En los últimos años, el uso de las redes sociales y de las tecnologías conectadas por parte de niños, niñas y adolescentes, ha suscitado un intenso debate social, científico e institucional. Mientras aumenta la evidencia sobre los riesgos asociados a la hiperconexión digital y al acceso precoz a determinados contenidos y plataformas, también se ha intensificado la demanda de medidas que permitan garantizar un entorno digital más seguro y saludable para la infancia y la adolescencia.
En este contexto, el pasado año, se creó la Plataforma Control Z, una iniciativa transversal y apolítica de la que forma parte el Consejo General de la Psicología de España junto con otras sociedades científicas, entidades médicas y psicológicas, fundaciones, asociaciones de la sociedad civil y grupos de comunicación. Su objetivo es promover medidas legislativas, educativas, familiares, sanitarias, sociales y tecnológicas, sustentadas en la evidencia científica, que favorezcan una convivencia saludable con las tecnologías conectadasy contribuyan a proteger a la infancia y la adolescencia frente a los riesgos asociados a la hiperconexión digital.
Entre las medidas que impulsa la Plataforma figuran retrasar hasta los 16 años la edad de acceso a las redes sociales, promover el derecho a la desconexión, fomentar una educación en ciudadanía digital responsable, prevenir y detectar de forma temprana el uso problemático de Internet y reforzar la transparencia y la responsabilidad de las empresas tecnológicas. Todas ellas, parten de un enfoque multidisciplinar en el que participan profesionales de ámbitos como la Psicología, la Pediatría, la Psiquiatría y la Neurología.
Un vídeo para concienciar sobre el impacto del uso inadecuado de las tecnologías en la infancia y la adolescencia.
Como parte de su labor de sensibilización, la Plataforma Control Z y Aldeas Infantiles SOS han lanzado recientemente un vídeo en el que participan representantes de las distintas disciplinas que integran esta iniciativa. A través de un mensaje claro y directo, la campaña pone el foco en los efectos que puede tener un uso inadecuado de las tecnologías digitales sobre el desarrollo y el bienestar de niños, niñas y adolescentes, y hace un llamamiento a impulsar medidas de prevención, protección y educación basadas en el conocimiento científico.

Con motivo de esta iniciativa, Infocop entrevista a José Antonio Luengo, vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España y miembro del grupo gestor de la Plataforma Control Z, para conocer los objetivos de la Plataforma, las razones que sustentan sus principales propuestas y el mensaje que pretende trasladar a la sociedad a través de esta iniciativa.
ENTREVISTA
Conjuntamente con el Secretario General del Consejo General de la Psicología, José Tenorio, usted, como vicepresidente primero de esta organización colegial, forma parte del grupo gestor de la Plataforma Control Z, una iniciativa de la que también es entidad colaboradora el COP, junto con otras sociedades científicas y organizaciones sociales. ¿Podría explicarnos qué es exactamente esta Plataforma, por qué surge y qué objetivos persigue?
La Plataforma Control Z es una iniciativa que pretende impulsar y reclamar medidas legislativas, sociales, familiares, tecnológicas, sanitarias y educativas contra la hiperconexión digital, gracias al trabajo coordinado de sociedades científicas (neurólogos, psiquiatras, pediatras y psicólogos) sociedad civil y medios de comunicación.
Esta Plataforma es una entidad transversal y apolítica que reúne a entidades médicas y psicológicas, a fundaciones y asociaciones de la sociedad civil y a grupos mediáticos que promueven una regulación con medidas basadas en la evidencia científica que garantice la convivencia saludable entre los ciudadanos y las tecnologías conectadas.
La Plataforma Control Z aboga por un desarrollo tecnológico más seguro para la infancia y la adolescencia.
En este contexto, representa un marco de profundización científica y social que aboga de manera contundente por dotar de coherencia en los procesos de desarrollo tecnológico en los que se ven inmersos nuestros niños, niñas y adolescentes. Es importante considerar que la experiencia de estos últimos 15 años, desde la llegada a nuestras vidas de aplicaciones, redes y smartphones no ha venido acompañada de principios y acciones que protejan de manera eficiente a la infancia y la adolescencia de los efectos dañinos de su despliegue. Es imprescindible “parar máquinas” y sustanciar el “principio de precaución” que el crecimiento sin medida ni control en este ámbito ha generado.
Nos jugamos mucho, Y, entre otras cuestiones de relevancia, es especialmente importante el texto del proyecto de norma que está cociéndose en el momento actual sobre protección de la infancia y la adolescencia en el entorno digital (Proyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores en los entornos digitales, abril, 2025) y la Estrategia de acción que debe marcarse subsiguientemente. Las acciones deben construirse desde las orientaciones que los científicos en el ámbito de la salud y la salud mental dibujan a la luz de sus investigaciones y experiencia empírica. Otra mirada perdería la perspectiva esencial en un asunto, ya se ha dicho, que está rompiendo costuras del bienestar infanto-juvenil de una manera altamente significativa.
Entre las principales propuestas de la Plataforma Control Z figura retrasar hasta los 16 años la edad de acceso a las redes sociales, y adoptar otras medidas dirigidas a proteger a la infancia y la adolescencia frente a la hiperconexión digital. ¿Por qué se considera que ese límite de edad es el más adecuado y qué riesgos se pretende prevenir con esta y el resto de las medidas que promueve la Plataforma?
Desde la Plataforma abogamos por la imprescindible toma de decisiones adecuadamente informada, siguiendo el criterio de las referencias e investigaciones científicas al respecto de los contenidos que son de referencia. Hablamos de un reto incuestionable ante lo que, sin duda, se ha convertido en un problema de salud pública.
