La baja satisfacción con la atención recibida por parte del personal médico y de enfermería, el elevado estrés experimentado inmediatamente después de una pérdida gestacional y determinados rasgos de personalidad, como el neuroticismo, se asocian con un mayor riesgo de desarrollar un episodio depresivo mayor en mujeres que han sufrido un aborto espontáneo o una muerte fetal. Asimismo, las mujeres que no han podido realizar una despedida adecuada tras su pérdida y aquellas con antecedentes recientes de psicoterapia o tratamiento psiquiátrico, presentan síntomas depresivos más intensos. Estos hallazgos refuerzan la importancia de identificar precozmente a los grupos de mayor vulnerabilidad psicológica y mental tras una pérdida gestacional.
Así lo recoge un estudio publicado en la revista British Journal of Clinical Psychology -publicación de la Sociedad Británica de Psicología (BPS, British Psychological Society), y llevado a cabo por investigadores alemanes, a través del cual se analizan los factores asociados a la aparición de depresión y síntomas depresivos en mujeres que habían sufrido un aborto espontáneo o una muerte fetal en los 12 meses previos al estudio.
La necesidad de identificar los factores de riesgo psicológico y mental tras una pérdida gestacional.
El trabajo parte de un contexto ampliamente documentado por la literatura científica: las pérdidas gestacionales constituyen un fenómeno frecuente y con importantes repercusiones sobre la salud mental. Según los datos que expone, cada año se producen, aproximadamente, 23 millones de abortos espontáneos y alrededor de 2 millones de muertes fetales. Las investigaciones previas han mostrado que estas experiencias pueden tener efectos psicológicos pronunciados y aumentar el riesgo de depresión, ansiedad y otros problemas de salud mental. Sin embargo, a pesar de estos preocupantes datos, los autores subrayan la importante falta de evidencia sobre qué factores concretos incrementan el riesgo de desarrollar un episodio depresivo clínico tras una pérdida gestacional.
En este sentido, investigaciones anteriores han mostrado resultados inconsistentes respecto a variables como el número de pérdidas gestacionales, la edad materna, el nivel educativo, la presencia de hijos vivos o el apoyo de la pareja. Son pocos también los estudios que utilizan entrevistas diagnósticas estructuradas para evaluar trastornos mentales, lo que dificulta identificar con precisión qué mujeres presentan un mayor riesgo y podrían beneficiarse de intervenciones psicológicas o servicios especializados de salud mental.

Para abordar esta cuestión, los investigadores han llevado a cabo un estudio transversal con diseño de casos y controles. Inicialmente, participaron 647 mujeres en el proceso de cribado, aunque la muestra final quedó compuesta por 278 participantes, de las cuales 177 habían sufrido una pérdida gestacional durante el año anterior. Dentro de este grupo, el 85,9% había sufrido un aborto espontáneo y el 14,1% una muerte fetal.
Las participantes tenían entre 24 y 44 años, con una edad media de 34,3 años. El 67,8% contaba con titulación universitaria y el 54,8% no tenía hijos vivos. Además, el 39% había recibido algún tipo de tratamiento psicológico, psiquiátrico o psicofarmacológico durante los 12 meses previos al estudio.
Con el objetivo de evaluar la presencia de depresión y otros trastornos mentales, el equipo utilizó diversas herramientas psicológicas y diagnósticas. Entre ellas, se incluyó la entrevista diagnóstica semiestructurada para los trastornos mentales DIPS (Diagnostisches Interview für psychische Störungen) para identificar trastornos depresivos, trastornos de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo (OCD), trastornos relacionados con el trauma y el estrés, trastornos del sueño y trastornos vinculados al consumo de sustancias psicotrópicas. También se empleó el cuestionario STADI (State–Trait Anxiety-Depression Inventory) para evaluar síntomas depresivos y el inventario BFI-K (Short version of the big five inventory) para medir rasgos de personalidad, especialmente neuroticismo.
La baja satisfacción con la atención recibida por parte del personal médico, el estrés agudo y el neuroticismo, principales factores asociados al riesgo de desarrollar depresión.
Los resultados muestran que el 9,88% de las mujeres participantes presentaba un episodio depresivo mayor actual. Entre las mujeres con depresión, el 68,75% informó de una baja satisfacción con el apoyo o la atención recibidos, frente al 31,58% de aquellas sin episodio depresivo mayor. Además, las participantes con depresión presentaban niveles más altos de estrés psicológico inmediatamente después de la pérdida gestacional, con una puntuación media de 95,12 frente a 78,76 en las mujeres sin depresión.
Asimismo, el 70,59% de las mujeres con episodio depresivo mayor tenía antecedentes recientes de haber recibido tratamiento en psicoterapia, psiquiatría o uso de psicofármacos, frente al 35,48% de aquellas sin depresión. También se observan puntuaciones más elevadas en neuroticismo entre las mujeres con depresión.
