La exposición a contenidos potencialmente perjudiciales, el ciberbullying, los discursos de odio y las dificultades para gestionar el tiempo conectado forman parte de las experiencias digitales de una proporción relevante de niños, niñas y adolescentes. En 19 países europeos, el 37% ha encontrado contenidos sobre formas de autolesionarse, el 25% sobre suicidio y el 39% sobre formas de estar muy delgado/a. En España, concretamente, el 26,6% afirma haber sufrido acoso cara a cara y el 10,4% online, mientras que la exposición a contenidos sobre autolesiones, suicidio, extrema delgadez, retos peligrosos o teorías conspirativas alcanza también a una parte significativa de los y las menores.
Así lo recoge el nuevo informe comparativo The EU Kids Online 2026, publicado por la Universidad de Oslo y la London School of Economics and Political Science (LSE) en el marco de la red de investigación EU Kids Online, basado en las respuestas de 28.465 niños, niñas y adolescentes de 10 a 16 años de 19 países europeos, recogidas entre abril de 2025 y abril de 2026. En este marco, el equipo de EU Kids Online de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), dentro del proyecto SIC-Spain 4.0, ha publicado también el informe nacional, que recoge los resultados específicos sobre las experiencias digitales de 2.596 menores españoles de entre 10 y 16 años.
Infocop ha querido recoger los principales resultados de ambos informes, con el objetivo de ofrecer una radiografía más amplia de las experiencias digitales de la infancia y la adolescencia, poniendo en perspectiva la situación en España con respecto al contexto europeo.

Una infancia digital diversa y profundamente conectada.
Una de las principales conclusiones del análisis europeo es que no existe una única infancia digital europea. Las diferencias entre países son importantes y la edad constituye uno de los factores que más consistentemente se relaciona con el acceso, las actividades, las competencias y la exposición a determinados riesgos. Las desigualdades socioeconómicas también atraviesan buena parte de las experiencias analizadas.
El smartphone se ha consolidado como la principal puerta de entrada a Internet: el 87% de los y las menores de los 19 países analizados lo utiliza al menos diariamente. Las actividades digitales están plenamente integradas en sus relaciones, entretenimiento y aprendizaje: el 78% se comunica diariamente con amistades, el 74% ve vídeos en redes sociales y el 38% utiliza Internet a diario para tareas escolares. Alrededor de dos de cada tres utilizan también inteligencia artificial generativa de forma habitual.
Estar conectados no significa estar digitalmente capacitados.
Sin embargo, disponer de acceso no implica necesariamente contar con las competencias necesarias para desenvolverse críticamente en el medio digital. Los y las menores muestran mayores habilidades técnicas y comunicativas que competencias relacionadas con la evaluación de la información, la comprensión del funcionamiento de los algoritmos o la creación de contenidos. Uno de los principales mensajes del informe es, precisamente, que estar conectado no equivale automáticamente a estar digitalmente capacitado.
De forma específica, en España, el uso diario del smartphone se sitúa en el 67,9%, aunque aumenta desde, aproximadamente, el 37% entre los 10 y 12 años hasta superar el 90% entre las chicas adolescentes. El 51,7% utiliza Internet diariamente para realizar tareas escolares y el 31,9% para aprender algo nuevo. Además, el 7,7% busca diariamente información sobre salud mental.
Salud mental, rendimiento académico y otras preocupaciones.
Las principales preocupaciones de los niños, niñas y adolescentes europeos no se circunscriben al ámbito digital. El 51% está bastante o muy preocupado/a por que una persona de su familia enferme gravemente o muera, el 39% por su rendimiento escolar y el 38% por no conseguir el trabajo que desea en el futuro. El 36% manifiesta preocupación ante la posibilidad de que una guerra afecte a su vida.
La salud mental ocupa también un lugar destacado: alrededor del 30% está bastante o muy preocupado/a por su propia salud mental, mientras que el 26% manifiesta preocupación por sufrir bullying o acoso.
Las desigualdades socioeconómicas resultan especialmente relevantes. Entre los y las menores pertenecientes al grupo socioeconómico más desfavorecido, el 47% se preocupa por su salud mental, frente al 26% del grupo más favorecido. Una diferencia similar aparece ante la posibilidad de sufrir bullying o acoso: 41% frente al 22%, respectivamente. El informe destaca la consistencia de este patrón y señala que los niños y las niñas de entornos menos favorecidos soportan una mayor carga de preocupación en todos los ámbitos examinados.
