La dificultad de diagnosticar el trastorno bipolar en adolescentes, según el Child Mind Institute
30 Mar 2026

El trastorno bipolar sigue siendo uno de los diagnósticos más complicados en salud mental, especialmente, en adolescentes. Con frecuencia, sus primeras manifestaciones son confundidas con depresión, ansiedad, TDAH o incluso esquizofrenia, lo que retrasa el abordaje adecuado y expone a los y las jóvenes a tratamientos poco eficaces. Así lo advierte el Instituto de la Mente Infantil de Reino Unido (Child Mind Institute), en un artículo monográfico a través del cual aborda las dificultades para identificar precozmente este trastorno del estado de ánimo y las consecuencias de un diagnóstico tardío.

Inicio del trastorno: síntomas variados y confusos.

De acuerdo con el documento, el trastorno bipolar suele diagnosticarse en la adolescencia o en la adultez temprana, aunque también puede aparecer en la infancia. La edad media de inicio se sitúa en torno a los 18 años, siendo el rango de 15 a 19 años el más frecuente

Sin embargo, los síntomas iniciales son inusualmente diversos y muchas veces pasan desapercibidos o son malinterpretados.

trastorno bipolar
Foto: freepik. Diseño: pch.vector/freepik. Fecha: 03/10/25
¿Cómo comienzan los síntomas de depresión?

En numerosos adolescentes, el trastorno comienza con un episodio depresivo mayor. Estos cuadros no solo se acompañan de tristeza o irritabilidad, sino también de sensación de fracaso, sentimientos desproporcionados de culpa, confusión mental y lentitud física acusada.

En muchos casos, estas manifestaciones llevan a que los y las jóvenes reciban un diagnóstico inicial de depresión mayor. El problema es que los episodios maníacos o hipomaníacos pueden no aparecer hasta meses o incluso años después, lo que retrasa un diagnóstico certero y, en consecuencia, el inicio del tratamiento más adecuado.

La aparición del primer episodio de manía.

En otros adolescentes, la primera manifestación es un episodio maníaco de inicio brusco. Los expertos lo describen como un cambio repentino, «como un trueno»: el joven pasa de una conducta considerada «normal», a presentar euforia desbordante, grandiosidad, aceleración del pensamiento y del lenguaje, y comportamientos de riesgo. En algunos casos, la intensidad de los síntomas es tal, que terminan en hospitalización o en intervenciones de urgencia, llegando incluso a situaciones de arresto debido a conductas peligrosas o violentas.

En niños más pequeños, los signos de manía pueden confundirse con la hiperactividad y la impulsividad propias del TDAH, lo que contribuye a diagnósticos incorrectos.

La hipomanía: un cuadro difícil de detectar.

La hipomanía es una forma más leve de manía. El o la adolescente se muestra especialmente activo/a, hablador/a, grandioso/a, creativo/a y productivo/a, con cambios de humor o irritabilidad, pero sin alcanzar la desorganización ni la pérdida de control de la manía. La dificultad radica en que ni la propia persona ni su entorno suelen percibir estas conductas como síntomas de un trastorno. En consecuencia, la hipomanía pasa inadvertida, demorando el diagnóstico.

Episodios mixtos y riesgo de confusión.

Existe también la posibilidad de que los/as adolescentes sufran episodios mixtos, en los que coexisten síntomas depresivos y maníacos. El resultado es un estado confuso en el que el ánimo deprimido se combina con pensamientos acelerados, agitación, insomnio y preocupación excesiva. Algunos pacientes lo describen como la sensación de estar «sobreactivados y agotados al mismo tiempo». Estos episodios, con frecuencia, se confunden con trastornos de ansiedad.

En los casos más graves, tanto la depresión como la manía pueden acompañarse de síntomas psicóticos (delirios, alucinaciones o rupturas con la realidad). Cuando esto ocurre, es habitual que se confundan con esquizofrenia en el diagnóstico inicial.

El diagnóstico no puede basarse en una observación aislada, sino en una historia clínica detallada.

El Instituto de la Mente Infantil insiste en que el diagnóstico del trastorno bipolar no puede basarse en una observación aislada, sino en una historia clínica detallada que permita reconstruir los cambios de ánimo a lo largo del tiempo.

