La Terapia de Aceptación y Compromiso puede mejorar la calidad de vida y reducir los síntomas de ansiedad y depresión en personas con enfermedades terminales. Estos beneficios pueden mantenerse entre uno y nueve meses después del tratamiento. Además, la flexibilidad psicológica parece desempeñar un papel relevante en la mejoría. Así lo concluye una revisión sistemática con metaanálisis publicada en Psicothema. El trabajo analiza la eficacia de esta terapia en los cuidados al final de la vida y sus posibles procesos de cambio.
La Terapia de Aceptación y Compromiso, conocida como ACT, fomenta la aceptación de experiencias internas difíciles y la actuación conforme a los valores personales. Su finalidad principal no es eliminar los síntomas, sino aumentar la flexibilidad psicológica. Esta capacidad permite afrontar pensamientos y emociones difíciles mientras se realizan acciones coherentes con los propios valores. Este planteamiento puede resultar relevante ante el miedo a la muerte, la incertidumbre o la pérdida de autonomía.
Un metaanálisis con 1.109 participantes.
Los autores buscaron estudios en PubMed, Scopus y PsycInfo publicados hasta el 26 de mayo de 2025. La revisión siguió las directrices PRISMA y fue registrada previamente en PROSPERO. El metaanálisis incluyó 13 estudios con 1.109 participantes. La edad media fue de 61,5 años y el 55,7% eran mujeres.
Nueve estudios analizaron pacientes con cáncer avanzado. También se incluyeron personas con esclerosis lateral amiotrófica y otras enfermedades progresivas avanzadas atendidas en cuidados paliativos. Seis trabajos eran ensayos controlados aleatorizados. Otros dos eran estudios controlados no aleatorizados y cinco carecían de grupo de control.
La mayoría examinó la ACT como tratamiento independiente. Los tratamientos tuvieron una media de 6,8 sesiones y fueron aplicados mayoritariamente por profesionales. Ocho estudios realizaron, al menos, una evaluación de seguimiento. El periodo medio fue de 4 meses, con un intervalo de entre uno y nueve meses.
Mejoras en calidad de vida, ansiedad y depresión.
Frente a los grupos de control activos, la ACT produjo mejoras significativas y moderadas en todos los resultados analizados. Estos grupos recibieron atención habitual, apoyo educativo u otros tratamientos. Las mejoras se mantuvieron durante el seguimiento.
Los análisis dentro de los propios grupos mostraron resultados similares en calidad de vida tras el tratamiento. Sin embargo, esta mejoría no alcanzó significación estadística durante el seguimiento. La heterogeneidad entre los estudios fue elevada para la calidad de vida. También fue alta en el análisis de la ansiedad entre los grupos de tratamiento y control.
Los resultados mostraron mejores efectos de los tratamientos presenciales frente a los remotos o combinados. No obstante, esta diferencia requiere prudencia por el reducido tamaño de algunos subgrupos. El formato individual o grupal no pareció modificar los resultados. Tampoco se observaron diferencias significativas según la edad, el porcentaje de mujeres o el número de sesiones.

El papel de la flexibilidad psicológica.
Las personas que recibieron ACT mejoraron significativamente más su flexibilidad psicológica que aquellas incluidas en los grupos de control. El efecto fue moderado y se mantuvo durante el seguimiento.
La flexibilidad psicológica y la acción guiada por valores predijeron las mejoras en calidad de vida. Sin embargo, algunos análisis incluyeron pocos estudios y podrían haber sobreestimado estas asociaciones. Las variables relacionadas con la ACT no predijeron de forma consistente la reducción de la ansiedad y la depresión. Según los autores, estos síntomas pueden depender de factores adicionales.
En las enfermedades terminales, estos síntomas pueden relacionarse con el miedo a la muerte y la pérdida de autonomía. La flexibilidad psicológica podría no abordar por sí sola todos estos factores. Los investigadores destacan que el trabajo con valores debe adaptarse a cada persona y sus circunstancias. Por tanto, los resultados no respaldan un protocolo idéntico para todos los pacientes.
Limitaciones y futuras líneas de investigación.
Todos los estudios utilizaron medidas de autoinforme, lo que generó algunas dudas sobre el riesgo de sesgo. También se detectó una elevada heterogeneidad en buena parte de los resultados. Algunos análisis incluyeron muestras reducidas. Además, los autores encontraron indicios de posible sesgo de publicación en la calidad de vida durante el seguimiento.
La inclusión de estudios con diferentes diseños limita su comparación directa. No obstante, los investigadores separaron los análisis controlados de aquellos realizados dentro de los propios grupos. También pudo existir cierto solapamiento entre algunas medidas analizadas. Además, el diseño de varios estudios limita la posibilidad de establecer relaciones causales. Los autores consideran necesarios ensayos de mayor calidad y con muestras más amplias. Recomiendan ampliar la investigación a enfermedades no oncológicas, cuidadores y profesionales sanitarios.
En conjunto, los resultados respaldan la ACT como una posible opción terapéutica en los cuidados al final de la vida. Su aplicación puede mejorar la calidad de vida y reducir el malestar psicológico. Sin embargo, todavía debe confirmarse qué procesos explican estos efectos y en qué pacientes resulta más adecuada.
Fuente.
Macías, J., Lara-Merín, L., & López-Pinar, C. (2026). Acceptance and Commitment Therapy (ACT) in end-of-life care: A meta-analysis of efficacy and process of change. Psicothema, 38(3), 123-137. https://doi.org/10.70478/psicothema.2026.38.12
