Las bajas laborales por problemas de salud mental siguen en aumento
28 Ene 2026

En España, las bajas laborales vinculadas a trastornos mentales y del comportamiento no han dejado de crecer, hasta alcanzar en 2024 un total de 671.618 situaciones de incapacidad temporal, el dato más alto desde 2016, y registrando ya 420.783 procesos, en los siete primeros meses de 2025. De estos procesos, solo 708 han sido reconocidos como contingencias profesionales, un dato que apunta al escaso reconocimiento del origen laboral de estos problemas de salud mental. En este contexto, cobra relevancia la cuestión sobre su consideración como daño derivado del trabajo y sobre la necesidad de incluir estas patologías en el listado de enfermedades profesionales.

Así lo indica la Unión General de Trabajadoras y Trabajadores (UGT) en su nuevo informe sobre «Salud mental y trabajo 2025», un documento a través del cual aborda la importancia de la salud mental en el entorno laboral, poniendo de relieve, entre otros aspectos, la necesidad de gestionar adecuadamente los riesgos psicológicos y sociales de origen laboral, para evitar que se materialicen en daños para las personas trabajadoras.

Tal y como señala UGT, si bien los factores individuales pueden favorecer la aparición de problemas de salud mental, la evidencia señala que las condiciones laborales, si no son adecuadas, pueden generar o empeorar este tipo de problemas. Por lo tanto, es fundamental poner el foco de atención en las condiciones en las que se desempeña el trabajo, evitando aquellas que afectan negativamente a la salud mental de las personas trabajadoras.

Bajas laborales por problemas de salud mental.

Los datos aportados por este informe muestran que, en 2024, se registraron en España, 671.618 bajas laborales de personas trabajadoras, derivadas de problemas de salud mental, siendo la cifra más alta de todo el período analizado desde 2016 (contabilizando aquel año 283.999).

De hecho, desde esta fecha, la evolución del total de las situaciones de incapacidad laboral por trastornos mentales y del comportamiento no ha dejado de aumentar, creciendo «fuertemente» a partir de 2020 (año en que se registró una pequeña disminución). Además, con datos parciales de 2025 (correspondientes a los 7 primeros meses), ya se han registrado 420.783 situaciones de IT por esta causa, afectando que en mayor medida a las mujeres (64%). Para UGT, este importante aumento de las bajas laborales está sacando a la luz el problema de la salud mental en las personas trabajadoras.

En la misma línea, los datos muestran que la duración media de las bajas laborales derivadas de los trastornos mentales es muy superior a la calculada para todos los diagnósticos de baja laboral en su conjunto, siendo 2,5 veces superior para el año 2023.

salud mental laboral
Fuente: freepik. Autor: wayhomestudio. Descarga: 27/07/23.

Según el presente informe, las actividades que han registrado mayor porcentaje de bajas laborales debido a problemas de salud mental son: el comercio; la hostelería; las actividades sanitarias y de servicios sociales; las actividades administrativas y de servicios auxiliares; la administración pública y defensa; así como la educación.

En todas estas actividades, se trata con clientes, pacientes, personas usuarias o alumnado, algunas con trabajos que deben desarrollarse con plazos ajustados de tiempo o urgencias, en algunos casos surgiendo problemas de conciliación, etc., lo que «puede llegar a desencadenar en problemas de salud mental». Sin embargo, a pesar de la mayor exposición a riesgos psicológicos y sociales de origen laboral que conllevan problemas de salud mental, UGT lamenta que, aún hoy día, estas patologías apenas se reconozcan como contingencia profesional.

El estrés laboral es uno de los condicionantes del suicidio relacionado con el trabajo.

El informe alerta de diversos factores de riesgo laboral (tales como, la carga o intensidad de trabajo excesivo, el modo de control, el papel asignado al trabajador o el apoyo del entorno social), a los que, si la persona trabajadora está expuesta, «pueden llegar a desencadenar la conducta suicida». La exposición a estos factores podría derivar en una situación de estrés laboral, que resulta imposible de afrontar por la persona trabajadora. A este respecto, el documento apunta al estrés laboral como «uno de los condicionantes del suicidio relacionado con el trabajo».

UGT aporta datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes a 2023 -cuando se registraron en España 4.116 fallecidos por suicidio– y los datos provisionales de 2024 recogidos en el momento de esta publicación. A este respecto, los últimos datos definitivos del INE de 2024, contabilizan 3.953 por este motivo, con una tasa de 8,1 muertes por cada 100.000 habitantes, una cifra que, si bien continúa la tendencia descendente iniciada el año pasado (un 4,0% menos que en 2023), sitúa el suicidio como la segunda causa de muerte externa en nuestro país, por detrás de las caídas accidentales.

