El uso del argot —o slang—, sobre todo, entre adolescentes, constituye mucho más que una simple moda lingüística pasajera. En el contexto actual, marcado por la hiperconectividad digital y la aceleración de los procesos culturales, el lenguaje informal se configura como una herramienta clave para comprender cómo los y las jóvenes construyen su identidad, establecen vínculos sociales y navegan en entornos complejos tanto online como offline. Así lo pone de manifiesto un reciente análisis sobre la psicología del uso del argot, que examina sus funciones sociales, cognitivas y emocionales, así como su evolución en el ecosistema digital contemporáneo.
Uno de los ejemplos más ilustrativos de este fenómeno es la rápida expansión del término “six-seven”, popularizado a finales de 2024 a partir de una canción y viralizado posteriormente en plataformas como TikTok. Su difusión masiva entre niños, niñas y adolescentes —especialmente, entre los denominados Generación Alpha (nacidos entre 2010 y 2024)— refleja la capacidad de Internet para convertir expresiones marginales en tendencias globales en cuestión de días. A pesar de ser descrito como un término «sin sentido» y omnipresente, su valor reside precisamente en su función social: generar conexión, pertenencia y complicidad entre iguales, al tiempo que excluye a los adultos.

Un código social que define identidades.
Desde una perspectiva psicológica, el argot actúa como un indicador clásico de identidad. Según los expertos, el modo en que una persona se expresa —ya sea de manera formal o informal— transmite información relevante sobre quién es, con quién se identifica y cómo se relaciona con los demás. En este sentido, el lenguaje no solo comunica contenido, sino también pertenencia.
El argot funciona como un código social que permite distinguir entre grupos de pertenencia (in-groups) y grupos externos (out-groups), reforzando la cohesión interna y delimitando fronteras simbólicas. Este proceso se alinea con teorías fundamentales de la psicología social, como la teoría de la identidad social, que subraya la importancia de los grupos en la construcción del yo. Así, compartir un determinado vocabulario no solo facilita la comunicación, sino que también fortalece los vínculos y la identidad colectiva.
Orígenes históricos y funcionales del argot.
El término «slang» tiene sus raíces en el siglo XVIII, cuando se asociaba con el lenguaje utilizado por grupos marginales —como delincuentes o personas itinerantes— para ocultar sus actividades. Esta dimensión de secreto y exclusividad ha perdurado hasta hoy, contribuyendo a la percepción del argot como un lenguaje alternativo, ajeno a la norma.
Con el tiempo, diferentes profesiones y comunidades han desarrollado sus propios vocabularios especializados —el denominado jargon— como forma de comunicar conocimiento técnico y reforzar la pertenencia grupal. En este sentido, el argot comparte funciones similares: actúa como una forma de «metadato léxico» que permite identificar afiliaciones sociales y niveles de experiencia.
Además, el argot ha servido históricamente como puente entre subculturas y la cultura dominante. Expresiones procedentes de comunidades marginadas han sido incorporadas progresivamente al lenguaje general, evidenciando su capacidad de influencia cultural. No obstante, su uso también puede conllevar riesgos de estigmatización, especialmente, cuando se percibe como poco profesional o asociado a grupos sociales desfavorecidos.
Bases neuropsicológicas: emoción, recompensa y memoria.
Desde el punto de vista neuropsicológico, el uso del argot está vinculado a procesos emocionales y de recompensa. Aunque la investigación específica sobre el argot aún es incipiente, estudios sobre el procesamiento del lenguaje sugieren que las palabras con carga emocional activan áreas cerebrales relacionadas con el placer y la evaluación. En particular, se ha observado que el procesamiento de palabras con asociaciones positivas puede incrementar la liberación de serotonina, un neurotransmisor vinculado al bienestar.
Asimismo, aprender nuevas palabras —un proceso análogo a la adquisición de argot— activa los centros de recompensa del cerebro, lo que contribuye a su atractivo, principalmente en adolescentes. El carácter lúdico, rítmico y creativo del argot también puede aumentar la implicación narrativa y facilitar la retención de la información. De hecho, las palabras emocionalmente intensas tienden a recordarse mejor que las neutras, lo que podría explicar la persistencia de ciertos términos en el tiempo.
Adolescencia y desarrollo: el argot como laboratorio identitario.
La adolescencia es una etapa crítica para el desarrollo de la identidad y las relaciones sociales, y el argot desempeña un papel central en este proceso. Diversos estudios señalan que los/as jóvenes utilizan el lenguaje informal como una herramienta para lograr aceptación social, reconocimiento y alineación con sus grupos de referencia.
