La salud mental se ha consolidado como uno de los principales desafíos de salud pública en Europa y en el conjunto de los países de la OCDE, tanto por su elevada prevalencia como por su impacto sanitario, social y económico. Los problemas de salud mental afectan de manera significativa a la calidad de vida de millones de personas a lo largo de todo el ciclo vital, desde la infancia y la adolescencia hasta las edades más avanzadas. A este impacto humano se suma un elevado coste económico, que no solo se traduce en un aumento del gasto sanitario directo, sino también en importantes pérdidas de productividad, absentismo laboral y reducción de la participación en el mercado de trabajo. Este panorama ilustra la magnitud del problema y sitúa la salud mental como una prioridad estratégica para los sistemas sanitarios y para las políticas públicas en Europa.
Estas son algunas de las principales conclusiones que se desprenden del último informe sobre el panorama de la salud en Europa (Health at a Glance 2025), publicado por la Comisión Europea y la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), un documento de referencia donde se ofrece un análisis comparado del estado de salud de la población y del funcionamiento de los sistemas sanitarios en los países de la Unión Europea y de la OCDE.
A lo largo del mismo se examinan indicadores clave de salud, determinantes no médicos, factores de riesgo, acceso y calidad de la atención sanitaria, recursos humanos y materiales, así como el gasto sanitario y su sostenibilidad. Esta edición incorpora, además, un análisis específico de las desigualdades de género en salud, con implicaciones relevantes para la salud mental y el bienestar psicológico.
El informe constata que, tras el fuerte impacto de la pandemia de COVID-19, la esperanza de vida ha comenzado a recuperarse en la mayoría de los países europeos, aunque persisten importantes retos estructurales. En los análisis comparativos del informe, España aparece entre los países que registran un gasto sanitario inferior a la media de la OCDE, pero alcanzan una esperanza de vida por encima de esa media, tal como reflejan los gráficos que relacionan gasto y resultados en salud.
Junto a la carga creciente de enfermedades crónicas, las desigualdades sociales y territoriales en salud siguen siendo pronunciadas. En este contexto, la salud mental emerge como un componente central del estado de salud de la población, influyendo de manera decisiva en la percepción subjetiva de la salud, en la capacidad funcional y en la calidad de vida.
De hecho, los datos indican que una parte relevante de la población declara percibirse en mala o muy mala salud, una valoración que integra tanto dimensiones físicas como psicológicas. Esta percepción negativa no se distribuye de manera homogénea entre la población, sino que es más frecuente entre determinados grupos sociales, lo que pone de relieve la estrecha relación entre salud mental, condiciones de vida y desigualdades socioeconómicas.

Salud mental en la infancia y la adolescencia: un deterioro del bienestar psicológico.
Uno de los aspectos más preocupantes que recoge el informe es el deterioro del bienestar psicológico en la infancia y la adolescencia. Los datos muestran que más de la mitad de los adolescentes de 15 años declara experimentar múltiples quejas de salud tanto física como mental, entre las que se incluyen sentirse bajos de ánimo, presentar síntomas de ansiedad, dolores de cabeza recurrentes o mareos. Esta proporción es sensiblemente superior a la registrada en 2014, lo que sugiere un empeoramiento del bienestar en esta etapa vital.
De acuerdo con el texto, los problemas psicológicos emergen en un contexto marcado por múltiples factores de riesgo. Entre ellos, destacan los hábitos de vida poco saludables, como el sedentarismo y el aumento de la obesidad infantil, así como el consumo de alcohol y tabaco en edades tempranas, que sigue siendo elevado en numerosos países europeos. Estos comportamientos no solo incrementan el riesgo de enfermedades físicas a largo plazo, sino que también se asocian a una mayor probabilidad de desarrollar problemas emocionales y psicológicos durante la adolescencia.
Además, el entorno social y educativo desempeña un papel fundamental en la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Las desigualdades socioeconómicas, las dificultades familiares y la presión académica pueden contribuir al aumento del malestar psicológico, afectando al bienestar mental y al desarrollo psicológico y social. El informe pone de relieve la importancia de actuar de manera preventiva, promoviendo entornos que favorezcan el bienestar psicológico y reduzcan la exposición a factores de riesgo desde edades tempranas.
