La presión académica durante la adolescencia se asocia con un mayor riesgo de presentar síntomas depresivos y conductas de autolesión, y esta relación puede mantenerse desde la adolescencia hasta los primeros años de la edad adulta. En concreto, niveles más elevados de presión académica percibida a los 15 años se relacionan con mayores niveles posteriores de depresión entre los 16 y los 22 años, así como con una mayor probabilidad de autolesionarse entre los 16 y los 24 años. Además, la relación con los síntomas depresivos es más intensa en los años inmediatamente posteriores, aunque sigue siendo observable varios años después, lo que sugiere que las experiencias de presión vinculadas al rendimiento escolar pueden tener efectos prolongados sobre la salud mental de los y las jóvenes.
Estas son algunas de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista The Lancet Child & Adolescent Health y desarrollado por investigadores de Reino Unido, con el objetivo de analizar la relación longitudinal entre los niveles percibidos de presión académica y la aparición posterior de síntomas depresivos y conductas de autolesión desde la adolescencia hasta la edad adulta temprana.

Aumento de los problemas de salud mental en la adolescencia.
Los problemas de salud mental en la adolescencia, especialmente, la depresión y la autolesión, constituyen un desafío creciente en numerosos países. Durante las últimas décadas se ha observado un incremento de estos problemas, con prevalencias más elevadas entre las chicas que entre los chicos. En este contexto, identificar factores de riesgo modificables resulta clave para desarrollar estrategias de prevención eficaces en salud pública.
Entre los factores que han recibido una creciente atención se encuentra la presión académica. De forma general, este concepto se refiere a la percepción que tienen los adolescentes de las demandas relacionadas con el rendimiento escolar, así como a las expectativas asociadas al éxito educativo, la carga de trabajo académico, los exámenes, la competencia por las calificaciones o las expectativas de padres y docentes.
Diversos trabajos previos han señalado que la presión académica es una fuente importante de estrés para los y las jóvenes y uno de los factores que, según ellos mismos, influye negativamente en su bienestar psicológico. No obstante, la mayor parte de las investigaciones existentes habían sido de tipo transversal o con muestras reducidas, lo que limitaba la capacidad de establecer relaciones temporales entre la presión académica y los problemas de salud mental.
Un estudio longitudinal con seguimiento hasta la edad adulta temprana.
Para abordar esta cuestión, los autores utilizaron datos del estudio longitudinal Avon Longitudinal Study of Parents and Children (ALSPAC), una cohorte de nacimiento del Reino Unido que incluye a jóvenes nacidos entre 1991 y 1992 y que han sido seguidos durante varias décadas. El análisis incluyó a 4.714 adolescentes (57,8% chicas y 42,2% chicos), con información sobre presión académica a los 15 años.
La presión académica se evaluó mediante tres preguntas relacionadas con preocupaciones por el trabajo escolar, la presión percibida desde el entorno familiar para obtener buenos resultados y la importancia que los propios estudiantes atribuían a conseguir determinadas calificaciones en los exámenes nacionales británicos (GCSE). A partir de estas respuestas se construyó una puntuación compuesta que oscilaba entre 0 y 9, donde valores más altos indicaban mayor presión académica percibida.
Los síntomas depresivos se evaluaron en cinco momentos entre los 16,5 y los 22,5 años mediante el cuestionario Short Mood and Feelings Questionnaire (SMFQ), mientras que la autolesión se registró en cuatro momentos entre los 16,5 y los 24 años a través de preguntas sobre si el/la joven se había autolesionado deliberadamente durante el último año.
Relación entre presión académica y síntomas depresivos.
Los resultados mostraron que un aumento de un punto en la puntuación de presión académica a los 15 años se asociaba con un incremento de 0,43 puntos en la puntuación de síntomas depresivos en los modelos completamente ajustados.
Esta relación fue más intensa cuando los síntomas depresivos se evaluaron a los 16 años, momento en el que cada punto adicional de presión académica se asoció con un incremento de 0,53 puntos en los síntomas depresivos. No obstante, la asociación siguió observándose a lo largo del tiempo, con incrementos estimados de 0,41 puntos a los 17 años, 0,42 a los 18 años, 0,45 a los 21 años y 0,35 a los 22 años.
Para los autores, estos resultados sugieren que la presión académica experimentada durante la educación secundaria puede estar relacionada con un mayor nivel de síntomas depresivos durante varios años posteriores, extendiéndose hasta la transición a la vida adulta.
Asociación con la autolesión.
Además de los síntomas depresivos, el estudio encontró evidencia de una relación entre la presión académica y la autolesión. En los modelos completamente ajustados, cada aumento de un punto en la puntuación de presión académica a los 15 años se asoció con un incremento del 8% en las probabilidades de autolesionarse.
A diferencia de lo observado con los síntomas depresivos, la magnitud de esta asociación no varió según la edad en la que se evaluó la autolesión, lo que sugiere que el vínculo entre presión académica y la autolesión se mantendría relativamente estable entre los 16 y los 24 años.
Posibles mecanismos y factores implicados.
Según señalan los autores, la relación entre presión académica y salud mental podría explicarse a través de distintos mecanismos de carácter psicológico y social. Entre ellos, se encuentran el estrés asociado a las exigencias escolares, el aislamiento social, el perfeccionismo, la reducción de la autoestima, la disminución de la actividad física o los problemas de sueño.
Asimismo, en el ámbito escolar, niveles elevados de presión académica podrían contribuir a un clima educativo más negativo o a una menor sensación de pertenencia al centro educativo, factores que también se han relacionado con el bienestar psicológico de los y las estudiantes.
Implicaciones para la prevención y la intervención.
Los resultados sugieren que la presión académica podría constituir un factor de riesgo potencialmente modificable para los problemas de salud mental en la adolescencia.
En este sentido, los autores plantean que las intervenciones dirigidas a reducir la presión académica en los centros educativos podrían contribuir a mejorar la salud mental de los y las adolescentes. Entre las posibles estrategias se incluyen intervenciones escolares integrales que modifiquen el entorno educativo, la reducción o el retraso de evaluaciones y exámenes de alto impacto, así como programas que promuevan el aprendizaje socioemocional o habilidades de relajación.
También se mencionan cambios a nivel de políticas educativas como una posible vía para abordar la presión académica a largo plazo, además del papel de las familias en la reducción de expectativas excesivas y en la promoción de actividades protectoras como el ejercicio físico, la socialización o el descanso adecuado.
En conjunto, los hallazgos ponen de relieve la importancia de considerar el contexto educativo y las demandas escolares como posibles determinantes de la salud mental en la adolescencia, así como la necesidad de seguir investigando estrategias que permitan reducir la presión académica y sus posibles efectos sobre el bienestar psicológico de los jóvenes.
Fuente.
Guo, X., Mueller, M. A., Armitage, J. M., Bonell, C., Ford, T. J., John, A., … & Lewis, G. (2026). The association between academic pressure and adolescent depressive symptoms and self-harm: a longitudinal, prospective study in England. The Lancet Child & Adolescent Health, 10 (4). pp 265-272. https://doi.org/10.1016/S2352-4642(25)00342-6
