La ansiedad en jóvenes se duplica y 1 de cada 7 presenta un trastorno de salud mental
19 Feb 2026

La salud mental de la población más joven se está deteriorando con el tiempo hasta alcanzar cifras preocupantes, de forma que más de 30 millones de niños, niñas y adolescentes de hasta 19 años presentan algún tipo de trastorno mental en la Región Europea, una situación que se agrava conforme aumenta la edad. Este es uno de los aspectos señalados en el informe «Salud mental infantil y juvenil en la Región Europea de la OMS: situación y acciones para fortalecer la calidad de la atención», publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud (Oficina Regional para Europa). El documento pone de manifiesto que, a pesar de la creciente demanda de ayuda, los sistemas actuales no están respondiendo adecuadamente a las necesidades de esta población vulnerable, evidenciando profundas brechas en la disponibilidad de servicios y en la fuerza laboral especializada.

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Metodología.

Para la realización de este informe, la Organización Mundial de la Salud llevó a cabo una recopilación exhaustiva de datos, utilizando un enfoque pragmático para identificar conjuntos de datos relevantes publicados a partir de 2018 que cubrieran la Región Europea. Se incluyeron 16 informes de la organización y tres bases de datos internacionales, consolidando información dispersa sobre prevalencia, factores de riesgo, gobernanza y servicios.

Una crisis creciente en cifras.

El estudio revela una tendencia al alza innegable: la prevalencia de trastornos mentales en el grupo de 0 a 19 años ha aumentado un 34% desde el año 2010. Dentro de este incremento, los datos son especialmente alarmantes para los trastornos de ansiedad, que prácticamente se han duplicado, pasando de afectar a poco más del 3,5% de esta población en el año 2000 a más del 7% en 2023.

Los autores del texto destacan que las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas, especialmente en la adolescencia tardía. Mientras que en el rango de 0 a 14 años la diferencia entre sexos es mínima, la brecha se ensancha considerablemente al llegar a la franja de 15 a 19 años, donde una de cada cuatro mujeres presenta un problema de salud mental, en comparación con uno de cada cinco hombres. Al desglosar los diagnósticos, se observa que la tasa de mujeres que viven con ansiedad es casi el doble que la de los hombres, mientras que ellos presentan tasas más altas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

El suicidio: una realidad alarmante.

Uno de los datos más impactantes que arroja el documento es que el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. Aunque las mujeres reportan mayores tasas de trastornos mentales, son los hombres quienes fallecen por suicidio con una frecuencia tres veces mayor que las mujeres en este grupo de edad.

A pesar de la gravedad de estas cifras, el informe ofrece un dato esperanzador: desde el año 2000, el número total de muertes por suicidio en niños, niñas y adolescentes ha disminuido significativamente, reduciéndose en un 60% para el grupo de 15 a 29 años. No obstante, los expertos de la Organización Mundial de la Salud insisten en que «cada niño cuenta» y que es imperativo seguir trabajando en la prevención, puesto que el suicidio sigue siendo una de las principales causas de años de vida perdidos por muerte prematura o discapacidad.

El entorno digital y escolar bajo la lupa.

El análisis subraya que los entornos cotidianos no están respaldando adecuadamente el bienestar emocional de los menores. Aproximadamente la mitad de los niños y jóvenes están expuestos a experiencias adversas en la infancia, y uno de cada cinco declara no contar con apoyo social.

El entorno escolar y digital presenta desafíos mixtos. Se ha observado un descenso en la satisfacción escolar desde 2018, y uno de cada diez adolescentes reporta haber sufrido ciberacoso. Además, surgen nuevas preocupaciones relacionadas con el comportamiento online: el uso problemático de las redes sociales y el riesgo de adicción a los videojuegos han aumentado, afectando al 11% y al 12% de los adolescentes respectivamente. En cuanto al consumo de sustancias, el alcohol sigue siendo la sustancia más utilizada, seguida de los cigarrillos electrónicos o «vapeadores», cuyo uso ha ido en aumento.