Sin embargo, en España, no siempre los suicidios en los que influyen factores laborales terminan siendo reconocidos como contingencia profesional; aun así, en nuestro país ya hay algunas sentencias que reconocen el suicidio como accidente de trabajo. Para UGT, la forma de prevenir los suicidios relacionados con el trabajo es actuar desde la óptica preventiva, siendo indispensable, una correcta gestión en el seno de las empresas, de los riesgos psicológicos y sociales y organizativos de origen laboral.

La relación entre la precariedad laboral y la temporalidad en la contratación con la salud mental.

El trabajo precario presenta una serie de características que aumentan los riesgos de problemas relacionados con la salud mental. La temporalidad en la contratación es un factor que impacta en la siniestralidad laboral. Las personas trabajadoras con contratos temporales presentan unos índices de incidencia de los accidentes de trabajo con baja, ocurridos durante la jornada laboral, superiores a aquellas personas contratadas de forma indefinida (3.544,0 accidentes por cien mil trabajadores y 3.005,7 accidentes por cien mil trabajadores, respectivamente).

Con respecto a la accidentalidad laboral, los infartos y los derrames cerebrales fueron la primera causa de muerte en accidente de trabajo durante la jornada laboral en España en 2024 (281 personas trabajadoras fallecieron por este motivo). UGT recuerda que estas patologías «pueden estar relacionadas con la exposición a riesgos psicológicos y sociales de origen laboral».

Las personas trabajadoras con contratos temporales, y a tiempo parcial, son más vulnerables que aquellas con contratos permanentes. Además, suelen realizar con frecuencia los trabajos más peligrosos, en peores condiciones y reciben menos formación en prevención de riesgos laborales.

Si la población en situación de precariedad laboral hubiera tenido un empleo estable, se hubieran podido evitar casi 170.000 casos de depresión.

Según se recoge en el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo: Trabajo precario y salud mental, «el alto nivel de inseguridad laboral percibida que caracteriza el trabajo precario, aumenta en un 61% las posibilidades de padecer depresión, en un 77% las posibilidades de desarrollar ansiedad y en un 51% las posibilidades de suicidio».

Asimismo, indica que las altas exigencias cuantitativas incrementan en un 23% la probabilidad de tener una baja por enfermedad debido a un trastorno mental diagnosticado, que el bajo control las aumenta en un 25% y que la combinación de ambos factores aumenta en un 77% las posibilidades de desarrollar una depresión. De igual modo, las jornadas laborales largas aumentan en un 14% la probabilidad de presentar depresión.

En dicho Dictamen se calcula que, si en la UE se eliminasen las exposiciones a riesgos psicológicos y sociales en el trabajo, «la carga de depresión caería entre el 17% y el 35% y las enfermedades cardiovasculares, entre el 5% y el 11%».

Por su parte, el Informe «Precariedad Laboral y Salud Mental», elaborado en 2023 por la Comisión de personas expertas sobre el impacto de la precariedad laboral en la salud mental en España, destaca una asociación entre la inseguridad laboral y la mala salud mental. Las mujeres, concretamente, presentan un mayor riesgo de depresión en la situación laboral más precaria y en caso de desempleo, con un gradiente según la clase social ocupacional. En la misma línea, entre la población activa se registra un total de más de 511.000 casos de depresión, con un riesgo atribuible poblacional del 33,2%, por lo que «si la población precarizada (incluyendo la desempleada) hubiera tenido un empleo estable, se hubieran podido evitar casi 170.000 casos de depresión».

Las largas jornadas laborales pueden afectar negativamente a la salud mental de las personas trabajadoras.

Un estudio conjunto de la OMS y la OIT, indica que 745.000 trabajadores y trabajadoras murieron en el mundo durante 2016 por accidente cerebrovascular y cardiopatía isquémica, provocados por las largas jornadas laborales, incrementándose esta cifra en un 29% en comparación con la estimada para el año 2000. El mismo análisis detalla que, en 2016, 398.000 personas fallecieron a causa de un accidente cerebrovascular y 347.000 por cardiopatía isquémica como consecuencia de haber trabajado 55 horas a la semana o más. Entre 2000 y 2016, el número de defunciones por cardiopatía isquémica y por accidente cerebrovascular debidas a las jornadas laborales prolongadas, aumentó en un 42% y en 19%, respectivamente.

