Sanidad apuesta por una atención paliativa más integral y reconoce la atención psicológica como un componente esencial
01 Jun 2026

El Ministerio de Sanidad ha publicado el documento 2026-2030 para el desarrollo de la Estrategia de Cuidados Paliativos, un nuevo marco aprobado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) el pasado mes de abril, mediante el cual se redefine el abordaje de estos cuidados en España y que, tras veinticinco años desde el primer Plan Nacional, refuerza su consideración como un derecho del individuo, independientemente de su patología o lugar de residencia.

La Estrategia de Cuidados Paliativos 2026-2030 del Sistema Nacional de Salud (SNS) ha sido elaborada a través de un proceso colaborativo en el que han participado el Comité Institucional —integrado por las comunidades autónomas— y un Comité Técnico formado por expertos (entre ellos, psicólogos clínicos y psicólogos generales sanitarios), sociedades científicas y asociaciones de pacientes.

El nuevo documento introduce un cambio relevante en el modelo asistencial, al señalar que la identificación de las necesidades paliativas no debe basarse únicamente en el pronóstico o en la fase terminal de la enfermedad, sino también en el sufrimiento causado por la enfermedad como criterio principal de intervención. Este enfoque implica una ampliación sustancial de la población diana y una concepción más integral de la atención.

Según señala en su texto, actualmente, el 75% de las muertes en España están relacionadas con enfermedades crónicas con necesidades paliativas. De ese porcentaje, aproximadamente, un 25% corresponde a cáncer y un 50% a enfermedades no oncológicas, como demencias, insuficiencias orgánicas, multimorbilidad o fragilidad avanzada.

Fuente: magnific.com. Autoría: jcomp. Descarga: 29/05/26.
El nuevo perfil de las necesidades paliativas exige un abordaje biopsicosocial y multidisciplinar.

Los datos recogidos indican que la prevalencia de personas adultas con necesidades paliativas se sitúa en torno al 1,4%-1,6% de la población general y que el grupo predominante ya no es el oncológico, sino el formado por personas con multimorbilidad y fragilidad avanzada. Este cambio epidemiológico obliga, según el documento, a desarrollar modelos asistenciales más prolongados, coordinados y multidisciplinares.

Precisamente, uno de los aspectos más relevantes desde la perspectiva psicológica es el reconocimiento explícito de que el sufrimiento asociado a estas enfermedades no puede abordarse únicamente desde un enfoque biomédico, sino desde un prisma biopsicosocial, siendo fundamental que la atención contemple dimensiones físicas, psicológicas, sociales y espirituales.

En este sentido, en línea con la Sociedad Europea de Cuidados Paliativos (EAPC), la Estrategia 2026-2030 expone que el abordaje de los aspectos psicológicos es un componente esencial de los cuidados paliativos y reconoce que los pacientes y sus familiares afrontan “múltiples situaciones altamente estresantes” que pueden generar elevados niveles de malestar psicológico y emocional, motivo por el que es imprescindible garantizar el acceso a una atención psicológica adecuada.

La atención psicológica, un componente esencial aún insuficientemente integrado en los cuidados paliativos.

Señala, además, una carencia importante del sistema sanitario: en algunas comunidades autónomas, los equipos de cuidados paliativos siguen sin contar con la figura del psicólogo como miembro básico de los equipos, siendo, en ocasiones, los psicólogos y las psicólogas procedentes de asociaciones de pacientes o a través de convenios con el tercer sector quienes brindan la atención psicológica. Esta ausencia limita el acceso de pacientes y familias a intervenciones especializadas que podrían contribuir significativamente al alivio del sufrimiento y a la mejora del bienestar psicológico.

De hecho, en su texto, la Estrategia recuerda que el documento ministerial “Unidades de Cuidados Paliativos: estándares y recomendaciones”, publicado en 2009, ya establecía la necesidad de incorporar al psicólogo/a en los equipos de atención paliativa para proporcionar soporte emocional al paciente y a la familia, intervenir en situaciones complejas, participar en el acompañamiento espiritual, atender el duelo y apoyar también a los propios profesionales sanitarios, contemplando una dotación orientativa de un profesional de la Psicología por cada 35 camas ((0,2 profesionales por cada 7 camas) en las Unidades de Cuidados Paliativos.

Otra de las novedades importantes de la Estrategia es que, dentro de la mejora de la coordinación entre los distintos niveles asistenciales que atienden a pacientes con estas necesidades, fija el Objetivo específico 2.7., orientado a “proporcionar acceso a los recursos de atención psicológica tanto a los y las pacientes como a los familiares que lo precisen y que afrontan una enfermedad amenazante para la vida, en el marco del programa de cuidados paliativos y posteriormente si se necesita, en la fase de duelo”. Entre las acciones previstas se incluye la realización sistemática de cribados de malestar psicológico y emocional mediante herramientas validadas y su incorporación en la historia clínica electrónica.

Además, el documento establece que, en función de los resultados de estos cribados, deberá proporcionarse atención psicológica especializada cuando sea necesario. En este sentido, recomienda incluir al o la profesional de psicología clínica en los equipos multidisciplinares de cuidados paliativos, tanto de adultos como pediátricos.

Un modelo escalonado de atención e intervención psicológicas para responder a las distintas necesidades de pacientes y familiares.

