Un mayor uso de vídeos de corta duración se relaciona con un peor funcionamiento cognitivo, especialmente, en áreas como la atención y el control inhibitorio, así como con un deterioro de diversos indicadores de salud mental, entre ellos, el estrés, la ansiedad, la depresión o la calidad del sueño. Estas asociaciones, observadas tanto en jóvenes como en personas adultas, se mantienen de manera consistente en diferentes plataformas que ofrecen este tipo de contenidos, incluido TikTok.
Así lo afirma un estudio publicado en la revista Psychological Bulletin y llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Griffith (Australia), con el objetivo de sintetizar la evidencia disponible sobre la relación entre el uso de vídeos de corta duración y diferentes indicadores de salud cognitiva y mental.
Para ello, han realizado una revisión sistemática y un metaanálisis que integra datos de 98.299 participantes procedentes de 71 estudios, abarcando tanto adolescentes como personas adultas, y evaluando múltiples plataformas y distintas formas de medir el uso de estos formatos audiovisuales.

Un fenómeno global en expansión.
Los vídeos de corta duración, popularizados inicialmente por Vine y, posteriormente, por TikTok y su versión china Douyin, se han convertido en uno de los formatos más consumidos en el entorno digital. Su diseño —basado en la reproducción rápida, el desplazamiento infinito y algoritmos altamente personalizados—, ha favorecido su implantación en plataformas como Instagram (Reels), YouTube (Shorts) o Facebook, extendiendo su uso a ámbitos como la educación, la publicidad, el turismo o las campañas políticas.
Los autores del estudio señalan que este crecimiento ha coincidido con un incremento notable en la investigación sobre sus posibles implicaciones para la salud pública, lo que hacía necesaria una síntesis sistemática para aclarar patrones, discrepancias y áreas aún inexploradas en este campo.
Impacto en el rendimiento cognitivo.
Del total de estudios incluidos, 14 analizan la relación entre el uso de vídeos de corta duración y variables cognitivas. El metaanálisis pone de manifiesto una asociación negativa de tamaño moderado, lo que sugiere que un mayor consumo se vincularía con un rendimiento cognitivo más bajo.
Los dominios más afectados son la atención, el control inhibitorio, el lenguaje, la memoria y la memoria de trabajo. No se observan asociaciones significativas con el razonamiento.
Los investigadores destacan que la mayor parte de los estudios disponibles se centra en procesos atencionales, por lo que advierten de la necesidad de ampliar la investigación a otras funciones cognitivas aún poco exploradas, como la inteligencia fluida, la velocidad de procesamiento o las capacidades visoespaciales.
Según el marco teórico de Groves y Thompson (1970), el consumo repetido de contenidos altamente estimulantes y de ritmo acelerado puede generar procesos de habituación, en los que los usuarios se desensibilizan ante tareas cognitivamente más lentas y exigentes, como la lectura, la resolución de problemas o el aprendizaje profundo. Paralelamente, estas plataformas pueden promover procesos de sensibilización al reforzar la búsqueda de recompensas inmediatas, facilitando patrones de implicación impulsiva, dificultad para mantener la atención sostenida y una menor resistencia cognitiva.
El análisis también revela que la relación entre el uso de vídeos de corta duración y el rendimiento cognitivo no difiere entre jóvenes y adultos, y que los efectos son similares tanto si se examina el uso general de vídeos breves, como si se analiza específicamente TikTok. Se detecta, además, que el impacto es más fuerte cuando el uso se mide en términos de intensidad o adicción, más que por la duración del uso diario.
Los autores advierten que este patrón de consumo, basado en interacciones breves y recompensas frecuentes, puede debilitar la capacidad de mantener la atención sostenida y reducir la resistencia cognitiva necesaria para tareas prolongadas, favoreciendo una orientación del procesamiento hacia estímulos breves y altamente gratificantes en lugar de actividades más extensas y dirigidas a metas
Salud mental: un patrón de asociaciones negativas.
Los 61 estudios que examinaron indicadores de salud mental muestran una asociación negativa pequeña pero consistente entre el uso de vídeos de corta duración y diferentes dimensiones del bienestar psicológico. Entre los dominios con relaciones más relevantes se encuentran el estrés, la ansiedad, la depresión, la soledad, el afecto negativo, el bienestar y la calidad del sueño.
En cambio, el metaanálisis no encuentra relación entre el uso de estos formatos con la autoestima y la imagen corporal. Los autores subrayan que la ausencia de asociación en estas dos áreas podría deberse a la gran heterogeneidad de contenidos y a la coexistencia de mensajes muy distintos —desde modelos ideales hasta movimientos de aceptación corporal—, lo que justificaría la necesidad de más estudios que analicen no solo la cantidad, sino también el tipo de contenido consumido.
El estudio detalla que la sobreestimulación característica de estos formatos, especialmente cuando se consumen antes de dormir, puede interferir en los ciclos de sueño debido a la activación cognitiva y a la exposición a luz azul, lo que conlleva peor calidad del descanso. Asimismo, el uso intensivo se ha vinculado con un mayor aislamiento social, al reemplazar interacciones presenciales por consumo pasivo de contenido, y con una mayor vulnerabilidad al estrés y la ansiedad a través de ciclos de gratificación inmediata que pueden alterar la regulación emocional.
Diferencias según el tipo de medición.
Una de las conclusiones más importantes del estudio es que las asociaciones más fuertes con la salud mental aparecen cuando el uso se evalúa mediante escalas de adicción, mientras que las medidas de frecuencia o intensidad no mostraron relaciones consistentes. El análisis también muestra que el uso general de vídeos breves (sin especificar plataforma), presenta asociaciones más fuertes que el uso exclusivamente centrado en TikTok.
El estudio recoge también que los vídeos de corta duración activan mecanismos de recompensa dopaminérgicos, alimentados por la gratificación inmediata y la oferta constante de contenidos personalizados. Esta dinámica puede reforzar patrones de uso habitual o impulsivo, dificultando la desconexión, favoreciendo el desplazamiento de actividades presenciales y contribuyendo a un mayor aislamiento social o menor satisfacción vital.
Asimismo, al igual que ocurría con la cognición, la edad no modera los resultados, observándose patrones similares en jóvenes y en adultos.
Implicaciones y líneas futuras.
Los autores destacan que, aunque los resultados ofrecen una visión amplia y consistente, deben interpretarse con cautela, ya que las relaciones identificadas no permiten determinar causalidad.
Aun así, señalan que estos hallazgos representan una base sólida para orientar futuras investigaciones longitudinales y experimentales destinadas a comprender mejor los mecanismos implicados.
En este sentido, identifican áreas pendientes de investigación, entre ellas, el estudio de funciones cognitivas distintas de la atención y el control inhibitorio, la salud física y los estilos de vida, el análisis detallado de los contenidos visualizados, las diferencias individuales en el uso de estos formatos y el impacto de las plataformas emergentes que también integran vídeos breves, más allá de TikTok.
De igual modo, subrayan la importancia de que las políticas públicas, las estrategias de alfabetización digital y las propias plataformas consideren estos resultados, especialmente, en un contexto de uso generalizado de vídeos de corta duración en la vida cotidiana.
Fuente.
Nguyen, L., Walters, J., Paul, S., Monreal Ijurco, S., Rainey, G. E., Parekh, N., … & Darrah, M. (2025). Feeds, feelings, and focus: A systematic review and meta-analysis examining the cognitive and mental health correlates of short-form video use. Psychological Bulletin, 151(9), 1125.