Esta evaluación incluye entrevistas cuidadosas con la persona, así como con familiares y amistades, ya que, en muchos casos los/as adolescentes no reconocen la manía o la hipomanía como algo problemático. Asimismo, la historia familiar resulta relevante: tener parientes de primer grado con diagnóstico de trastorno bipolar aumenta el riesgo de padecerlo.

Los criterios clínicos incluyen, para la manía, síntomas como irritabilidad extrema, excitación, grandiosidad, hiperactividad, disminución de la necesidad de sueño, verborrea, pensamientos acelerados, falta de concentración, conductas arriesgadas y episodios psicóticos. Para la depresión, los signos clave abarcan retraimiento, anhedonia, alteraciones del sueño y del apetito, fatiga, desesperanza, sentimientos de inutilidad, culpa excesiva, pensamientos de muerte o intentos de suicidio

El documento recalca un dato de gran preocupación: el riesgo de suicidio en personas con trastorno bipolar es hasta 15 veces superior al de la población general. Este riesgo se incrementa con la severidad y persistencia de la depresión y con los episodios mixtos.

La importancia de la intervención psicológica.

El artículo indica que, si bien durante décadas, la medicación ha sido el tratamiento de referencia para el trastorno bipolar, las intervenciones psicológicas han evidenciado ser eficaces para acelerar la recuperación de episodios agudos, retrasar la recurrencia, reducir intentos de suicidio y aumentar la adherencia al tratamiento, por lo que subraya su importancia en el abordaje de este trastorno.

Entre las terapias con mayor evidencia científica destacan:

  • Terapia familiar focalizada (FFT): involucra a padres y familiares en la detección temprana de síntomas, mejora de la comunicación y solución de conflictos. El objetivo es reducir el estrés en el entorno familiar, un factor que puede precipitar episodios.
  • Terapia cognitivo-conductual (CBT): orientada a modificar los pensamientos distorsionados y los patrones conductuales disfuncionales que acompañan a los episodios depresivos o mixtos.
  • Terapia interpersonal y de ritmos sociales (IPSRT): busca estabilizar las rutinas diarias de sueño, alimentación y relaciones sociales. Se centra en la importancia de los “ritmos sociales”, que en adolescentes suelen ser inestables debido a los cambios propios de la edad y que, cuando se alteran, pueden desencadenar episodios

La adolescencia es un periodo de especial vulnerabilidad por la frecuente privación de sueño y las alteraciones en los hábitos sociales. Por ello, las terapias psicológicas adaptadas a este grupo etario adquieren un papel fundamental.

Vivir con un diagnóstico de trastorno bipolar

El documento señala que, contrariamente a lo que se pensaba en el pasado, el curso del trastorno bipolar no difiere en función de si se inicia antes o después de los 18 años. Aunque se trata de un trastorno crónico, con un abordaje integral —psicoterapia, medicación, estrategias de manejo del estrés, rutinas regulares e identificación temprana de los síntomas—, muchas personas pueden llevar una vida estable y satisfactoria.

La clave, según los expertos, reside en acortar los tiempos de diagnóstico, evitando diagnósticos erróneos que retrasen el inicio del tratamiento adecuado. De este modo, se mejora significativamente la calidad de vida de los y las jóvenes, reduciendo incluso el riesgo de suicidio.

Conclusión: la necesidad de un abordaje integral

El Instituto de la Mente Infantil concluye que, aunque el trastorno bipolar es un trastorno crónico y complejo, un diagnóstico temprano y un tratamiento integral —que combine la medicación con terapias psicológicas específicas— permiten a muchos/as adolescentes llevar una vida estable y satisfactoria.

El reto sigue siendo reducir los diagnósticos erróneos y acortar el tiempo de espera hasta la identificación correcta, evitando así tratamientos inadecuados y disminuyendo el riesgo de suicidio. La detección precoz y el acceso a intervenciones psicológicas de calidad constituyen, de acuerdo con los expertos, las claves para mejorar la vida de los jóvenes con este trastorno.


Se puede acceder al artículo completo a través del siguiente enlace:

Bipolar Disorder: Why It’s Often Misdiagnosed

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