Los riesgos psicológicos y sociales amenazan la salud mental del profesorado y la calidad de la educación, advierte la EU-OSHA
22 Sep 2026

La sobrecarga de trabajo, las elevadas demandas emocionales y cognitivas, la presión de tiempo, la dificultad para conciliar la vida laboral y personal, la inseguridad contractual, la falta de apoyo y reconocimiento y la exposición a situaciones de violencia constituyen algunos de los principales riesgos psicológicos y sociales a los que se enfrentan los y las profesionales de la enseñanza. Su impacto no se limita al bienestar laboral: se relacionan con estrés, ansiedad, depresión, problemas de sueño y burnout, y pueden repercutir también en la permanencia del profesorado en la profesión, la calidad de la enseñanza y el bienestar y aprendizaje del alumnado.

Así lo advierte la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) en un nuevo informe, a través del cual analiza los riesgos psicológicos y sociales y sus consecuencias para la salud mental y física de los profesionales de la educación, a partir de una revisión de la literatura científica y de entrevistas con representantes clave del sector, e identifica, además, varios ejemplos de buenas prácticas para su prevención y gestión.

Fuente: Magnific. Autoría: drazen zigic. Descarga: 02/09/26.
Uno de cada cuatro docentes considera que su trabajo perjudica su salud mental.

El informe sitúa estos resultados en un sector estratégico para Europa. De acuerdo con la EU-OSHA, en 2022, más de 10 millones de personas trabajaban como profesionales de la enseñanza en la Unión Europea, alrededor del 5% del empleo total. A este volumen se suma un importante reto demográfico: aproximadamente el 35% del profesorado se aproxima a la edad de jubilación, mientras que solo el 8% del profesorado de primaria y secundaria tenía menos de 30 años en 2022.

En este contexto, los indicadores sobre bienestar laboral resultan especialmente relevantes. Según los datos de TALIS 2018 recogidos por la EU-OSHA, casi la mitad del profesorado europeo de educación secundaria inferior experimenta estrés en el trabajo, mientras que el 24% considera que su empleo afecta negativamente a su salud mental y el 22% señala consecuencias negativas para su salud física.

La exposición a determinados riesgos está, además, ampliamente extendida en los centros educativos. Los datos de la encuesta ESENER de 2019 muestran que el trato con alumnado u otras personas difíciles constituía el principal riesgo psicológico y social señalado desde los centros del sector educativo, presente en el 79,9%, seguido muy de cerca por los problemas de comunicación o cooperación (78,7%) y por la presión de tiempo (53,8%).

El documento subraya que el trabajo docente presenta unas características que hacen insuficiente trasladar sin más las estrategias preventivas utilizadas en otros sectores. La interacción social continua y la combinación de exigencias intelectuales, cognitivas y emocionales forman parte de la propia actividad educativa, por lo que la prevención debe adaptarse específicamente a las condiciones en las que se desarrolla este trabajo.

La carga administrativa, entre las principales fuentes de estrés.

Una de las cuestiones que atraviesa el informe es que la actividad del profesorado se extiende mucho más allá de impartir clases. A la preparación de las lecciones, evaluación y corrección se añaden tareas administrativas, reuniones, formación continua, actividades extracurriculares, comunicación con las familias y otras responsabilidades.

Los datos de TALIS recogidos en el informe muestran, de hecho, que el exceso de trabajo administrativo es la fuente de estrés señalada con mayor frecuencia por el profesorado de secundaria inferior, mencionada por el 53,2%. Le siguen el exceso de correcciones (48,6%), sentirse responsable del rendimiento del alumnado (47,3%) y mantenerse al día de los cambios en las exigencias de las autoridades (45,6%). El mantenimiento de la disciplina en el aula es señalado por el 41,7%.

La presión temporal es también superior en educación que en el conjunto de sectores de la UE. El informe recoge que esta afectaba al 49% de los centros educativos frente al 45% de media europea. Asimismo, un estudio realizado con más de 6.000 docentes a tiempo completo en Alemania encontró que el 36% trabajaba más de 48 horas semanales y el 15% superaba las 55 horas. Entre quienes trabajaban más de 45 horas, los problemas de recuperación y el agotamiento emocional eran sensiblemente más frecuentes.

La evidencia revisada apunta, además, a que las tareas no directamente docentes pueden tener un peso particularmente importante sobre el bienestar psicológico. La acumulación de obligaciones administrativas, reuniones y otras responsabilidades educativas se asocia con agotamiento emocional y menor satisfacción laboral.

Las demandas emocionales, una parte esencial pero poco visible del trabajo docente.

Junto a la cantidad de trabajo, la EU-OSHA llama la atención sobre la carga emocional inherente a la enseñanza. El profesorado no solo transmite conocimientos: debe gestionar comportamientos disruptivos, conflictos, situaciones de crisis y necesidades emocionales del alumnado, al tiempo que regula sus propias emociones para mantener una relación educativa adecuada.

