La atención psicológica debería constituir un componente estándar de la rehabilitación cardiovascular, con profesionales de la Psicología adecuadamente formados e integrados en los equipos multidisciplinares durante todas las fases del proceso. Vivir con una enfermedad cardiovascular o sobrevivir a un infarto, un ictus o una parada cardiaca puede generar importantes consecuencias psicológicas, emocionales, cognitivas y sociales, entre ellas, ansiedad, depresión, miedo ante el futuro, pérdida de confianza, dificultades de adaptación y alteraciones de la propia identidad, que pueden interferir en la recuperación y en los resultados clínicos.
Así lo indican la British Psychological Society (BPS) y la British Association for Cardiovascular Prevention and Rehabilitation (BACPR), en un comunicado conjunto a través del cual defienden la incorporación de profesionales de la Psicología con formación específica en salud física a los programas de rehabilitación cardiovascular, ofreciendo, a su vez, una serie de recomendaciones dirigidas a garantizar una atención integral y biopsicosocial. Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se celebra hoy, 29 de septiembre, para concienciar sobre las enfermedades cardiovasculares (ECV), recogemos este comunicado, que pone de relieve la importancia de la atención psicológica en todo el proceso de prevención, detección e intervención.
Salud física y salud mental, estrechamente relacionadas.
El comunicado parte de la estrecha relación existente entre la salud física y la salud mental. Tal y como recuerda, los problemas de salud física tienen una dimensión psicológica que puede repercutir en los estilos de vida, la adaptación, el afrontamiento, la recuperación y el bienestar. En el ámbito cardiovascular, esta relación adquiere una especial relevancia.
La BPS y la BACPR señalan que niveles elevados de malestar psicológico y estrés crónico se relacionan con un mayor riesgo cardiovascular. Entre los posibles mecanismos implicados mencionan las respuestas fisiológicas al estrés y las alteraciones hemodinámicas, vasculares e inmunitarias. A ello, se añade que una elevada carga de estrés o los problemas de salud mental pueden favorecer comportamientos perjudiciales para la salud cardiovascular, como pueden ser el evitar la actividad física, fumar o recurrir al alcohol u otras sustancias como forma de relajación o afrontamiento emocional.
La relación opera también en sentido inverso. Vivir con una enfermedad cardiaca o cardiovascular crónica, tanto congénita como hereditaria, o sobrevivir a un acontecimiento inesperado como un ictus, un infarto de miocardio o una parada cardiaca súbita puede tener importantes consecuencias psicológicas y neuropsicológicas. El documento menciona, entre otras, el shock, el miedo al futuro, la pérdida de confianza en las propias capacidades físicas y de la sensación de seguridad, los cambios en la identidad personal, la ansiedad y las dificultades para gestionar las emociones. Estas complicaciones pueden obstaculizar posteriormente la recuperación y la rehabilitación física.

Atender las necesidades psicológicas es parte de la rehabilitación.
Para ambas organizaciones, abordar las necesidades psicológicas, emocionales y sociales dentro de la rehabilitación cardiovascular resulta tan importante como atender las necesidades de rehabilitación física. El éxito del proceso requiere, por tanto, un enfoque integrado, flexible y holístico, en el que el conjunto del equipo multidisciplinar participe en la identificación y respuesta a estas necesidades.
La recuperación puede exigir adaptarse no solo a cambios en el funcionamiento físico, sino también a modificaciones sustanciales en la identidad, los estilos de vida, las relaciones personales, los roles sociales, el empleo y las expectativas de futuro. Algunas personas experimentan pérdida de confianza y autoestima, incertidumbre acerca de sus capacidades, malestar psicológico o dificultades para mantener aspectos de su vida que anteriormente consideraban importantes.
Por este motivo, favorecer la adaptación y el afrontamiento, mantener la esperanza y promover el bienestar psicológico son aspectos fundamentales para conseguir una recuperación sostenible, mejorar el autocuidado y favorecer la calidad de vida. En determinados casos, además, el tratamiento o apoyo psicológico puede necesitar prolongarse más allá del periodo dedicado a la rehabilitación física.
¿Por qué incorporar profesionales de la Psicología a estos equipos?
El documento considera necesario disponer de profesionales de la Psicología con experiencia demostrable en el abordaje psicológico de las enfermedades físicas. Si bien los servicios destinados al tratamiento de problemas comunes de ansiedad y depresión constituyen un elemento importante de la atención integral, la BPS y la BACPR advierten de que las necesidades presentes en la rehabilitación cardiovascular pueden ir más allá.
Estas necesidades surgen de la compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos, conductuales y sociales, que pueden influir en la adaptación, el bienestar psicológico, las conductas de salud, el autocuidado, la participación en la rehabilitación y los resultados de salud a largo plazo. Su abordaje requiere, según el documento, una perspectiva biopsicosocial especializada que tenga en cuenta la relación recíproca entre salud física y psicológica a lo largo de todo el proceso, incluido el posible impacto traumático de un episodio cardiovascular agudo.
Los psicólogos y psicólogas expertos/as en salud física pueden aportar conocimientos específicos sobre la interacción entre la enfermedad física, el bienestar emocional, la cognición, la conducta y las circunstancias sociales, así como competencias avanzadas de evaluación, formulación e intervención psicológica. Su presencia permite también incorporar esta perspectiva al trabajo del conjunto del equipo multidisciplinar.
