Trastornos alimentarios y suicidio: la tormenta perfecta
16 Ene 2026

¿Por qué las personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) experimentan tasas tan elevadas de comportamiento suicida? Esta fue la pregunta de investigación de un estudio publicado en la revista BMC Medicine, titulado ‘It’s the perfect storm’: why are people with eating disorders at risk of suicide?

El objetivo central del estudio fue identificar las variables que afectan al comportamiento suicida en las personas con TCA con el fin de desarrollar modelos teóricos e intervenciones más ajustadas para estos pacientes.

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Riesgo elevado de suicidio en personas con TCA.

Los trastornos alimentarios, como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón y el trastorno por evitación/restricción de la ingesta de alimentos, representan una preocupación de salud global con tasas de incidencia en aumento a nivel internacional, especialmente desde la pandemia de COVID-19, tal y como indican los autores.

A pesar de que las tasas de mortalidad han disminuido con el tiempo, los TCA siguen asociados a un riesgo elevado de mortalidad por todas las causas. De hecho, el suicidio es citado como la segunda causa principal de muerte entre los individuos con trastornos alimentarios. Específicamente, los estudios previos han encontrado que las personas con anorexia nerviosa tienen 18 veces más probabilidades de morir por suicidio, y aquellas con bulimia nerviosa, siete veces más, en comparación con grupos de referencia emparejados por edad y sexo. Las cifras indican que hasta un tercio de las personas con TCA, a través del rango de diagnósticos, ha intentado quitarse la vida.

A pesar de esta asociación constante, los autores señalan que las investigaciones previas han demostrado que tener un trastorno alimentario por sí solo no explica completamente las altas tasas de suicidio, puesto que los síntomas del trastorno alimentario son predictores débiles de los intentos de suicidio. Esto subraya la necesidad de investigar las razones subyacentes, en la medida que los modelos teóricos existentes no logran explicar completamente la naturaleza compleja del aumento del riesgo de suicidio en los trastornos alimentarios.

Metodología.

Por tanto, el propósito de la investigación fue explorar la interrelación entre los trastornos alimentarios y el riesgo de suicidio, través de un enfoque cualitativo exploratorio. Se realizaron entrevistas semiestructuradas individuales a un total de 49 participantes: 30 personas con experiencia vivida de un trastorno alimentario y comportamiento suicida y 19 profesionales sanitarios con experiencia en el tratamiento de TCA.

El laberinto del suicidio: atrapados entre la enfermedad y la recuperación.

Tras el análisis de los casos, los investigadores identificaron cuatro aspectos principales. El primero, denominado «no hay salida», detalla cómo el riesgo de suicidio está profundamente marcado por la experiencia de sentirse atrapado tanto en la enfermedad como en el proceso de intentar recuperarse de ella.

Según los participantes, el trastorno alimentario se sentía como una «lucha constante, interminable e implacable» que agotaba emocional y físicamente. El suicidio era visto, de esta manera, como un escape percibido de esta situación inaceptable.

A pesar de ello, además, el proceso de recuperación no se experimentó como una liberación. Los participantes con TCA señalaron que la alternativa de la recuperación se sentía como un «salto a lo desconocido». De esta forma, el trastorno alimentario, a pesar de ser una fuente de daño, también podía ser una «herramienta de supervivencia», y su eliminación resultaba amenazante. La ausencia del trastorno, como estructura de afrontamiento, podía evocar «sentimientos de exposición, pérdida y abandono», haciendo que la recuperación se sintiera como una «caída libre emocional», indican los investigadores.

Además, la recuperación a menudo se describió como un tiempo de «sentirse peor, no mejor», marcado por el aislamiento y la desesperación, contribuyendo a los pensamientos de suicidio. Los autores apuntan que cuando los individuos alcanzan indicadores externos de progreso, como la recuperación de peso, es cuando el apoyo suele retirarse, reforzando la sensación de que su sufrimiento ya no es visible o válido. Este escenario puede intensificar las necesidades emocionales y, para algunos, hace que la vida parezca insostenible.

La experiencia del sentirse extraño: sentirse Invisible y condenado al silencio.

El segundo tema, denominado por los autores «la experiencia de sentirse extraño», explora cómo la desconexión y la marginación refuerzan la ideación suicida. Así, tal y como se indica en el texto, la intersección del trastorno alimentario con la identidad personal (género, neurodivergencia) complica la complejidad de la enfermedad. Los participantes a menudo se sentían evaluados frente a narrativas estrechas de lo que significa tener un trastorno alimentario, un estereotipo que generalmente excluye a hombres, personas no binarias, neurodivergentes o aquellos con tallas corporales que no son típicamente asociadas a la enfermedad. Uno de estos sesgos consiste en considerar la anorexia como un diagnóstico femenino.