En la misma línea, según el Ministerio de Sanidad, las jornadas laborales largas (≥55h/semana) incrementan las posibilidades de desarrollar depresión en un 14%. Estas largas jornadas laborales son más frecuentes entre los hombres que entre las mujeres, trabajando, aproximadamente, 2,3 días largos al mes (3,1 días en 2015) mientras que las mujeres trabajan 1,3 (1,6 en 2015).

¿Qué factores de riesgo se relacionan con el estrés laboral y los problemas de salud mental?

En relación con los factores de riesgo que pueden estar relacionados con el estrés laboral y los problemas de salud mental, datos de la OSH Pulse 2025, de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, muestran que, aproximadamente, más de cuatro de cada diez personas trabajadoras en la UE (44%), están expuestas a una gran presión de tiempo o sobrecarga de trabajo. Cerca de tres de cada diez (29%) denuncian una escasa comunicación o cooperación dentro de su organización y el 17% lamentan la falta de autonomía o de influencia en el ritmo o los procesos de trabajo. Hay un 16% que habla de violencia o los abusos verbales por parte de clientes, pacientes, alumnado, etc., y un 8% de estas personas dicen estar expuestas a acoso o intimidación en el trabajo.

En España, concretamente, todos los ítems superan a la media europea: el 49% declara que sufre presión de tiempo severa o sobrecarga de trabajo, el 27% de las personas trabajadoras indica que existe mala comunicación o cooperación dentro de la organización, el 20% experimenta falta de autonomía o falta de influencia sobre el ritmo o los procesos de trabajo, el 10% de los trabajadores y trabajadoras españolas revelan sufrir acoso y este porcentaje se eleva hasta el 21% cuando el acoso o violencia se ejerce por parte de clientes, pacientes, alumnos, etc.

¿Cómo afectan las condiciones del trabajo al personal laboral?

En cuanto a la percepción de las personas trabajadoras sobre los problemas de salud causados por el trabajo, la encuesta OSH Pulse 2025 refleja que el problema experimentado más frecuente en la Unión Europea es la fatiga general (37%), seguida de dolores de cabeza y fatiga visual (35%), estrés, depresión o ansiedad (29%), y problemas o trastornos musculoesqueléticos (28%). Solo el 7% de las personas trabajadores europeas experimentan síntomas o enfermedades relacionados con el calor, como mareos, calambres, agotamiento o derrame cerebral, y sólo el 3% quemaduras solares.

Precisamente, en relación con el calor, han ido surgiendo diversos estudios que analizan la relación entre las altas temperaturas y la salud mental. Algunos alertan de que se produce un aumento del 2,2% de la mortalidad relacionada con la salud mental por cada grado centígrado de aumento de la temperatura. Para la morbilidad relacionada con la salud mental, el aumento es del 0,9% por cada grado centígrado de aumento, siendo las personas mayores y las que viven en climas tropicales y subtropicales aquellas que presentan un mayor riesgo.

Con respecto a los diferentes grupos de edad, el 32% los trabajadores y trabajadoras de 25 a 39 años reconocen que han experimentado estrés depresión o ansiedad. En el grupo de edad de entre 40 y 54 años el porcentaje es del 29%. Entre 16 y 20 años la cifra es del 23% y del 26% para los de 55 años o más.

¿Cómo impactan el teletrabajo y la digitalización en la salud de las personas trabajadoras?

La evidencia indica que el teletrabajo lleva asociados riesgos laborales, que son principalmente de carácter psicológico y social, y que, si no se controlan, pueden perjudicar a la salud de las personas trabajadoras en forma de estrés laboral, adicciones al uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, problemas de conciliación de la vida personal y familiar, entre otros

La digitalización y las TICs se erigen como desafíos para la seguridad y la salud de los trabajadores, dado que se genera la necesidad de gestionar correctamente los riesgos psicológicos y sociales relacionados con el aislamiento laboral y la difuminación de los límites de la vida personal y laboral.