Entre las funciones que el comunicado atribuye a estos y estas profesionales se encuentran el triaje y la evaluación clínica, la formulación de casos complejos, la planificación asistencial, las intervenciones psicológicas individuales y grupales, la coordinación del apoyo psicológico y social, la discusión de casos, la consulta y supervisión clínica a otros profesionales, el apoyo a las familias, la formación del equipo y la coordinación con los servicios locales de salud mental y atención psicológica y social.
El impacto psicológico alcanza también a las familias.
La atención a las familias constituye otra de las funciones destacadas. Presenciar cómo una persona cercana experimenta dolor torácico intenso, dificultades respiratorias u otros síntomas asociados a un episodio cardiovascular agudo puede generar un considerable malestar psicológico.
El documento pone como ejemplo la parada cardíaca súbita, una experiencia que puede resultar especialmente traumática para los familiares que la presencian y que, en algunos casos, tienen incluso que practicar maniobras de reanimación cardiopulmonar. Estas experiencias pueden producir dificultades psicológicas a más largo plazo, por lo que los programas de rehabilitación cardiovascular deberían contemplar también las necesidades psicológicas y sociales de las familias.
Mejor participación en la rehabilitación y menos ansiedad y depresión.
El comunicado recoge asimismo resultados de la evaluación de un programa piloto nacional de Psicología en rehabilitación cardiaca comunitaria del Sistema Nacional de Salud británico, desarrollado en 2023-2024. La incorporación de profesionales de la Psicología a los equipos de rehabilitación cardiaca y cardiovascular se asoció con una mejora de la participación y de las tasas de finalización de los programas, también entre grupos de difícil acceso, como las personas con insuficiencia cardiaca.
La evaluación encontró también reducciones sustanciales de la ansiedad y la depresión al finalizar el programa y una mejora un 50% superior en el retorno al trabajo cuando se proporcionaba terapia psicológica individual dentro de la rehabilitación. Asimismo, concluyó que la integración de profesionales de la Psicología en los equipos multidisciplinares podría contribuir a reducir las visitas a urgencias y los reingresos hospitalarios. El documento cita, además, una evaluación de un servicio comunitario de rehabilitación tras un ictus en la que la incorporación de profesionales de la Psicología se relacionó con una reducción del 14% de los días de hospitalización por ictus y un ahorro superior a 913.000 libras durante 12 meses.
La Psicología como componente estándar de la rehabilitación cardiovascular.
A partir de la evidencia revisada, la BPS y la BACPR formulan seis recomendaciones. En primer lugar, consideran que la participación de profesionales de la Psicología debe convertirse en un componente estándar de la atención multidisciplinar en los programas de rehabilitación cardiovascular, con el objetivo de favorecer las mejores intervenciones y resultados posibles para los pacientes.
Asimismo, todos los equipos y programas de rehabilitación cardiovascular deberían disponer de acceso a apoyo psicológico adecuadamente formado, y la Psicología debería estar integrada en todas las fases de la rehabilitación cardiovascular. La planificación de las plantillas debe incorporar específicamente la dotación de profesionales de la Psicología dentro de la planificación general de los equipos multidisciplinares, de manera que puedan evaluarse y abordarse adecuadamente las múltiples necesidades de los pacientes y apoyar al resto de profesionales en sus intervenciones.
El documento recomienda firmemente la contratación de psicólogos y psicólogas en puestos específicamente integrados en los equipos de rehabilitación cardiovascular. Cuando esto no resulte posible, plantea modelos alternativos, como la creación de puestos de Psicología de ámbito regional o local que presten apoyo a varios equipos mediante un funcionamiento en red. También contempla, como medida provisional cuando existan dificultades para realizar contrataciones específicas en un plazo adecuado, la prestación de apoyo a distancia por profesionales de la Psicología de otras zonas, incluyendo supervisión y asesoramiento a los equipos, evaluación de pacientes e intervención psicológica.
Compromiso para reforzar la atención psicológica.
Junto a estas recomendaciones, la British Association for Cardiovascular Prevention and Rehabilitation concreta al final del comunicado las medidas con las que continuará respaldando esta integración. La BACPR se compromete a defender la necesidad de incorporar profesionales de la Psicología a los equipos de rehabilitación cardiovascular, apoyándose tanto en la experiencia expresada por los pacientes como en la evidencia clínica sobre su contribución a la atención y a los resultados de la rehabilitación.
La asociación continuará también proporcionando formación en competencias psicológicas, diseñada e impartida por profesionales de la Psicología pertenecientes a la BACPR, con el objetivo de mejorar las capacidades de otros miembros de los equipos y reforzar la atención psicológica y social dentro de los programas de rehabilitación cardiovascular. Asimismo, trabajará conjuntamente con la Sociedad Británica de Psicología (British Psychological Society, BPS) para desarrollar estándares mínimos de apoyo psicológico en este ámbito.
Finalmente, la BACPR anuncia que promoverá la creación de un registro voluntario de profesionales de la Psicología con experiencia en salud física y rehabilitación cardiovascular. Según el documento, este registro nacional permitiría a los servicios identificar de forma eficiente a profesionales acreditados que puedan contribuir a la rehabilitación de los pacientes, la formación del personal y la atención psicológica y social. Su objetivo último sería favorecer un acceso equitativo a la experiencia psicológica especializada en todo el Reino Unido y reforzar una atención verdaderamente biopsicosocial para las personas que viven con enfermedad cardiovascular.
Se puede acceder al documento completo desde la página web de la BPS o bien directamente aquí.