Casi uno de cada cuatro menores europeos experimenta malestar online cada mes.
Las experiencias que generan malestar online también son frecuentes. El 23% de los y las menores de los 19 países declara haberse sentido molesto/a o afectado/a por algo sucedido en Internet al menos una vez al mes, frente al 7% registrado en la encuesta anterior. Solo el 48% afirma sentirse seguro o segura online.
Cuando ocurre alguna experiencia negativa, el 43% habla con amigos o amigas, el 35% con sus progenitores o cuidadores y alrededor de uno de cada cinco no se lo cuenta a nadie.
En España, concretamente, el 10,1% señala experimentar al menos una vez al mes alguna situación online que le ha hecho sentirse molesto/a, incómodo/a, triste o asustado/a, y otro 8,8% afirma que esto le sucede una vez a la semana o más. Por tanto, casi uno de cada cinco experimenta este tipo de situaciones al menos mensualmente.
Entre los y las menores españoles/as que han vivido alguna experiencia negativa, las amistades son la principal fuente de apoyo: el 61,1% habla con amigos o amigas de su edad y el 56,5% recurre a su madre o padre. Sin embargo, el 23,7% no se lo cuenta a nadie, mientras que el 8,2% habla con el profesorado y solo el 3,4% con una persona profesional cuyo trabajo consiste en ayudar a niños y niñas.
Estos indicadores expresan malestar ante experiencias digitales y no constituyen medidas clínicas de ansiedad o depresión. De hecho, el informe español no proporciona estimaciones de prevalencia de estos trastornos.
El acoso cara a cara continúa siendo más frecuente que el ciberbullying.
En el conjunto de los países europeos analizados, el 39% afirma haber recibido un trato hiriente o desagradable durante el último año. Las experiencias cara a cara siguen siendo más frecuentes que las online: 29% frente al 17%, respectivamente. Amistades, compañeros y compañeras de clase y otros/as menores del entorno escolar aparecen con mayor frecuencia como responsables, mostrando la continuidad existente entre las relaciones presenciales y digitales.
En España, esta relación resulta especialmente clara. El 26,6% declara haber sufrido acoso cara a cara y el 10,4% online. Entre los y las adolescentes, las diferencias por género son destacadas: entre los 13 y 16 años, el acoso presencial alcanza al 36,1% de las chicas frente al 22,1% de los chicos, mientras que el online afecta al 16,1% y al 10,7%, respectivamente.
Además, la mayoría de quienes sufren ciberbullying también ha experimentado acoso presencial. El informe español concluye por ello que el ciberbullying no debe considerarse únicamente un “problema digital”, sino una cuestión de educación y convivencia que requiere prevención y apoyo desde los centros educativos.
Esta continuidad se observa también en los datos españoles, al preguntar quién ejerce el maltrato: las amistades son señaladas en el 55,3% de los casos y los compañeros y compañeras de clase o del centro educativo en el 43,8%.
Autolesiones, suicidio, extrema delgadez, drogas y violencia.
Uno de los ámbitos que suscita especial preocupación es la exposición a contenidos potencialmente perjudiciales generados por otras personas usuarias. En los 19 países europeos, el 40% ha encontrado imágenes violentas o sangrientas, el 39% contenidos sobre formas de estar muy delgado/a y el 37% materiales sobre formas de hacerse daño físicamente. Además, el 36% ha encontrado retos o desafíos que podrían herir gravemente o matar a alguien, el 33% contenidos sobre experiencias de consumo de drogas y el 25% contenidos relacionados con formas de suicidarse.
En el caso específico de las autolesiones, el 15% encuentra estos contenidos al menos una vez al mes, mientras que el 62% afirma no haberlos visto nunca. La exposición aumenta de forma importante con la edad.
El informe introduce aquí una cautela fundamental: la exposición a un riesgo no equivale necesariamente a sufrir un daño. Los datos indican que los y las menores han encontrado determinados contenidos, pero no permiten conocer cómo los interpretaron ni determinar que esa exposición provocara una consecuencia negativa.
Exposición a contenidos sobre autolesiones, suicidio y delgadez extrema en España.
Por su parte, en nuestro país, entre los y las participantes de 11 años o más, el 21,2% ha encontrado esporádicamente contenidos sobre formas de lesionarse o autolesionarse y el 5,4% habitualmente. En cuanto a contenidos sobre formas de suicidarse, los porcentajes son del 11,8% y el 3,4%, respectivamente. El informe español señala que, aunque la exposición habitual es menos frecuente, su impacto potencial sobre la salud mental adolescente es especialmente preocupante.
