El cambio climático deteriora la salud social y debilita la capacidad colectiva para afrontar sus efectos
28 Sep 2026

El cambio climático no solo amenaza la salud física y mental, sino también la capacidad de las personas y las comunidades para establecer y mantener relaciones humanas significativas. La exposición a temperaturas extremas, sequías, incendios, inundaciones, contaminación atmosférica, subida del nivel del mar y desplazamientos forzosos puede aumentar el aislamiento, la soledad y el malestar psicológico, deteriorar la cohesión comunitaria y debilitar las redes de apoyo. A su vez, la desconexión social puede reducir la resiliencia, la participación colectiva y la disposición a apoyar medidas frente a la crisis climática.

Así lo advierte una revisión narrativa publicada en la revista Nature Human Behaviour, que sintetiza evidencia procedente de la psicología, la salud pública, la neurociencia, la sociología, la ingeniería, las ciencias ambientales y los estudios sobre desastres. El trabajo propone situar la salud social como uno de los pilares de las políticas climáticas y de salud pública, junto con la salud física y mental.

Los autores definen la salud social como la capacidad de acceder a relaciones humanas significativas y mantenerlas. Este concepto incluye la cantidad y calidad de las relaciones, el apoyo social, el sentido de pertenencia, la confianza, la identidad colectiva y la participación comunitaria. Aunque la salud social y la salud mental están estrechamente relacionadas y se influyen mutuamente, constituyen dimensiones diferenciadas del bienestar.

La desconexión social constituye un importante factor de riesgo para la salud y la supervivencia.

La desconexión social, que engloba déficits objetivos o subjetivos en las relaciones y en su calidad, afecta a escala mundial hasta a una de cada cuatro personas. La revisión recuerda que unas relaciones sociales sólidas favorecen el bienestar, la longevidad, la recuperación tras los desastres y la supervivencia, mientras que la soledad y el aislamiento presentan efectos sobre el riesgo de muerte prematura comparables a los asociados con el tabaquismo o la obesidad.

La soledad se describe como una experiencia subjetiva desagradable o angustiosa derivada de la falta de conexión o de relaciones suficientemente satisfactorias. El aislamiento social, en cambio, se refiere objetivamente a disponer de pocas relaciones, roles sociales o pertenencias grupales, o a mantener interacciones poco frecuentes. Ambos fenómenos se relacionan con peores resultados de salud física y mental. El aislamiento también se ha asociado con la atrofia de redes cerebrales implicadas en el mantenimiento de relaciones saludables y de la confianza social.

cambio climático
Fuente: Magnific. Autoría: jcomp. descarga: 28/07/26..
Mayor riesgo durante los fenómenos climáticos extremos.

Las personas con menos vínculos sociales, especialmente, las de edad avanzada y aquellas con trastornos mentales graves, presentan un mayor riesgo de mortalidad durante los episodios climáticos extremos. Las relaciones facilitan apoyos prácticos y emocionales esenciales, como comprobar el estado de los vecinos, ofrecer alojamiento o difundir información que puede salvar vidas.

El calor extremo puede obligar a permanecer en espacios interiores, limitar el juego y las actividades al aire libre, y, a su vez, aumentar la agresividad y reducir las interacciones comunitarias. Durante las olas de calor, el cierre o la ausencia escolar puede incrementar el aislamiento y el malestar de niños y niñas. La retirada prolongada de los espacios sociales dificulta el mantenimiento de las relaciones y deteriora progresivamente la salud social.

Las personas con problemas físicos o de salud mental, discapacidad o movilidad reducida son particularmente vulnerables. Algunos medicamentos, entre ellos, los antipsicóticos, los tranquilizantes y los diuréticos, reducen la tolerancia al calor y elevan el riesgo de deshidratación y estrés térmico, lo que puede restringir todavía más la participación social. Muchas de estas personas disponen, además, de menos apoyo, recursos económicos o espacios interiores seguros.

Malestar climático, soledad y pérdida de identidad.

Las respuestas emocionales y psicológicas derivadas del cambio climático pueden agravar estos efectos. El malestar climático, que comprende la ansiedad o el duelo relacionados con la crisis ambiental, se ha vinculado con un mayor aislamiento y soledad, especialmente, entre las personas jóvenes y de mediana edad.

Los procesos climáticos de evolución lenta, como la sequía, el deshielo del permafrost o la subida del nivel del mar, pueden provocar malestar crónico, solastalgia y duelo anticipatorio ante la inseguridad prolongada y la posibilidad de tener que abandonar el territorio. Por su parte, los acontecimientos repentinos se asocian con estrés postraumático agudo, desplazamientos prolongados y rupturas abruptas de los sistemas familiares, comunitarios y de apoyo.

La pérdida de tierras y de prácticas tradicionales también puede afectar profundamente a la identidad, el bienestar psicológico y la salud mental.

