Las intervenciones basadas en Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) puede contribuir a reducir la sintomatología alimentaria y la insatisfacción corporal, e incluso mantener mejoras a largo plazo en algunos estudios; un potencial clínico que, precisamente por su relevancia, exige ser confirmado con investigaciones más consistentes y comparables.
Así lo afirma un estudio publicado en la revista Apuntes de Psicología y llevado a cabo por María Xesús Froxán-Parga y Uxue Arana-Pascual, de la Universidad Autónoma de Madrid, con el objetivo de examinar la eficacia de las intervenciones con Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) para problemas de la conducta alimentaria e insatisfacción corporal, y analizar las variables mediadoras de dicha eficacia, conectando procesos con resultados.
La investigación adopta deliberadamente el término «problemas de la conducta alimentaria» en lugar de «trastornos de la conducta alimentaria», con la intención de mantener una perspectiva funcional que trascienda la nosología y permita incluir experiencias de sufrimiento y patrones conductuales relevantes que, aun sin cumplir criterios diagnósticos formales, comparten procesos psicológicos similares.
Desde este enfoque, se subraya que muchas de estas conductas —restrictivas, purgativas o de evitación—, pueden cumplir funciones como la regulación emocional o el intento de evitar la obesidad, y que la insatisfacción corporal constituye uno de los procesos psicológicos comunes implicados.

El marco teórico del trabajo se sustenta en el contextualismo funcional y en la Teoría del Marco Relacional, que explican cómo el lenguaje y las reglas verbales pueden generar asociaciones rígidas (por ejemplo, comida calórica es igual a engordar, igual a fracaso o rechazo social, etc.)—, que regulan el comportamiento y favorecen la evitación experiencial de pensamientos y emociones desagradables.
Esta evitación y el seguimiento rígido de reglas contribuirían a la reducción del repertorio conductual y a la denominada inflexibilidad psicológica, considerada un proceso clave en el sufrimiento humano.
Frente a tratamientos consolidados como la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), que busca modificar el contenido de pensamientos desadaptativos mediante reestructuración cognitiva o moldeamiento verbal, la ACT centra el foco en la manera en que la persona se relaciona con sus eventos privados y en la función de estos, tratando de flexibilizar esa relación para que la conducta esté orientada por los valores personales y no por la evitación del malestar.
Resultados prometedores en sintomatología alimentaria e insatisfacción corporal, aunque con evidencia heterogénea y mecanismos mediadores aún no concluyentes.
Para llevar a cabo esta revisión, sus autoras han seguido las directrices PRISMA, identificando 639 registros iniciales, de los cuales, tras sucesivas fases de cribado, se han incluido, finalmente, 19 estudios.
El estudio encuentra que, en relación con la reducción de la sintomatología alimentaria, varios ensayos clínicos aleatorizados muestran reducciones significativas en el grupo ACT frente al tratamiento habitual o frente a terapia cognitiva. No obstante, otros trabajos señalan que los efectos no siempre se mantienen en el tiempo, son modestos o no evidencian beneficios adicionales frente a intervenciones con principio activo.
En el ámbito de la insatisfacción corporal y la imagen corporal negativa, diversas investigaciones indican mejoras tras intervenciones ACT. Sin embargo, en otros casos los efectos no son específicos de ACT o no alcanzan significación estadística. Esta heterogeneidad también se refleja en los mecanismos mediadores.
De los 19 estudios revisados, diez miden flexibilidad psicológica, cinco aceptación o tolerancia a la angustia, tres defusión, tres atención plena y solo uno clarificación de valores. En el caso de la defusión, se detecta que su aumento puede asociarse con menor imagen corporal negativa y mediar los efectos de la intervención en algunos estudios, aunque en otros no se encuentran evidencias claras de mediación.
Flexibilidad psicológica: un proceso muy medido, pero con resultados variables y efectos a largo plazo no siempre sostenidos.
La flexibilidad psicológica, constructo central del modelo teórico de la Terapia De Aceptación y Compromiso, es el proceso más medido, pero los resultados son dispares: en algunos estudios se asocia a mejoras en la sintomatología alimentaria y en las preocupaciones por el peso, mientras que en otros no predice mejoras en calidad de vida o su influencia está mediada por otros procesos como la defusión. Las autoras advierten de que la variabilidad conceptual y metodológica en la definición y medición de la flexibilidad psicológica dificulta la comparación entre estudios y compromete la validez de las conclusiones.
También se observan mejoras en variables psicológicas secundarias como calidad de vida, síntomas psicológicos, depresión, ansiedad y funcionamiento global en algunos estudios, aunque otros no encontran efectos significativos en estas dimensiones.
En cuanto al mantenimiento de los efectos, se documentan mejoras sostenidas hasta dos años en algunos trabajos, mientras que, en otros, las mejoras no se mantienen, observándose recaídas o fluctuaciones. Asimismo, la ACT se asocia en determinados estudios con menor uso de recursos médicos y menor necesidad de rehospitalizaciones.
Retos pendientes: mayor claridad conceptual y rigor metodológico para confirmar la eficacia de la ACT.
El análisis final subraya que la inconsistencia de los resultados podría deberse, en parte, a la falta de claridad conceptual en torno al modelo de flexibilidad psicológica, a deficiencias metodológicas que limitan la capacidad de aislar los efectos de la intervención y a la escasez de medidas durante el tratamiento.
Por ello, las autoras plantean la necesidad de establecer definiciones operativas más precisas de los mecanismos de cambio y de utilizar instrumentos que permitan examinar con mayor rigor el papel de la flexibilidad psicológica y sus componentes en los problemas de la conducta alimentaria, incluyendo la insatisfacción corporal.
En definitiva, aunque la ACT presenta una adecuación teórica y resultados prometedores en el abordaje psicológico de los problemas de la conducta alimentaria y la insatisfacción corporal, la evidencia disponible exige prudencia. La consolidación de su eficacia requerirá estudios con mayor rigor metodológico, evaluación sistemática de procesos psicológicos mediadores y diseños que permitan conectar de forma más precisa los cambios terapéuticos con los mecanismos psicológicos postulados.
Fuente.
Froxán-Parga, María Xesús y Arana-Pascual, Uxue (2026). Revisión sistemática de las intervenciones con Terapia de Aceptación y Compromiso para problemas de la conducta alimentaria. Apuntes de Psicología, 44(1), 30-43. https://doi.org/10.70478/apuntes.psi.2026.44.04
