La ecoansiedad se asocia con síntomas de depresión, ansiedad, estrés, insomnio, deterioro cognitivo-emocional y funcional, y reticencia a tener hijos, principalmente en las generaciones más jóvenes, las mujeres y los países más pobres. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Journal of Environmental Psychology. Esta revisión sistemática, titulada «Fear for the future: Eco-anxiety and health implications, a systematic review«, tuvo como objetivo evaluar críticamente la evidencia sobre la ecoansiedad relacionada con el cambio climático y analizar sus implicaciones para la salud en la población general.
Los resultados de la revisión sugieren que la ecoansiedad puede constituir un factor estresante para la salud mental, particularmente si los mecanismos de afrontamiento no se desarrollan con eficacia.

Fuente: Freepik. Autor: freepic.diller. Descarga; 1/12/25
La falta de una definición estandarizada de ecoansiedad.
Según los autores, aunque no existe una definición estándar para la ecoansiedad, la mayoría de los estudios la describen como la reacción emocional de preocupación, inquietud, ansiedad y miedo de las personas ante las amenazas del cambio climático global y la degradación ambiental concurrente. Los investigadores señalan que la falta de una definición estandarizada ha generado una gran variabilidad en las herramientas y conceptos utilizados.
Así, entre los términos que se emplean indistintamente en la literatura para referirse a la ecoansiedad, se encuentra la ansiedad por el cambio climático, preocupación por el cambio climático, angustia ambiental, duelo ecológico o estrés ecológico. En consecuencia, se han utilizado diversas definiciones, incluyendo «un miedo crónico a la fatalidad ambiental» o «preocupación extrema por el daño actual y futuro al medio ambiente causado por el cambio climático «.
Los autores mencionan que las definiciones de ecoansiedad varían en cuanto a su conceptualización como patológica o no patológica. Para algunos autores, la ansiedad relacionada con las amenazas del cambio climático puede considerarse una respuesta normal, puesto que en algunas personas puede desencadenar comportamientos sostenibles con el medio ambiente, por lo que no es necesariamente indicativa de una patología clínica. Sin embargo, si la ecoansiedad es difícil de controlar e interfiere con el funcionamiento diario de una persona, se considera clínicamente significativa. No obstante, la revisión subraya que se necesita más investigación para proporcionar claridad conceptual sobre el término de la ecoansiedad.
Metodología.
Este trabajo constituye una revisión sistemática que se llevó a cabo para evaluar la evidencia científica. El equipo de investigación realizó una búsqueda de artículos científicos en diferentes bases de datos. Los criterios de inclusión exigían que los estudios se hubieran realizado en la población general y que evaluaran la evidencia sobre la ecoansiedad relacionada con el cambio climático y sus implicaciones para la salud.
Tras el proceso de selección, se incluyó una muestra final de 12 artículos, publicados entre 2010 y 2022.
Impactos negativos de la preocupación climática en la salud.
Ocho de los 12 estudios incluidos en la revisión observaron asociaciones entre la ecoansiedad y diversos problemas de salud. La ecoansiedad se relacionó con síntomas de depresión, ansiedad, estrés, insomnio y un mayor malestar psicológico general, además de una peor salud mental autoevaluada. La revisión destaca algunos resultados de estudios que muestran que los adolescentes con preocupación persistente y alta por el clima tenían síntomas de depresión más elevados en comparación con aquellos con preocupación moderada, así como la relación de la ecoansiedad con una mayor prevalencia de Trastorno de Estrés Postraumático (PTSD).
Además, mencionan otros resultados que muestran que más del 45% de los participantes mostraron deterioro funcional en al menos un aspecto diario (comer, concentrarse, trabajar, dormir, pasar tiempo en la naturaleza, jugar o mantener relaciones), asociado a sentimientos negativos sobre el cambio climático. Los autores de la revisión señalan que la ansiedad que surge de la conciencia de las amenazas climáticas globales podría contribuir a la génesis y cronificación de síntomas depresivos y ansiosos. Sin embargo, dado que la mayoría de los estudios fueron transversales, el estudio concluye que la dirección de los vínculos causales es difícil de establecer.
