La salud mental es un pilar fundamental del bienestar infantil, pero sigue siendo un ámbito en el que, con demasiada frecuencia, las voces de niños, niñas y adolescentes quedan en segundo plano. Con el objetivo de escuchar directamente sus experiencias, opiniones y perspectivas, Eurochild ha publicado el informe «How children feel. Children’s perceptions of mental health in 4 EU Member States», un documento que recoge las opiniones de 134 menores de, entre 6 y 17 años, en 4 países de la UE (a saber, Bulgaria, Croacia, Estonia y Malta). A través de conversaciones nacionales impulsadas por los National Eurochild Forums (NEFs), el informe busca comprender cómo definen la salud mental, qué factores consideran que la amenazan y qué cambios creen necesarios para proteger su bienestar psicológico.
Lejos de ofrecer una visión abstracta, el documento pone el foco en cómo los propios menores describen su bienestar psicológico en términos cotidianos: cómo se sienten, qué les preocupa, qué les genera estrés, qué les provoca malestar psicológico y, sobre todo, qué esperan de las personas adultas y de los sistemas de apoyo disponibles. A lo largo del informe, los y las participantes subrayan que la salud mental no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino profundamente vinculado con la vida escolar, las relaciones sociales, la familia y el entorno digital.
Eurochild, como red europea de organizaciones que trabajan con y para la infancia, sitúa esta consulta en el marco del derecho de niños y niñas a participar de forma significativa en los asuntos que les afectan. Bajo el principio «Nothing for us without us» («Nada sobre nosotros sin nosotros»), el informe reivindica que los y las menores son expertos/as en sus propias vidas y que sus percepciones deben incorporarse a las políticas públicas, especialmente, en un ámbito tan importante como la salud mental, donde la información cualitativa suele estar dominada por adultos, instituciones o responsables políticos.

Un contexto preocupante: aumento de problemas de salud mental infantil en Europa.
El informe enmarca esta consulta en una tendencia alarmante: el aumento paulatino en el número de menores que experimentan problemas de salud mental, exponiendo datos de 2024 publicados por UNICEF, según los cuales, habría aproximadamente 11,2 millones de niños en Europa con problemas de salud mental. Asimismo, cita el informe «Europe Kids Want» (co-desarrollado por Eurochild en 2024 a partir de consultas con más de 9.200 menores), en el que la salud mental aparece como la principal preocupación expresada por niños y adolescentes, siendo, la presión escolar un factor importante que afecta al bienestar, según dos de cada tres menores.
En este marco, Eurochild señala que, a pesar del creciente reconocimiento de la importancia de la salud mental, la perspectiva de niños, niñas y adolescentes sigue estando infrarepresentada en las discusiones políticas y en los sistemas de apoyo. Precisamente por ello, el informe pretende amplificar la voz de los y las menores de los cuatro países participantes, con el fin de que sus experiencias y recomendaciones influyan en políticas e iniciativas dirigidas a apoyar su bienestar mental.
Cómo definen la salud mental: bienestar psicológico, pensamientos y capacidad de afrontar el estrés.
Una de las primeras cuestiones planteadas en las consultas es directa: «¿Cómo definirías la salud mental?». Las respuestas de los y las menores ofrecen una visión amplia y profundamente conectada con su experiencia cotidiana. En los cuatro países, la asociación más frecuente al hablar de salud mental es el bienestar psicológico, seguido del procesamiento cognitivo y la capacidad para afrontar el estrés. Para muchos niños, niñas y adolescentes, la salud mental está vinculada a los pensamientos, los sentimientos y al estado general de la mente, influyendo de forma decisiva en la manera de vivir el día a día.
En esta línea, varios/as menores subrayan que una buena salud mental no es únicamente la ausencia de problemas, sino una «sensación interna de paz y estabilidad», en la que «no se vive con preocupación constante por los problemas».
Componentes de una buena salud mental: estabilidad emocional, conexión social y autoconfianza.
Cuando se les pregunta qué constituye una buena salud mental, niños, niñas y adolescentes de los cuatro países identifican tres componentes clave: estabilidad emocional, conexiones sociales y autoconfianza. Estas dimensiones se consideran esenciales para mantener el bienestar y afrontar los retos cotidianos.
También surge con fuerza la importancia de la alfabetización emocional, entendida como la capacidad de reconocer, comprender y expresar las emociones. Para algunos y algunas menores, esta alfabetización emocional forma parte inseparable de una buena salud mental, en tanto ayuda a mantener el equilibrio emocional y psicológico.
Además, algunos/as participantes destacan que la resiliencia es un componente esencial del bienestar mental: la capacidad de gestionar el estrés, afrontar dificultades y superar desafíos. En este sentido, se menciona que experiencias negativas o traumáticas pueden tener efectos a largo plazo sobre el bienestar psicológico, sobre todo, por la presencia de desencadenantes y traumas posteriores.
Salud mental y salud física: diferentes, pero profundamente conectadas.
