La Psicología irrumpe en los eSports: entre el alto rendimiento, el bienestar mental y la prevención del desgaste
16 Jul 2026

El ecosistema de los eSports —los videojuegos competitivos organizados— se ha consolidado en los últimos años como una industria global de enorme crecimiento, tanto en términos económicos como de participación. Con una valoración estimada que oscila entre los 1.600 millones y los 24.900 millones de dólares y más de 220 millones de jugadores y jugadoras en todo el mundo, este sector no solo ha transformado el entretenimiento digital, sino que también ha generado nuevas demandas en ámbitos como el rendimiento, la salud mental y el desarrollo personal de los/as jugadores/as. En este contexto, la Psicología está adquiriendo un papel cada vez más relevante, aportando enfoques basados en la evidencia para afrontar los desafíos de un entorno altamente competitivo.

Así lo afirma un artículo publicado en la revista Monitor on Psychology (APA Monitor), de la Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association, APA), cuyo objetivo es analizar el creciente papel de la Psicología en el ámbito de los eSports, revisando la evidencia disponible sobre los factores psicológicos que influyen en el rendimiento, la salud mental y el bienestar de los jugadores y jugadoras, así como los principales retos y oportunidades para esta disciplina en un sector en plena expansión.

De acuerdo con el artículo, el auge de plataformas de retransmisión en directo como Twitch, Discord o YouTube, junto con la creciente profesionalización del sector —que incluso contará con unos Juegos Olímpicos de eSports previstos para 2027 en Riad—, ha contribuido a consolidar este fenómeno. A diferencia del videojuego recreativo, los eSports implican competiciones organizadas con sistemas de clasificación formales y estructuras que incluyen ligas amateurs, semiprofesionales y profesionales. En este entorno, los jugadores compiten en equipo y se enfrentan a exigencias cognitivas y emocionales muy elevadas.

eSports
Fuente: freepik. Autoría: frimufilms. Descarga: 22/04/26.
Un entorno de alta presión psicológica.

A diferencia de los deportes tradicionales, donde el componente físico es predominante, en los eSports el rendimiento depende en gran medida de habilidades cognitivas y psicológicas. Los jugadores deben tomar decisiones rápidas, regular sus emociones, procesar información visual compleja y mantener el control motor con gran precisión, todo ello, bajo presión temporal y, a menudo, frente a audiencias masivas.

La evidencia señala que la forma en que los jugadores interpretan el estrés puede influir significativamente en su rendimiento. Intervenciones centradas en reinterpretar el estrés como un desafío positivo, en lugar de una amenaza, han demostrado mejorar la precisión, el control atencional y el esfuerzo cognitivo, además de reducir la ansiedad y acelerar el tiempo de ejecución en situaciones de alta presión.

Otro fenómeno relevante es el denominado tilt, que hace referencia a estados emocionales negativos intensos que afectan negativamente a la toma de decisiones. Este estado puede llevar a comportamientos impulsivos o contraproducentes durante la competición. Según los datos disponibles, las personas que juegan eSports tienden a experimentar tilt con mayor frecuencia debido a interacciones con sus propios compañeros de equipo que por la actuación de sus oponentes. Además, la forma en que los jugadores y jugadoras perciben su capacidad para gestionar estas emociones resulta clave: quienes creen que pueden modificar su reacción tienden a emplear estrategias adaptativas, mientras que quienes lo consideran un rasgo fijo recurren con mayor frecuencia a respuestas negativas.

Salud mental y «cultura del grind».

Uno de los aspectos más preocupantes del entorno de los eSports es su impacto en la salud mental. La evidencia disponible muestra que los jugadores profesionales presentan tasas elevadas de malestar psicológico. En un estudio reciente con jugadores de Counter-Strike, aproximadamente, uno de cada cuatro reportó síntomas moderadamente graves o graves de depresión, más de la mitad indicó experimentar malestar psicológico y cerca del 73% presentó bajos niveles de bienestar mental. A pesar de ello, casi el 70% afirmó no tener acceso a apoyo en salud mental.

Este panorama se ve agravado por la denominada «cultura del grind», caracterizada por largas horas de práctica, escasa actividad física y patrones de sueño irregulares. Los jugadores y jugadoras profesionales pueden dedicar más de 22 horas semanales al entrenamiento, aunque la evidencia indica que una mayor cantidad de práctica no se traduce necesariamente en un mejor rendimiento. De hecho, factores como la edad o la atención visual pueden tener un peso más determinante en el éxito competitivo.