El análisis estadístico identifica tres predictores significativos de episodio depresivo mayor: baja satisfacción con la atención recibida por parte del personal médico, un elevado estrés inmediatamente después de la pérdida gestacional y mayores puntuaciones en neuroticismo. En el modelo de regresión, la baja satisfacción con la atención y el apoyo recibidos por parte del personal médico y de enfermería se asoció con una probabilidad 5,75 veces mayor de presentar un episodio depresivo mayor. No obstante, los autores advierten de que esta asociación, al igual que las observadas para el estrés inmediato y el neuroticismo, no mantuvo la significación estadística tras aplicar la corrección por comparaciones múltiples, por lo que los resultados deben interpretarse con cautela.
La dificultad para afrontar la despedida y los antecedentes de atención psicológica o psiquiátrica, asociados a síntomas depresivos más intensos.
Por otro lado, la gravedad de los síntomas depresivos se relacionó significativamente con tres factores: no haber podido realizar una despedida adecuada del embrión, feto o bebé fallecido, haber recibido psicoterapia o tratamiento psiquiátrico en el último año y presentar puntuaciones elevadas en neuroticismo. Según los autores, una despedida incoherente e inadecuada se asocia con puntuaciones más altas de depresión, mientras que el neuroticismo es el predictor más robusto de intensidad sintomática.
El estudio también analiza otros posibles factores de riesgo, como el número de abortos previos al actual, el tipo de pérdida gestacional, la edad, el nivel educativo, la presencia de hijos vivos, las complicaciones durante el embarazo o los cambios en la relación de pareja. Sin embargo, ninguno de estos factores muestra una asociación significativa con la presencia de depresión o con la gravedad de los síntomas depresivos.
Entre las mujeres con episodio depresivo mayor, además, se detectan diversos trastornos mentales comórbidos. El 52,94% presenta trastorno por estrés postraumático; el 23,53%, trastorno de ansiedad por separación; otro 23,53%, fobias específicas; el 17,65%, fobia social; y el 11,76%, trastorno de ansiedad generalizada y trastorno depresivo persistente.
Los autores recomiendan incorporar cribados tempranos de salud mental en la atención obstétrica.
Los autores destacan como una de las fortalezas metodológicas del estudio el uso de una entrevista clínica validada para evaluar depresión y otros trastornos mentales, así como la inclusión de mujeres con todo el espectro de edades gestacionales en el momento de la pérdida. No obstante, reconocen algunas limitaciones, como el diseño transversal —que impide establecer relaciones causales— y la sobrerrepresentación de mujeres con alto nivel educativo.
En cuanto a las implicaciones clínicas, consideran que los servicios obstétricos deberían incorporar cribados tempranos que evalúen la satisfacción con el apoyo médico recibido, el estrés psicológico inmediato tras la pérdida y el neuroticismo. Además, sugieren integrar herramientas ampliamente utilizadas, como la Escala Edinburgh para la Depresión Posnatal (EPDS, Edinburgh Postnatal Depression Scale) o el Cuestionario de Salud del Paciente (Patient Health Questionnaire (PHQ-9), en el seguimiento rutinario de estas mujeres.
Asimismo, recomiendan ofrecer un apoyo temprano, continuado y compasivo, proporcionar información clara sobre las opciones asistenciales y facilitar un proceso de despedida acorde con las preferencias de cada mujer.
Las intervenciones psicológicas tempranas podrían ayudar a prevenir la cronificación de los síntomas depresivos.
El artículo también plantea posibles intervenciones psicológicas adaptadas a distintos perfiles de riesgo. En el caso de mujeres con mayor neuroticismo, los autores señalan que podrían ser especialmente relevantes las estrategias cognitivos-conductuales dirigidas a la rumiación, la regulación emocional y la preocupación excesiva. De igual modo, indican que las intervenciones centradas en el duelo y la construcción de significado podrían resultar útiles cuando la despedida del embrión, feto o bebé no haya podido realizarse de forma coherente y adecuada. En el caso de mujeres que ya se encuentren recibiendo psicoterapia o atención psiquiátrica, aconsejan una estrecha coordinación con los y las profesionales que las atienden para garantizar la continuidad asistencial.
Junto a estas medidas, los autores proponen ofrecer intervenciones breves de psicoeducación y apoyo en crisis en el momento de la pérdida, con el fin de reducir el estrés agudo y, cuando sea necesario, facilitar la derivación progresiva hacia atención especializada en salud mental, dentro de un modelo de atención escalonada.
Finalmente, los investigadores concluyen que identificar estos factores de riesgo puede facilitar la provisión temprana de intervenciones psicológicas especializadas y servicios de salud mental, con el objetivo de evitar la cronificación de los síntomas depresivos tras una pérdida gestacional.
Fuente.
Quaatz, S. M., Mergl, R., Bichlmayer, F., Hoffmann, H., Eichhorn, K., Allgaier, A. K., & Hoffmann, S. (2026). Predictors of depressive symptoms and depression in women with previous pregnancy loss. British Journal of Clinical Psychology, 65(2), 420-438.