Según ESENER, el 76% de los empleadores y responsables de seguridad y salud laboral de instituciones educativas de la UE identifica al alumnado difícil como una de las principales demandas del trabajo. Por su parte, el 40% del profesorado declara que el comportamiento disruptivo del alumnado constituye una preocupación.

El informe presta especial atención a una realidad creciente: se espera que el personal docente responda también a necesidades de salud mental y bienestar psicológico del alumnado, por ejemplo, ante problemas familiares, acoso escolar o estrés académico. Sin embargo, parte del profesorado considera que no dispone de la preparación o los recursos suficientes para asumir estas funciones, lo que puede generar estrés, preocupación y sentimientos de culpa cuando no puede proporcionar la ayuda que considera necesaria.

En este sentido, algunas de las personas entrevistadas para la elaboración del informe señalaron que se está pidiendo al profesorado asumir tareas que corresponderían a otros perfiles profesionales, entre ellos psicólogos/as educativos/as, incrementando sus responsabilidades y demandas emocionales.

Digitalización e inteligencia artificial: nuevas exigencias para el profesorado.

La transformación digital constituye otro de los factores que están modificando las condiciones laborales. Tras la pandemia, el 63% de los y las docentes tuvo que aprender a utilizar nuevas tecnologías digitales para desempeñar su trabajo y el 64% invirtió en desarrollar más competencias digitales mediante formación en línea.

La EU-OSHA señala que las tecnologías pueden facilitar determinadas tareas, pero también generar sobrecarga cognitiva, aumento del volumen de trabajo y tecnoestrés, especialmente, cuando la formación y el apoyo institucional son insuficientes.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa añade nuevas exigencias. El profesorado debe adquirir competencias tecnológicas, pedagógicas y éticas para integrar estas herramientas, interpretar los contenidos generados por IA y responder a las incertidumbres que plantea su utilización. El informe advierte de que una adaptación tecnológica que recaiga fundamentalmente sobre el esfuerzo individual puede llevar a dedicar tiempo personal y no remunerado a adquirir estas competencias.

Dificultades para desconectar y conciliar.

La frontera entre el tiempo laboral y personal constituye otro importante foco de riesgo. Casi el 45% del profesorado afirma que su trabajo le deja poco tiempo para su vida personal, mientras que una encuesta europea más reciente citada por la EU-OSHA señala que el 68% considera que la carga de trabajo docente no permite mantener un equilibrio saludable entre vida profesional y privada.

La digitalización ha contribuido a difuminar aún más estos límites, al facilitar que comunicaciones y tareas laborales continúen fuera de la jornada ordinaria. El documento plantea, por este motivo, la necesidad de prestar atención al derecho a la desconexión y de establecer límites saludables en modalidades de enseñanza digital, remota o híbrida.

Las mujeres pueden encontrarse especialmente expuestas a este problema debido a la denominada “doble presencia”, derivada de la combinación de las exigencias laborales y una carga desproporcionada de responsabilidades familiares y de cuidados. Esta cuestión resulta especialmente significativa en un sector fuertemente feminizado: las mujeres representan cerca del 70% del profesorado de primaria y secundaria en la UE.

Violencia, amenazas y acoso, otro riesgo para la salud mental.

La violencia constituye otro de los riesgos psicológicos y sociales identificados. Puede adoptar formas físicas —golpes, empujones o lanzamiento de objetos— y no físicas, como intimidación, abuso verbal, amenazas, acoso o ciberacoso.

El 14,5% del profesorado de secundaria inferior señala la intimidación o el abuso verbal por parte del alumnado como una fuente importante de estrés. La exposición no se distribuye de manera homogénea: el profesorado de primaria presenta una mayor exposición a agresiones físicas del alumnado y al acoso por parte de familiares, mientras que el profesorado de educación especial resulta especialmente vulnerable a determinadas conductas agresivas.

La expansión de los entornos digitales ha añadido el riesgo de ciberacoso, comentarios ofensivos y hostigamiento a través de redes sociales y otras plataformas. La evidencia recogida por la EU-OSHA relaciona la exposición a violencia, bullying y ciberbullying con un mayor riesgo de estrés, ansiedad y alteraciones del sueño.

Fuente: Magnific. Autoría: stockking. Descarga: 02/09/26.
Estrés, insomnio, ansiedad, depresión y burnout.

Las consecuencias sobre la salud mental ocupan un apartado central del informe. Una revisión de 33 estudios procedentes de 15 países encontró que entre el 36% y el 61% del profesorado presentaba síntomas de insomnio. Entre los factores asociados se encontraban la violencia en el aula, la baja satisfacción laboral, la depresión y la rumiación, mientras que un entorno laboral favorable aparecía relacionado con menos dificultades de sueño.

El documento recoge también datos específicos de España. Según información de ANPE correspondiente al curso 2020/2021, el 78% del profesorado consultado manifestó ansiedad, asociada, entre otros factores, a amenazas y acoso, problemas con las familias, dificultades relacionadas con la organización laboral, necesidad de formarse fuera del horario de trabajo y falta de recursos.

