La creciente magnitud de las necesidades no cubiertas en salud mental entre personas con condiciones complejas y múltiples constituye uno de los desafíos más persistentes y estructurales en los sistemas de atención europeos. Así lo afirma la coalición europea de asociaciones de pacientes con trastorno mental, GAMIAN-Europe, en su informe sobre soluciones centradas en el paciente para abordar las necesidades de salud mental insatisfechas, complejas y múltiples (Patient-centred solutions to addressing unmet, complex and multiple mental health needs), un documento a través del cual se presenta una panorámica exhaustiva sobre estas carencias, analizando las dificultades de acceso, los vacíos diagnósticos y terapéuticos, los factores sociales y económicos que agravan las desigualdades, así como las propuestas derivadas de la evidencia, los grupos focales y una encuesta de validación.
El informe subraya de manera reiterada que las necesidades insatisfechas -definidas como la brecha entre la atención que una persona requiere y la que recibe-, no se explican por la ausencia de tratamientos eficaces, sino por la incapacidad de los sistemas para garantizar accesibilidad, coordinación, continuidad asistencial y un enfoque verdaderamente centrado en la persona. El informe pone de relieve la importancia de las intervenciones psicológicas y sociales, el papel de los y las profesionales de la psicología implicados en la atención, la necesidad de apoyo psicológico continuado y el lugar fundamental que ocupa la psicología en la comprensión y abordaje de las necesidades complejas.

De acuerdo con sus autores, las necesidades no cubiertas constituyen un fenómeno “prominente y común” en la salud mental, especialmente, entre quienes conviven con condiciones múltiples y complejas. Estas circunstancias abarcan la coexistencia de depresión, trastorno por estrés postraumático (PTSD), trastornos de la personalidad y problemas de salud física, lo que incrementa la complejidad de los itinerarios diagnósticos y terapéuticos.
A ello se suma el dato de que, en países como el Reino Unido, una de cada doce personas vive con cuatro o más condiciones, y que el 70% de quienes reciben un diagnóstico de un problema de salud mental presenta, al menos, otra condición añadida. A escala europea, las estimaciones disponibles sitúan entre el 5% y el 16% a las personas con problemas moderados o graves, lo que, según el informe, podría servir como indicador indirecto de necesidades complejas.
El documento subraya que muchas de estas necesidades no se detectan ni se tratan debido a barreras económicas, percepciones erróneas sobre la falta de necesidad, carencia de servicios disponibles, dificultades de acceso o modelos organizativos fragmentados. El abordaje terapéutico basado en categorías diagnósticas aisladas impide comprender el carácter entrelazado de los síntomas y sus repercusiones en la vida cotidiana, lo que provoca que la atención se centre de forma predominante en un solo trastorno sin considerar la interacción con otros problemas.
Pese a la disponibilidad de tratamientos basados en la evidencia, el acceso real es insuficiente, tardío o desigual.
Las personas participantes en los grupos focales señalan, en varios momentos, que parte del personal clínico tiene dificultades para comprender la complejidad de sus experiencias, lo que repercute directamente en la calidad de la intervención psicológica y en la adecuación del enfoque psicológico y social. Esto se acompaña de una paradoja descrita de manera explícita: a pesar de la disponibilidad de tratamientos basados en la evidencia, el acceso real es insuficiente, tardío o desigual.
El informe muestra cómo muchos/as pacientes desarrollan estrategias personales para manejar síntomas y dificultades en la vida diaria, desde alternativas complementarias hasta apoyos digitales o redes de pares. La literatura revisada señala que estos recursos, integrados con una atención psicológica adecuada y estable, pueden favorecer la adherencia terapéutica, siempre que los sistemas generen las condiciones necesarias para ello. Sin embargo, las necesidades no cubiertas se extienden a múltiples áreas relacionadas con los determinantes sociales de la salud, entre ellas, el empleo, la vivienda, el apoyo social o el acceso a intervenciones psicológicas y sociales, cuya ausencia puede agravar la sintomatología y dificultar la recuperación.
Brechas de acceso, inequidad territorial y falta de integración.
Uno de los hallazgos más consistentes es la persistencia de importantes brechas en el acceso a los servicios de salud mental. Hay retrasos en las evaluaciones iniciales, largas listas de espera y diferencias notables según nivel socioeconómico. En nueve países de la Unión Europea, por ejemplo, se considera inadecuado el acceso a la intervención temprana en psicosis. Además, se detectan inequidades territoriales claras: regiones rurales con infraestructuras psiquiátricas limitadas y zonas urbanas con servicios saturados.
Los cuidadores informales, cuya labor es clave, también experimentan necesidades no cubiertas que afectan su propia salud mental y física. Estas carencias se agravan ante la falta de integración entre servicios sanitarios, sociales, de vivienda y redes comunitarias —una integración que, según el informe, tendría un impacto positivo si se acompañara de una ampliación del apoyo psicológico y social, junto con la participación activa de personas con experiencia propia en el diseño de servicios.
Limitaciones de un modelo centrado solo en síntomas.
La atención rutinaria para condiciones como la depresión mayor, el trastorno bipolar o los trastornos de la personalidad suele centrarse en la gestión sintomática, dejando de lado aspectos esenciales como las dificultades cognitivas, los problemas sociales y el estigma. Esto impide avanzar hacia modelos verdaderamente personalizados y continuos. El informe incluye referencias explícitas a la relevancia de mejorar la calidad de las intervenciones psicológicas, ya que la falta de continuidad terapéutica y la ausencia de relaciones clínicas estables influyen negativamente en la recuperación.
