Una de cada seis personas en Europa vive con un trastorno de salud mental. El suicidio es un problema de salud pública: más de 120.000 personas se suicidan cada año en la Región europea, situándose ya como la principal causa de muerte entre los 15 y 29 años. Una de cada tres personas con un trastorno de salud mental no recibe el tratamiento que necesita. Y uno de cada tres profesionales de la salud presenta síntomas compatibles con un trastorno depresivo mayor.
Estas cifras, de enorme impacto sanitario y social, forman parte de la última actualización publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su página web, dentro de sus datos y hojas informativas sobre distintas temáticas de salud, donde recoge los principales datos sobre salud mental más actuales, que dibujan un panorama preocupante en la Región Europea y subrayan la necesidad de reforzar las políticas públicas, los sistemas asistenciales y la lucha contra el estigma.
Una carga elevada y persistente.
Según estima la OMS, una de cada seis personas —aproximadamente 140 millones— en la Región Europea vive con un trastorno de salud mental, con un impacto que puede variar de leve a grave en su vida cotidiana. A esta elevada prevalencia se suma la tragedia del suicidio: más de 120.000 personas mueren cada año por esta causa en la Región Europea, lo que equivale a más de 300 muertes diarias. De forma especialmente alarmante, el suicidio constituye la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años.
Pese a la magnitud del problema, el acceso a la atención dista mucho de ser universal. Hasta una de cada tres personas con un trastorno de salud mental no recibe el tratamiento que necesita. La brecha asistencial es aún más grave en determinados cuadros: una de cada cuatro personas con psicosis no recibe ningún tipo de tratamiento ni atención formal.
La OMS recuerda que la salud mental no se limita a la ausencia de trastornos mentales. Se trata de un estado de bienestar mental que permite a las personas afrontar el estrés de la vida, desarrollar sus capacidades, aprender y trabajar eficazmente y contribuir a su comunidad. Cualquier persona puede experimentar problemas de salud mental en cualquier momento de su vida, y su aparición no responde a una única causa, sino a la compleja interacción de factores individuales, sociales y ambientales.
Por ello, proteger la salud mental exige algo más que tratar síntomas: requiere un enfoque integral, en el que distintos sectores gubernamentales —más allá del sanitario— colaboren para promover el bienestar, fortalecer la resiliencia, prevenir la exposición a circunstancias adversas y garantizar el acceso equitativo a la atención.

Adolescencia, género y soledad: señales de alerta.
La actualización de la OMS pone el foco también en la infancia y la adolescencia, etapas clave para la prevención y la intervención temprana en salud mental. Más de uno de cada diez adolescentes (11%) informa de signos de comportamiento problemático en redes sociales, lo que evidencia el impacto creciente del entorno digital.
Asimismo, el Índice de Bienestar OMS-5 revela diferencias significativas en función del género: las chicas de 15 años obtienen puntuaciones notablemente más bajas que los chicos, una brecha que, según la OMS, debe influir en el diseño de intervenciones específicas y sensibles al género. En la misma línea, el 28% de las chicas declara sentirse sola, frente al 13% de los chicos.
Con respecto a la soledad, cabe señalar que no afecta únicamente a la juventud. Una de cada cuatro personas mayores de 60 años afirma sentirse sola, lo que subraya la importancia de abordar la salud mental también en la población adulta mayor, integrando estrategias comunitarias que reduzcan el aislamiento social y fortalezcan los vínculos.
En relación con la salud mental digital de los y las adolescentes, la OMS advierte que el mundo digital actual —desde redes sociales hasta plataformas basadas en inteligencia artificial— puede beneficiar o perjudicar la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Puede facilitar la conexión, la inspiración y el aprendizaje, pero también exponer a riesgos como el ciberacoso, ideales corporales irreales, contenidos autolesivos, marketing perjudicial o recopilación invasiva de datos. Los sistemas algorítmicos pueden agravar estos problemas cuando no existe transparencia ni consentimiento informado.
Para afrontar estos desafíos, la OMS/Europa ha publicado un informe de políticas destinado a ayudar a los países a formular respuestas basadas en la evidencia frente a los determinantes digitales de la salud mental juvenil.
Profesionales sanitarios bajo presión.
Uno de los datos más preocupantes recogidos, es el relativo a la salud mental de quienes atienden a la salud. Según la primera encuesta de la OMS sobre salud mental en médicos y enfermeras de la Unión Europea, Islandia y Noruega, uno de cada tres profesionales presenta síntomas compatibles con un trastorno depresivo mayor. Uno de cada diez experimenta pensamientos suicidas pasivos.
Además, uno de cada tres declara haber sufrido acoso o amenazas violentas en el trabajo, y uno de cada diez refiere violencia física o acoso sexual. Estos datos reflejan el enorme desgaste emocional y psicológico que afecta a la fuerza laboral sanitaria, con potenciales repercusiones tanto en el bienestar individual como en la calidad asistencial y en la sostenibilidad de los sistemas de salud.
