La salud mental se ha consolidado como uno de los grandes retos sanitarios, sociales y políticos del siglo XXI. Los trastornos mentales, como la ansiedad, la depresión o la psicosis, afectan a cerca de mil millones de personas en todo el mundo, interactúan de forma compleja con otras enfermedades no transmisibles y se asocian a un impacto humano, social y económico de enorme magnitud. Estas condiciones no solo incrementan la morbilidad y la mortalidad, sino que limitan el desarrollo personal, la participación social y el bienestar psicológico de millones de personas a lo largo de todo el ciclo vital. Además, los sistemas sanitarios continúan mostrando importantes dificultades para dar una respuesta adecuada, equitativa y sostenible a estas necesidades, especialmente desde una perspectiva de atención primaria, prevención y promoción de la salud mental.
Así lo afirma la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Declaración política sobre la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles y la promoción de la salud mental y el bienestar, adoptada oficialmente el 15 de diciembre de 2025 como resultado de las negociaciones intergubernamentales previas a la Cuarta Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General (HLM4), celebrada el 25 de septiembre de 2025. Se trata de un documento a través del cual los Jefes de Estado y de Gobierno establecen una nueva visión global, ambiciosa y alcanzable, orientada a acelerar la respuesta frente a las enfermedades no transmisibles y a situar la salud mental como una prioridad del desarrollo global hacia 2030 y más allá.

Una declaración política con un enfoque integral.
La Declaración política adoptada por la Asamblea General parte del reconocimiento explícito del derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental, subrayando que la salud constituye, al mismo tiempo, un requisito previo, un resultado y un indicador del desarrollo sostenible. En este marco, los Estados miembros reiteran su compromiso de reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles antes de 2030, integrando de forma explícita la promoción de la salud mental y el bienestar como un componente esencial de esta estrategia global.
El texto reconoce que, pese a los avances alcanzados en algunos países, persisten importantes lagunas en la prevención, el diagnóstico y la atención de las enfermedades no transmisibles y de los trastornos mentales, lo que exige una intensificación de las acciones mediante enfoques integrales que involucren a todo el gobierno y a toda la sociedad. La Declaración subraya que estas condiciones representan una de las principales cargas de enfermedad a nivel mundial y recuerda que las enfermedades no transmisibles provocan más de 43 millones de muertes al año, de las cuales 18 millones se producen de forma prematura, antes de los 70 años.
La salud mental como prioridad global.
Uno de los aspectos más relevantes del documento es el reconocimiento explícito de los trastornos mentales como enfermedades no transmisibles, situándolos al mismo nivel de prioridad que otras patologías crónicas como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes o las enfermedades respiratorias crónicas. La Declaración señala que los problemas de salud mental, incluidas la ansiedad, la depresión y la psicosis, afectan a cerca de mil millones de personas en todo el mundo, y que estas condiciones suelen coexistir e interactuar tanto entre sí, como con otros trastornos neurológicos y enfermedades no transmisibles.
El texto destaca que los problemas de salud mental se asocian con un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad y que el suicidio constituye la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años, lo que refuerza la urgencia de adoptar medidas integrales de prevención, atención psicológica y promoción del bienestar mental. Asimismo, se reconoce que la salud mental y el bienestar están estrechamente vinculados a la salud cerebral y neurológica, y que las personas con trastornos mentales presentan un mayor riesgo de desarrollar otras enfermedades no transmisibles.
Impacto social, económico y psicológico.
La Declaración política advierte de que las enfermedades no transmisibles y los trastornos mentales impiden que las personas y las comunidades alcancen su pleno potencial, generan una elevada carga económica y limitan el desarrollo del capital humano. Estas condiciones contribuyen a perpetuar ciclos de pobreza, desigualdad y exclusión social, afectando de manera desproporcionada a los grupos más vulnerables, incluidas las personas con discapacidad, las poblaciones socioeconómicamente desfavorecidas y quienes viven en contextos de conflicto, emergencia humanitaria o alta exposición a los efectos del cambio climático.
