicos en comparación con las chicas.
Este patrón contrasta con la tendencia general de descenso de sustancias como alcohol, tabaco y cannabis, que han alcanzado mínimos históricos en los datos de consumo entre adolescentes según la misma encuesta. Esto indica que, mientras se consolidan avances en la reducción de drogas tradicionales, los productos como las bebidas energéticas siguen siendo habituales en la vida diaria de adolescentes.
Riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas.
Las bebidas energéticas, aunque no se clasifican clínicamente como sustancias adictivas, contienen altos niveles de cafeína y otros estimulantes como taurina o guaraná, así como cantidades significativas de azúcar. Esta composición puede tener efectos notables en el organismo en desarrollo durante la adolescencia:
- Alteración del sueño y del ritmo circadiano, con insomnio o dificultades para conciliar el descanso, un factor especialmente crítico en edades escolares.
- Síntomas psicológicos y conductuales, como irritabilidad, nerviosismo y ansiedad.
- Efectos cardiovasculares y otras respuestas fisiológicas no deseadas.
Además, cuando se combinan con alcohol, estas bebidas pueden enmascarar la percepción de embriaguez, generando una falsa percepción de sobriedad e induciendo una falsa sensación de control, lo que facilitaría un consumo mayor y, por lo tanto un mayor riesgo de intoxicación etílica, de comportamientos de riesgo -incluidos accidentes-, o de conductas agresivas.
Consecuencias en el ámbito educativo y social.
De acuerdo con los expertos, el consumo habitual de bebidas energéticas se asocia con peores resultados académicos, mayor absentismo y repetición de curso entre estudiantes, una relación que se acentúa cuando se toman combinadas con alcohol u otras sustancias. Este impacto educativo se suma a posibles efectos sobre el bienestar psicológico, la concentración, la regulación emocional y la calidad de vida en contextos escolares, donde la demanda de rendimiento y el estrés pueden interactuar con hábitos de consumo poco saludables.
Prevención: educación, acompañamiento y campañas sociales.
Precisamente, en la misma línea, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA) ha venido alertando sobre los riesgos de las bebidas energéticas en menores, con campañas como la recién difundida «Dan la lata, no alas», donde se destaca que estos productos no son simples refrescos y pueden afectar negativamente al sueño, el rendimiento escolar, el estado emocional y la salud mental general de niñas, niños y adolescentes.
Como bien ha señalado la CEAPA, la familia es la primera barrera de protección frente al consumo de bebidas energéticas en menores. En este sentido, es fundamental que las familias comprendan la composición real de estos productos y establezcan límites e intervenciones educativas y de acompañamiento que favorezcan hábitos saludables, recordando que la prevención eficaz no se limita a prohibiciones, sino que requiere diálogo, información y acompañamiento familiar.
Hacia una política integrada de salud pública.
La propuesta del Ministerio de Consumo de prohibir la venta de bebidas energéticas a menores responde a una visión de salud pública integral, que combina regulación del mercado, control de la publicidad dirigida a menores, y prevención educativa. Esta normativa se alinea con iniciativas similares en varios países europeos y con regulaciones autonómicas ya implementadas o en trámite en algunas comunidades autónomas, como Galicia y Asturias, que reconocen los riesgos de estos productos y han avanzado en restricciones de acceso para menores.
La medida pretende contribuir a reforzar la protección de la salud infantil y juvenil en España, en un momento en que los datos epidemiológicos muestran reducciones en otros consumos de riesgo, pero subrayan la necesidad de políticas específicas frente a productos de consumo extendido que inciden en la vida cotidiana de la juventud.
En cualquier caso, aparte de la regulación, conviene incidir en la importancia de la educación y el apoyo familiar para abordar de forma eficaz los determinantes del consumo de bebidas energéticas y sus efectos en la salud mental y física de las generaciones más jóvenes.
