El derecho al consentimiento informado constituye uno de los pilares fundamentales de una atención respetuosa y basada en los derechos humanos en el ámbito de la salud mental. Entre otras cuestiones, implica que toda persona debe recibir información clara, comprensible y adaptada a sus circunstancias sobre el tratamiento que se le propone, incluidos sus posibles beneficios, riesgos y alternativas disponibles; que la decisión de aceptar o rechazar dicho tratamiento debe adoptarse de manera libre, sin presiones ni coacciones; sin influencia indebida, ya provenga del equipo sanitario o del entorno cercano, y que el consentimiento puede retirarse en cualquier momento, incluso aunque el o la profesional sanitario/a no esté de acuerdo con esa decisión. Asimismo, los niños, las niñas y los/as adolescentes también tienen derecho a participar en las decisiones relacionadas con su tratamiento, con los apoyos adecuados a su edad y nivel de comprensión.
Estas son algunas de las recomendaciones incluidas en la «Guía breve. Consentimiento informado para el tratamiento de problemas de salud mental», publicada por Mental Health Europe con el objetivo de ayudar a las personas que buscan o reciben tratamiento por problemas de salud mental, así como a sus allegados, a comprender la importancia del consentimiento informado y a adquirir los conocimientos y la confianza necesarios para participar activamente en las decisiones sobre el cuidado de su propia salud mental.
En este contexto, la entidad recuerda los estándares establecidos por la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), que aboga por el fin del tratamiento involuntario y de las prácticas coercitivas en la atención a la salud mental.

La publicación se presenta como la séptima entrega de la serie de guías breves de MHE. Está dirigida principalmente a personas adultas mayores de 18 años que no se encuentran sujetas a una orden judicial de tratamiento obligatorio, si bien también reconoce el derecho a la participación en la toma de decisiones de quienes se encuentran hospitalizados, bajo tutela o bajo una orden de tratamiento obligatorio, recordando que la normativa varía entre países europeos.
En este marco, la entidad señala que el principio de solicitar y obtener el consentimiento informado es especialmente importante en salud mental, dado que, en muchos lugares, las personas con problemas de salud mental siguen siendo objeto de formas de coacción y control que vulneran sus derechos humanos.
Uno de los aspectos centrales de la guía es la definición del consentimiento informado como un proceso que va mucho más allá de una mera firma o de una aceptación formal. Según se recoge, el consentimiento solo puede considerarse verdaderamente informado cuando se basa en una comprensión clara del tratamiento propuesto, de sus implicaciones y de sus posibles consecuencias. En este sentido, se insiste en que los y las profesionales sanitarios/as pueden recomendar determinadas intervenciones, pero no pueden aplicarlas legalmente sin el acuerdo de la persona, salvo en situaciones muy concretas previstas por la ley.
Capacidad para decidir e información clave antes de iniciar un tratamiento.
La guía dedica un apartado específico a aclarar qué se entiende por «capacidad» para tomar decisiones, subrayando que los y las profesionales deben partir siempre de la presunción de que las personas adultas tienen capacidad para decidir sobre su tratamiento. Tener un problema de salud mental, advierte el documento, no implica automáticamente carecer de dicha capacidad. Ésta solo puede evaluarse en relación con una decisión concreta y en un momento determinado, y puede variar con el tiempo. Para considerar que una persona tiene capacidad, debe ser capaz de comprender la información relevante, valorar beneficios, riesgos y alternativas, sopesar las consecuencias de aceptar o rechazar el tratamiento y comunicar su decisión, con apoyos si fuera necesario.
En relación con la información necesaria para tomar decisiones informadas, la guía ofrece ejemplos muy concretos, especialmente en el caso de los tratamientos farmacológicos. Así, señala que, cuando se propone la prescripción de un medicamento, la persona debe ser informada no solo de los posibles beneficios, sino también de los riesgos, de los efectos secundarios a corto y largo plazo, de la duración prevista del tratamiento y de cómo se revisará su eficacia. En este sentido, destaca que los beneficios de los medicamentos a largo plazo pueden ser limitados y no están exentos de posibles efectos nocivos, por lo que resulta esencial conocer las alternativas disponibles.
Alternativas a la medicación y consentimiento informado en psicoterapia: decidir de forma compartida y revisable.
Entre esas alternativas, el documento menciona expresamente opciones como el apoyo y la compañía de otras personas, el asesoramiento, la psicoterapia, el acceso a entornos seguros o la posibilidad de alejarse temporalmente de situaciones estresantes. La guía enfatiza que estas conversaciones deberían desarrollarse en un marco de toma de decisiones compartida, en el que la persona y el/la profesional de la salud colaboren activamente, y anima a formular preguntas siempre que algo no resulte claro.
El consentimiento informado, recuerda la publicación, no se limita a los tratamientos farmacológicos, sino que se aplica también al asesoramiento y a la psicoterapia. En estos casos, se recomienda que las personas puedan conocer de antemano en qué consistirá la intervención, cuáles son los beneficios esperados, qué posibles dificultades pueden surgir, cuánto tiempo se prevé que dure el proceso y cómo se evaluará su utilidad. Asimismo, se subraya la importancia de la relación terapéutica y de que el consentimiento se entienda siempre como provisional, pudiendo revisarse en función de la evolución de la confianza y de la experiencia en el proceso terapéutico.
Derecho a retirar el consentimiento y decisiones anticipadas para situaciones de crisis.
Otro de los elementos destacados de la guía es el derecho a cambiar de opinión. El documento es explícito al manifestar que toda persona tiene derecho a retirar su consentimiento en cualquier momento, incluso cuando el o la profesional de la salud considere que esa decisión no es la más adecuada. Mientras no exista una evaluación legal que determine la falta de capacidad, la persona conserva el control sobre las decisiones relativas a su tratamiento, y un/a buen profesional debe respetar esa decisión y explorar otras opciones posibles.
La preparación ante situaciones de crisis es otro de los ámbitos en los que la guía ofrece orientaciones prácticas. En este sentido, se anima a expresar con antelación deseos y preferencias mediante decisiones anticipadas, que pueden incluir tratamientos que no se desean recibir o la designación de una persona de confianza para tomar decisiones en el futuro. La guía indica que este tipo de mecanismos existen en numerosos países europeos, entre ellos España, y pueden contribuir a garantizar que se respeten las preferencias de la persona en momentos en los que no pueda expresar su voluntad.
Menores y consentimiento informado: participación activa y un proceso continuo basado en derechos.
Finalmente, el documento aborda el consentimiento informado en el caso de menores de 18 años, recordando que, aunque la legislación suele exigir que el consentimiento legal lo otorgue un progenitor o tutor, los niños, las niñas y los/as adolescentes tienen derecho a participar en las decisiones que afectan a su tratamiento. Desde un punto de vista terapéutico y de derechos humanos, se considera deseable apoyar su implicación activa, adaptando la información a su nivel de comprensión y recurriendo, cuando sea necesario, a figuras de defensa independiente para asegurar que sus opiniones sean escuchadas.
En conjunto, Mental Health Europe pone de relieve que el consentimiento informado no es un trámite administrativo, sino un proceso continuo, basado en el respeto, la información accesible y la participación activa de las personas en las decisiones sobre su salud mental. Un enfoque que refuerza la autonomía, la dignidad y los derechos de quienes reciben atención en este ámbito, y que resulta clave para avanzar hacia modelos de atención más humanos y respetuosos.
Se puede acceder a la guía completa desde la página web de MHE o bien directamente aquí.
