Cada vez más estudiantes llegan a la universidad sin las competencias básicas de lectura y matemáticas, según un análisis de The Economist
07 Jul 2026

Un número creciente de estudiantes accede a la educación superior sin dominar competencias básicas de comprensión lectora y matemáticas que deberían haberse adquirido años antes. En los países de la OCDE, alrededor del 8% del alumnado universitario obtiene resultados en alfabetización y competencia numérica equivalentes a los esperados en un niño o niña de diez años, una proporción que, además, ha aumentado de forma significativa durante la última década. A ello, se suma el uso cada vez más extendido de la inteligencia artificial en las tareas académicas, lo que reabre el debate sobre la calidad y el nivel de exigencia de la enseñanza superior.

Así lo expone un amplio análisis publicado por la revista The Economist, a través del cual analiza la evolución de las competencias académicas de los y las estudiantes universitarios/as a partir de datos de la Encuesta sobre Competencias de la Población Adulta (Survey of Adult Skills) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, Organisation for Economic Co-operation and Development), junto con informes elaborados por diversas universidades estadounidenses y otros estudios recientes sobre educación superior. El artículo analiza las causas del deterioro observado, las diferencias entre países y los retos que este fenómeno plantea para las universidades y los sistemas educativos.

estudiantes sin competencias
Fuente: Magnific. Autoría: freepik. Descarga: 02/07/26.
Profesores universitarios alertan de un deterioro sin precedentes en la preparación académica.

El análisis parte de la creciente preocupación manifestada por docentes universitarios de Estados Unidos, y recogida a través de una carta abierta, firmada recientemente por más de 1.800 profesores de Matemáticas y Ciencias de la Universidad de California, en la que advierten de que un número cada vez mayor de estudiantes de primer curso llega a la universidad sin las competencias necesarias para afrontar con éxito las asignaturas iniciales.

Según señalan, en el campus de Berkeley, entre un 20% y un 30% del alumnado matriculado en un curso introductorio de cálculo presenta «graves déficits de preparación», hasta el punto de que el profesorado se ve obligado a volver a enseñar contenidos propios de la educación secundaria obligatoria.

Las carencias del alumnado universitario se extienden a las competencias matemáticas y a la comprensión lectora.

Esta misma preocupación ya había sido puesta de manifiesto meses antes, en otro informe elaborado por la Universidad de California en San Diego. En este caso, los responsables académicos constataron que el número de estudiantes de primer curso con conocimientos matemáticos inferiores al nivel esperado al finalizar la enseñanza secundaria se había multiplicado por casi treinta en apenas cinco años, hasta representar casi uno de cada ocho estudiantes. Además, aproximadamente el 70% de estos y estas estudiantes de universidad, no alcanzaba el nivel competencial esperado para un/a adolescente de 14 años.

Según The Economist, estas dificultades no se limitan a las matemáticas. También numerosos profesores universitarios vienen advirtiendo desde hace años de un deterioro de las competencias lectoras. Docentes de literatura describen estudiantes incapaces de completar la lectura de libros completos y, de acuerdo con un informe interno elaborado en la Universidad de Harvard, parte del profesorado de Humanidades y Ciencias Sociales ha optado por acortar los textos obligatorios debido a que el alumnado llega con menos experiencia en la lectura de textos complejos, menor capacidad de concentración y menor capacidad para mantener la atención durante periodos prolongados, encontrando dificultades con lecturas que, según los propios docentes, hace apenas diez años resultaban habituales para estudiantes del mismo nivel.

Los datos internacionales confirman que el problema va más allá de las percepciones del profesorado.

Aunque las quejas del profesorado universitario no son nuevas, The Economist subraya que resulta difícil evaluar esta evolución porque, una vez finalizada la educación secundaria, la mayoría de los países carece de evaluaciones estandarizadas que permitan comparar el nivel real del alumnado universitario.

Para superar esta limitación, el artículo recurre a la Encuesta sobre Competencias de la Población Adulta de la OCDE, una evaluación internacional que se realiza aproximadamente cada diez años y que mide las habilidades funcionales de la población adulta en comprensión lectora y competencia matemática.

Para este análisis, The Economist solicitó específicamente a la OCDE los resultados correspondientes a personas menores de 35 años que se encontraban cursando estudios de educación terciaria, es decir, estudiantes universitarios y de otras enseñanzas superiores.

Los resultados muestran que, aunque una parte importante del alumnado alcanza niveles elevados de rendimiento, existe un porcentaje preocupante con competencias muy limitadas. En el conjunto de los países de la OCDE, casi un 8% de los y las estudiantes de educación superior obtiene en comprensión lectora un rendimiento situado en el nivel más bajo de la escala, equivalente al esperado para un escolar de unos diez años. Una proporción prácticamente idéntica se observa en competencia matemática.

Más preocupante aún resulta la evolución temporal. Se observa que la proporción de estudiantes universitarios con niveles muy bajos de comprensión lectora se ha más que duplicado respecto a la evaluación realizada algo más de una década antes, lo que sugiere que el problema no constituye un fenómeno puntual, sino una tendencia sostenida en numerosos sistemas educativos.

Importantes diferencias entre países.