El documento reconoce que los trastornos mentales y las enfermedades no transmisibles afectan a personas de todas las edades, incluidos niños/as, adolescentes y personas mayores, y subraya la creciente brecha entre la esperanza de vida y la esperanza de vida saludable, especialmente, en una población mundial cada vez más envejecida. En este sentido, se señala que muchos sistemas de salud no están adecuadamente preparados para responder al aumento de la prevalencia de trastornos mentales y enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento.
Prevención, promoción y reducción del estigma.
Más allá del tratamiento, la Declaración pone un énfasis claro en la prevención de los trastornos mentales, la promoción del bienestar psicológico y la reducción del estigma asociado a los problemas de salud mental. Entre los compromisos adquiridos por los Estados miembros se incluyen el desarrollo de estrategias nacionales de prevención del suicidio, la reducción del estigma y la discriminación, la creación de entornos abiertos para hablar de salud mental y la adopción de un enfoque de salud pública que tenga en cuenta los determinantes sociales, económicos y ambientales.
El texto también aborda la relación entre salud mental y factores como el uso nocivo del alcohol, el consumo de sustancias, la exposición a entornos digitales perjudiciales, el aislamiento social y la soledad, reconociendo que estos elementos pueden afectar de forma significativa al bienestar psicológico, especialmente en niños, niñas y jóvenes.
El papel central de la atención primaria.
La Declaración reafirma el papel fundamental de la atención primaria como base para lograr la cobertura sanitaria universal y como eje central para la prevención, detección precoz, tratamiento y seguimiento de las enfermedades no transmisibles y de los trastornos mentales. En este sentido, se destaca la importancia de reforzar los servicios de salud mental en el ámbito comunitario y de integrar la atención psicológica en los servicios generales de salud, desplazando progresivamente los recursos desde instituciones especializadas hacia entornos comunitarios y de atención primaria.
Entre los compromisos concretos, figura el objetivo de que 150 millones de personas más tengan acceso a atención en salud mental antes de 2030. Asimismo, se promueve, entre otros aspectos, la ampliación de los servicios de apoyo psicológico para la depresión, la ansiedad y la psicosis, abordando de manera explícita el estigma y fomentando la participación de personas con experiencia vivida en el diseño y evaluación de las políticas y servicios.
Recursos humanos, financiación y sistemas de información.
El documento reconoce la necesidad de incrementar el número, la capacidad y las competencias del personal sanitario para dar respuesta a las necesidades en salud mental y enfermedades no transmisibles, incluyendo el fortalecimiento de las competencias en el ámbito psicológico. Del mismo modo, se insta a los Estados a movilizar recursos financieros adecuados, previsibles y sostenibles, y a aumentar la inversión específica en salud mental.
La Declaración subraya también la importancia de reforzar los sistemas de información, vigilancia y recopilación de datos sobre trastornos mentales y enfermedades no transmisibles, con el fin de mejorar la planificación, el seguimiento de los progresos y la rendición de cuentas, respetando en todo momento la privacidad y la protección de datos.
La EFPA aplaude la Declaración política.
La Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA, European Federation of Psychologists’ Associations) ha aplaudido públicamente la adopción de esta Declaración política por parte de la Asamblea General de la ONU. Según ha señalado la Federación, el documento es especialmente significativo porque reconoce formalmente los trastornos mentales como enfermedades no transmisibles y como una prioridad del desarrollo global, destacando no solo el tratamiento, sino también la prevención y la promoción de la salud mental, así como la estrecha relación entre la salud mental y la salud física.
La EFPA ha subrayado que la salud mental es un asunto de gran relevancia tanto en el contexto europeo como internacional y ha expresado su satisfacción por haber podido contribuir, junto con sus miembros, al proceso de consulta que condujo a la adopción de la Declaración en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York en septiembre de 2025 y a su aprobación definitiva en diciembre del mismo año.
Asimismo, la Federación ha destacado que la Declaración proporciona legitimidad política y mecanismos de rendición de cuentas para que los gobiernos integren la salud mental en los sistemas sanitarios y en las estrategias nacionales sobre enfermedades no transmisibles, reforzando así el papel de la psicología y de las intervenciones psicológicas en la respuesta global a estos desafíos.
Se puede acceder al documento completo desde la página web de la OMS o bien directamente aquí.
