Existe, de manera generalizada, una falta de atención clínica de los problemas de sueño en pacientes con trastorno mental grave, y cuando se abordan estos problemas, el tratamiento ofrecido a menudo entra en conflicto con las directrices clínicas. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Sleep Medicine, que subraya la necesidad crucial de incorporar de manera rutinaria la evaluación y el tratamiento de los trastornos del sueño (mediante la aplicación de terapia cognitivo-conductual e higiene del sueño) para mejorar significativamente la atención actual que se presta a estos pacientes.

Foto: Freepik. Autor: Freepik. Descarga: 17/10/2025.
Relevancia del sueño en el trastorno mental grave.
Según explican los autores, existe una amplia evidencia que demuestra una relación bidireccional entre el sueño y la salud mental, de forma que ambos problemas se retroalimentan. Así, los problemas de sueño son notablemente comunes y graves en las poblaciones con enfermedad mental grave, lo que agrava aún más los síntomas de esta enfermedad.
El trastorno mental grave, tal como la definen los investigadores en este estudio, incluye trastornos psicóticos, trastorno bipolar, depresión mayor y trastornos de ansiedad, así como trastornos de la alimentación o trastornos de la personalidad cuando el grado de deterioro funcional es grave.
Los problemas de sueño empeoran la sintomatología en salud mental.
Según los autores, la presencia de trastornos del sueño se asocia con una mayor gravedad de los síntomas de salud mental. De hecho, los problemas de sueño en pacientes con enfermedad mental grave están relacionados con un mayor número de intentos de suicidio, un deterioro en el funcionamiento cognitivo y socio-ocupacional, una menor calidad de vida y tasas más altas de recaídas en episodios de estado de ánimo. Por lo tanto, el uso de un enfoque basado en la evidencia para la evaluación y el tratamiento de los problemas de sueño en el contexto de la enfermedad mental grave es fundamental.
Las guías clínicas actuales, como las del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia en el Cuidado (NICE), recomiendan que el insomnio crónico (aquel con duración superior a tres meses) se aborde mediante higiene del sueño y la Terapia Cognitivo Conductual para el Insomnio (TCC-I) como tratamiento de primera línea, tal y como se recoge en el artículo. Además, la evidencia apoya el impacto positivo de abordar los trastornos del sueño de manera independiente a los problemas de salud mental coexistentes, lo que resulta en una mejora significativa del sueño y mejoras secundarias en la salud mental. La TCC-I, según indican los autores, puede aliviar un amplio espectro de síntomas psiquiátricos asociados, como la ansiedad, la depresión y la psicosis.
Metodología.
El estudio empleó un diseño transversal de análisis de datos secundarios. Los investigadores identificaron y extrajeron registros clínicos anónimos pertinentes (un total de 229 registros individuales de pacientes utilizados para los fines de este estudio) de una base de datos del NHS Trust (Servicio Nacional de Salud del Reino Unido). Los participantes clave fueron adultos en edad laboral con enfermedad mental grave atendidos por equipos de salud mental comunitarios y equipos de intervención temprana en psicosis.
Evaluación y documentación deficiente del sueño.
Una de las principales conclusiones de la investigación es la falta de documentación exhaustiva de los problemas de sueño. De total de pacientes con problemas de sueño, un 84% tenían una evaluación nula o mínima del problema de sueño documentada en sus expedientes.
Asimismo, los investigadores encontraron que la descripción de las causas del problema de sueño solo estaba especificada en el 28% de los registros, mientras que los efectos percibidos (como fatiga o exacerbación de síntomas) se describieron en el 26%. La descripción del patrón de sueño estuvo presente en el 28% de los registros, y el promedio de horas de sueño diario en el 19%. Además, se nombraron trastornos específicos del sueño en solo el 13% de los registros (por ejemplo, insomnio en 19 casos o apnea obstructiva del sueño en 6). Según los autores, estos hallazgos demuestran una inconsistencia en la descripción de los problemas de sueño por parte de los profesionales clínicos.
Tratamientos que contravienen las guías clínicas.
La evidencia recopilada por los autores muestra que, cuando se aborda el problema de sueño, el tratamiento que recibe el paciente con enfermedad mental grave a menudo se opone al establecido por las guías de práctica clínica basadas en la evidencia.
Los resultados de los análisis de los tipos de tratamiento proporcionados a estos pacientes son categóricos:
- La mayoría de los pacientes (115, lo que representa el 57%) no recibieron tratamiento para el sueño ofrecido por su equipo de salud mental.