Los datos muestran asimismo una notable variabilidad internacional. Mientras que Reino Unido presenta resultados próximos o ligeramente mejores que la media de la OCDE y ha mostrado cierta mejoría respecto a la evaluación anterior, Estados Unidos figura entre los países con resultados más preocupantes. Por su parte, España figura por encima de la media de la OCDE tanto en comprensión lectora como en competencia matemática, aunque lejos de los países con peores resultados.

En el caso estadounidense, uno de cada siete estudiantes universitarios obtiene en comprensión lectora resultados equivalentes al nivel de educación primaria, cuando una década antes esa proporción era aproximadamente uno de cada veinte. En competencia matemática, la situación resulta aún más desfavorable: casi uno de cada cinco estudiantes universitarios se sitúa en el nivel más bajo de rendimiento.

La pandemia, el descenso del rendimiento escolar y los cambios sociales, entre las posibles explicaciones.

El análisis señala que una parte importante de las dificultades detectadas en la universidad tiene su origen en etapas educativas anteriores. En este sentido, destaca el profundo impacto que tuvo la pandemia de la COVID-19 sobre la escolarización: entre los cierres de los centros educativos, los sistemas de enseñanza híbrida, las cuarentenas y otras interrupciones de la actividad presencial -que, en determinados casos, prolongaron las dificultades de aprendizaje-, se vivió una situación descrita por los docentes como “si determinados estudiantes no hubieran ido al instituto”. No obstante, The Economist advierte de que el deterioro del rendimiento académico ya había comenzado antes de la crisis sanitaria.

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Fuente: Magnific. Autoría: pvproductions. Descarga: 02/07/26.
No existe consenso sobre las causas del deterioro.

Las razones que explican esta evolución continúan siendo objeto de debate. Entre los factores que se mencionan, figura el aumento de la inmigración en algunos países, dado que parte del alumnado recién llegado procede de contextos socioeconómicos más desfavorecidos y, con mayor frecuencia, habla en su hogar una lengua distinta de la utilizada en la escuela.

Al mismo tiempo, algunos especialistas atribuyen el deterioro a determinadas reformas educativas que, a su juicio, habrían reducido la importancia de las evaluaciones y de los mecanismos de exigencia académica, sustituyendo programas centrados en la adquisición de conocimientos por otros que conceden mayor protagonismo a las denominadas competencias o habilidades transversales. The Economist presenta estas explicaciones como parte del debate existente, sin posicionarse a favor de ninguna de ellas.

El aumento del tiempo frente a las pantallas y el descenso de la lectura.

Otro de los aspectos analizados es la posible influencia del creciente uso de las pantallas. The Economist reconoce en su artículo que las afirmaciones según las cuales las redes sociales estarían «reconfigurando» el cerebro de niños/as y adolescentes recuerdan a otras preocupaciones surgidas décadas atrás respecto a la televisión o los videojuegos. Sin embargo, sostiene que existen menos dudas acerca de un efecto concreto: el tiempo dedicado a las pantallas ha desplazado otras actividades consideradas más enriquecedoras, especialmente, la lectura.

Asimismo, indica que el deterioro de la comprensión lectora no afecta únicamente a los y las estudiantes más jóvenes. Los datos de la OCDE muestran que también las personas adultas presentan un descenso de esta competencia, posiblemente porque, en comparación con décadas anteriores, cada vez leen con menor frecuencia textos largos y complejos, reduciendo así la práctica necesaria para mantener dichas habilidades.

Las universidades también son parte del problema, según el análisis.

Aunque reconoce la importancia de los factores previos a la universidad, The Economist sostiene que las propias instituciones de educación superior no pueden considerarse únicamente observadoras pasivas de esta situación.

Tal y como explica, durante décadas, algunos críticos han acusado a universidades y centros de educación superior de rebajar progresivamente sus requisitos de acceso para atraer a un mayor número de estudiantes. Actualmente, esta presión podría incluso intensificarse en determinados países debido al descenso demográfico. Con un número cada vez menor de jóvenes de 18 años, algunas instituciones podrían verse tentadas a flexibilizar sus criterios de admisión para evitar perder alumnado o reducir su tamaño.

La inteligencia artificial añade un nuevo desafío.

El análisis dedica también un amplio espacio al impacto de la inteligencia artificial generativa en la educación superior. Según una encuesta realizada en Reino Unido por el Higher Education Policy Institute (HEPI), el 94% de los y las estudiantes universitarios/as afirma utilizar herramientas de inteligencia artificial para realizar trabajos evaluables, mientras que el 12% reconoce haber copiado directamente textos generados por estas herramientas, frente al 3% registrado en 2024. Además, casi la mitad del alumnado de disciplinas STEM y una cuarta parte del alumnado de Humanidades considera que los contenidos generados por inteligencia artificial obtendrían una buena calificación en sus asignaturas.

Mantener las competencias básicas, un reto para la educación superior.

Como conclusión, The Economist advierte de que las universidades afrontan un doble desafío: atender a un alumnado que llega con carencias crecientes, sin tener que renunciar a la calidad y al rigor académico. A este respecto, alerta de que asumir que la inteligencia artificial hará innecesarias las competencias básicas de lectura, escritura o razonamiento matemático no constituye una adaptación pragmática a los nuevos tiempos, sino el riesgo de rebajar las expectativas sobre la formación universitaria.


Se puede acceder al artículo completo aquí.

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