La exposición continuada a la presión social en los entornos digitales no solo incrementa la probabilidad de desarrollar síntomas depresivos, sino que también erosiona, a lo largo del tiempo, la red de apoyo social de las personas. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Psychosocial Intervention. El trabajo se ha centrado en analizar las relaciones longitudinales y bidireccionales entre la presión social en los contextos digitales, los síntomas de depresión y el apoyo social, con el fin de comprender cómo estas variables se interrelacionan en el ajuste psicológico y social de los individuos.
Un estudio sobre las dinámicas de la vida digital.
La investigación parte de una premisa central: en la vida cotidiana actual, marcada por la constante interacción digital, las experiencias de presión social —es decir, la percepción de estar obligado a responder, interactuar o mostrarse activo en los entornos digitales— adquieren un papel relevante en la configuración del bienestar psicológico. Los autores destacan que este tipo de presión puede derivar en un malestar emocional persistente, que se traduce en síntomas depresivos y en una percepción reducida del apoyo social.
Para explorar estas dinámicas, los autores han adoptado un diseño longitudinal, analizando, a lo largo del tiempo, cómo se entrelazan estas tres variables. Frente a los estudios transversales, que ofrecen una fotografía puntual, este enfoque permite observar la dirección de las relaciones y su carácter bidireccional, es decir, cómo la presión social en entornos digitales afecta a la depresión y al apoyo social, y cómo, a su vez, estas variables pueden retroalimentarse entre sí.
El trabajo se ha realizado con datos procedentes de la Encuesta Nacional sobre Ciberseguridad y Confianza en los Hogares Españoles (CCSHNS), desarrollada por el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI). La muestra estuvo compuesta por 1.878 personas usuarias de Internet, representativas de la población española de 15 años o más, que respondieron en las tres mediciones del estudio. La distribución sociodemográfica fue equilibrada en términos de sexo (46% hombres y 54% mujeres), incluyó cinco grupos de edad (desde los 15-24 años hasta mayores de 55) y diferentes niveles educativos, desde estudios básicos hasta universitarios.

La presión digital como factor de riesgo.
Los resultados muestran con claridad que la presión social digital ejerce un efecto directo sobre el incremento de los síntomas depresivos. Los y las participantes que informan de una mayor presión en sus interacciones digitales tienden, con el tiempo, a presentar mayores niveles de depresión. Este hallazgo subraya que la vida digital, más allá de sus beneficios en términos de conexión y acceso a información, puede convertirse en un espacio generador de carga psicológica cuando está dominada por exigencias externas y demandas de interacción.
La presión social digital se traduce en la obligación de contestar rápidamente, mantenerse disponible en todo momento o proyectar una imagen positiva y constante en las redes sociales. Según los investigadores, este tipo de dinámicas deteriora el bienestar emocional y contribuye al surgimiento de sentimientos depresivos, marcando un patrón que se consolida en el tiempo.
Consecuencias sobre el apoyo social.
Otro hallazgo relevante del estudio es que la presión social digital no solo incrementa los síntomas depresivos, sino que también debilita el apoyo social percibido. A medida que los individuos sienten mayor obligación de responder y cumplir con expectativas sociales en entornos digitales, tienden a experimentar una reducción en la calidad de las relaciones de apoyo que perciben a su alrededor. Este debilitamiento puede interpretarse como un desgaste relacional, en el que las interacciones, condicionadas por la presión, dejan de ser fuente de bienestar y se convierten en un factor de tensión.
El apoyo social constituye un recurso esencial para el afrontamiento de dificultades psicológicas. La investigación evidencia que, al erosionarse este soporte debido a la presión digital, las personas quedan en una situación de mayor vulnerabilidad, sin una red de apoyo que amortigüe los efectos negativos sobre su salud mental.
Relaciones bidireccionales y longitudinales.
Uno de los aportes más destacados del trabajo es la constatación de relaciones bidireccionales. Los investigadores observan que los síntomas depresivos también influyen en la percepción de la presión social en contextos digitales. En otras palabras, las personas con mayores niveles de depresión tienden a sentirse más presionadas en sus interacciones digitales, lo cual refuerza un círculo vicioso entre presión, depresión y pérdida de apoyo social.
El diseño longitudinal permite comprobar que estas dinámicas no se limitan a momentos concretos, sino que persisten y se refuerzan a lo largo del tiempo. Esta evidencia es especialmente relevante, ya que muestra cómo la interacción entre las variables se mantiene estable y tiende a consolidarse, incrementando el riesgo de un deterioro psicológico progresivo.
Implicaciones para la psicología y la intervención.
El estudio aporta información valiosa para la comprensión del papel que juegan los contextos digitales en la salud mental contemporánea. Los autores destacan que los resultados deben servir de base para el diseño de estrategias de prevención y de intervención psicológica, orientadas a reducir la presión social en la vida digital y a reforzar el apoyo social en las comunidades online y offline.
La identificación de la presión social digital como un factor de riesgo para la depresión tiene implicaciones directas para la práctica psicológica. Los y las profesionales pueden incorporar esta variable en sus evaluaciones y en el diseño de programas de intervención, especialmente, en poblaciones más expuestas a las exigencias de interacción digital, como adolescentes y jóvenes adultos. Asimismo, el fortalecimiento del apoyo social se presenta como una medida clave para contrarrestar los efectos negativos de la presión digital, fomentando redes de relación basadas en la reciprocidad, la autenticidad y el respeto a los tiempos personales.
Un contexto social en transformación.
Los autores sitúan sus hallazgos en un contexto más amplio: la transformación de las formas de relación social impulsada por la digitalización. Aunque los entornos digitales ofrecen oportunidades inéditas para la comunicación y el acceso a recursos, también imponen nuevas exigencias que pueden tener costes psicológicos. La presión social digital emerge así como un fenómeno característico de la vida contemporánea, con capacidad de afectar a la salud mental y a las dinámicas de apoyo social.
El estudio invita a reflexionar sobre la necesidad de promover un uso más consciente y saludable de las tecnologías digitales. En este sentido, tanto las políticas públicas como las iniciativas educativas y comunitarias pueden desempeñar un papel clave en la sensibilización acerca de los riesgos de la presión social digital y en la promoción de hábitos de interacción más equilibrados.
Conclusión.
En definitiva, la investigación publicada en Psychosocial Intervention pone de manifiesto que la presión social en los contextos digitales constituye un factor de riesgo que incrementa los síntomas depresivos y debilita el apoyo social percibido, generando un ciclo de retroalimentación negativa que se refuerza con el tiempo. Al mismo tiempo, destaca la importancia de considerar la bidireccionalidad de estas relaciones, dado que la depresión también amplifica la percepción de presión digital. Estos hallazgos evidencian la trascendencia de incorporar la dimensión digital en el análisis del ajuste psicológico y social, así como en las estrategias de intervención orientadas a la promoción de la salud mental en la sociedad actual.
Fuente.
Erdem, H. D., Herrero, J., & Urueña, A. (2025). The bidirectional relationships between social pressure in digital contexts, depression, and social support over time. Psychosocial Intervention, 34(3), 189-200. https://doi.org/10.5093/pi2025a15