En relación con la depresión, la revisión realizada para el informe la identifica como uno de los problemas de salud mental más frecuentemente encontrados en los estudios sobre docentes. En España, los datos citados por la EU-OSHA indican que el 12% del profesorado declaró depresión y el 15% se encontraba de baja laboral debido a síntomas depresivos, si bien estos porcentajes proceden de datos sindicales y deben interpretarse atendiendo a su fuente y metodología.

El burnout constituye igualmente una preocupación destacada. Los metaanálisis revisados indican que cerca de un tercio del profesorado estudiado presentaba burnout grave, caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización o cinismo y una reducida sensación de eficacia y realización profesional. Además, estrés, ansiedad, depresión y burnout pueden aparecer de manera simultánea, aumentando el riesgo de malestar psicológico crónico.

Los riesgos no afectan por igual a todo el profesorado.

La EU-OSHA advierte de que no existe un único perfil de riesgo. El profesorado joven está especialmente expuesto a la inseguridad contractual, los salarios bajos y la falta de apoyo y mentoría. Casi uno de cada cinco docentes de la UE trabaja con un contrato temporal y, en España, Austria y Rumanía, más del 25% del profesorado de secundaria inferior tiene contratos de duración determinada.

Los y las docentes de educación especial afrontan, por su parte, mayores demandas derivadas de la atención individualizada, posibles conflictos de rol y una mayor probabilidad de exposición a agresiones físicas.

En la enseñanza superior aparecen otros factores: la combinación de docencia, investigación, mentoría y otras funciones, la presión por publicar, la competencia por recursos y financiación y la dificultad para separar trabajo y vida privada.

El bienestar del profesorado también afecta al alumnado.

El informe insiste en que prevenir estos riesgos no constituye únicamente una cuestión de protección individual de los trabajadores. El bienestar psicológico del profesorado se relaciona también con la calidad de la enseñanza y con el bienestar y rendimiento de los y las estudiantes.

La evidencia recogida muestra que el agotamiento emocional se asocia con menor motivación docente y con interacciones de menor calidad con el alumnado. Asimismo, los y las estudiantes que mantienen relaciones positivas y de apoyo con sus profesores obtienen mejores resultados académicos.

El abandono de la profesión constituye otra consecuencia del burnout. La pérdida de docentes experimentados incrementa, a su vez, la carga sobre quienes permanecen en los centros y puede agravar la escasez de profesionales.

A ello se añaden los costes económicos. El informe recuerda que el estrés relacionado con el trabajo supone más de 100.000 millones de euros anuales para la Unión Europea, y señala que el sector educativo representa una parte relevante de esta carga debido a su elevada exposición a riesgos psicológicos y sociales.

Prevenir desde la organización, no solo actuar sobre el individuo.

Frente a esta situación, la EU-OSHA plantea que la respuesta debe ser sistémica y específica para el sector educativo. El informe adopta la jerarquía preventiva de seguridad y salud laboral, según la cual las actuaciones que eliminan o reducen los riesgos en su origen son preferibles a aquellas que depositan fundamentalmente la responsabilidad de afrontarlos sobre cada trabajador. Las medidas individuales y conductuales constituyen, de hecho, el último nivel de protección.

Entre los factores que pueden proteger la salud mental y favorecer la satisfacción laboral destacan una mayor autonomía, el apoyo entre compañeros, unas relaciones positivas con las familias, un liderazgo cercano y de apoyo, las oportunidades de desarrollo profesional y unas condiciones adecuadas de los centros, incluidas clases menos numerosas y recursos suficientes.

El documento recoge diez experiencias preventivas desarrolladas en distintos países y ámbitos, entre ellas programas de mentoría, intervenciones para reorganizar las demandas y recursos laborales, campañas sobre salud y bienestar docente, servicios de ayuda, herramientas para evaluar riesgos, medidas sobre el derecho a la desconexión y actuaciones frente a la violencia.

Evaluar los riesgos psicológicos y sociales y actuar sobre las condiciones de trabajo.

Entre sus recomendaciones finales, la EU-OSHA insta a los empleadores a realizar evaluaciones sistemáticas de los riesgos psicológicos y sociales, utilizando instrumentos adaptados al sector educativo, y a intervenir sobre las condiciones organizativas que generan o intensifican dichos riesgos.

En definitiva, el informe sitúa la prevención de los riesgos psicosociales y la promoción de la salud mental del profesorado como una cuestión estructural de salud laboral y de calidad educativa. Reducir la sobrecarga, garantizar recursos suficientes, favorecer la autonomía y el apoyo social, prevenir la violencia y proporcionar unas condiciones de trabajo que permitan la recuperación y la conciliación no solo protege el bienestar psicológico de quienes enseñan. También contribuye a disponer de sistemas educativos capaces de atraer y retener profesionales, ofrecer una enseñanza de calidad y proporcionar al alumnado entornos educativos más saludables y estables.


Fuente.

EU-OSHA. (2026). Psychosocial risks in education: understanding work-related factors affecting teachers’ well-being. European Agency for Safety and Health at Work. Publications Office of the European Union. DOI: 10.2802/8644726.

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