- El 34% (69 pacientes) recibió tratamientos clasificados como no recomendados.
- Solo el 9% (19 pacientes) recibió tratamientos recomendados según las directrices clínicas.
Tipos de tratamientos aplicados, pero no recomendados.
Entre los pacientes a los que se les ofrecieron tratamientos no recomendados (69), el 75% recibió medicación para el sueño (como Melatonina, Zopiclona o Zolpidem) pero no fue ofrecida junto a la TCC-I, que sería la pauta adecuada según las guías de práctica clínica. Además, el 22% de este grupo recibió una o más medicaciones no recomendadas para trastornos del sueño, incluyendo fármacos como Temazepam, Olanzapina o Quetiapina.
Los autores señalan una diferencia estadísticamente significativa en el tratamiento ofrecido según el estatus de hospitalización del paciente. De esta forma, el 64% de los pacientes ambulatorios no recibieron ningún tratamiento para su problema de sueño, frente al 41% de los pacientes hospitalizados. Por otro lado, se ofrecieron más tratamientos no recomendados a pacientes hospitalizados (52%) que a pacientes ambulatorios (26%).
Los investigadores plantean que es posible que el estatus de paciente hospitalizado denote una mayor gravedad, lo que podría aumentar la probabilidad de que se les ofrezca tratamiento (principalmente farmacológico). Sin embargo, indican que la TCC-I como tratamiento recomendado fue ofrecida a solo cuatro pacientes del total de la muestra analizada.
Relación con la asistencia a citas.
El estudio también exploró si el estado del sueño de los pacientes con enfermedad mental grave afectaba a sus tasas de asistencia a citas o al número de citas programadas. Los investigadores no encontraron asociaciones significativas entre el estado del sueño (Sueño Pobre versus Sueño Bueno) y la tasa de asistencia a citas programadas. Ambos grupos asistieron a un promedio del 87% de sus citas en el período del estudio. Tampoco se halló una diferencia significativa en el número promedio de citas programadas entre los grupos (18 citas para el grupo de Sueño Pobre y 17 para el grupo de Sueño Bueno).
Resulta urgente la integración de la evaluación del sueño.
En definitiva, los resultados ponen de manifiesto la falta de atención, por parte de los profesionales sanitarios, a la evaluación y el tratamiento de los trastornos del sueño en pacientes con enfermedad mental grave. Los autores destacan que la evidencia es «abrumadoramente evidente» en el sentido de que las directrices clínicas, como las establecidas por el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia en el Cuidado (NICE), las cuales priorizan la Terapia Cognitivo Conductual para el Insomnio (TCC-I) y el consejo sobre higiene del sueño como tratamientos de primera línea para el insomnio crónico, «fueron rara vez implementadas» en la práctica rutinaria. Este hallazgo subraya que, aunque se aborde el sueño, el tratamiento más utilizado se basa en fármacos no recomendados.
Los autores sugieren que esta brecha en el tratamiento podría deberse a la falta de conocimiento, capacitación y recursos del personal, así como a la creencia de que el tratamiento del sueño es una meta demasiado exigente para las poblaciones con enfermedad mental grave.
Además, la prevalencia esperada de problemas de sueño (entre el 26% y el 80% en pacientes con enfermedad mental grave, según los estudios revisados) contrasta notablemente con las cifras encontradas en los registros analizados en el presente estudio, donde solo se identificó un problema de sueño en el 12% de los pacientes. De acuerdo con los autores, los datos sugieren que los trastornos del sueño están «subidentificados y, consecuentemente, subtratados».
Recomendaciones.
Para solucionar esta situación, los investigadores proponen la adopción de medidas estandarizadas de evaluación y la integración de preguntas específicas sobre el sueño en los cuestionarios de aplicación rutinaria. Es fundamental que esta integración se acompañe de una capacitación adecuada del personal para mejorar la identificación y diferenciación entre los diversos problemas del sueño, señalan además los autores. Tal y como argumentan los investigadores, la mejora en la evaluación y el tratamiento del sueño podría optimizar enormemente la atención al paciente y mejorar notablemente su calidad de vida.
Fuente.
Stafford, A., Oduola, S., & Reeve, S. (2024). How sleep in patients with serious mental illness is recorded and treated, and its impact on service engagement. Sleep Medicine, 124, 58–69. https://doi.org/10.1016/j.sleep.2024.09.002
