Hoy, 13 de julio, se conmemora el Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una fecha establecida en 1998 por la Federación Mundial del TDAH (ADHD World Federation) con el objetivo de concienciar sobre su prevalencia, promover su diagnóstico y tratamiento adecuados, y combatir el estigma y la discriminación que enfrentan las personas con TDAH.
Con motivo de esta efeméride, recogemos un interesante artículo divulgativo, lanzado por el Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute), a través del cual pone de relieve que los problemas de atención pueden tener múltiples causas, y ofrece pautas claras para diferenciarlas, subrayando la importancia de una evaluación cuidadosa y completa antes de realizar un diagnóstico de TDAH.
Tal y como señala el Instituto, la dificultad para mantener la atención, seguir instrucciones o concentrarse en tareas escolares es una de las preocupaciones más frecuentes que expresan familias y docentes en relación con niños, niñas y adolescentes. Ante este tipo de comportamientos, es habitual que surja de inmediato la sospecha de un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Sin embargo, la falta de atención no siempre indica la presencia de este trastorno, y asumirlo de forma automática puede dar lugar a interpretaciones erróneas y a intervenciones poco ajustadas a las necesidades reales del o de la menor.

La falta de atención como síntoma compartido.
De acuerdo con los expertos, uno de los principales motivos por los que se confunden distintos problemas de salud mental con el TDAH es que la dificultad para concentrarse es un síntoma común a numerosas condiciones. Desde el punto de vista conductual, un niño que parece distraído, que no sigue el ritmo de la clase o que se muestra ausente durante una explicación puede estar manifestando problemas muy diferentes entre sí.
Los estudios indican que, en muchos casos, estas dificultades son detectadas inicialmente en el entorno escolar, donde el rendimiento académico y la capacidad para mantener la atención sostenida resultan especialmente visibles. No obstante, el hecho de que un menor tenga problemas para concentrarse en clase no implica necesariamente que presente un trastorno como el TDAH.
Ansiedad y atención: una relación estrecha.
Uno de los factores más frecuentes que pueden afectar a la atención es la ansiedad. Según los estudios, los niños y adolescentes con ansiedad suelen experimentar una preocupación constante que ocupa gran parte de su pensamiento. Esta preocupación puede estar relacionada con el rendimiento académico, las relaciones sociales, el miedo a cometer errores o situaciones familiares estresantes.
En estos casos, la mente del menor está centrada en anticipar posibles problemas, lo que dificulta que presten atención a lo que está ocurriendo en el aula. Desde fuera, este comportamiento puede interpretarse erróneamente como distracción o falta de interés, cuando en realidad responde a un estado de alerta permanente. Los expertos advierten de que, si no se identifica correctamente la ansiedad como causa subyacente, el tratamiento puede no ser eficaz.
El papel de los pensamientos intrusivos.
El artículo también señala que los problemas de atención pueden estar relacionados con trastornos caracterizados por la presencia de pensamientos intrusivos. En estas situaciones, el niño o la niña puede parecer distraído/a o ausente, pero no porque no quiera prestar atención, sino porque su mente está ocupada por ideas persistentes que resultan difíciles de controlar.
Diferentes investigaciones indican que este tipo de pensamientos interfieren de manera significativa en la capacidad de concentración, ya que el menor dedica gran parte de su energía mental a intentar neutralizarlos o gestionarlos. Como consecuencia, seguir instrucciones, completar tareas o atender explicaciones se convierte en un desafío constante.
Estrés, experiencias adversas y atención.
Otra causa relevante de los problemas de atención es el estrés prolongado o la exposición a experiencias adversas. Los expertos señalan que los niños, las niñas y los/as adolescentes que han vivido situaciones difíciles pueden mostrar un patrón de hipervigilancia, es decir, una atención excesiva al entorno en busca de posibles amenazas.
Este estado de alerta permanente interfiere con la atención sostenida necesaria para el aprendizaje. En lugar de centrarse en la tarea escolar, el o la menor puede estar pendiente de estímulos irrelevantes o reaccionar con facilidad ante cualquier distracción. Según los estudios, este tipo de respuestas puede confundirse fácilmente con los síntomas del TDAH si no se explora el contexto emocional y vital del niño o de la niña.
Dificultades de aprendizaje que pasan desapercibidas.
Los problemas de atención también pueden estar relacionados con dificultades específicas de aprendizaje. En estos casos, el niño puede desconectarse de la tarea porque no comprende lo que se le está pidiendo, no porque tenga un problema primario de atención.
Los estudios destacan que, cuando una actividad resulta excesivamente difícil o frustrante, es frecuente que el/la menor evite la tarea, se distraiga o muestre desinterés. Desde el exterior, este comportamiento puede parecer una falta de atención generalizada, cuando en realidad responde a dificultades concretas en el procesamiento de la información.
La necesidad de una evaluación integral.
El Instituto de la Mente Infantil insiste en que ningún diagnóstico debería basarse únicamente en observaciones aisladas. A este respecto, la evidencia muestra que, para diferenciar el TDAH de otras causas de problemas de atención es imprescindible realizar una evaluación exhaustiva que tenga en cuenta múltiples fuentes de información.
Esta evaluación debe recoger datos del entorno familiar y escolar, así como observar el comportamiento del niño en distintos contextos. Los estudios subrayan que, solo a través de este enfoque global, es posible identificar con precisión qué está interfiriendo en la atención y diseñar una intervención adecuada.
Implicaciones para la intervención.
Identificar correctamente la causa de los problemas de atención tiene consecuencias directas sobre el tipo de apoyo que se ofrece al o la menor. Los expertos recuerdan que cuando se asume erróneamente que todos los problemas de atención son TDAH, existe el riesgo de aplicar estrategias que no aborden el problema real.
Por el contrario, una comprensión adecuada permite orientar la intervención hacia las necesidades específicas del niño, ya sea proporcionando apoyo emocional, adaptaciones educativas o estrategias psicológicas ajustadas a su situación.
Conclusión.
El Instituto de la Mente Infantil pone de relieve la importancia de no simplificar en exceso los problemas de atención en la infancia y adolescencia. Lejos de ser un indicador exclusivo de TDAH, la falta de atención puede ser la manifestación de múltiples dificultades emocionales, cognitivas o contextuales.
Tal y como señalan las investigaciones y la experiencia clínica, solo una evaluación rigurosa y una mirada amplia permiten comprender qué está ocurriendo realmente y ofrecer respuestas eficaces. Este enfoque resulta esencial para garantizar que niños, niñas y adolescentes reciban el apoyo más adecuado a sus necesidades, evitando diagnósticos precipitados y favoreciendo un desarrollo saludable.
Fuente.
Child Mind Institute (2026). Not All Attention Problems Are ADHD. Resource Center. ADHD & Attention/Diagnosis.
