Casi la mitad de los y las jóvenes en España —un 48,1%— afirma haber sufrido maltrato psicológico durante su infancia o adolescencia, una cifra que supera al resto de violencias y que evidencia la magnitud de un daño que no deja marcas visibles, pero sí profundas huellas emocionales, afectando al bienestar psicológico desde edades tempranas.
Esta es una de las preocupantes conclusiones extraídas del informe sobre la «Prevalencia de la violencia contra la infancia y la adolescencia en España», publicado por el Ministerio de Juventud e Infancia, fruto de un estudio de carácter estatal que, por primera vez, recoge la autodeclaración de más de 9.000 jóvenes de entre 18 y 30 años acerca de las violencias sufridas durante su infancia y/o adolescencia.
El documento ofrece una radiografía detallada de seis formas de violencia —psicológica, física, sexual, en el ámbito de la pareja, por negligencia y digital— y de la exposición a situaciones violentas como testigos. Los resultados ponen de manifiesto una realidad extensa y multidimensional, en la que la violencia psicológica constituye, con diferencia, la forma más prevalente.

Definiciones y metodología del estudio.
El informe se enmarca en la Estrategia de Erradicación de la Violencia contra la Infancia y la Adolescencia (EEVIA). En línea con la Ley Orgánica 8/2021, de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), se entiende por violencia contra la infancia «toda acción, omisión o trato negligente que priva a las personas menores de edad de sus derechos y bienestar, que amenaza o interfiere su desarrollo físico, psíquico o social», incluyendo tanto la violencia física y psicológica o emocional como amenazas, explotación, ciberacoso y otras formas de maltrato.
La macroencuesta se ha dirigido a jóvenes residentes en España que, a través del recuerdo retrospectivo, permiten estimar la incidencia de la violencia en un colectivo cercano a 6,4 millones de personas. El cuestionario recoge bloques diferenciados para cada tipo de violencia y, en algunos casos, establece niveles o grados de gravedad.
Además, se consideran aspectos como la recurrencia, la edad en la que ocurrieron los hechos, los perpetradores y la atención recibida.
La violencia psicológica: la forma más prevalente de maltrato.
De todas las tipologías analizadas, la violencia psicológica es la más extendida, afectando al 48,1% de las personas encuestadas. El informe la define como una conducta intencionada y prolongada en el tiempo que atenta contra la integridad psíquica y emocional, la autoestima, el bienestar emocional y la dignidad de la persona, sin necesidad de contacto físico. Incluye comportamientos de control, manipulación, desprecio y abuso emocional.
El estudio estructura esta violencia en tres grados:
- VP1 (grado 1): comportamientos de control, como vigilar el móvil, controlar desplazamientos o exigir permisos.
- VP2 (grado 2): conductas psicológicas más graves, de intimidación o desprecio.
- VP3 (grado 3): violencia económica, donde los recursos o bienes se utilizan como forma de control.
– Prevalencia y etapas de desarrollo
El análisis desagregado por etapa del desarrollo muestra un patrón claro: el 45,1% de los casos ocurrieron en la adolescencia y el 19,9% en la infancia, mientras que el 16,9% se produjeron de manera continuada en ambas etapas.
Además, el informe revela que el 13,4% de los jóvenes sufrió violencia psicológica de forma recurrente o habitual.
– Perpetradores y entornos
Los perpetradores más frecuentes son, en términos generales, madres y padres. En la adolescencia aumenta la implicación de parejas y amistades, lo que sugiere una diversificación de las fuentes de maltrato con el crecimiento.
Los principales entornos donde se produce esta violencia son el familiar y el escolar, evidenciando la relevancia de los espacios en los que los menores desarrollan la mayor parte de su vida cotidiana.
– Atención y denuncia
Prácticamente la mitad de las personas que sufrieron violencia psicológica no recibió ningún tipo de ayuda. Solo un 10,2% accedió a atención especializada (12,3% de los hombres y 7,8% de las mujeres), y apenas un 5% llegó a denunciar los hechos. Las figuras de apoyo más habituales fueron las amistades (56,7%) y la madre (49,4%).
Violencia física: segunda forma de maltrato más frecuente.
La violencia física, con una prevalencia del 40,5%, constituye la segunda forma de maltrato más extendida. El estudio distingue entre:
- Violencia física grado 1: empujones, bofetadas, tirones de pelo, etc.