Sistemas de salud mental: avances desiguales.
Pese a tratarse de una de las regiones con más recursos, la Región Europea de la OMS continúa enfrentando importantes desafíos en la organización y provisión de servicios de salud mental.
Si bien casi todos los países cuentan con una política o estrategia específica, el grado de implementación es desigual. Una encuesta realizada en 2024 a 29 países muestra que solo 11 disponen de mecanismos sólidos de coordinación y cooperación para aplicar dichas políticas, con una aceptación robusta por parte de los actores del sector.
A ello se suma una escasez crítica de profesionales. El Atlas de Salud Mental 2024 indica que la Región dispone de 9,9 psiquiatras, 28,4 enfermeras de salud mental y 9,3 psicólogos/as por cada 100.000 habitantes. Estas cifras evidencian limitaciones estructurales que pueden contribuir a la brecha de tratamiento observada.
La colaboración intersectorial es señalada como un factor clave: el 38% de los países considera que el trabajo conjunto entre gobiernos, servicios de salud, organizaciones comunitarias y otros socios constituye una gran fortaleza. Sin embargo, la participación significativa de personas con experiencia vivida en la formulación de políticas y servicios sigue siendo limitada en muchos contextos.
Estigma y discriminación: barreras persistentes.
La OMS insiste en que el estigma y la discriminación en torno a los problemas de salud mental persisten en todos los países y afectan profundamente a la vida de las personas. Estas actitudes pueden disuadir de buscar ayuda, dificultar la continuidad del tratamiento y generar problemas en el ámbito laboral y relacional. Además, las personas con trastornos mentales presentan una esperanza de vida notablemente menor.
Reducir el estigma no solo es una cuestión ética y de derechos humanos; también tiene beneficios sociales y económicos, y puede salvar vidas. El conjunto de herramientas Mosaic de la OMS/Europa propone tres estrategias basadas en la evidencia para acabar con el estigma y la discriminación en salud mental: el liderazgo o coliderazgo de personas con experiencia vivida en la toma de decisiones; el fomento del contacto social a través de conversaciones abiertas y respetuosas; y la creación de alianzas inclusivas entre comunidades, servicios y sectores.
Servicios orientados a la recuperación y apoyo en crisis.
La Organización Mundial de la Salud promueve modelos de atención orientados a la recuperación, en los que las personas con experiencia vivida desempeñan un papel activo. Estas pueden apoyar a otras personas en su proceso de recuperación, ayudarles a navegar por el sistema de salud mental y asesorar a organizaciones y responsables políticos. La Iniciativa QualityRights y la hoja de ruta para integrar la experiencia vivida constituyen instrumentos clave en esta transformación.
En contextos de crisis —conflictos armados, guerras, desastres naturales o provocados por el ser humano—, la OMS proporciona apoyo técnico y operativo para implementar servicios de salud mental y apoyo psicológico y social. Esto incluye el envío de personal experto a zonas afectadas, la coordinación con socios humanitarios y el fortalecimiento de sistemas nacionales y locales, así como la garantía de acceso a medicamentos psicotrópicos y servicios de asesoramiento para personas refugiadas y desplazadas.
Infancia y juventud: estándares de calidad.
Muchos niños, niñas y jóvenes que requieren apoyo de salud mental no acceden a la atención necesaria. Para abordar esta situación, la OMS/Europa ha desarrollado Normas de calidad para los servicios de salud mental infantil y juvenil, que definen qué constituye una atención eficaz, segura, centrada en la persona, oportuna, equitativa, integrada y eficiente, priorizando las aportaciones de jóvenes y de personas cuidadoras.
Un compromiso político renovado.
La OMS trabaja en la Región Europea apoyando el desarrollo de políticas, servicios, investigación, directrices, herramientas, actividades de desarrollo de capacidades y alianzas estratégicas. En colaboración con socios como la Comisión Europea, el Gobierno de Grecia y UNICEF, impulsa iniciativas para promover la buena salud mental y prevenir los problemas de salud mental, fortalecer los servicios comunitarios, mejorar la calidad asistencial infantil y juvenil y aprovechar la innovación digital.
En junio de 2025, 31 países se comprometieron a integrar la salud mental en todas sus políticas, en un contexto en el que el 17% de la población de la Región vive con un trastorno mental.
De forma general, los datos actualizados por la OMS dibujan una realidad que combina alta prevalencia, brechas asistenciales, desigualdades de género y edad, impacto del entorno digital, desgaste de los profesionales y persistencia del estigma. Al mismo tiempo, apuntan a vías de acción claras: reforzar los sistemas, integrar la salud mental en todas las políticas, promover servicios orientados a la recuperación y escuchar de forma activa a las personas con experiencia vivida. La magnitud del desafío exige respuestas proporcionales, sostenidas y basadas en la evidencia.
Fuente.
WHO (2026, 8 january). Mental health. Key Facts, Fact sheets. World Health Organization.