Los contenidos que muestran formas de alcanzar una extrema delgadez o promueven trastornos alimentarios aparecen esporádicamente para el 19,6% de los niños, las niñas y los/as adolescentes españoles/as y, habitualmente, para el 6,1%, lo que supone un 25,7% considerando ambas categorías. Además, existen diferencias por género: la exposición habitual alcanza al 9% de las chicas frente al 3,3% de los chicos.
Retos peligrosos, drogas y teorías conspirativas.
En España, el 27,9% ha encontrado esporádicamente imágenes sangrientas o violentas y el 5,5% habitualmente. Los retos que pueden herir gravemente o matar a alguien han sido vistos esporádicamente por el 26,6% y habitualmente por el 7,6%. Los contenidos relacionados con experiencias de consumo de drogas alcanzan al 20,5% de forma esporádica y al 5,2% habitualmente. Por su parte, las teorías conspirativas han llegado esporádicamente al 23,6% y habitualmente al 10,3%.
El informe español indica que la exposición habitual aumenta con la edad en muchas de estas categorías. Entre los 15 y 16 años alcanza el 14,1% para las teorías conspirativas, el 10,1% para los retos peligrosos, el 8,9% para contenidos sobre consumo de drogas y el 6,6% para autolesiones.
Un elemento importante para interpretar estos resultados nacionales es que gran parte de la exposición no es deliberada: entre quienes han encontrado contenidos potencialmente dañinos, el 76,2% no tenía intención de verlos, frente al 23,8% que sí accedió a ellos intencionadamente.
Los discursos de odio alcanzan a más de la mitad de los y las menores en España.
Los discursos de odio constituyen otro de los riesgos destacados. En el conjunto de los 19 países, alrededor de tres de cada diez menores encuentran mensajes de odio al menos una vez al mes, y aproximadamente la mitad manifiesta haberse sentido molestos/as o afectados/as por el último mensaje de este tipo que vio. La exposición aumenta claramente con la edad.
En España, el 52,5% ha visto mensajes de odio o degradantes: el 36,9% de forma esporádica y el 15,6% habitualmente. La exposición aumenta considerablemente con la edad y llega aproximadamente al 77% entre los 15 y 16 años. Además, se trata mayoritariamente de una exposición no buscada: solo el 8% afirma que tenía intención de ver el último contenido de odio encontrado, frente al 92% que no pretendía hacerlo. Entre quienes estuvieron expuestos, el 56,8% se sintió molesto en algún grado: el 25,3% un poco, el 17,4% bastante y el 14,1% muy molesto/a.
Ansiedad o frustración por el tiempo conectado.
Los resultados europeos muestran también un incremento desde 2020 en determinados indicadores de uso excesivo de Internet. Sin embargo, los autores y autoras llaman a interpretar este aumento con cautela: procede principalmente de aspectos relacionados con la sensación de haber desperdiciado online un tiempo que podría haberse dedicado a otras actividades y no tanto de consecuencias más problemáticas, como la privación de sueño o los conflictos familiares.
El informe plantea que este incremento podría reflejar una mayor concienciación social sobre el tiempo conectado y, con ella, ansiedad o frustración por la cantidad de tiempo que se pasa online, en lugar de un aumento equivalente de la sustitución de otras actividades o relaciones por actividades digitales.
Asimismo, el estudio comparativo europeo especifica que no analiza la vulnerabilidad psicológica, aunque señala que investigaciones previas la han identificado claramente como un importante predictor del uso excesivo de Internet. La edad también resulta relevante: la presencia de al menos un indicador de uso excesivo aumenta del 27% entre los 10 y 11 años al 34% entre los 12 y 14 y al 48% entre los 15 y 16 años.
Las desigualdades socioeconómicas vuelven a aparecer entre los 19 países analizados: el 47% de los y las menores de nivel socioeconómico bajo experimenta al menos un aspecto de uso excesivo, frente al 39% del nivel medio y el 35% del nivel alto.
Sueño, relaciones familiares y rendimiento escolar.