El deterioro de la salud mental en la adolescencia no es un fenómeno aislado, sino que puede tener consecuencias a medio y largo plazo. Los problemas emocionales y psicológicos que se inician en esta etapa tienden a persistir en la edad adulta, aumentando el riesgo de trastornos mentales, dificultades en la inserción laboral y problemas de salud a lo largo de la vida. En este sentido, el documento refuerza la necesidad de considerar la salud mental de la infancia y la adolescencia como un ámbito prioritario de intervención en salud pública.
Ansiedad y depresión siguen siendo los problemas de salud mental más frecuentes.
En la población adulta, la ansiedad y la depresión continúan figurando entre los problemas de salud mental más frecuentes y con mayor impacto sobre la vida cotidiana. El informe muestra que una proporción significativa de personas adultas declara percibirse en mala o muy mala salud, una valoración que refleja no solo la presencia de enfermedades físicas, sino también problemas psicológicos y emocionales que afectan al bienestar general.
Esta percepción negativa de la salud está estrechamente vinculada a factores socioeconómicos. Las personas con menores ingresos y menor nivel educativo presentan una mayor prevalencia de problemas de salud mental y una peor percepción de su estado de salud. Estas desigualdades ponen de manifiesto la influencia del estrés crónico, la inseguridad laboral y las condiciones de vida desfavorables en la aparición y mantenimiento de problemas de ansiedad y depresión.
El documento destaca que estas desigualdades no solo afectan al bienestar individual, sino que también tienen repercusiones colectivas, al aumentar la demanda de servicios sanitarios y sociales y generar costes económicos adicionales. Abordar la salud mental de la población adulta requiere, por tanto, una perspectiva integral que tenga en cuenta tanto los factores clínicos como los determinantes sociales de la salud.
Salud mental y envejecimiento: retos en las edades avanzadas.
La salud mental en las personas mayores constituye otro de los retos destacados. A medida que la población envejece, aumenta el número de personas que viven con enfermedades crónicas, limitaciones funcionales y situaciones de dependencia, lo que puede afectar de manera significativa al bienestar psicológico.
En este apartado, se recogen los resultados del estudio PaRIS, destacando que, en España, menos del 80% de las personas usuarias de atención primaria de 65 años o más con alguna condición crónica refiere un buen funcionamiento social, un indicador ligado a la calidad de vida y al bienestar en edades avanzadas.
Además, España figura entre los países con mayores niveles de limitaciones autorreportadas en actividades de la vida diaria, un dato relevante al analizar autonomía, dependencia y calidad de vida en la población mayor.
Por otro lado, los datos actuales recogidos por la OECD en el presente informe, muestran que las mujeres, aunque viven más años que los hombres, pasan una mayor proporción de su vida con problemas de salud física y mental. En las edades más avanzadas, las mujeres mayores presentan con mayor frecuencia problemas psicológicos asociados a la multimorbilidad, la soledad y la pérdida de autonomía. Estos factores influyen negativamente en la calidad de vida y ponen de relieve la necesidad de integrar la promoción del bienestar psicológico en las políticas de envejecimiento saludable.
La soledad y el aislamiento social, que afectan de manera desproporcionada a las personas mayores, constituyen factores de riesgo relevantes para la salud mental. El informe subraya que abordar estos factores es esencial para mejorar la calidad de vida y reducir la carga de los problemas psicológicos en esta etapa vital.
Diferencias de género en salud mental.
El análisis de las diferencias de género constituye uno de los ejes centrales de esta edición del informe. En el ámbito de la salud mental, se observaque las mujeres presentan tasas más elevadas de trastornos de ansiedad y depresión, así como más años vividos con mala salud. Estas diferencias reflejan una combinación de factores biológicos, sociales y culturales, incluidos los roles de género, las desigualdades laborales y la mayor carga de responsabilidades de cuidado.
Por el contrario, los hombres presentan un mayor riesgo de muerte prematura por causas externas, entre las que se incluyen los accidentes, la violencia y el suicidio. Concretamente, el suicidio sigue siendo una de las principales causas de años potenciales de vida perdidos entre los hombres en los países de la OCDE, con tasas significativamente superiores a las de las mujeres. Aunque las mujeres pueden presentar con mayor frecuencia ideación suicida y conductas autolesivas, los hombres registran tasas más elevadas de suicidio consumado.
