Contenido elaborado por Jóvenes Profesionales de la Psicología (División Académica – SEP)
Una vez superado el acceso a la universidad, comienza una fase decisiva: la adaptación al primer curso. En Psicología, los datos disponibles muestran que este periodo requiere atención tanto por parte del alumnado, como de las propias universidades.
Entrar en Psicología no cierra el proceso de elección; lo transforma. Tras la PAU/EVAU y tras realizar su inscripción, muchos estudiantes descubren una carrera amplia, científica y exigente, que no siempre coincide con la imagen que se habían formado de la profesión.
El Informe CYD 2025 sitúa Psicología entre los estudios con mayor presión de demanda en las universidades públicas presenciales. Sin embargo, también recoge un dato relevante: en el curso 2023-2024, Psicología registró una tasa de rendimiento (porcentaje de créditos aprobados respecto al total de créditos matriculados inicialmente) del 76,9% y una tasa de abandono en primer año del 31,6%, que se encuentra por encima del promedio general en la tasa de abandono (31,6% respecto al 22,1% general) y por debajo en el de rendimiento (76,9% respecto al 80% general).
Del interés por la Psicología a la realidad del grado.
Muchas personas llegan a Psicología motivadas por el interés en la salud mental, la ayuda a otras personas o la comprensión del comportamiento humano. Esa motivación puede ser un buen punto de partida, pero el grado incluye contenidos mucho más amplios.
Durante los primeros cursos hay asignaturas como metodología, estadística, psicobiología, aprendizaje, desarrollo, personalidad, evaluación o psicología social. Para parte del alumnado, el encuentro con la dimensión científica y metodológica puede suponer un ajuste importante.
Por ello, la orientación no debería limitarse a explicar las salidas profesionales. También debe ayudar a comprender qué se estudia realmente, qué competencias se desarrollan y qué nivel de exigencia académica implica el grado (cualquier grado) desde el inicio.
El abandono no tiene una única causa.
Los datos sobre abandono deben interpretarse con cautela. En el Informe CYD, esta tasa se refiere al alumnado que no vuelve a matricularse en el mismo estudio durante los dos cursos siguientes. No permite identificar causas concretas, ni atribuir el abandono automáticamente a una falta de capacidad o vocación.
En el curso 2023-2024, la tasa media de abandono en el primer año en los grados españoles fue del 22,1%. En Psicología alcanzó el 31,6%, mientras que titulaciones como Medicina o Veterinaria registraron cifras inferiores al 10%.
El abandono también varía según las condiciones de estudio. En los grados presenciales fue del 17,1%, mientras que en las universidades a distancia alcanzó el 44,7%. Además, las mujeres presentaron mejores resultados académicos y menor tasa de abandono que los hombres.
Estos contrastes muestran que el abandono no depende solo de la titulación elegida. También influyen las expectativas previas, el acompañamiento disponible, las estrategias de estudio o las circunstancias personales.

Acompañar mejor durante el primer curso.
El primer año debería entenderse como una etapa preventiva. Las universidades pueden desempeñar un papel importante mediante tutorías académicas, mentorías entre estudiantes, apoyo en asignaturas metodológicas y orientación sobre itinerarios formativos.
También resultaría útil ofrecer información clara sobre las competencias que se desarrollan y las expectativas reales sobre la carrera. Esto puede ayudar especialmente a estudiantes que son de primera generación universitaria o que no cuentan con referentes cercanos en Psicología.
La orientación no debe verse solo como una respuesta ante dificultades. También puede servir para confirmar intereses, descubrir áreas de la disciplina y construir una relación más ajustada con la carrera.
Qué puede hacer el alumnado.
Quienes comienzan Psicología pueden beneficiarse de algunas acciones sencillas: revisar las guías docentes, pedir ayuda temprana ante posibles dificultades, participar en tutorías, hablar con estudiantes de cursos superiores y explorar distintas áreas de la profesión sin precipitarse hacia una única salida.
El primer curso no tiene que resolver toda la trayectoria profesional. Su función principal es construir una base académica sólida, desarrollar hábitos de estudio y familiarizarse con el lenguaje científico de la disciplina.
De la adaptación a la planificación.
Una buena orientación inicial puede reducir decisiones basadas en expectativas poco ajustadas. Pero, una vez superado el primer curso, aparece otro reto: empezar a construir un itinerario académico y profesional coherente.
La adaptación al grado y la planificación de la carrera no son etapas separadas. Primero se trata de entender la formación; después, de decidir hacia dónde orientar las prácticas, la especialización y el desarrollo profesional.
Fuentes.
Fundación CYD. (2025). Informe CYD 2025. Capítulo 1: La universidad española: oferta académica, organización y financiación.Fundación CYD.
Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. (s. f.). QEDU: Qué estudiar y dónde en la universidad.
