Los trastornos de la personalidad, una realidad invisible en los contextos humanitarios
13 May 2026

Los trastornos de la personalidad son frecuentes y altamente incapacitantes, pero siguen siendo una de las grandes ausencias en la planificación y monitorización de la salud mental en contextos humanitarios. Así lo advierte un reciente artículo publicado en The Lancet Psychiatry, que pone el foco en la falta de indicadores y vías específicas de monitorización para los trastornos de la personalidad en los sistemas de vigilancia y respuesta en poblaciones afectadas por guerras, desplazamientos forzados, hambrunas u otras emergencias humanitarias.

La falta de datos sobre la prevalencia y el impacto de estos trastornos dificulta tanto la protección de las personas afectadas como la adecuada organización de los servicios sanitarios y psicológicos. Según señalan los autores, aunque los trastornos de la personalidad son comunes y generan un deterioro significativo del funcionamiento personal e interpersonal, se desconoce su magnitud real en poblaciones expuestas a crisis humanitarias. Esta ausencia de información tiene consecuencias directas: limita la capacidad para prevenir situaciones de explotación, abuso, detención insegura o vulneraciones de derechos, y obstaculiza la planificación eficaz de los recursos de atención psicológica y de salud mental.

Los trastornos de la personalidad, una realidad invisible en los contextos humanitarios
Fuente: freepik. Autor: rawpixel.com. Fecha: 07/11/23. Impacto guerras en salud mental

En los contextos de emergencia, la vigilancia sanitaria suele priorizar los trastornos mentales considerados más prevalentes o graves, como la ansiedad, la depresión o el trastorno de estrés postraumático. Esta priorización, comprensible en escenarios de recursos escasos, ha tenido como efecto colateral la exclusión sistemática de los trastornos de la personalidad de los indicadores principales y de los sistemas rutinarios de seguimiento. De este modo, estos problemas de salud mental rara vez aparecen en los registros de atención primaria o en las matrices y paneles de actividad utilizados por los clústeres de salud humanitaria para coordinar la respuesta.

Los autores subrayan que los principales marcos internacionales de coordinación y evaluación, como el Marco Común de Monitoreo y Evaluación (Common Monitoring and Evaluation Framework) del Comité Permanente entre Organismos (IASC) para los servicios de salud mental y apoyo psicológico y social, no incluyen vías específicas de cribado ni denominadores propios para los trastornos de la personalidad. Del mismo modo, los informes anuales de los sistemas de información sanitaria del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) continúan centrados fundamentalmente en el volumen de servicios prestados —como número de visitas, sesiones o derivaciones— sin incorporar métricas específicas que permitan identificar y seguir a las personas con este tipo de trastornos.

Ausencia de indicadores y herramientas de detección de los trastornos de la personalidad en los marcos de seguimiento humanitario.

Como consecuencia de esta invisibilidad estadística, se desconoce qué proporción de las personas atendidas presenta trastornos de la personalidad, se dificulta el triaje clínico y se desaprovecha una capacidad especializada ya de por sí limitada. Ante esta situación, los autores consideran imprescindible impulsar un programa dirigido de epidemiología de campo en contextos humanitarios que permita fundamentar tanto la planificación de servicios como las medidas de protección.

El artículo propone un programa estructurado en cuatro acciones concretas y auditables. En primer lugar, plantea la inclusión explícita de los trastornos de la personalidad en las evaluaciones rápidas que se realizan en las primeras fases de las emergencias. Para ello, se sugiere el uso de herramientas breves de cribado centradas en el deterioro del funcionamiento del yo y de las relaciones interpersonales. Estas herramientas deberían adaptarse culturalmente a cada población y, cuando no existan instrumentos adecuados, desarrollarse mediante procesos rigurosos de traducción, retrotraducción, entrevistas cognitivas y estudios piloto antes de su uso en el terreno.

Atención escalonada y estandarización de indicadores para los trastornos de la personalidad.

Asimismo, los autores destacan la necesidad de definir umbrales claros de derivación, alineados con modelos de atención escalonada, y de registrar para los trastornos de la personalidad los mismos indicadores que ya se emplean para otros problemas de salud mental, como la ansiedad o la depresión. Entre estos indicadores se incluyen la cobertura del cribado, la detección de nuevos casos, el inicio eficaz de la atención dentro de un plazo definido y la proporción de personas que se mantienen en el itinerario asistencial asignado en seguimientos posteriores. Todo ello, debería recogerse de forma desagregada por sexo y edad, incorporando alertas específicas de salvaguarda.

En segundo lugar, el artículo defiende la incorporación sistemática de métricas sobre trastornos de la personalidad en las plantillas y herramientas utilizadas por el IASC y el ACNUR. Esto permitiría monitorizar la cobertura de estos problemas de salud mental en los servicios de apoyo psicológico y social y reportarlos de manera conjunta con los datos sobre depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático en informes de situación y paneles de seguimiento. De este modo, se obtendría una visión más precisa del perfil real de necesidades de las poblaciones afectadas.

Implementación de intervenciones coste-eficaces y optimización del uso de recursos especializados.

La tercera línea de actuación propuesta se centra en la intervención. Los autores abogan por integrar intervenciones breves y basadas en habilidades —orientadas a la regulación emocional, la resolución de problemas y la eficacia interpersonal— dentro de los servicios no especializados. Programas desarrollados por la Organización Mundial de la Salud, como Self-Help Plus o Problem Management Plus en formato grupal, se presentan como opciones viables y coste-eficaces para este nivel de atención.

Los recursos especializados, por su parte, deberían reservarse para situaciones de mayor riesgo, como ideación suicida aguda, riesgo de violencia, problemas urgentes de protección o comorbilidad clínica compleja. En todos los casos, la supervisión de los profesionales no especialistas por parte de personal con formación en salud mental debería estandarizarse e incluir planes de seguridad, conforme a las directrices internacionales vigentes.

Por último, el artículo insiste en la necesidad de generar datos empíricos sólidos. Para ello, se propone que los responsables de los clústeres de salud, en colaboración con los ministerios de salud, el ACNUR, la OMS y socios académicos, impulsen estudios armonizados sobre la prevalencia de los trastornos de la personalidad y el uso de servicios de salud mental por parte de las personas afectadas en contextos humanitarios. Esta armonización exige consensuar definiciones de caso, marcos muestrales e indicadores compatibles con los paneles de seguimiento rutinarios, de forma que los resultados orienten la planificación de recursos, la formación de la fuerza laboral y las respuestas de protección.

Hacia una respuesta más inclusiva y basada en datos en salud mental humanitaria.

En opinión de los autores, la incorporación de indicadores sobre trastornos de la personalidad en los sistemas existentes no supondría una desviación de recursos en detrimento de otros problemas de salud mental prioritarios. Al contrario, dado que los mismos equipos y formularios pueden recoger la información de manera paralela, esta ampliación permitiría clarificar la distribución real de los problemas atendidos, mejorar el triaje clínico y reforzar la rendición de cuentas de los servicios de salud mental y apoyo psicológico y social ante las poblaciones afectadas por crisis humanitarias.

Este llamamiento publicado en The Lancet Psychiatry pone de relieve la necesidad de avanzar hacia una atención psicológica más inclusiva y basada en datos, capaz de responder a la complejidad de los problemas de salud mental en contextos de extrema vulnerabilidad, y de garantizar que los trastornos de la personalidad dejen de ser una realidad invisible en la acción humanitaria.


Fuente.

Anwar, S., & Talha, M. (2025). Personality disorders in humanitarian settings [Correspondence]. The Lancet Psychiatry, 13 (2), pp.96-97. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(25)00363-3

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