El informe aborda también el modo en que los y las menores diferencian la salud mental de la salud física. Aunque reconocen que son ámbitos distintos, insisten en que están profundamente conectados. En sus testimonios, varios niños, niñas y adolescentes señalan que los problemas de salud física suelen ser más visibles y reconocidos, mientras que las dificultades de salud mental pueden ser igualmente devastadoras o incluso más, al operar de forma interna.
En este punto, el documento recoge expresiones especialmente contundentes sobre el malestar psicológico y el coste emocional de la mala salud mental. Los y las menores describen que la mala salud mental puede «consumir por dentro» y generar múltiples problemas que afectan a diferentes ámbitos de su vida, llegando incluso a consecuencias graves como el suicidio o las autolesiones.
La consulta también refleja cómo los problemas de salud física pueden impactar negativamente en la salud mental, a menudo a través del acoso escolar, la discriminación o el aislamiento social. Por ejemplo, consideran que condiciones como la obesidad o la discapacidad pueden derivar en situaciones de acoso, lo que, en su opinión, repercute en el bienestar psicológico. Algunos/as menores expresan frustración ante el hecho de que «mientras la sociedad presta atención inmediata a una lesión física, ignora el sufrimiento psicológico».
Estigma y barreras económicas: pedir ayuda no siempre es fácil.
Para algunos/as participantes no se está prestando la suficiente atención a la salud mental, en parte, por el estigma asociado a buscar ayuda profesional. Se menciona que, cuando se habla de terapia o de pedir apoyo, todavía existe una percepción social que lleva a algunas personas a pensar que deberían «arreglárselas solas». A ello se suma que la atención en salud mental puede ser costosa, lo que dificulta el acceso a estos servicios.
Otra preocupación que surge entre niños, niñas y adolescentes, es la falta de recursos de salud mental en los centros educativos. Algunos/as participantes señalan que en la escuela «se habla poco de salud mental», dirigiéndose el foco, casi exclusivamente, a la salud física.
Acoso escolar y violencia entre iguales.
En las conversaciones recogidas en el informe, el acoso escolar (también en entornos online) aparece de forma recurrente como una de las amenazas más graves para la salud mental y el bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes. Los/as participantes lo vinculan con consecuencias que pueden prolongarse en el tiempo y lo relacionan, además, con otras experiencias que deterioran su día a día, como la soledad, el aislamiento social, la exclusión y la presión asociada a una carga escolar excesiva. Asimismo, subrayan que el problema se agrava cuando falta una persona de confianza con la que poder hablar y pedir apoyo.
Junto a ello, los y las menores reclaman entornos escolares más amables y protectores, donde la violencia y la exclusión no se toleren y donde exista apoyo psicológico y emocional «real». En sus aportaciones, advierten también de que ciertas conductas —como la agresividad, el retraimiento o el aislamiento—, pueden ser señales de que algo no va bien y de que es necesario intervenir antes de que el malestar psicológico se intensifique.
Asimismo, el informe recoge que el acoso no siempre se presenta de forma evidente: algunos niños explican que puede darse dentro del propio grupo de amistades y que, en esos casos, resulta difícil reconocerlo a tiempo. En estas situaciones, la manipulación emocional y la exclusión reiterada pueden ser vividas como experiencias profundamente dañinas, comparables en impacto a formas más visibles de agresión.
En conjunto, todos y todas las participantes insisten en la necesidad de políticas más firmes contra el acoso, más apoyo para la salud mental en las escuelas y espacios seguros donde pedir ayuda sin miedo al juicio.
La presión escolar: estrés, ansiedad y agotamiento.
La escuela se describe como una fuente significativa de estrés, más que como un espacio de apoyo. Los y las menores hablan de presión académica, demandas constantes y altas expectativas que les hacen sentirse ansiosos y agotados.
Autoestima, validación y encaje social.
Otro tema recurrente es la lucha por la autoestima y la validación. Niños/as y adolescentes hablan de la presión por encajar y de cómo el autovalor depende con frecuencia de amistades, estatus social y expectativas externas. En este sentido, las amistades pueden ser un factor protector, pero también un riesgo cuando se combinan con escuela y acoso.
Redes sociales: comparación, adicción y espacios vulnerables para el acoso.
Los y las menores reconocen que las redes sociales pueden ser una fuente de conocimiento y conexión, pero también un riesgo relevante para el bienestar mental. El informe destaca que los entornos digitales favorecen el acoso, la comparación con estándares irreales y comportamientos adictivos.
En particular, se señala que plataformas de redes sociales y videojuegos online son espacios vulnerables donde se produce acoso, afectando a la autoestima de los y las menores. Se menciona la comparación con imágenes idealizadas y estándares irreales, lo que influye negativamente en la autopercepción.
También se subraya el papel del anonimato, que permite conductas dañinas con poca rendición de cuentas, y la preocupación por algoritmos que promueven contenidos perjudiciales, incluso cuando se reportan, siendo clave, para ellos/as que los entornos digitales sean más seguros y “amables”, donde la violencia no sea aceptada ni tolerada.
Espacios seguros para confiar: cuando falta la confianza aparece el aislamiento.