Los expertos destacan que los y las adolescentes son los principales creadores e innovadores del argot, ya que emplean el lenguaje para diferenciarse de las personas adultas y explorar su autonomía. En este contexto, el uso del argot permite experimentar con distintos roles sociales y expresar la personalidad de forma flexible y con bajo riesgo, en comparación con otras formas de autoexpresión más visibles.
Además, el argot contribuye al desarrollo de habilidades cognitivas como la teoría de la mente —la capacidad de comprender que otras personas tienen pensamientos, emociones e intenciones distintas— y la flexibilidad cognitiva. El fenómeno del code-switching (cambio de registro lingüístico según el contexto) se vuelve especialmente relevante en esta etapa, y puede ser fomentado por las personas adultas mediante orientación sobre cuándo y cómo utilizar diferentes formas de lenguaje.
Aprendizaje social y viralización en entornos digitales.
La difusión del argot en la era digital se explica en gran medida por mecanismos de aprendizaje social, como la imitación y el refuerzo. Las plataformas digitales actúan como entornos de condicionamiento operante, donde los «me gusta», compartidos y comentarios positivos refuerzan el uso de determinados términos. Asimismo, los algoritmos desempeñan un papel clave al amplificar ciertos contenidos, facilitando que algunas expresiones se vuelvan virales mientras otras desaparecen rápidamente.
El uso de recursos retóricos como el humor, la sátira o la apelación emocional también contribuye a la difusión del argot. En este sentido, términos como «FOMO» (fear of missing out) o expresiones propias de la cultura gaming como «GG» o «POG» ilustran cómo el lenguaje se adapta a las necesidades comunicativas de los y las jóvenes en distintos contextos digitales.
Cultura digital y co-creación lingüística.
A diferencia de generaciones anteriores, cuya cultura estaba más centralizada, los y las jóvenes actuales participan en múltiples comunidades digitales simultáneamente, cada una con sus propias normas, valores y formas de expresión. Plataformas como TikTok, Discord o YouTube actúan como incubadoras de nuevo vocabulario, donde el argot se crea, transforma y difunde en tiempo real.
Este proceso de co-creación lingüística refleja una dinámica cultural híbrida, en la que los jóvenes reutilizan, remixan y reinterpretan elementos existentes para generar nuevos significados. El argot se convierte así en un mapa de pertenencia digital, que permite identificar en qué comunidades participan los y las jóvenes y cómo estas influyen en su identidad.
Asimismo, el argot facilita la expresión de temas emocionalmente complejos —como relaciones, presión social o identidad personal— de forma matizada y segura. En particular, se destaca su utilidad para jóvenes LGBTQIA+, al proporcionar un lenguaje que permite abordar experiencias sensibles sin exponerse directamente.
Implicaciones para la psicología y recomendaciones.
Comprender el papel del argot en la vida de los y las jóvenes ofrece a los/as profesionales de la psicología una ventana privilegiada para analizar cómo se relacionan, se expresan y construyen su identidad. En este sentido, los expertos recomiendan que clínicos y psicólogos educativos muestren interés y curiosidad por el lenguaje que utilizan los y las menores, ya que esto puede favorecer la creación de un vínculo terapéutico más sólido y favorecer la expresión auténtica.
Asimismo, se subraya la importancia de educar a los y las jóvenes en el uso contextual del lenguaje, ayudándoles a desarrollar habilidades de code-switching y a comprender cuándo es apropiado utilizar el argot. Esta orientación puede mejorar su competencia comunicativa y su adaptación social.
En el ámbito de la investigación, se recomienda profundizar en el estudio del argot en contextos naturales —a través del análisis de conversaciones reales o datos de redes sociales— para comprender mejor cómo surgen, se difunden y se consolidan estas expresiones. También se propone explorar cómo responden los sistemas de recompensa del cerebro al uso del argot en situaciones sociales reales.
Conclusión: comprender el argot para acompañar el desarrollo psicológico y social de la juventud en la era digital.
Lejos de ser un fenómeno trivial, el argot constituye una forma compleja y multifacética de comunicación que refleja procesos fundamentales del desarrollo psicológico, la interacción social y la evolución cultural. En un mundo cada vez más digitalizado, entender cómo y por qué niños, niñas y adolescentes utilizan este tipo de lenguaje no solo permite descifrar sus códigos de pertenencia, sino también acompañarlos de forma más eficaz en su desarrollo personal y social.
Abrams, Z. (2026). The psychology of why we use slang. Monitor on Psychology, 57 (3), p. 40. American Psychological Association.