La ansiedad ante los futuros efectos climáticos también se menciona como motivo para retrasar o descartar la maternidad y la paternidad. Según los autores, esta decisión podría tener consecuencias posteriores sobre el envejecimiento de la población, los sistemas de cuidados y el aislamiento social en etapas avanzadas de la vida.

Desplazamientos, soledad y deterioro psicológico.

Los incendios, inundaciones y ciclones pueden destruir viviendas, bibliotecas, centros comunitarios, servicios esenciales y redes de apoyo. La revisión señala que estos daños pueden agravar la soledad inmediata y el deterioro del funcionamiento social durante un periodo de hasta dos años, y reducir el apoyo social percibido hasta seis años después del desastre.

Aunque inicialmente puede producirse un aumento de la solidaridad entre las personas afectadas, este impulso suele debilitarse cuando la recuperación se prolonga o se distribuye de manera desigual. Las personas desplazadas pueden experimentar aislamiento, soledad, estigma, pérdida de identidad y ruptura del sentido de pertenencia.

Los efectos son especialmente graves entre quienes viven en la pobreza, las personas desempleadas, las minorías raciales o étnicas, las comunidades LGBTQ+, quienes residen en viviendas sociales y las personas con enfermedades de larga duración. Algunos de estos grupos tienen más probabilidades de vivir en zonas expuestas a desastres y en alojamientos de peor calidad, además de disponer de menos recursos sociales, económicos y de transporte.

De igual modo, las políticas de realojamiento que no protegen los vínculos sociales también pueden empeorar el bienestar.

La salud social favorece la resiliencia.

La relación entre cambio climático y salud social es bidireccional. La soledad, el aislamiento, la baja confianza y la debilidad de los vínculos cívicos pueden reducir la cooperación y la capacidad colectiva para adaptarse. Las personas solas o excluidas tienden a desconfiar más de los demás, a participar menos en la ayuda mutua y a percibirse como ajenas a la respuesta comunitaria.

Durante los incendios australianos de 2019 y 2020, unos vínculos comunitarios previos más sólidos predijeron un menor malestar psicológico y una mayor resiliencia hasta 18 meses después. Sin embargo, los autores precisan que no todas las relaciones resultan protectoras: compartir experiencias traumáticas también puede intensificar la tensión emocional en determinadas circunstancias.

La literatura suele valorar la mera existencia de redes sociales, pero la revisión subraya que también importa la calidad emocional y psicológica de dichas redes. La confianza, el apoyo percibido, la cohesión, la identidad y el sentido de pertenencia determinan si las relaciones ofrecen ayuda práctica, información y apoyo emocional durante y después de una emergencia.

Los parques, bibliotecas y centros comunitarios pueden actuar como una infraestructura social protectora frente a la soledad y, simultáneamente, como refugios climáticos. Los programas de contacto con personas mayores aisladas durante las olas de calor han reducido la mortalidad, mientras que diversos modelos indican que disminuir el aislamiento puede ser una estrategia más factible y eficaz que ampliar únicamente el acceso al aire acondicionado.

Integrar la salud social en las políticas climáticas.

La revisión propone incorporar la salud social a la planificación climática, sanitaria, migratoria y de emergencias. Entre las medidas planteadas figuran los refugios climáticos comunitarios, los espacios verdes, las bibliotecas, el transporte público, las asambleas ciudadanas, los grupos de apoyo, la prescripción social y los llamados Climate Cafés, espacios seguros para compartir emociones, preocupaciones y experiencias relacionadas con el clima.

Los autores reclaman, además, indicadores de soledad, confianza cívica y conexión social desagregados por género, edad e ingresos; formación específica para profesionales sanitarios, educativos y sociales; y una mayor investigación sobre las dimensiones relacionales, emocionales, psicológicas y sociales de la crisis climática.

En definitiva, el cambio climático amenaza las condiciones que permiten a las personas sentirse conectadas, apoyadas y seguras. Al mismo tiempo, la fragmentación social puede debilitar la capacidad para cooperar y responder. Por ello, proteger la salud social no solo permitiría reducir la soledad y el malestar psicológico, sino también construir comunidades más resilientes, equitativas y preparadas frente a la emergencia climática.


Fuente.

Bower, M., Filia, K., Lawrance, E. L., Card, K.G., Teesson, L., Smout, S., Gao, C., Naderpajouh, N., Donohoe-Bales, A., Lagi, R.K., Njeru, M.W., Kim, Y., Anchang Yongabi, K., Misawa, N., Zhang, Y., Spallek, S., Howard, A., Stapinski, L.A., Herrman, H., Atwoli, L., Teesson, M., & Badcock, J.C. (2026). Climate change and social health. Nature Human Behaviour, 10, 1026–1040. https://doi.org/10.1038/s41562-026-02455

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