En España, el 19% de los niños, las niñas y los/as adolescentes afirma haber intentado habitualmente reducir el tiempo online sin conseguirlo, mientras que el 12,3% reconoce pasar menos tiempo con la familia, las amistades o realizando tareas escolares debido a Internet. El 10,3% se siente molesto/a cuando no puede conectarse, el 9,4% considera que el tiempo que pasa online le causa problemas y el 8,3% tiene conflictos con familiares o amistades por este motivo. Un 3,7% señala haber dejado de comer o dormir por permanecer conectado.
Estas dificultades aumentan con la edad. Entre los 15 y 16 años, el 19,1% reconoce habitualmente pasar menos tiempo con familiares y amistades o realizando tareas escolares por estar en Internet, mientras que el 21% ha intentado sin éxito reducir su uso.
Asimismo, el uso de pantallas se prolonga hasta los momentos destinados al descanso: en nuestro país, el 48,9% utiliza diariamente pantallas antes de acostarse, el 18,1% después de haberse acostado y el 14,2% durante la noche. El informe español advierte de que este hábito puede repercutir en la gestión del tiempo, la conciliación del sueño y el descanso.
Con relación a la atención, el 61,1% considera que termina el trabajo que está realizando y que su atención es buena, mientras que el 35,3% afirma distraerse fácilmente y tener dificultades para concentrarse. Esta última percepción aumenta con la edad y llega al 47% entre los 15 y 16 años.
La inteligencia artificial entra también en el terreno de la salud y las preocupaciones personales
La expansión de la inteligencia artificial generativa introduce otro ámbito de interés. En el estudio europeo, alrededor de dos de cada tres menores utilizan regularmente estas herramientas. Entre sus usos aparecen también cuestiones personales: el 15% utiliza IA generativa para hablar sobre salud física o ejercicio y el 14% para conversar con un chatbot sobre aquello que le preocupa.
El informe comparativo europeo señala que todavía existen importantes interrogantes acerca de las consecuencias de estas tecnologías para el aprendizaje, el desarrollo cognitivo y psicológico, el bienestar y los derechos de la infancia y la adolescencia, y apunta a la necesidad de seguir investigando en qué circunstancias el uso de IA para obtener asesoramiento sobre salud mental o relaciones interpersonales puede resultar beneficioso.
En España se observa igualmente esta incorporación de la IA a cuestiones sensibles. El 9,2% de los y las menores españoles y españolas afirma haberla utilizado durante el último mes para hablar sobre sus preocupaciones y recibir consejos, porcentaje que alcanza el 14,2% entre las chicas de 13 a 16 años. Otro 9,4% la utiliza para hablar y obtener recomendaciones sobre salud física.
Reforzar las competencias digitales sin confundir riesgo y daño.
En conjunto, EU Kids Online 2026 dibuja una realidad digital compleja en la que las oportunidades de aprendizaje, comunicación y participación conviven con experiencias de acoso, exposición a contenidos potencialmente perjudiciales, discursos de odio y situaciones que generan malestar.
Los resultados apuntan también a la importancia de las competencias críticas. En España, solo el 39% afirma saber comprobar si la información que encuentra online es verdadera y el 39,1% si puede confiar en un sitio web, unas habilidades especialmente relevantes ante la exposición a desinformación, teorías conspirativas y discursos de odio.
En conjunto, ambos informes insisten en evitar interpretaciones simplistas de las experiencias digitales de la infancia y la adolescencia. La exposición a un riesgo no equivale necesariamente a sufrir un daño, del mismo modo que disponer de habilidades digitales no elimina todos los riesgos. Comprender la experiencia digital de niños, niñas y adolescentes requiere considerar conjuntamente las oportunidades, las competencias, las desigualdades, la seguridad y el bienestar, así como el papel de las familias, los centros educativos y las plataformas.
Fuentes.
Staksrud, E., Helsper, E., Livingstone, S., Lobe, B., Mascheroni, G., Stoilova, M., & Ólafsson, K. – with members of the EU Kids Online network. (2026). The EU Kids Online 2026 comparative study: Children’s views, experiences, opportunities and risks in a digital world. Full findings from the EU Kids Online representative survey of 10- to 16-year-olds across 19 countries. Report n.º 3. University of Oslo and London School of Economics and Political Science. DOI: https://doi.org/10.21953/researchonline.lse.ac.uk.00140901
Garmendia, M., Martínez, G., Larrañaga, N., Casado, M.A., Jiménez, E., Olveira, R. & Castro I. (2026). EU Kids Online V: experiencias digitales de la infancia y la adolescencia en España. Resultados de la encuesta EU Kids Online V a menores de 10 a 16 años en España (2026).
