Muchos niños y niñas en edad preescolar diagnosticados con problemas de atención e hiperactividad reciben prescripciones farmacológicas casi inmediatamente después de su diagnóstico, omitiendo el tiempo necesario para intentar primero las terapias conductuales recomendadas en las guías de práctica clínica basadas en la evidencia. Así lo señala un estudio publicado en la revista JAMA Network Open, realizado por investigadores de diversos sistemas de salud pediátrica en Estados Unidos.
La investigación subraya una desconexión preocupante entre las guías clínicas establecidas, que priorizan la intervención en el comportamiento, y la realidad de la práctica médica en la atención primaria, donde el inicio del tratamiento con medicamentos ocurre con una rapidez inesperada en un gran porcentaje de los casos.

Foto: Freepik. Autor: Freepik. Descarga: 11/12/2025.
Las recomendaciones frente a la práctica clínica real.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición del neurodesarrollo muy prevalente que afecta aproximadamente al diez por ciento de los niños y niñas, siendo diagnosticado cada vez con mayor frecuencia antes de la entrada en la escuela primaria. La identificación temprana de los síntomas en niños y niñas de tres a cinco años es crucial, puesto que ayuda a mitigar problemas sociales, emocionales y académicos futuros.
Reconociendo la naturaleza de este trastorno en edades tempranas, la subcomisión de la American Academy of Pediatrics (Academia Americana de Pediatría) publicó guías de práctica clínica que establecen recomendaciones específicas para el manejo de estos casos en preescolares. Estas directrices indican que los pediatras de atención primaria deben comenzar con la capacitación de los padres en el manejo conductual y considerar el tratamiento farmacológico, como el metilfenidato, únicamente como una segunda línea de tratamiento. Esta recomendación se basa en que existe una evidencia más sólida sobre la eficacia de la intervención conductual que sobre los medicamentos para este grupo de edad.
Sin embargo, los hallazgos de Yair Bannett y su equipo revelan que, en la práctica, estas pautas no siempre se siguen. Según señalan los autores, aunque no existe un punto de referencia claro sobre cuántos niños y niñas preescolares deberían recibir medicación, las guías sugieren que debería reservarse para casos con disfunción sustancial o falta de respuesta a la terapia conductual. A pesar de esto, el estudio encontró que las tasas de prescripción son más altas de lo esperado, superando incluso las tasas reportadas en estudios previos realizados por subespecialistas.
Metodología.
Para realizar el estudio, los investigadores llevaron a cabo un estudio de cohorte retrospectivo utilizando registros médicos electrónicos de clínicas de atención primaria. Los datos provinieron de ocho grandes instituciones académicas que participan en PEDSnet, una red nacional de investigación en salud pediátrica de Estados Unidos.
El equipo analizó la información de 712.478 niños de entre tres y cinco años que fueron atendidos entre los años 2016 y 2023. De este gran grupo, identificaron a aquellos que recibieron al menos un diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad entre los cuatro y cinco años y realizaron un seguimiento de sus prescripciones médicas hasta antes de que cumplieran los siete años. Esta metodología robusta, basada en datos clínicos reales y no solo en encuestas, permite una visión detallada de cómo se está gestionando el trastorno en el entorno de la atención primaria.
Una prescripción farmacológica acelerada.
El análisis de los datos mostró que, de los 9.708 niños y niñas de entre cuatro y cinco años diagnosticados con el trastorno, a un 68,2 % se le prescribió medicación para el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad antes de cumplir los siete años. Lo más llamativo para los investigadores fue el momento en que se realizó dicha prescripción.
Los autores destacan que al 42,2 % de los niños y niñas se les recetaron medicamentos dentro de los primeros treinta días posteriores a la primera documentación del diagnóstico. Bannett y sus colaboradores advierten que más de un tercio de los pacientes carecieron de tiempo suficiente para someterse a un tratamiento conductual basado en la evidencia antes de comenzar con los fármacos. Esto contradice la recomendación de esperar un periodo prudencial para evaluar la respuesta a las intervenciones no farmacológicas.
