Los diagnósticos en salud mental infantil pueden ser complejos, ya que muchos síntomas comunes tienen múltiples causas posibles que, de no evaluarse cuidadosamente, pueden llevar a conclusiones erróneas sobre lo que realmente está pasando un niño, una niña o un/a adolescente. Esta imprecisión diagnóstica no solo afecta la calidad del tratamiento, sino también el bienestar y el desarrollo de los y las menores y sus familias.
Con este propósito, el Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute) -organización centrada en la salud mental y el comportamiento de la infancia y la adolescencia-, ha publicado un artículo donde recoge los errores de diagnóstico más frecuentes en la población infantil y adolescente, con orientaciones claras para reconocerlos, entenderlos y abordarlos desde una perspectiva clínica rigurosa.

La importancia de un diagnóstico preciso.
Según los expertos, muchos síntomas que observamos en niños, niñas y adolescentes —como dificultades de atención, pensamientos repetitivos, tristeza profunda o comportamientos disruptivos— pueden asociarse a diferentes causas subyacentes. Esto hace que se puedan «etiquetar» erróneamente como trastornos específicos cuando, en realidad, la causa real puede ser otra o incluso tener múltiples causas.
Una evaluación diagnóstica exhaustiva, que considere el contexto de vida del menor, sus experiencias, sus relaciones sociales y su desarrollo, es esencial para evitar estas confusiones y garantizar que se reciba la intervención adecuada.
Errores de diagnóstico más comunes en la infancia y la adolescencia.
A continuación se sintetizan las principales situaciones en las que las manifestaciones conductuales y/o emocionales pueden llevar a diagnósticos equivocados si no se consideran otras posibilidades:
1. Falta de atención interpretada como TDAH
La falta de atención es uno de los signos más observados en entornos escolares y familiares, y suele conducir al diagnóstico de trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH). Sin embargo, según la evidencia recogida por expertos, la desatención también puede ser causada por otros factores. Por ejemplo:
- La ansiedad, que «absorbe» la atención en preocupaciones internas;
- Un trastorno obsesivo-compulsivo, con pensamientos intrusivos que desvían la concentración;
- Una dificultad del aprendizaje, como la dislexia o las dificultades cognitivas, que hacen que el niño o la niña perciba el aprendizaje como inaccesible o frustrante.
En todos estos casos, el o la menor puede parecer “desconectado/a” o distraído/a, cuando, en realidad, su atención está «capturada» por la preocupación, las obsesiones o la frustración ante tareas que no logra abordar con normalidad.
Por ello, los síntomas de desatención exigen una evaluación que explore estas alternativas antes de concluir que se puede tratar de TDAH.
2. Pensamientos repetitivos y angustiosos mal atribuidos al trauma
El recuerdo recurrente de situaciones angustiantes suele considerarse, a primera vista, indicativo de un trastorno por estrés postraumático (TEPT). Sin embargo, la evidencia señala que estos pensamientos pueden corresponder también a trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), en el que la angustia proviene de obsesiones internas en lugar de recuerdos de experiencias pasadas.
Una correcta diferenciación entre estas condiciones tiene un impacto directo en el enfoque terapéutico. De ahí la importancia de determinar si esos pensamientos repetitivos están ligados a un evento traumático identificado o, por el contrario, se presentan como obsesiones intrusivas que generan malestar por sí mismas.
3. Retraso o restricción del habla diagnosticado como autismo
Las dificultades en el lenguaje o en la comunicación interpersonal se asocian comúnmente al trastorno del espectro del autismo (TEA). Pero, de acuerdo con los expertos, hay casos en los que esa misma dificultad puede deberse, por ejemplo, a un mutismo selectivo, un trastorno de ansiedad en el que el menor puede llegar a hablar con normalidad en casa, pero se mantiene en silencio en otros contextos sociales, como el centro educativo.
La distinción entre limitaciones de habilidad y problemas situacionales es fundamental para comprender si la falta de comunicación es expresiva o dependiente del contexto social.
4. Tristeza, fatiga y síntomas depresivos atribuibles a otras causas
Cuando un niño, una niña o un/a adolescente se muestra triste, con poca energía o incapacidad para concentrarse, el diagnóstico inicial suele ser depresión. No obstante, la literatura clínica indica que estos síntomas pueden tener otras causas médicas o psicológicas, como puede ser el hipotiroidismo, o los síntomas secundarios a la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo.
Por ejemplo, el hipotiroidismo presenta fatiga y dificultad de pensamiento que pueden confundirse con depresión si no se realizan pruebas médicas complementarias.
5. Comportamiento disruptivo mal interpretado
El comportamiento desafiante o agresivo suele asociarse al trastorno negativista desafiante (TND). Sin embargo, la evidencia revela que esta conducta puede tener causas diversas:
- Ansiedad que se expresa de esa manera, en intento por evitar situaciones estresantes;
- TDAH, cuya impulsividad se traduce en comportamientos que parecen oposicionistas;
- Problemas de aprendizaje que generan frustración y conductas disruptivas.
Comprender el origen real de estas conductas es esencial, ya que las intervenciones para cada una de estas causas pueden variar considerablemente.
Conclusión.
La evidencia recogida por el Instituto de la Mente Infantil pone de manifiesto que muchos diagnósticos en la infancia y la adolescencia pueden ser erróneos o incompletos si no se realiza una evaluación cuidadosa y multidimensional. La sintomatología observable —como falta de atención, pensamientos repetitivos, dificultades de comunicación o conductas disruptivas— no siempre se corresponde con un único trastorno.
Por ello, profesionales, familias y otros referentes del desarrollo infantil deben favorecer un enfoque diagnóstico exhaustivo que contemple diversas posibilidades y contextos, evitando interpretaciones precipitadas que puedan llevar a tratamientos inadecuados.
Fuente.
Spiro, L. (2026). The Most Common Misdiagnoses in Children. Family Resource Center. Diagnosis. Child Mind Institute.
