Claves para entender el lenguaje oculto de los y las menores en redes sociales
05 Jun 2026

El uso de códigos ocultos para referirse a autolesiones, conductas sexuales, situaciones de malestar psicológico y emocional o incluso para eludir la supervisión adulta se está extendiendo entre los y las menores de edad en redes sociales, en muchos casos, con significados difíciles de identificar para las familias. Entre estos códigos se incluyen tanto expresiones aparentemente inocuas -como referencias a alimentos o abreviaturas en inglés que, sin embargo, pueden estar vinculadas a prácticas dañinas-, como combinaciones de letras y números, utilizadas para hablar de suicidio, pedir ayuda o proponer encuentros sexuales sin levantar sospechas. Asimismo, se observa el empleo de términos que reproducen discursos de odio o cosificación, especialmente, hacia las mujeres, y de códigos por parte de personas adultas con fines de manipulación o abuso.

Estas son algunas de las preocupantes conclusiones recogidas por la Fundación ANAR en su guía «El lenguaje secreto de los/as menores de edad en redes sociales», actualizada en febrero de 2026, un documento a través del cual advierte sobre cómo el uso de este tipo de códigos responde, en gran medida, a la necesidad de esquivar los sistemas de detección y censura de las plataformas digitales.

Tal y como explica la guía, las redes sociales aplican normas comunitarias estrictas que prohíben la difusión de determinados contenidos, sobre todo, los relacionados con autolesiones, suicidio, trastornos alimentarios, actividades peligrosas, contenido sexual, violencia, discursos de odio o explotación de menores, entre otros. Para hacer cumplir estas normas, las plataformas utilizan algoritmos de procesamiento del lenguaje natural capaces de detectar palabras o expresiones vetadas. Cuando una persona usuaria busca o publica este tipo de contenido, puede enfrentarse a distintas medidas, como la eliminación de la publicación, la reducción de su visibilidad o incluso la suspensión de la cuenta en casos graves o reiterados.

Fuente: freepik. Descarga: 10/04/26.
La guía alerta sobre el uso de códigos entre los y las menores para esquivar los filtros de las plataformas.

En este contexto, algunos/as menores han desarrollado un sistema de comunicación alternativo basado en códigos que les permite sortear estos filtros automatizados. Según detalla el documento, estos códigos «empiezan a ser universales» entre los y las jóvenes y pueden tener tanto connotaciones aparentemente neutras como significados claramente perjudiciales, especialmente, cuando se emplean para hablar de autolesiones o malestar psicológico y emocional. Por ejemplo, el término «barcode» o código de barras se utiliza para aludir a las marcas de cortes en la piel, mientras que expresiones como «beans» o «ouchie” pueden ocultar referencias a heridas o sufrimiento emocional. En otros casos, términos como «trasto» o «trastoamigo» se emplean dentro de comunidades que refuerzan conductas autolesivas mediante dinámicas de apoyo negativo.

La guía también advierte de la proliferación de códigos relacionados con conductas sexuales o situaciones de riesgo. Así, combinaciones como «53X» se utilizan para referirse al sexo, mientras que expresiones como «KMS» aluden al suicidio o a estados de profundo malestar. Otros códigos, como «LH6» o «LMIRL», pueden emplearse para proponer encuentros sexuales, y «CU46» para solicitar contenido íntimo a través de la cámara . Además, existen claves destinadas a advertir de la presencia de adultos (»MOS», «POS») o de que no hay supervisión parental («99»), lo que facilita interacciones que pueden entrañar riesgos.

Expresiones y códigos que ocultan situaciones de riesgo para niños, niñas y adolescentes.

Especial relevancia adquiere el uso de códigos por parte de adultos con fines de abuso o grooming. El documento recoge términos específicos utilizados para identificar intereses sexuales hacia menores o para solicitar imágenes explícitas, así como expresiones que buscan normalizar o encubrir este tipo de conductas. En este sentido, se alerta de que algunos de estos códigos pueden pasar desapercibidos para las familias y educadores, lo que dificulta la detección precoz de situaciones de riesgo.

Más allá de los códigos peligrosos, la guía también describe otros términos ampliamente utilizados en el entorno digital juvenil que, aunque no impliquen necesariamente un riesgo directo, resultan clave para comprender su forma de comunicarse. Entre ellos, se encuentran expresiones propias de los videojuegos y las redes sociales, como «ghosting», «hater», «crush» o «flexear», así como conceptos vinculados a dinámicas sociales online, como «cancelar» o «stalkear» . Asimismo, se recogen términos asociados a discursos machistas o de cosificación, como «body count» o «mujer de alto valor», que reflejan la influencia de determinados contenidos y comunidades digitales en la construcción de valores y actitudes.

Información, supervisión y diálogo: claves para proteger a los y las menores en el entorno digital.

Ante esta realidad, el documento subraya la importancia de que las familias y profesionales se mantengan informados sobre la evolución del lenguaje digital y las normas de las plataformas, que cambian de forma constante. En este sentido, se destacan los controles parentales como una herramienta útil para supervisar la actividad de los y las menores en redes sociales, permitiendo establecer filtros de contenido, gestionar la privacidad, limitar el tiempo de uso y monitorizar las interacciones. No obstante, se advierte de que estas herramientas no son infalibles y deben complementarse con una comunicación abierta, la educación en seguridad digital y la supervisión activa por parte de personas adultas.

Finalmente, la guía recuerda la existencia de recursos de ayuda dirigidos a la infancia, la adolescencia y las familias, incluyendo líneas telefónicas y servicios de chat especializados en la atención a menores en situación de riesgo. En conjunto, el documento pone de manifiesto la necesidad de comprender los nuevos códigos de comunicación en el entorno digital para poder identificar señales de alerta y garantizar una protección eficaz de los y las menores en las redes sociales.


Puedes acceder a la guía desde la página web de la Fundación ANAR.

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