La relación entre la ansiedad climática y las decisiones reproductivas.
Dos estudios analizados encontraron que la ecoansiedad contribuye a una mayor reticencia a tener hijos. Esta reticencia surge de la preocupación por los impactos climáticos que los niños y niñas tendrían que afrontar en sus vidas futuras, así como de la preocupación de los individuos por contribuir al cambio climático mediante un aumento en la huella de carbono. En una muestra de participantes preocupados por el clima, todos comentaron que no tener hijos era la elección positiva más grande que los individuos podían hacer por el medio ambiente.
Respuestas adaptativas: el impulso hacia la acción ambiental.
El estudio sistemático destaca que la ecoansiedad puede tener una naturaleza constructiva, puesto que el hábito de la preocupación por el calentamiento global se asoció con una visión pro-ecológica del mundo, una identidad ecológica y un comportamiento proambiental.
Según los autores, el comportamiento proambiental en forma de activismo climático amortiguaría el impacto del deterioro cognitivo-emocional de la ansiedad climática sobre los síntomas del trastorno depresivo mayor. Este mecanismo se explica como una respuesta de solución de problemas que puede provocar una sensación de logro o realización, lo que implica una regulación adaptativa de las emociones negativas.
No obstante, los autores también mencionan que la acción individual puede verse minimizada por la complejidad de la crisis climática, lo que puede generar frustración y desesperanza. En uno de los estudios revisados, las personas que reportaron sentirse traicionadas por la respuesta gubernamental al cambio climático reportaron un mayor número de pensamientos negativos, aun teniendo el mismo nivel de preocupación por el cambio climático. Asimismo, mientras que la eco-rabia y la eco-depresión se relacionaron con una mayor participación en la acción colectiva, la ecoansiedad se relacionó con una menor acción colectiva. Los autores sugieren que esto podría deberse a que, si la ecoansiedad no se afronta con éxito, puede conducir a la inacción.
Quiénes son los más vulnerables: jóvenes, mujeres y el Sur Global.
El análisis de los estudios incluidos en la revisión sistemática sugiere que la ecoansiedad afecta de manera desproporcionada a ciertos grupos poblacionales.
Las generaciones más jóvenes informaron de niveles más altos de ecoansiedad. Las mujeres también reportaron niveles más altos de ecoansiedad, lo que es consistente con investigaciones previas que sugieren que están más preocupadas que los hombres por el cambio climático.
Geográficamente, también se observaron diferencias significativas. Los países más pobres del «Sur Global» expresaron mayor preocupación por el cambio climático y un mayor impacto en la vida diaria que los países más ricos. Esta disparidad podría explicarse por las diferencias en la vulnerabilidad de la población al cambio climático y las capacidades de adaptación, tal como se ha documentado en informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Los autores recuerdan que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que entre 2030 y 2050 el cambio climático causará 250.000 muertes al año debido a la malnutrición, la malaria, la diarrea y el estrés por calor.
Necesidad de investigación robusta y apoyo a grupos de riesgo.
Los resultados de esta revisión, pese a las limitaciones metodológicas de los estudios incluidos, subrayan la existencia de una relación entre la ecoansiedad y los resultados negativos para la salud mental.
Los autores de la revisión consideran urgente establecer una definición común y estandarizada de la ecoansiedad, puesto que la diversidad de asociaciones observadas en la literatura podría reflejar la falta de una definición y metodología estandarizada para medir el fenómeno. Además, se necesita medir cada eco-emoción por separado.
Finalmente, los investigadores consideran que es razonable pensar que la ecoansiedad constituye un factor estresante para la salud mental, particularmente si los mecanismos de afrontamiento no se desarrollan con eficacia. Por ello, se recomienda la necesidad de estudios de intervención sobre cómo promover el afrontamiento constructivo. Se sugiere la necesidad de proporcionar apoyo a las personas con ecoansiedad para la adopción de estrategias de afrontamiento adaptativas.
Fuente.
Boluda-Verdú, I., Senent-Valero, M., Casas-Escolano, M., et al. (2022). Fear for the future: Eco-anxiety and health implications, a systematic review. Journal of Environmental Psychology, 84, 101904. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2022.101904.