Eurochild dedica un capítulo completo a la necesidad de crear espacios seguros y de confianza donde niños, niñas y adolescentes puedan expresar pensamientos, sentimientos y emociones sin miedo a un juicio por parte de otros. El informe destaca que la confianza es fundamental, ya sea hacia las personas o hacia el entorno. Cuando un menor se siente seguro para confiar, es más probable que busque apoyo, desarrolle resiliencia y gestione mejor los desafíos. Por el contrario, cuando falta esa confianza, pueden aparecer sentimientos de aislamiento social, incremento del estrés y dificultades para afrontar la crítica o el malestar emocional.
A juicio de los y las menores una persona de confianza no solo escucha: también ofrece guía, tranquilidad y seguridad en momentos de duda o dificultad. En esa misma línea, se señala que la actitud general de las personas adultas influye en la confianza: deben ser abiertos, amables, respetuosos y honestos.
Con relación a los espacios, los centros educativos destacan como los lugares donde los y las menores deberían sentirse apoyados y no juzgados.
Señales de malestar psicológico: cambios emocionales y conductuales.
El informe identifica como indicadores principales los cambios conductuales y emocionales: alteraciones repentinas del estado de ánimo, energía o funcionamiento cognitivo. Los y las menores consideran que observar cambios respecto al comportamiento habitual puede ser una señal de alerta, si bien señalan que no siempre es fácil ver si alguien está sufriendo, porque algunos/as niños/as esconden sus emociones, lo que dificulta detectar si necesitan ayuda.
¿Cómo cuidar el bienestar mental?
Niños, niñas y adolescentes describen diversas estrategias para mantener una buena salud mental y bienestar psicológico, entre ellas, dormir lo suficiente, hacer deporte, cultivar hobbies y mantener interacciones sociales de apoyo, destacando el valor del apoyo social y de tener a alguien de confianza.
¿Qué piden a las personas adultas en relación con la salud mental?
Eurochild recoge un mensaje reiterado: los adultos (padres, docentes, trabajadores sociales o responsables políticos), desempeñan un papel clave en el bienestar psicológico infanto-juvenil.
A este respecto, sintetiza aquellos aspectos que niños, niñas y adolescentes consideran fundamentales para mejorar su salud mental. Sus peticiones se articulan en varias líneas de actuación muy concretas, centradas tanto en la escucha y la empatía como en cambios estructurales en los entornos educativos y en el acceso a apoyos profesionales.
En primer lugar, los y las menores reclaman que las personas adultas escuchen de verdad y muestren empatía, manteniendo una comunicación abierta y disponibilidad emocional, y reconociendo que niños, niñas y adolescentes también atraviesan emociones complejas y dificultades reales. Piden que no se les ignore ni se minimicen sus experiencias, sino que se les acompañe desde la presencia y la comprensión.
Asimismo, subrayan la importancia de que los adultos —en especial padres y docentes— aprendan a identificar señales tempranas de problemas de salud mental, de manera que la intervención pueda llegar a tiempo y no se demore hasta que el malestar psicológico sea más intenso o difícil de gestionar.
Pero una de las demandas más destacadas es que las escuelas dejen de centrarse únicamente en el rendimiento académico y pasen a cuidar activamente la salud mental y el bienestar del alumnado. En este sentido, los y las menores piden que los centros educativos no solo “se preocupen por las notas”, sino que incorporen un enfoque que reduzca la presión escolar y facilite más espacio para el descanso, el juego, los hobbies, el tiempo en la naturaleza y las amistades, como elementos vinculados al bienestar emocional.
Y, de manera especialmente relevante, solicitan la presencia de profesionales formados dentro de la escuela, que sean fácilmente accesibles y que puedan ofrecer apoyo confidencial. Esta reivindicación aparece en el propio llamamiento final como una petición clara: disponer en el ámbito escolar de personal especializado que no solo exista en teoría, sino que esté disponible de forma cercana y sin barreras para los menores.
Esta demanda se concreta todavía más en distintos testimonios recogidos a lo largo del informe, donde los/as participantes mencionan explícitamente la figura del psicólogo como un recurso que debería estar presente en los centros educativos, y con quien pudieran hablar en cualquier momento, sin que el acceso dependa exclusivamente de una cita previa.
Con relación a los servicios, en los cuatro países, niños, niñas y adolescentes perciben dificultades para acceder a apoyo profesional en salud mental. Se citan barreras como tiempos de espera largos, estigma (creencia de que pedir ayuda implica «estar loco/a»), falta de información sobre servicios disponibles y dudas sobre la confidencialidad.
Ante esto, piden que el apoyo en salud mental sea accesible, gratuito, y esté disponible y diseñado, pensando específicamente en la infancia y la adolescencia. Se reitera, nuevamente, su petición de que la terapia y el acompañamiento psicológico sean más accesibles, especialmente, dentro de las escuelas, donde consideran que puede garantizarse un acceso más equitativo y cercano.
Por último, reclaman una acción decidida para romper el estigma que todavía rodea a la salud mental. Piden que tanto adultos como menores reciban educación y sensibilización, de forma que el hecho de pedir ayuda no se asocie a vergüenza ni a juicio social, sino que sea algo aceptado y normalizado.
Se puede acceder al informe completo desde la página web de Eurochild o bien directamente aquí.
