El abuso físico durante la infancia constituye un importante problema de salud pública mundial, con consecuencias negativas de por vida. Sus repercusiones son profundas e incluyen problemas de salud mental, problemas de conducta, mayor riesgo de suicidio, lesiones graves y un mayor desarrollo de enfermedades crónicas como cáncer, fibromialgia o cardiopatía isquémica. Además, se asocia a un incremento del riesgo de muerte prematura y genera una elevada carga social y económica debido al uso intensivo de servicios sanitarios y sociales, y a las pérdidas de productividad en la edad adulta. A pesar de ello, actualmente, no se cuenta con datos epidemiológicos fiables.
Así lo afirma un estudio publicado en la revista, The Lancet Regional Health–Europe y desarrollado por un amplio equipo de investigadores de Francia, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca y Portugal, con el objetivo de analizar y comparar la cifra de hospitalizaciones por abuso físico infantil en niños y niñas menores de cinco años, en cinco países europeos, así como la forma en que cada país registra el abuso físico mediante códigos CIE-10 de la OMS.
Para tal fin, han llevado a cabo estudio de cohortes multinacional basado en bases de datos administrativas hospitalarias, que recogen de forma centralizada todos los ingresos hospitalarios en cada país. Se han incluido todos los datos referentes a niños y niñas de entre un mes de vida y menos de cinco años, hospitalizados, al menos, una vez entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de diciembre de 2021.
Un problema de salud pública con graves consecuencias.
Los autores describen el abuso físico en la infancia como un importante problema de salud pública global que puede tener consecuencias negativas de gran alcance y que perduran a lo largo de toda la vida de quienes lo sufren. Según señalan, la literatura al respecto estima que afecta al 22,6% de los menores de 0 a 18 años en Europa, y que, en todo el mundo, hasta la mitad de todos los menores de cinco años en el mundo han experimentado algún tipo de castigo físico.
Entre sus graves consecuencias, el estudio destaca el desarrollo de problemas de salud mental (que pueden llegar a cronificarse), de problemas de conducta e incluso el suicidio. También impacta sobre la salud física, contribuyendo al desarrollo de enfermedades crónicas, entre ellas cáncer, fibromialgia y cardiopatía isquémica, y se asocia con un riesgo incrementado de muerte prematura en la edad adulta. Estas consecuencias físicas y de salud mental se traducen en una carga social y económica importante, que se manifiesta en un mayor uso de los servicios sanitarios y de apoyo social formal y en pérdidas de productividad a lo largo de la vida adulta.
El estudio subraya la trascendencia de detectar el abuso físico en la infancia, especialmente, en los casos de hospitalizaciones por lesiones graves, en aras de prevenir que puedan sufrir más daños graves e incluso la muerte. Alerta de que, entre los y las menores ingresados por traumatismos severos, los lactantes menores de un año son más propensos a haber sufrido maltrato físico que los de mayor edad.

Hospitalizaciones por abuso físico infligido a menores.
Los datos del estudio son más que preocupantes. En el conjunto de los cinco países (a saber, Dinamarca, Inglaterra, Francia, Irlanda y Gales), entre 2013 y 2021, se registraron 3.977.439 hospitalizaciones de lactantes (un mes a menos de un año), de las cuales 6.698 (0,17%) se debieron a abuso físico, y 12.620.354 hospitalizaciones de menores de un mes a menos de cinco años, con 13.885 (0,11%) atribuibles a abuso físico.
Analizando los datos por niño, es decir, contabilizando solo el primer ingreso anual en un menor por este grave motivo, se observa que entre los lactantes menores de un año, la incidencia anual agrupada en los cuatro países con datos individuales (Dinamarca, Inglaterra, Francia y Gales) es de, aproximadamente, 42 casos por cada 100.000. Dentro de este valor conjunto, los países muestran variaciones moderadas, con tasas medias que oscilan entre 33 y 48 casos por 100.000 según el país. Estas tasas no han cambiado de manera significativa a lo largo de los nueve años analizados, lo que sugiere una tendencia estable en el tiempo.
En el grupo de menores de cinco años, la tasa de incidencia es más baja (alrededor de 18 por 100.000 al año) que en los lactantes. Aunque las tasas parecen reducirse ligeramente desde el año 2015, esta tendencia no resulta estadísticamente significativa.
Diferencias entre países.
