La huella psicológica del cambio climático: ecoansiedad, depresión y estrés en la era de la crisis ambiental
04 Jun 2026

La crisis climática no solo está alterando ecosistemas, economías y modos de vida: está dejando una huella profunda, creciente y, en muchos casos, invisible en la salud mental de la población. Ansiedad persistente, estrés postraumático tras desastres naturales, depresión asociada a la percepción de un futuro deteriorado, duelo por la pérdida de paisajes y biodiversidad o angustia ante el desplazamiento forzado son ya realidades psicológicas vinculadas a un planeta en transformación y en constante cambio. La evidencia confirma que estos impactos no son anecdóticos, sino estructurales, y que afectan con especial intensidad a jóvenes, comunidades vulnerables y personas expuestas de forma directa o indirecta a fenómenos climáticos extremos.

Así lo afirma un estudio publicado en la revista Atención Primaria, a través del cual se analiza el impacto del cambio climático en la salud mental, abordando fenómenos como la ecoansiedad, el estrés postraumático, el duelo ecológico, la depresión climática o la solastalgia, así como las implicaciones para la atención primaria y las estrategias de intervención desde el marco de la salud planetaria.

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Foto: freepik. Descarga: 27/02/26.
Cambio climático y salud mental: una relación de riesgo.

El trabajo parte de una premisa clara: el cambio climático constituye una de las mayores amenazas para la salud pública del siglo XXI, con efectos que trascienden la esfera física e impactan de forma directa en el bienestar psicológico y la salud mental, especialmente, en las poblaciones más vulnerables. Esta relación de riesgo se caracteriza por la interacción entre peligros climáticos, exposición y vulnerabilidad, configurando un escenario complejo en el que los factores ambientales y sociales se entrelazan.

En este contexto, conceptos como ecoansiedad y otros efectos psicológicos derivados de la crisis climática han comenzado a atraer la atención tanto de la comunidad científica como de los responsables de políticas públicas. El estudio subraya que el impacto psicológico del cambio climático es especialmente profundo entre jóvenes y poblaciones que han experimentado directamente desastres naturales.

Ecoansiedad, estrés postraumático y duelo ecológico.

Entre los impactos más destacados se encuentra la ecoansiedad, descrita como una ansiedad crónica y persistente relacionada con la crisis climática y sus consecuencias, agravada por la exposición prolongada a noticias sobre el cambio climático y la percepción de inacción política.

Un estudio internacional realizado en 2021 en jóvenes de 10 países reveló que el 59% de las personas encuestadas se sentían “muy” o “extremadamente” preocupadas por el cambio climático, hasta el punto de que esta preocupación afectaba negativamente a su vida cotidiana. Además, expresaban un profundo sentimiento de abandono por parte de los gobiernos, lo que incrementaba la ansiedad y la desesperanza. Según los autores citados, “la ansiedad climática no solo es un fenómeno individual, sino que también refleja una falla en la acción colectiva”

El estrés postraumático (TEPT) aparece vinculado a la exposición a desastres naturales como incendios, huracanes o inundaciones. Los estudios revisados muestran que quienes experimentan eventos climáticos extremos tienen más probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión, y que el riesgo aumenta cuando estos eventos se repiten con frecuencia.

El artículo menciona el caso de la tragedia ocurrida en Valencia, en 2024, tras la depresión aislada en niveles altos (DANA), que provocó lluvias torrenciales e inundaciones con importantes consecuencias materiales, humanas, psicológicas y sociales. En esta región se ha puesto en marcha un estudio de seguimiento de tres años para evaluar el impacto psicológico del evento en la población afectada, inspirado en una cohorte nacional inglesa que identificó tasas elevadas de depresión y TEPT tras inundaciones.

Otro fenómeno relevante es el duelo ecológico, entendido como el dolor y la tristeza ante la pérdida de ecosistemas y biodiversidad. Este concepto, introducido en 2018, describe la respuesta a pérdidas tangibles e intangibles del mundo natural, afectando, sobre todo, a comunidades que dependen directamente de la naturaleza, como pueblos indígenas o habitantes de áreas rurales.

Depresión climática, solastalgia y pérdidas intangibles.

La depresión climática se asocia a la percepción de un futuro deteriorado debido a la inacción frente a la crisis climática. Los autores recogen que la creciente evidencia de la severidad del cambio climático y la falta de respuesta efectiva por parte de líderes globales alimentan un sentimiento de desesperanza que puede desembocar en una forma de depresión crónica relacionada con el clima.