Este es un asunto que, por supuesto, debe generar debate social y compromisos para el bienestar de nuestra población infanto-adolescente, pero no parece razonable tomar decisiones sin considerar las conclusiones que la evidencia científica pone al servicio de la sociedad desde ámbitos tan relevantes en las ciencias de la salud como la Neurología, la Psiquiatría, la Pediatría y, por supuesto, la Psicología.
La prevención del uso problemático de las tecnologías exige una respuesta integral basada en la evidencia.
El escenario que detalla la experiencia de los y las profesionales de Psicología clínica y de la salud en nuestro país no deja lugar a demasiadas dudas. No vamos bien y es necesario revisar la actual regulación de acceso de nuestros menores a dispositivos de última generación, redes y aplicaciones. Señalar los 16 años como una referencia de acceso, en lugar de los actuales 14 que marca el ordenamiento jurídico, no debe entenderse como una medida restrictiva sin más, sino como una acción protectora que, lógicamente, debe ir acompañada de otras muchas medidas en las que deben contemplarse de manera profundamente interconectadas. Al amparo de las conclusiones de la investigación más reciente, es de especial relevancia señalar algunos objetivos esenciales; entre otras cuestiones:
(1) La prevalencia del derecho a la salud integral, (2) el derecho a la no conexión y a la desconexión, (3) la necesaria desescalada digital y el retardo en la edad en que se proporcionan los smartphones a nuestros niños y adolescentes, (4) la prevención, detección e intervención temprana del uso problemático, en su caso, y de la adicción progresiva y (5) la transparencia en los patrocinios de las Tecnológicas y sus responsabilidades (prácticas éticas).
Sabemos que desde la Plataforma Control Z y Aldeas Infantiles SOS, se ha lanzado un vídeo en el que usted participa junto con profesionales de distintos ámbitos, como la Pediatría, la Psiquiatría o la Neurología, entre otros. ¿Qué mensaje principal quieren trasladar y qué realidad consideran necesario visibilizar a través de este vídeo?
Siempre con las limitaciones de tiempo que un spot publicitario lleva implícitas, hemos pretendido que el mensaje sea claro y explícito. Los daños del inadecuado uso son una realidad. Tozuda pero incontestable. Cuando diferentes campos disciplinares en materia de salud y salud mental de nuestra infancia y adolescencia se ponen de acuerdo de manera tan explícita y rotunda, mirar hacia otro lado supone una irresponsabilidad.
Por supuesto, la educación en ciudadanía digital representa, asimismo, un factor clave en el proceso de reconceptualización y práctica por el que abogamos, como lo es lograr un consenso esencial en el colectivo de padres, pero la realidad cruda no puede ni debe ser arrinconada. Las cosas no van bien y es necesario decirlo, alto y claro.
La Plataforma insiste en que este desafío requiere una respuesta conjunta desde distintos ámbitos. Desde la Psicología, ¿qué papel pueden desempeñar los psicólogos y las psicólogas tanto en la prevención como en la intervención ante los problemas asociados al uso excesivo o inadecuado de las tecnologías conectadas?
Los y las profesionales de la Psicología que se enfrentan diariamente en sus consultas a los impactos de un uso marcadamente inadecuado de dispositivos y pantallas y de hábitos profundamente contraproducentes saben de lo que estamos hablando y de las consecuencias dañinas en el desarrollo de niños y adolescentes, algunos, incluso de muy corta edad.
Y, consiguientemente, reclaman la toma en consideración de medidas que, real, eficaz y sosteniblemente contribuyan a dotar de coherencia a procesos que esencialmente son educativos, pero entendiendo el concepto de educación en un sentido amplio, sustanciando el principio que subyace a la necesidad de “toda la tribu” en el despliegue de acciones de interpretación del mundo y acompañamiento que el mundo adulto debe construir y gestionar en la educación de nuestros niños, niñas y adolescentes.
Más allá de las medidas legislativas, ¿qué cambios considera imprescindibles en las familias, en los centros educativos y en la sociedad para favorecer una relación más saludable de niños, niñas y adolescentes con las tecnologías digitales?
Regular teniendo en consideración los componentes esenciales de los procesos madurativos y de crecimiento de niños, niñas y adolescentes, y rescatar y situar a la altura adecuada en consideración de las conclusiones que la evidencia científica nos muestra sin solución de continuidad no es suficiente.
Aunque así pueda entenderse en determinados foros, la Plataforma ControlZ no sitúa exclusivamente su mirada en la regulación de las edades en el acceso a smartphones, redes y aplicaciones, algunas de ellas generadoras del uso problemático de internet (UPI), fenómeno perturbadoramente creciente, creadas, asimismo, con objetivos profundamente cuestionables (generar adicción progresiva).
La Plataforma aboga, ya se ha señalado anteriormente, por la sensibilización social y, especialmente, de los progenitores, la necesaria reflexión sobre los tiempos y condiciones de uso en los contextos de educación en ciudadanía digital responsable y ética (con especial incidencia en los tiempos y acciones en la escuela), la transparencia en los patrocinios de las Tecnológicas, abogar por la constatación sostenible del componente ético en sus prácticas, y, por supuesto, por la incuestionable asunción de sus responsabilidades cuando sea preciso.
Para finalizar, ¿desea añadir alguna otra cuestión de interés?
Tal vez, insistir, una vez más, que el momento es ahora. No podemos perder la oportunidad de afrontar con valentía el escenario que, en los últimos 15 años, hemos venido, entre todos, construyendo. Es necesario unir fuerzas y compromisos y evitar estériles enfrentamientos entre posiciones discrepantes en relación a lo que tenemos entre manos, a los efectos nocivos de no atender el principio de precaución que debería haber guiado nuestras intenciones y prácticas como mundo adulto. El tiempo es ya.
El video se encuentra disponible a continuación:
