Las experiencias adversas durante la infancia están significativamente asociadas, con un aumento del riesgo del 66%, de padecer ansiedad y depresión en la etapa adulta. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Neuropsychobiology, titulado «Adverse Childhood Experiences Are Associated with Mental Health Problems Later in Life: An Umbrella Review of Systematic Review and Meta-Analysis«.
La investigación pone de manifiesto la crítica relación entre el sufrimiento temprano y la psicopatología adulta a través de un análisis masivo de datos a nivel mundial. El documento resalta que los periodos de la niñez constituyen una ventana de oportunidad crítica para reducir el riesgo de desarrollar trastornos mentales en el futuro y para implementar medidas de intervención eficaces.

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Un problema de escala global y sus repercusiones.
Los autores exponen que las experiencias adversas en la infancia son eventos estresantes y en muchos casos traumáticos que ocurren entre los 0 y los 18 años. Estas adversidades incluyen el abuso infantil, la enfermedad mental de los padres, familias disfuncionales, violencia y dificultades socioeconómicas. Los autores señalan que estas situaciones son comunes tanto en países de ingresos bajos y medios como en los de ingresos altos, puesto que dos de cada cinco adultos han sufrido al menos una experiencia adversa en su niñez.
En la introducción, los investigadores destacan que sufrir abuso, negligencia y vivir en hogares disfuncionales antes de la mayoría de edad está vinculado a una mala salud física y mental a lo largo de toda la vida. Además, estas situaciones conllevan importantes costes financieros para la sociedad. Según detallan los autores en el texto, el maltrato infantil contribuye significativamente a los trastornos de depresión y ansiedad tanto en menores como en adultos.
No obstante, dado que las investigaciones anteriores han producido hallazgos inconsistentes que dificultan esclarecer en qué medida contribuyen estas adversidades a la patología mental, el estudio buscó resolver esta incertidumbre unificando los datos disponibles para determinar la magnitud real de dicha asociación y superar las limitaciones de los estudios individuales previos.
Metodología.
Así, el equipo de investigación llevó a cabo lo que se denomina una «revisión paraguas”, que consiste en analizar revisiones sistemáticas y metaanálisis previos. Se realizó una búsqueda exhaustiva en bases de datos científicas, incluyéndose 43 estudios que cumplían con los criterios de calidad, y abarcando un total de 14.707.614 participantes. La calidad de los estudios incluidos fue evaluada mediante herramientas estandarizadas para asegurar la fiabilidad de los resultados.
El impacto desglosado por tipo de adversidad.
El estudio ofrece cifras contundentes sobre cómo distintos tipos de trauma elevan la probabilidad de problemas de salud mental. Los investigadores encontraron que la asociación es más notable cuando la persona es sometida a violencia doméstica, maltrato, abuso físico o sexual, problemas de salud mental de los padres, acoso escolar (bullying), negligencia y divorcio de los padres.
En concreto, la exposición a la violencia doméstica aumenta la probabilidad de futuros problemas de salud mental en 4,13 veces. Los autores explican que la violencia doméstica incrementa el estrés, el miedo y el aislamiento en las víctimas, elevando su riesgo de desarrollar trastornos, especialmente depresión, puesto que las víctimas pueden internalizar la violencia y culparse a sí mismas.
Por otro lado, el abuso sexual infantil se asocia con una probabilidad 2,07 veces mayor de experimentar problemas de salud mental futuros en comparación con quienes no tienen este historial. Este tipo de abuso puede conducir a estrés crónico y daños cerebrales, a menudo vinculados a desafíos tempranos como la pobreza extrema. Asimismo, el abuso físico incrementa la probabilidad de problemas mentales en 1,56 veces. Los investigadores sugieren que el abuso físico puede reducir el control frente a la toma de riesgos, aumentando el mal uso de sustancias y el comportamiento criminal.
Las experiencias de acoso y separación de los padres.