Para las personas neurodivergentes, la ideación suicida se intensificaba al sentirse «fuera de sintonía» con el mundo y los sistemas de apoyo.

Además, el estudio destaca el peso del silencio y el estigma en torno al suicidio, que a menudo lo convertía en un tema «tabú» incluso en entornos clínicos. A este respecto, muchos participantes manifestaron que hablar de suicidio resultaba «demasiado» para las otras personas de su entorno, generando miedo o pánico. Los autores señalan que, para algunos participantes, el trastorno alimentario era considerado una forma de «suicidio lento» y, por tanto, una vía menos estigmatizada y menos hiriente para sus seres queridos que un acto directo de suicidio. El silencio en torno al suicidio y la creencia de que nadie puede ayudarles con ese tema, amplifica el sentimiento de desconexión y soledad en las personas con TCA.

Factores protectores.

A pesar del sufrimiento, los participantes describieron factores protectores frente al riesgo de suicidio. Estos factores no sólo incluyen el acceso a tratamientos formales, sino que también consideran la importancia de la conexión con otros y el establecer un propósito en la vida.

Según los resultados, cuando los individuos estaban en los peores momentos del TCA, era vital tener a «seres queridos o profesionales sanitarios que mantuvieran la esperanza».

Otro factor clave fue «encontrar propósito» y reconstruir una vida fuera del trastorno alimentario. Para muchas personas, el TCA les había «robado la identidad, el propósito y el futuro». Reconstruir una identidad que fuera más que la enfermedad permitía a la gente encontrar razones para mantenerse con vida.

Las carencias de la atención refuerzan el riesgo.

El tema «solo ven el peso» explora cómo las deficiencias en el cuidado de los trastornos alimentarios pueden reforzar el aislamiento y aumentar el riesgo de suicidio.

Los participantes describieron cómo la ideación suicida era desplazada en la atención de su trastorno alimentario. Desde los ámbitos clínicos, se priorizan los marcadores de salud física, como el peso, dejando de lado la evaluación sobre el estado de salud mental. Los autores señalan que este tipo de prácticas contribuye a aumentar el sentimiento de abandono emocional, llevando a una mayor desesperanza.

La fragmentación de la atención también es crucial. Los servicios de TCA habitualmente están enfocados estrictamente en los síntomas alimentarios, mientras que la ideación suicida se considera una competencia de los equipos de salud mental generales.

Los participantes con TCA señalaron que el tratamiento en sí mismo resultó en ocasiones percibido como traumático, especialmente por el trauma de sentirse rechazado o excluido del tratamiento si no encajaban en ciertos criterios físicos. Así, para conseguir entrar en los programas de atención es necesario que el estado de salud se encuentre en niveles muy críticos, dejando sin atención al resto de pacientes con TCA que también requieren ayuda.  

Alternativamente, las actitudes de los profesionales sanitarios que ofrecieron una atención validante, humana y cálida, actuaron como un factor protector frente  al comportamiento suicida.

Implicaciones.

Los resultados tienen importantes implicaciones clínicas. Por un lado, los autores advierten del peligro de priorizar la remisión rápida de los síntomas, centrándose exclusivamente en el peso del paciente. A este respecto, señalan que la complejidad de las experiencias exige una atención flexible, individualizada y centrada en la persona, en lugar de centrarse únicamente en la reducción de síntomas.

Asimismo, advierten que los factores de riesgo de suicidio son activos y están en constante evolución, lo que significa que el riesgo varía a lo largo del recorrido de la enfermedad y del periodo de recuperación. Por este motivo, la evaluación del riesgo de suicidio debe contemplarse a lo largo de todo el proceso.

Además, el estudio refuerza la necesidad de que los profesionales sanitarios tengan más confianza para hablar de suicidio y abordar este tema directamente en el tratamiento, en lugar de derivar a los pacientes a otros servicios ante el riesgo de suicidio.

Fuente.

Foye, U., Kakar, S., McNamara, et al. (2025). ‘It’s the perfect storm’: why are people with eating disorders at risk of suicide? A qualitative study. BMC Medicine, 23(481). https://doi.org/10.1186/s12916-025-04326-1.

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