- Violencia física grado 2: agresiones más graves, como golpes con objetos, intentos de estrangulación o uso de armas.
La violencia física es más común en la adolescencia (35,5%) que en la infancia (18,1%), y presenta una diferencia notable por sexo: 46% de los hombres frente a 34,8% de las mujeres.
Los principales perpetradores son los padres (38,8%) y las madres (37,6%), seguidos de compañeros/as de estudio o actividades deportivas (35,9%). Los entornos predominantes vuelven a ser el familiar (67%) y el escolar (54,5%).
Violencia sexual: una realidad que afecta al 28,9%.
La violencia sexual alcanza una prevalencia del 28,9%. El informe analiza dos grados:
- Violencia sexual grado 1: comportamientos sin contacto físico, como exhibicionismo o exposición a pornografía.
- Violencia sexual grado 2: conductas con contacto o coerción más graves.
En conjunto, las mujeres presentan una prevalencia significativamente mayor (33,6%) que los hombres (24,4%). La adolescencia vuelve a ser la etapa más afectada, con un 26%, mientras que en la infancia se registra un 6,3% y en el 3,4% de los casos la violencia fue continuada.
Los datos permiten identificar diferencias por sexo en la infancia: la prevalencia es del 4,8% en hombres frente al 2,7% en mujeres. A nivel general, los perpetradores se distribuyen entre personas del entorno familiar, escolar, social y digital, según el grado y la etapa.
Violencia en el ámbito de la pareja.
El estudio incorpora un apartado específico sobre violencia en relaciones de pareja durante la adolescencia. Esta violencia —que puede incluir comportamientos psicológicos, físicos y/o sexuales— afectó al 25,7% del conjunto de jóvenes. Sin embargo, entre quienes mantuvieron pareja durante la adolescencia, la prevalencia asciende al 48,3%.
Además de describir los comportamientos sufridos, el informe analiza el sexo de la pareja perpetradora, la atención y ayuda recibida y la caracterización sociodemográfica de las personas afectadas.
Violencia por negligencia.
La violencia por negligencia, que abarca la falta de cuidados adecuados por parte de las personas responsables, alcanza un 24,4% de prevalencia. El análisis revela diferencias por edad: el 26,5% entre jóvenes de 18 a 23 años y el 22,8% entre los de 24 a 30 años.
La negligencia aparece con mayor frecuencia en la adolescencia (21,9%) que en la infancia (8,9%), y en un 6,4% de los casos se produjo de manera continuada.
Violencia digital: una dimensión emergente.
La violencia digital afecta al 24,9% de las personas jóvenes. El estudio la define como violencia psicológica o sexual perpetrada mediante redes sociales, internet, teléfono u otros dispositivos.
Su prevalencia es claramente mayor en la adolescencia (23,1%) que en la infancia (3,3%), y solo un 1,5% la sufrió de forma continuada. Aunque la prevalencia global es similar por sexo, durante la infancia los hombres reportan haberla padecido más del doble que las mujeres (4,7% frente a 1,9%).
Ser testigo de violencia: una forma indirecta de victimización.
El informe incorpora además un capítulo sobre exposición a violencia, reconociendo que presenciar situaciones violentas también constituye una forma de daño. Los contextos incluyen el entorno familiar, el cercano, los espacios de ocio y el escolar, con diferencias notables por sexo. Por ejemplo, los hombres declaran haber presenciado más violencia en entornos familiares, mientras que las mujeres la observan con mayor frecuencia en espacios de ocio y centros educativos.
Conclusiones.
El documento destaca que la violencia contra la infancia y adolescencia en España presenta niveles elevados en todas sus formas, con especial intensidad en la violencia psicológica. El análisis concluye que esta forma de violencia es la más prevalente, afecta principalmente a la adolescencia y se ejerce de manera recurrente en un porcentaje notable de casos. También subraya la multiplicidad de contextos y perpetradores, la infradenuncia generalizada y las dificultades de acceso a atención especializada.
El conjunto del informe proporciona una panorámica robusta y detallada que permite comprender mejor los patrones y dinámicas de la violencia en las primeras etapas de la vida, aportando datos esenciales para el diseño de políticas públicas en materia de protección de la infancia y la adolescencia.
Se puede acceder al informe completo desde el Ministerio de Juventud e Infancia o bien directamente aquí.