El acoso escolar no se queda atrás en gravedad. Haber sufrido acoso se vincula a una probabilidad 1,99 veces mayor de problemas de salud mental futuros. El estudio señala que el acoso a menudo causa que los niños, niñas y adolescentes experimenten ira, amargura, vulnerabilidad y soledad, llevando a la agresión como mecanismo de afrontamiento.
Respecto al entorno familiar, los hijos de padres con enfermedades mentales tienen 1,73 veces más probabilidades de experimentar trastornos mentales a lo largo de su vida. Esto podría deberse a una predisposición genética o a que los padres con problemas de salud mental pueden tener comportamientos desadaptativos que los hijos adoptan, según explican los autores. Del mismo modo, el divorcio de los padres incrementa el riesgo en 1,66 veces, y la negligencia lo hace en 2,11 veces, puesto que la negligencia interrumpe el desarrollo cerebral y el procesamiento de la información de los menores.
Mecanismos biológicos y desarrollo cerebral.
Los autores del estudio profundizan en las razones biológicas detrás de estas estadísticas. Explican que las experiencias estresantes o traumáticas pueden alterar regiones del cerebro responsables del miedo, las reacciones al estrés y la regulación emocional. De esta forma, la adaptación del cerebro a ambientes estresantes puede causar anomalías que afectan a la salud mental, perjudicando el desarrollo de la corteza prefrontal y el hipocampo, áreas cruciales para la memoria y el razonamiento.
Además, los investigadores señalan que los cerebros en crecimiento de los niños y niñas experimentan cambios estructurales y funcionales cuando sufren adversidad severa, frecuente o persistente sin la red de seguridad de un cuidador atento y cariñoso. Esto puede resultar en una elevada propensión a conductas de riesgo, una respuesta excesiva al estrés y problemas para establecer relaciones saludables. Los supervivientes de experiencias adversas muestran una menor capacidad de resiliencia para el sufrimiento psicológico en la vida adulta; de hecho, el estudio cita que el 63% de las personas con experiencias adversas en la infancia muestran menor resiliencia en la etapa adulta.
Disparidades geográficas y la importancia de la intervención.
Un hallazgo interesante del estudio es la variación del riesgo según la geografía, que sugiere la importancia de los factores contextuales y de las políticas públicas para la protección de menores implementadas en los países. Específicamente, el análisis por subgrupos basado en el país de residencia reveló diferencias significativas: mientras que en el Reino Unido el riesgo incrementado es de 1,67 veces y en Estados Unidos de 1,92 veces, en Etiopía la cifra se dispara a 5,65 veces. Por el contrario, en Canadá el riesgo es significativamente menor (0,61).
Los autores argumentan que este mayor tamaño del efecto en Etiopía puede explicarse por el hecho de que, en contraste con otras naciones, se han llevado a cabo menos medidas para mitigar el impacto del trauma infantil en la población pediátrica. En cambio, el gobierno de Canadá ha implementado intervenciones cruciales para menores con antecedentes traumáticos, lo cual puede mitigar la probabilidad de desarrollar problemas de salud mental más adelante, demostrando la eficacia de tales medidas.
Hacia un futuro que enfatice la prevención.
A modo de cierre, los autores enfatizan que prevenir el maltrato infantil y abordar los factores de riesgo puede prevenir la psicopatología en adultos. Los autores insisten en que se necesitan estudios longitudinales para optimizar las respuestas sanitarias a las experiencias adversas en la infancia. Asimismo, se requiere una mayor concienciación e intervenciones de salud pública para prevenir la adversidad infantil y evitar problemas de salud mental entre las víctimas. En definitiva, según los autores, proteger a la infancia no es solo un deber moral, sino una estrategia de salud pública esencial para reducir la carga global de la enfermedad mental en el mundo.
Fuente.
Abate, B. B., Sendekie, A. K., Gebremeskel, A. M., Abebe, G. K., Azmeraw, M., Alam, A. W., … & Wodaynew, T. (2024). Adverse Childhood Experiences Are Associated with Mental Health Problems Later in Life: An Umbrella Review of Systematic Review and Meta-Analysis. Neuropsychobiology. https://doi.org/10.1159/000542392