Además, los jugadores de eSports se enfrentan a múltiples estresores, similares a los de los deportistas tradicionales, incluyendo problemas de comunicación, presión por competir ante audiencias en directo y exigencias de rendimiento constante. Esta combinación puede generar un ciclo en el que las dificultades de salud mental deterioran el rendimiento, lo que a su vez incrementa el estrés y el malestar emocional.

Un campo en desarrollo con importantes desafíos.

Aunque la Psicología de los eSports está en expansión, todavía existen importantes carencias en cuanto a prácticas basadas en la evidencia y estándares éticos y profesionales. Los expertos advierten de la necesidad de desarrollar investigaciones más rigurosas, especialmente, estudios longitudinales e intervenciones que permitan comprender los efectos a largo plazo y determinar qué estrategias son realmente eficaces.

Actualmente, los y las profesionales que trabajan en este ámbito, proceden de diversas subdisciplinas, como la Psicología clínica, cognitiva, o del deporte. Sin embargo, la falta de regulación y el carácter emergente del sector generan un entorno en el que conviven profesionales cualificados con otros sin formación adecuada. Esto obliga a los expertos y expertas en Psicología a demostrar constantemente el valor de su trabajo, integrando conocimientos específicos del juego con competencias en rendimiento y salud mental.

Hacia estándares internacionales de salud mental.

Ante esta situación, se están impulsando iniciativas para establecer directrices globales en salud mental aplicadas a los eSports. Por ejemplo, un proyecto internacional liderado en 2024 ha revisado decenas de estudios, organizado talleres con expertos y recogido la experiencia directa de jugadores, incluidos adolescentes.

Los resultados indican que, aunque muchos jugadores y muchas jugadoras son conscientes de los efectos negativos del juego intensivo, las respuestas clínicas tradicionales —como recomendar el abandono total del videojuego— pueden resultar inadecuadas, al ignorar aspectos positivos como el sentido de pertenencia o la conexión social que ofrecen los eSports.

Los expertos señalan la necesidad de adoptar enfoques más matizados que promuevan una relación más segura y equilibrada con el juego, en lugar de planteamientos dicotómicos. En esta línea, se están desarrollando nuevas guías internacionales que definirán estándares basados en la evidencia para jugadores amateurs, semiprofesionales y profesionales.

Desarrollo integral y prevención del abandono temprano.

Otro de los retos clave del sector es la corta duración de las carreras profesionales, que suelen finalizar en torno a los 21 años y con una media de apenas tres años. Muchos jugadores acceden directamente a la élite sin estructuras formativas previas, lo que dificulta su desarrollo personal y su transición posterior.

Ante ello, algunos programas están apostando por un enfoque integral que combine rendimiento y bienestar. Estas iniciativas incluyen la promoción del ejercicio físico, la regulación del sueño, el desarrollo de la motivación intrínseca y la planificación de alternativas educativas o profesionales.

ESports en el ámbito educativo.

El crecimiento de los eSports también se ha trasladado al ámbito educativo. En Estados Unidos, más de 300 instituciones de educación superior cuentan con programas de eSports, muchos de los cuales integran apoyo psicológico, entrenamiento físico y límites de dedicación semanal para proteger el bienestar del alumnado.

Asimismo, en contextos escolares, los eSports se están utilizando como herramienta para fomentar el aprendizaje socioemocional, la comunicación, el trabajo en equipo y el liderazgo. De hecho, se han implementado múltiples programas específicos en diversos centros educativos, alcanzando a una amplia gama de estudiantes y facilitando la inclusión de jóvenes que tradicionalmente no participan en deportes convencionales, incluyendo alumnado neurodivergente.

Un campo con gran potencial y necesidad de evidencia.

A pesar de su rápido crecimiento, la investigación en eSports sigue siendo limitada y predominantemente transversal. Solo un pequeño porcentaje de estudios analiza la evolución de los jugadores a lo largo del tiempo o evalúa intervenciones específicas. Para abordar esta carencia, se están desarrollando estudios longitudinales que permitirán identificar qué niveles de práctica optimizan los beneficios y minimizan los riesgos, especialmente en jóvenes.

En definitiva, la Psicología está comenzando a desempeñar un papel fundamental en la configuración del futuro de los eSports. Desde la mejora del rendimiento hasta la protección de la salud mental, pasando por el desarrollo integral de los jugadores, los expertos coinciden en que este campo ofrece un amplio margen de crecimiento. No obstante, también advierten de la necesidad urgente de consolidar una base científica sólida que permita guiar las intervenciones y garantizar el bienestar en un entorno cada vez más exigente y competitivo.


Fuente.

Andoh, E. (2026). How psychologists are shaping the high-pressure world of esports. Monitor on Psychology, 58 (3), p.26. American Psychological Association.  

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