Asimismo, se aborda el concepto de solastalgia, desarrollado entre 2003 y 2005, que describe el dolor emocional causado por la degradación ambiental del propio hogar. Este sufrimiento psicológico tiene un impacto profundo en la identidad y el bienestar psicológico de las personas que viven en zonas donde el paisaje cambia drásticamente.

El estudio advierte de que las pérdidas intangibles —como la pérdida de sentido de lugar, identidad cultural o relaciones con el entorno natural—, poseen un fuerte componente psicológico y pueden generar consecuencias psicológicas profundas si no son reconocidas en el contexto del cambio climático.

Efectos indirectos: inseguridad alimentaria, calor y suicidio.

Más allá de los eventos extremos, el cambio climático tiene efectos indirectos en la salud mental. La inseguridad alimentaria y nutricional derivada de sequías prolongadas o inundaciones afecta principalmente a niños y personas mayores, incrementando los trastornos mentales relacionados con la ansiedad, la depresión y el estrés agudo.

El aumento sostenido de temperaturas, las olas de calor y la contaminación atmosférica también se asocian con consecuencias en la salud mental. Las altas temperaturas incrementan la irritabilidad, alteraciones del sueño e incluso la ideación suicida. La evidencia revisada asocia el aumento de temperaturas y su variabilidad con un mayor riesgo de suicidio, conductas suicidas y hospitalizaciones por problemas de salud mental, con un impacto modulado por edad, género y otros factores contextuales.

Contaminación atmosférica y desarrollo cognitivo.

Los autores subrayan igualmente la relación entre contaminación atmosférica y desarrollo cognitivo infantil. La exposición prenatal e infantil a contaminantes como PM2,5 o dióxido de nitrógeno se ha asociado con alteraciones en la microestructura de la sustancia blanca cerebral y reducción del volumen cerebral en niños y niñas, con potenciales consecuencias sobre la salud mental y la capacidad cognitiva.

Estudios recientes citados indican que la exposición prenatal a estos contaminantes aumenta significativamente el riesgo de trastornos del desarrollo neurológico y la vulnerabilidad a trastornos mentales posteriores en la adolescencia y edad adulta.

Atención primaria y salud planetaria: un papel clave.

Ante este escenario, el estudio sugiere que la atención primaria puede desempeñar un papel crucial en la identificación precoz y el manejo integral de los problemas de salud mental derivados o agravados por el cambio climático. A este respecto, señala la necesidad de que los y las profesionales integren los factores de riesgo climáticos en la evaluación rutinaria de pacientes vulnerables y promuevan estrategias preventivas centradas en la resiliencia individual y colectiva.

Desde el marco de la salud planetaria, se proponen intervenciones que integren salud mental y bienestar ambiental. El acceso a entornos naturales puede reducir la ansiedad, el estrés y los síntomas de depresión, mejorar la resiliencia psicológica y actuar como amortiguador frente a la ecoansiedad y el estrés climático. Un estudio realizado en Australia con más de 46.000 personas adultas mayores de 45 años encontró que la exposición a un 30% o más de dosel arbóreo se asociaba con un 31% menos de probabilidades de sufrir angustia psicológica.

Asimismo, la participación en actividades de restauración ecológica contribuye a reducir la sensación de impotencia y desesperanza climática, transformando la ansiedad en un sentido de agencia y empoderamiento.

Una crisis climática con profundas implicaciones psicológicas.

El estudio concluye que la evidencia confirma un impacto profundo y creciente del cambio climático en la salud mental, tanto a escala global como local, con una clara conexión con las desigualdades sociales en salud. Las poblaciones más vulnerables son también las que encuentran mayores dificultades para acceder a herramientas y estrategias que mitiguen estos efectos.

En este contexto, la integración de la salud mental en las políticas de adaptación y mitigación climática, desde el enfoque de la salud planetaria y con un papel destacado de la atención primaria, se perfila como una necesidad ineludible para fortalecer la resiliencia comunitaria y la capacidad de respuesta sanitaria ante los desafíos climáticos actuales y futuros.


Fuente.

Tejera, M. E. T., Pérez, M. C. A., Domínguez, M. G., & Beltrá, M. N. (2026). El impacto silencioso del cambio climático en nuestra salud mental: ansiedad y estrés en un mundo en transformación. Atención Primaria58(1). https://doi.org/10.1016/j.aprim.2025.103386

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