Por este motivo, UGT exige «que se adopten fórmulas para asegurar que la introducción de las nuevas tecnologías no daña la salud de las personas trabajadoras». Para ello, consideran clave reformar la actual regulación en prevención de riesgos laborales, para incluir la evaluación especifica de aquellos puestos de trabajo que se encuentran sometidos al poder organizativo de algoritmos o inteligencia artificial, prestando especial atención a aquellos factores psicológicos y sociales que deben prevenirse, en pro de la seguridad y salud de los trabajadores, como el tiempo de trabajo, la hiperconectividad, la carga de trabajo cuantitativa, la sobrecarga cualitativa, la demanda psicológica de naturaleza cognitiva, etc.

Las adicciones afectan a la salud mental de los/as trabajadores y pueden ser un factor de riesgo de conductas suicidas.

Las cifras de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, indican que, en 2021, se alcanzaron en España las 93 dosis diarias de ansiolíticos e hipnóticos por 1.000 habitantes (un 2,6% más que 2020). Este porcentaje se ha ido reduciendo ligeramente, pasando de 92 dosis diarias en 2022 a 90 dosis diarias por 1.000 habitantes en 2023.

Tal y como señala UGT, en nuestro país, los problemas de salud mental «tienden a derivarse a la sanidad pública, que presenta una carencia de profesionales en Psicología y Psiquiatría».

Según datos de la Encuesta sobre alcohol y otras drogas en España, EDADES del Plan Nacional sobre Drogas, los hipnosedantes siguen siendo la tercera sustancia más consumida, con una prevalencia de consumo de 11,2% en 2019, siendo mayor que en el 2013 que fue un 10,6%. Estas sustancias junto con otras, han registrado un incremento paulatino.

El consumo de hipnosedantes es mayor en mujeres, sobre todo, aquellas con más de 45 años (el doble de casos frente a los hombres de la misma edad). Los grupos de población laboral donde se consume mayor proporción de hipnosedantes, son aquellos pertenecientes a sectores relacionados con la agricultura/pesca/ganadería/extracción y Administración pública/educación/sanidad/servicios sociales, y que se caracterizan por la presencia de riesgos psicológicos y sociales, precarización, sobrecarga, estrés e incertidumbre. La jornada de trabajo influye en este consumo, siendo mayor cuando la jornada es reducida y entre quienes se encuentran en paro.

Asimismo, el informe considera clave tener en cuenta que la adicción puede ser un factor de riesgo en la aparición de conductas suicidas: algunos estudios al respecto, han detectado que el riesgo de suicidio en personas que tienen problemas de adicción con sustancias ilegales, aumenta entre un 5,8% y 17% frente a la población en general.

Todo lo expuesto, evidencia, aún más, la trascendencia de priorizar la salud mental de las personas trabajadoras.

Hay una falta de reconocimiento del origen profesional de las patologías relacionadas con los riesgos psicológicos y sociales de origen laboral.

Según datos de la OMS, se estima que el 15% de las personas adultas en edad de trabajar presenta un trastorno mental y un 5,7% de las personas adultas de todo el mundo tienen depresión, considerada como «la condición más incapacitante para el desempeño de una vida social/laboral y familiar favorable».

En la Unión Europea un 38,2% de su población presenta algún tipo de trastorno mental cada año, siendo la ansiedad el trastorno más habitual (14%), seguida del insomnio (7%) y la depresión grave (6,9%). En este sentido, el informe «Precariedad Laboral y Salud Mental», indica que la ansiedad y la depresión son los dos principales cuadros clínicos responsables de la carga de enfermedad de los problemas de salud mental, con una prevalencia en la población de 15 años o más de 5,8% casos de ansiedad y 5,3% de depresión.

A pesar de la prevalencia de estas problemáticas entre la población trabajadora, en España sigue habiendo un escaso reconocimiento de las patologías derivadas de la incorrecta gestión de los riesgos psicológicos y sociales de origen laboral, como contingencia de origen profesional. De hecho, a día de hoy, los problemas de salud mental no figuran en el vigente Cuadro de Enfermedades Profesionales y, por tanto, «no pueden en ningún caso admitirse como tales».

Además, aunque la aplicación del artículo 156 de la Ley General de la Seguridad Social permite que, si se prueba que la patología se debe exclusivamente al trabajo, sea indemnizada como accidente de trabajo, esto supone una «vía notablemente restrictiva», ya que la carga de la prueba de la etiología exclusivamente laboral del problema recae sobre la misma persona que lo sufre.

