Cuando la conducta cambia en la demencia: una guía práctica ofrece claves para comprender y manejar las alteraciones conductuales
13 Oct 2026

Los cambios de conducta que pueden aparecer en las personas con demencia no son actos voluntarios ni intencionados, sino manifestaciones de las dificultades que la enfermedad provoca para comprender el entorno, comunicarse, orientarse o expresar necesidades básicas. Comprender el significado de estos comportamientos y responder de forma adecuada puede contribuir a reducir el malestar, favorecer el bienestar de la persona y facilitar la labor de familiares y personas cuidadoras.

Así lo recoge la guía práctica “Cuando la conducta cambia. Cómo comprender y manejar los problemas de conducta de las personas con demencia”, realizada por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), en colaboración con la Sociedad Española de Neurología (SEN) y la Sociedad Española de Psicogeriatría (SEPG), con el fin de ofrecer orientación y estrategias para el manejo cotidiano de estas situaciones.

La publicación explica que el deterioro cognitivo y la demencia afectan de forma progresiva a funciones como la memoria, la atención, el lenguaje o la capacidad de razonamiento, comprometiendo gradualmente la autonomía para realizar las actividades de la vida diaria. Además de estas alteraciones cognitivas y funcionales, pueden aparecer cambios emocionales y conductuales que constituyen una de las principales fuentes de preocupación para quienes prestan cuidados.

La guía recuerda que cada persona vive la enfermedad de manera diferente, por lo que no todas las recomendaciones serán igualmente eficaces en todos los casos. No obstante, plantea una serie de principios generales que pueden servir de referencia para afrontar estas situaciones desde un enfoque centrado en la persona.

Fuente: Magnific. Autoría: gpointstudio. Descarga: 31/07/26.
Cuatro pilares para favorecer el bienestar.

Como base del cuidado, el documento identifica cuatro pilares fundamentales que contribuyen a prevenir o reducir las alteraciones conductuales.

El primero consiste en crear un entorno tranquilo, seguro y predecible, favoreciendo el orden, una iluminación adecuada, un ambiente con pocos ruidos, una temperatura confortable y elementos que faciliten la orientación, como relojes, calendarios o señales visuales. Asimismo, recomienda eliminar obstáculos que puedan aumentar el riesgo de caídas y adaptar el espacio para favorecer la seguridad y disminuir la desorientación.

El segundo pilar se centra en mantener rutinas estables y adaptar las actividades al ritmo y capacidades de la persona. La guía aconseja realizar las tareas habituales en horarios regulares, anticipar lo que va a ocurrir, dividir las actividades en pequeños pasos, evitar las prisas y reforzar positivamente cada colaboración, favoreciendo así la autonomía y reduciendo el estrés.

El tercer pilar hace referencia a la comunicación, destacando la importancia de utilizar frases sencillas, hablar despacio, formular preguntas cerradas, emplear un tono calmado y validar las emociones de la persona sin insistir en que recuerde hechos que ha olvidado. También subraya el papel de la comunicación no verbal, recomendando mantener el contacto visual, respetar el ritmo de la persona y utilizar gestos de afecto cuando sean bien aceptados.

Finalmente, la guía destaca la necesidad de ofrecer actividades significativas, adaptadas tanto a las capacidades conservadas como a la historia de vida, intereses y preferencias de la persona. Más allá de mantenerla ocupada, el objetivo es favorecer la autoestima, preservar habilidades y mantener el vínculo con actividades que hayan tenido sentido a lo largo de su vida.

Comprender el origen de las alteraciones conductuales.

Según explica el documento, las alteraciones conductuales no aparecen «sin motivo», sino que con frecuencia constituyen una respuesta a las dificultades que experimenta la persona para comprender su entorno, orientarse, comunicarse o realizar actividades cotidianas. También pueden estar relacionadas con necesidades básicas no cubiertas, como hambre o sueño, problemas médicos como dolor o infecciones, efectos de determinados medicamentos, cambios de domicilio o de entorno, dificultades para reconocer a familiares o lugares habituales, así como con el propio estrés de quienes ejercen los cuidados.

Ante cualquier cambio de comportamiento, la guía recomienda mantener la calma, identificar posibles desencadenantes, revisar el entorno para reducir estímulos innecesarios, validar las emociones, redirigir la atención hacia otra actividad sin discutir y observar qué situaciones favorecen o empeoran la conducta para prevenir futuros episodios. Si el problema persiste, provoca un importante sufrimiento o supone un riesgo para la persona o para quienes la cuidan, aconseja consultar con un profesional sanitario.

Estrategias para responder a las alteraciones más frecuentes.

La publicación dedica un apartado específico a diferentes alteraciones conductuales que pueden aparecer durante la evolución de la demencia, entre ellas, ansiedad, depresión, apatía, delirios, alucinaciones, falsas identificaciones, trastornos del sueño, agitación, irritabilidad, oposición, agresividad, conductas motoras repetitivas, impulsividad, desinhibición o alteraciones de la conducta alimentaria.

En todos estos casos, el enfoque propuesto prioriza intervenciones orientadas a comprender el origen del comportamiento y adaptar el entorno antes que confrontar o corregir a la persona. Así, por ejemplo, ante la ansiedad o la depresión recomienda validar las emociones, mantener rutinas estables, favorecer el contacto con personas cercanas y proponer actividades agradables adaptadas a sus capacidades. Frente a delirios o falsas identificaciones, aconseja no discutir sobre el contenido de las creencias, transmitir seguridad y redirigir la atención hacia otras actividades. En situaciones de agitación o agresividad, plantea identificar y reducir los estímulos desencadenantes, hablar con calma, priorizar la seguridad y favorecer actividades que impliquen movimiento adaptado cuando resulte apropiado.

Asimismo, la guía aborda otros problemas frecuentes, como la anosognosia —la falta de conciencia de enfermedad—, señalando que puede dificultar la aceptación de ayuda y aumentar determinados riesgos, por lo que recomienda comprender este síntoma, ofrecer apoyo de forma gradual y valorar cuidadosamente las situaciones que pueden comprometer la seguridad.

La terapia cognitivo-conductual y los recursos comunitarios, entre las estrategias recogidas en la guía.

Asimismo, la guía dedica un apartado específico a la terapia cognitivo-conductual, señalando que, en el contexto de la demencia, su foco se desplaza desde la persona afectada hacia el cuidador principal y su entorno, con el objetivo de ayudarles a comprender y manejar mejor las conductas problemáticas. Para ello, propone observar y registrar qué ocurre antes, durante y después de cada conducta, identificar patrones relacionados con el cansancio, el ruido, la confusión o la frustración, ajustar el entorno o la interacción para reducir los desencadenantes y controlar la propia reacción, evitando responder desde el enfado. Asimismo, recomienda hacer una pausa cuando aumenta la tensión y retomar la situación desde la calma, entendiendo la conducta difícil como una necesidad no cubierta y ofreciendo seguridad o contacto.

La publicación pone también en valor los recursos comunitarios, como los centros de mayores, centros de día y las asociaciones de familiares de personas con Alzheimer, que facilitan el acceso a servicios de Psicología, terapia ocupacional, fisioterapia y programas como gerontogimnasia, talleres adaptados o actividades grupales. Según recoge la guía, estos recursos deben elegirse de acuerdo con los intereses, hábitos y valores previos de la persona. Además, señala que la participación en actividades sociales puede reducir la sensación de aislamiento y reforzar el sentido de pertenencia.


Se puede acceder a la guía desde la página de la SEGG o bien directamente aquí.

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