Estas diferencias ponen de relieve la necesidad de enfoques sensibles al género en las políticas de salud mental, que tengan en cuenta las distintas formas en que el malestar psicológico se manifiesta y se afronta en hombres y mujeres.
Determinantes sociales y conductuales de la salud mental.
El informe dedica una atención destacada a los determinantes no médicos de la salud, entre los que se incluyen factores sociales, económicos y conductuales que influyen de manera decisiva en la salud mental. El consumo de alcohol y tabaco, la falta de actividad física, la obesidad y las condiciones laborales desfavorables se asocian tanto a un mayor riesgo de enfermedades físicas como a una mayor prevalencia de problemas psicológicos.
Estas relaciones son especialmente evidentes en la población joven y en los grupos socioeconómicamente más desfavorecidos, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas integrales que aborden los determinantes sociales de la salud y promuevan entornos más saludables desde una perspectiva preventiva.
El sistema sanitario y la atención a la salud mental.
Desde el punto de vista del sistema sanitario, la Comisión Europea y la OCDE reconocen avances en la calidad de la atención en diversos ámbitos, pero también identifican importantes retos en la atención a los trastornos mentales. A este respecto, subrayan la necesidad de mejorar el acceso, la continuidad asistencial y la coordinación entre los distintos niveles del sistema sanitario, sobre todo, entre la atención primaria y los servicios especializados.
En el análisis del acceso, el informe advierte, asimismo, de que las necesidades sanitarias no cubiertas por tiempos de espera han aumentado de forma destacada en algunos países, entre ellos España. En este contexto, el documento menciona que el Sistema Nacional de Salud creó un Grupo de Trabajo sobre Listas de Espera, con el fin de estandarizar la gestión y la notificación de estos tiempos entre comunidades autónomas.
Una atención adecuada a los problemas de salud mental puede contribuir a reducir hospitalizaciones evitables, mejorar los resultados en salud y favorecer un uso más eficaz de los recursos sanitarios. No obstante, persisten diferencias significativas entre países en términos de acceso y calidad de la atención, lo que plantea desafíos adicionales para garantizar una respuesta equitativa a las necesidades de salud mental de la población.
Impacto económico y sostenibilidad de los sistemas sanitarios.
El informe advierte de que la carga de los problemas de salud mental es muy elevada —afecta a una de cada dos personas en algún momento de su vida—, y que, desde la pandemia, la prevalencia de trastornos mentales graves se ha incrementado y se mantiene por encima de los niveles previos en la mayoría de países de la OCDE. En términos económicos, estima que los costes asociados a los trastornos de salud mental superan el 4,2 % del PIB, incluyendo tanto los costes directos del tratamiento como los costes indirectos derivados de la disminución del empleo y la productividad.
Sus autores advierten de que, sin una inversión suficiente en prevención y en una atención eficaz de los problemas de salud mental, estos costes continuarán aumentando en las próximas décadas, con consecuencias negativas tanto para la salud de la población como para el crecimiento económico y la cohesión social.
Prevención y promoción del bienestar psicológico.
A pesar de la elevada carga de los problemas de salud mental, el informe constata que el gasto en prevención sigue siendo reducido. La OCDE subraya que muchas intervenciones preventivas y de promoción de la salud —incluidas aquellas dirigidas a reducir factores de riesgo desde edades tempranas y a promover el bienestar psicológico— son altamente coste-eficaces. Reforzar la prevención se presenta, por tanto, como una estrategia clave para mejorar los resultados en salud mental y contener los costes a largo plazo.
Conclusión.
En conjunto, la nueva edición del panorama de la salud en Europa pone de manifiesto que la salud mental es un componente esencial del estado de salud de la población europea y del rendimiento de los sistemas sanitarios. El aumento de los problemas de ansiedad y depresión, el deterioro del bienestar psicológico en la infancia y la adolescencia, la elevada carga de la mala salud mental en las personas mayores y el impacto del suicidio, especialmente entre los hombres, configuran un escenario que exige una respuesta decidida desde las políticas públicas. Abordar la salud mental como una prioridad de salud pública no solo es una cuestión de bienestar y equidad social, sino también una condición imprescindible para garantizar la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y el desarrollo económico en Europa.
Se puede acceder al documento completo desde la página web de la OCDE o bien directamente aquí.