Respecto al impacto de la pandemia de COVID-19, los resultados son variados. Aproximadamente el 30% de los adolescentes informó que esta situación tuvo un impacto negativo en su bienestar mental, mientras que una proporción similar reportó efectos positivos y el resto, neutrales. Sin embargo, los cuidadores de niños más pequeños (6 a 9 años) percibieron un deterioro mayor, señalando que casi la mitad de sus hijos mostraron un deterioro en su capacidad para divertirse.

Lagunas en la atención y falta de profesionales.

El informe denuncia que los servicios de salud mental para niños y adolescentes se concentran excesivamente en los hospitales, en lugar de estar integrados en las comunidades donde los jóvenes viven y estudian. Uno de cada cuatro países carece de servicios ambulatorios comunitarios y dos tercios no disponen de servicios de salud mental en las escuelas.

La fuerza laboral es, a juicio de los autores, insuficiente para satisfacer las necesidades de la población. Para ilustrar esta carencia, el documento señala que existe una mediana de un psiquiatra infantil por cada 76.000 niños y adolescentes en la región. Si se considera la prevalencia de trastornos, esto significa que hay aproximadamente un trabajador de salud mental especializado por cada 2.800 menores con alguna condición diagnosticada. Además, la cantidad de psiquiatras infantiles ha fluctuado, mostrando descensos en varios países entre 2020 y 2024.

La respuesta política y la gobernanza.

A pesar de la magnitud del problema, la gobernanza en esta materia presenta deficiencias notables. Uno de cada cinco países de la región carece de una política o plan específico para la salud mental infantil y adolescente. Asimismo, existe una falta de datos sobre cómo la legislación protege los derechos de los menores con problemas de salud mental y sobre la existencia de políticas multisectoriales que aborden el problema de forma integral.

No obstante, según se detalla en el documento, se han registrado algunos avances. El número de países que informan tener una estrategia o plan ha aumentado progresivamente desde 2016. Además, la mayoría de los países cuentan con programas de prevención y promoción a nivel nacional, siendo los más comunes los enfocados en el desarrollo de la primera infancia y los programas escolares.

Hacia una mejora de la calidad asistencial.

El documento concluye con una llamada a la acción para estandarizar y mejorar la calidad de la atención. Los autores proponen una serie de acciones concretas, que incluyen las siguientes:

  • Gobernanza y políticas integradas: crear planes nacionales, legislación y políticas multisectoriales que incluyan indicadores y estándares de calidad.
  • Financiación con incentivos: usar mecanismos económicos para premiar la atención de calidad y reducir los costes de los usuarios.
  • Estandarización y guías clínicas: definir qué es una atención de calidad mediante protocolos y prácticas basadas en la evidencia, apoyadas por auditorías y herramientas digitales.
  • Mejora continua: implantar procesos cíclicos de evaluación y aprendizaje en todos los niveles.
  • Rediseño de los servicios: adaptar los modelos de atención a las preferencias de los jóvenes, promoviendo espacios accesibles y el uso de tecnología digital.
  • Participación activa de la comunidad: implicar a niños, familias y comunidades en la toma de decisiones y diseño de servicios.
  • Fortalecimiento de la fuerza laboral: invertir en profesionales capacitados y motivados, junto con comunidades y docentes, para ofrecer una atención coherente y humana.
  • Evaluación centrada en el usuario: evaluar resultados que importen realmente a los pacientes, más allá de cifras estructurales, como la satisfacción o la confianza en el sistema.
  • Investigación e intercambio de conocimiento: promover estudios colaborativos e internacionales para identificar buenas prácticas y expandir innovaciones efectivas.

En definitiva, «mejorar la calidad de la atención no es solo una ambición técnica, es un imperativo moral y humano», afirman los responsables del informe, recordando que invertir en la salud mental de los más jóvenes es invertir en un futuro más resiliente para toda la región.

Fuente.

World Health Organization Regional Office for Europe. (2025). Child and youth mental health in the WHO European Region: Status and actions to strengthen quality of care. (WHO/EURO:2025-12824-52598-81473). https://www.who.int/europe

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