El estudio detalla que, entre los medicamentos recetados, los estimulantes fueron los más comunes, abarcando al 77,5 % de los niños y niñas medicados, mientras que los no estimulantes representaron un porcentaje menor. Además, observaron que la mediana de tiempo desde el diagnóstico hasta la prescripción variaba drásticamente según la edad del niño en el momento del diagnóstico, siendo a menudo de cero días para los niños de cinco años, lo que implica una prescripción en la misma visita del diagnóstico.
Disparidades raciales y sociales en el tratamiento.
Uno de los aspectos más relevantes señalados por los investigadores es la existencia de desigualdades significativas basadas en la raza, el origen étnico y el tipo de seguro médico. El equipo de investigación encontró que los niños y niñas blancos tenían más probabilidades de recibir medicación de manera temprana en comparación con otros grupos minoritarios. Los autores sugieren que esto podría deberse a actitudes negativas hacia la medicación dentro de grupos minoritarios, quienes también suelen tener menos probabilidades de iniciar y participar en entrenamientos conductuales para padres.
Asimismo, el estudio señala que los pacientes con seguro público tienen más probabilidades de ser medicados rápidamente que aquellos con seguro privado. Según explican Bannett y sus colegas, los pacientes con seguros públicos a menudo enfrentan barreras sistémicas, como la dificultad para acceder a subespecialistas y a programas de entrenamiento conductual para padres basados en la evidencia. Esta falta de acceso a alternativas no farmacológicas podría motivar tanto al médico como a la familia a optar por los medicamentos como una solución más accesible y rápida.
Factores clínicos asociados a la medicación temprana.
El estudio también identificó ciertas condiciones concurrentes que influyen en la decisión de prescribir medicamentos con prontitud. Los niños y niñas que presentaban problemas de sueño o trastornos de conducta disruptiva mostraron una mayor probabilidad de recibir una prescripción temprana en comparación con aquellos que no tenían estos diagnósticos.
Los autores documentaron que las comorbilidades son frecuentes en esta población; aproximadamente dos tercios de los pacientes tenían alguna condición adicional documentada, siendo los retrasos o trastornos del lenguaje, los problemas de sueño y los trastornos de conducta disruptiva los más habituales. La presencia de estas condiciones complejas puede influir en la percepción de severidad por parte del pediatra, inclinando la balanza hacia una intervención farmacológica más agresiva.
Hacia una mejor comprensión de las barreras de tratamiento.
A la luz de estos hallazgos, los autores concluyen que es imperativo investigar más a fondo las barreras que impiden el uso de intervenciones no farmacológicas. La alta tasa de prescripción de medicamentos y la falta de demora entre el diagnóstico inicial y el tratamiento farmacológico requieren una evaluación más profunda para determinar la idoneidad de estas prácticas.
Bannett y su equipo enfatizan que las intervenciones futuras deben abordar las barreras a nivel familiar, clínico y del sistema de salud que dificultan el acceso a los tratamientos conductuales. Es necesario entender si las diferencias en la presentación clínica, el conocimiento del pediatra sobre las terapias disponibles o las preferencias de las familias están impulsando estas altas tasas de medicación temprana, en la medida que esto podría estar afectando desproporcionadamente a ciertas subpoblaciones vulnerables. Tal como indican los investigadores, el análisis de esta información será un paso necesario para comprender los razonamientos médicos detrás de estas decisiones rápidas de prescripción y derribar las barreras para una adecuada intervención en estos menores.
Fuente.
Bannett, Y., Luo, I., Azuero-Dajud, R., Feldman, H. M., Brink, F. W., Froehlich, T. E., Harris, H. K., Kan, K., Wallis, K. E., Whelan, K., Spector, L., & Forrest, C. B. (2025). ADHD Diagnosis and Timing of Medication Initiation Among Children Aged 3 to 5 Years. JAMA Network Open, 8(8), e2529610. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2025.29610