Los datos aportados por UGT muestran que, en 2024, tan solo se reconocieron 177 casos de problemas de salud mental causados por el trabajo, 17 agravados por el trabajo y 841 accidentes laborales en jornada que causaron daños psicológicos por agresiones y amenazas a la persona trabajadora. Asimismo, de las 420.783 bajas laborales registradas en los siete primeros meses de 2025, solo 708 han sido reconocidas como contingencias profesionales

Las profesiones con más número de casos son: Medicina, Conductores de autobuses y tranvías, Profesionales de Enfermería y partería, y Empleados/as administrativos/as con tareas de atención al público y Conductores de camiones. Los episodios de ansiedad representan el 73% de los casos, seguidos del estrés postraumático (25%).

A diferencia de lo que sucede en España, la OIT ya incluyó en 2010 los trastornos mentales y del comportamiento en su Lista de enfermedades profesionales. También la OMS incorporó el ‘síndrome del trabajador quemado o burnout’ en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), como «un problema asociado al empleo o al desempleo», lo que supone un avance en el reconocimiento de los problemas de salud mental relacionados con el trabajo.

UGT considera fundamental el reconocimiento del origen profesional de estos problemas de salud mental por varios motivos: el primero es que, al no reconocerse como profesionales, las empresas no implantan medidas para eliminar los riesgos que pueden generar el daño a la salud, por lo que no se activa el mecanismo preventivo; el segundo motivo, es que así se oculta la magnitud del problema y, por ello, no se destinan los recursos adecuados para solventarlo.

Ante esto, manifiesta, «si estas patologías fueran reconocidas como contingencia profesional, deberían ser tratadas y gestionadas con los recursos de las Mutuas Colaboradoras con la Seguridad Social». De este modo, «dejaría de asumir el coste de su tratamiento y gestión el Sistema Público de Salud», del que destaca un «importante déficit de profesionales en Psicología» (de las 18 mutuas registradas, tan solo 70 psicólogos para las 50 provincias, más las dos ciudades autónomas del Estado).

Por cada euro invertido en seguridad y salud en el trabajo, la ganancia que obtiene la empresa es de aproximadamente el doble.

A nivel mundial, la OMS y la OIT estiman que, anualmente, se pierden 12.000 millones de días de trabajo debido a la depresión y la ansiedad, lo que supone un coste de un billón de dólares por año en pérdida de productividad para la economía mundial. El Ministerio de Sanidad cifra el coste de la depresión en nuestro país en 5.005 millones de euros, de los cuales, el 67% corresponde a pérdidas de productividad por bajas laborales y prematuras.

Los costes de la mala salud mental en 2015 en la UE, se estiman en más del 4,2% del PIB en todos sus Estados Miembros.

No obstante, frente a los costes de la no prevención, es imprescindible destacar los beneficios de la inversión en seguridad y salud en las empresas: por cada euro invertido en seguridad y salud en el trabajo, la ganancia que obtiene la empresa es de aproximadamente el doble. En la misma línea, la OMS estima que, por cada dólar invertido en la ampliación del tratamiento de la depresión y la ansiedad, se obtiene un retorno de 4 dólares en mejora de la salud y la capacidad de trabajo.

Propuestas para proteger y mejorar la salud mental de las personas trabajadoras.

El documento finaliza con una serie de reivindicaciones por parte de UGT orientadas a la protección y mejora de la salud mental de las personas trabajadoras, entre ellas, las siguientes:

  • Elaborar, con la participación de los interlocutores sociales, de una Directiva comunitaria dirigida a regular la gestión de los riesgos psicológicos y sociales en las organizaciones, dotada de perspectiva de género, que sirva de paraguas para todos los Estados miembro que, como España, no dispone de una norma de estas características.
  • Actualizar la Ley de Prevención de Riesgos Laborales para adaptarla a las nuevas realidades del trabajo, introduciendo las evaluaciones y las medidas preventivas relacionadas con la salud mental y los riesgos específicos de la digitalización en la empresa.
  • Elaborar una normativa diferenciada sobre la gestión de los riesgos psicológicos y sociales de origen laboral, para nuestro país.
  • Actualizar el listado de enfermedades profesionales español para que sean incluidas las patologías derivadas de la exposición a los riesgos psicológicos y sociales de origen laboral y las enfermedades mentales vinculadas al trabajo.
  • Mejorar la calidad del servicio de las Mutuas a las personas accidentadas o afectadas por enfermedades profesionales y relacionadas con el trabajo, contando con los medios necesarios, incrementando las plantillas de psicólogos/as y psiquiatras, para atender los daños a la salud mental causados por el trabajo.

Se puede acceder al informe completo desde la página web de UGT o bien directamente aquí.

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