Con relación a esto, define distintos niveles e intervenciones psicológicas en cuidados paliativos, basándose en el modelo NICE del Reino Unido. Este sistema plantea qué profesional y qué tipo de intervención psicológica pueden realizar los diferentes miembros del equipo, asignándose, para ello, un nivel de atención de 1 a 4, con complejidad y especialización creciente.

El primero corresponde a todos los y las profesionales de cuidados de la salud y la atención social, que deben ser capaces de detectar necesidades psicológicas y proporcionar comunicación compasiva y apoyo psicológico básico. El segundo nivel incluye a profesionales de cuidados de la salud y la atención social con experiencia adicional, que puedan realizar cribado (screening) y evaluación psicológica, e intervengan aplicando técnicas psicológicas de resolución de problemas y ayuda en la toma de decisiones. El tercero incorpora a profesionales capacitados y acreditados para la evaluación del malestar psicológico y psicodiagnóstico, así como en la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales y de consejo psicológico, mientras que el cuarto nivel correspondería a especialistas en salud mental encargados del diagnóstico psicopatológico y de brindar terapias psicológicas especializadas.

Otro de los ejes prioritarios de la Estrategia es la identificación precoz de las personas con necesidades paliativas. Para ello, propone incorporar herramientas validadas como NECPAL 4.0 en la historia clínica informatizada. El objetivo es facilitar la detección temprana de pacientes con enfermedades crónicas avanzadas y activar precozmente el enfoque paliativo. Desde la perspectiva psicológica, esta detección temprana puede permitir intervenir antes sobre el sufrimiento emocional, la ansiedad, la depresión, el miedo o la incertidumbre, favoreciendo procesos de adaptación más saludables tanto en pacientes como en familiares.

La intervención temprana y el apoyo a las familias, claves en la atención paliativa pediátrica.

El documento dedica también una atención específica a la población pediátrica y adolescente, estimando que, en España, hay alrededor de 65 menores por cada 10.000 niños y niñas con necesidades de cuidados paliativos pediátricos. Las necesidades y problemas propios del niño/a y su familia son diversos y complejos y se relacionan tanto con la esfera física como con el ámbito psicológico y emocional, social, espiritual y, sobre todo, el educativo.

Tal y como indica, concretamente, en la edad pediátrica, la familia y el niño/a deben entenderse como una unidad indivisible, «habida cuenta de la relación de dependencia emocional y de cuidado que existe entre sus miembros en esta etapa». La socialización y la atención específica en el ámbito escolar también suponen un eje crucial de atención en las personas con necesidades paliativas pediátricas a lo largo de todo su desarrollo. Teniendo esto en cuenta subraya la importancia de iniciar precozmente los cuidados paliativos pediátricos desde el momento del diagnóstico e incluso durante la etapa prenatal en determinados casos.

Asimismo, reconoce las necesidades específicas de adolescentes y adultos jóvenes, señalando que este grupo presenta elevados niveles de angustia psicológica, necesidades insatisfechas y peor calidad asistencial al final de la vida.

La Estrategia también pone el foco en las desigualdades sociales, de género y edad en el acceso a los cuidados paliativos.

Otro de los apartados más relevantes de la Estrategia es el dedicado a los determinantes sociales y a las desigualdades en salud. Así, aborda explícitamente el impacto del género, la edad, la situación socioeconómica o el territorio sobre el acceso y la calidad de la atención paliativa.

En lo referente al género, el texto advierte de que las mujeres continúan soportando una carga desproporcionada de cuidados informales y subraya que esta situación repercute negativamente en su salud física, emocional y económica. También alerta de sesgos de género en la evaluación del dolor y de diferencias en la atención emocional recibida por hombres y mujeres.

De igual modo, se aborda el fenómeno del edadismo, manifestando que las personas mayores encuentran con frecuencia dificultades para acceder a una atención adecuada, pese a presentar necesidades más complejas.

Coordinación, atención comunitaria y apoyo emocional: las claves del nuevo modelo de cuidados paliativos.

La Estrategia también apuesta por reforzar la atención continuada 24 horas, potenciar la telemedicina y mejorar la coordinación entre atención primaria, hospitales, trabajo social y recursos comunitarios. En zonas rurales o con alta dispersión geográfica, considera esencial fortalecer el papel de la atención primaria y desarrollar sistemas de coordinación estrecha con los equipos especializados.

Especial relevancia adquiere la figura del o de la profesional de enlace o enfermera gestora de casos, concebida como elemento clave para garantizar la continuidad asistencial, coordinar recursos y mejorar la experiencia del paciente y su familia.

Por otro lado, el nuevo documento incorpora una dimensión comunitaria mediante el impulso de modelos de “comunidades compasivas”, orientados a implicar a la sociedad civil, el voluntariado y las redes comunitarias en el acompañamiento al final de la vida. Este enfoque busca reducir el aislamiento y reforzar el apoyo social y emocional de pacientes y familias.

En conjunto, la nueva Estrategia de Cuidados Paliativos 2026-2030 representa un cambio relevante en la organización de la atención paliativa en España, apostando por un modelo más inclusivo, multidisciplinar y centrado en la persona, en el que la salud mental, el apoyo psicológico y el alivio integral del sufrimiento adquieren un papel prioritario dentro del Sistema Nacional de Salud.


Se puede acceder al documento desde la página web del Ministerio de Sanidad o bien directamente aquí.

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