A lo largo del periodo de estudio, la media de las tasas de incidencia de hospitalización por abuso físico es más alta en Inglaterra tanto en lactantes (48/100.000) como en menores de cinco años (24/100.000). En el grupo de menores de cinco años, las tasas medias son más bajas en Francia, mientras que Gales presenta la incidencia media más baja en lactantes (33/100.000).
Los autores señalan que las diferencias entre países pueden reflejar una mayor concienciación del problema, variaciones en los umbrales de ingreso, en la organización de los servicios, en los objetivos de desempeño o en las prácticas de codificación, y aportan ejemplos de sistemas de financiación y de cambios en el número de códigos diagnósticos disponibles, aunque también destacan que, en algunos países que han modificado sus sistemas de codificación diagnóstica, no registran un aumento en las tasas de hospitalización por abuso físico justo después de introducir esos cambios, lo que indica que los ajustes en los códigos no siempre se traducen de inmediato en un mayor registro de casos.
Impacto de la pandemia de la COVID-19.
El estudio describe un aumento de la proporción de hospitalizaciones por abuso físico infantil en 2020 en todos los países incluidos. En lactantes, la proporción agrupada de hospitalizaciones por abuso entre todos los ingresos pasó de aproximadamente 0,223% en 2019 a 0,295% en 2020, con diferencias significativas en las comparaciones con 2019 y durante el período 2013–2019. Resultados similares se observan cuando se analizan las estancias hospitalarias como unidad de análisis y en el grupo de menores de cinco años.
Los autores señalan que este incremento es probablemente debido a la reducción de los ingresos hospitalarios totales durante la pandemia, mientras que las hospitalizaciones por abuso se mantuvieron estables. También mencionan que una explicación alternativa podría ser que, realmente, se hubiera producido un aumento del abuso físico en 2020, apoyándose en un estudio francés que describe un incremento del trauma craneal durante la pandemia.
Distribución de los códigos CIE-10 y subregistro del abuso.
El estudio encuentra diferencias claras en el uso de los códigos CIE-10 relacionados con el abuso físico entre los países: en Dinamarca y Francia, alrededor del 90% de las hospitalizaciones por esta causa se codificaron con T74.1 (abuso físico); en Inglaterra y Gales, los códigos más frecuentes fueron T74.1 y W50 (aporreo, golpe, mordedura, patada, rasguño o torcedura infligidos por otra persona); en Irlanda, el código más utilizado fue W50, seguido de Z04.5 (examen y observación consecutivos a otra lesión infligida), mientras que T74.1 se empleó con mucha menor frecuencia que en otros países.
Los autores señalan que este patrón sugiere en algunos contextos una preferencia por códigos vinculados al mecanismo de la lesión y cierta reticencia a usar códigos que asignan intencionalidad y culpabilidad, lo que podría contribuir a que la proporción registrada de hospitalizaciones por abuso sea menor en algunos países.
En la misma línea, insisten en que el uso exclusivo de códigos CIE-10 puede subestimar la carga del abuso, ya que muchos niños y niñas que sufren maltrato no son llevados al hospital, otros no presentan lesiones que requieran atención hospitalaria y, además, los códigos se emplean principalmente con fines administrativos y financieros, no epidemiológicos. Por ello, los autores recuerdan que sus resultados podrían ser «la punta del iceberg», y que el abuso físico en la infancia podría estar infrarregistrado en las bases de datos hospitalarias.
Recomendaciones.
Si bien el estudio tiene importantes limitaciones, sus autores proponen que, si se mejoran la calidad de los datos, la estandarización de la codificación y la disponibilidad de información individual en todos los países europeos, podría construirse un indicador europeo que permitiría monitorizar tendencias de abuso físico en la infancia, analizar el impacto de eventos como una pandemia y medir la eficacia de políticas e intervenciones, en línea con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.
En sus conclusiones, señalan que su trabajo demuestra que es factible comparar tendencias temporales en hospitalizaciones por abuso físico infantil entre países utilizando un enfoque estandarizado, y que los datos hospitalarios constituyen una de varias fuentes valiosas para la vigilancia este grave problema, en un contexto en el que las tasas se mantienen estables y el problema representa un claro reto de salud pública en toda Europa.
Fuente.
Quantin, C., Cottenet, J., Chambers, C., Kennedy, N., Whelan, S., Debelle, G., … & Cowley, L. E. (2025). Hospitalisations for physical abuse in infants and children less than 5 years, 2013–2021: a multinational cohort study using administrative data from five European countries. The Lancet Regional Health–Europe, 52. doi: 10.1016/j.lanepe.2025.101270