Asimismo, la población con trastorno bipolar experimenta, según el documento, un apoyo de seguimiento limitado una vez superados los episodios agudos. Persisten dificultades atencionales, baja energía, aislamiento social y problemas funcionales que no se abordan adecuadamente en los servicios habituales. De forma similar, las personas con trastornos de la personalidad presentan necesidades muy amplias relacionadas con síntomas emocionales, relaciones sociales, diagnóstico precoz y calidad de vida, para las que se requieren intervenciones especializadas, sostenidas y contextualizadas dentro de marcos terapéuticos psicológicos, que reconozcan la importancia de los vínculos y la estabilidad profesional.
Desafíos diagnósticos y limitaciones terapéuticas.
La revisión del informe identifica también dificultades diagnósticas significativas. En el caso del trastorno bipolar, los retrasos alcanzan entre cinco y diez años, debido en gran medida a la presentación inicial con síntomas depresivos, lo que conduce a diagnósticos erróneos y, por tanto, a tratamientos inadecuados. Esta demora incrementa el riesgo de resultados negativos: mayor riesgo de suicidio, deterioro funcional y complicaciones clínicas. En atención primaria, se identifican obstáculos adicionales para diagnosticar psicosis, trastornos de la personalidad, depresión persistente y trauma.
En este apartado adquiere especial relevancia el papel de las intervenciones psicológicas y sociales, cuya eficacia está ampliamente demostrada —por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual para la psicosis, la terapia familiar o los programas de remediación cognitiva—, pero cuyo acceso continúa siendo limitado por la falta de recursos, la escasez de profesionales y la ausencia de implementación sistemática. Concretamente, en Italia, menos del 5% de quienes tienen trastorno bipolar recibe psicoeducación y solo el 11,5% accede a algún tipo de psicoterapia. Este déficit global en servicios psicológicos se convierte, según el informe, en una de las principales necesidades no cubiertas en Europa.
El peso del estigma: una barrera que agrava las necesidades no cubiertas.
A ello se suma la discontinuidad en el tratamiento farmacológico: hasta el 87% de las personas con esquizofrenia o trastorno bipolar I abandona los antipsicóticos por efectos secundarios intolerables, entre ellos sedación, aumento de peso o disfunción sexual. Aunque la reducción sintomática es valorada por muchos pacientes, los efectos negativos sobre la calidad de vida afectan directamente la adherencia. Las opciones farmacológicas actuales, además, responden con poca eficacia a los síntomas negativos y cognitivos, que constituyen otra necesidad terapéutica no cubierta.
El informe señala asimismo que el estigma continúa siendo una barrera decisiva que condiciona la búsqueda de ayuda y la continuidad de los tratamientos. Este estigma afecta tanto a pacientes como a profesionales, impactando de manera directa en la relación terapéutica y generando experiencias de discriminación en entornos sanitarios. En algunos casos, se observa “ensombrecimiento diagnóstico”, donde los síntomas físicos se descartan automáticamente al atribuirlos a una condición mental previa.
Determinantes sociales y económicos: un eje estructural de desigualdad.
La soledad y el aislamiento social adquieren una relevancia especial en el informe. Son necesidades no cubiertas muy frecuentes entre personas con trastornos mentales graves o complejos, asociándose a experiencias de adversidad temprana, dificultades en habilidades sociales, estigma y discriminación, así como comorbilidades físicas que dificultan la participación en actividades significativas. Además, las personas con menores ingresos y menor nivel educativo presentan niveles mucho más elevados de necesidades no cubiertas. En sistemas con copago, quienes cuentan con menos recursos llegan a experimentar hasta 23 veces más necesidades no abordadas que los grupos con mayor poder adquisitivo.
Las dificultades de vivienda, el desempleo, la inestabilidad financiera y la falta de opciones laborales amplifican la vulnerabilidad. Menos del 20% de las personas con trastornos mentales graves está empleada en la mayoría de los países europeos, pese al interés declarado por volver al trabajo. Todo ello, refuerza la importancia de abordar la recuperación desde una perspectiva integral que contemple apoyos psicológicos y sociales, medidas de inclusión, oportunidades formativas y modelos de empleo con apoyo.
Aportes de los grupos focales: experiencias de pacientes y profesionales.
GAMIAN-Europe incorpora de forma detallada las voces de once pacientes y siete profesionales de diferentes países europeos. Los y las pacientes describen con claridad el impacto negativo de la falta de coordinación entre servicios, lo que genera tratamientos contradictorios, interacciones farmacológicas peligrosas y la obligación constante de repetir su historia clínica ante cada nuevo profesional. Las limitaciones de tiempo en las consultas agravan estas dificultades. Algunos pacientes expresan que no siempre pueden describir adecuadamente los síntomas durante una cita breve, lo que repercute en la precisión del abordaje psicológico.
Los y las profesionales -entre ellos, profesionales de la psicología, psicoterapeutas y personal de enfermería-, mencionan la sobrecarga asistencial, la falta de continuidad, la presión derivada del trabajo en crisis y la necesidad de mejorar los flujos de información. Reconocen que la inconsistencia en la comunicación dificulta la identificación completa de las necesidades.
Necesidades reales frente a objetivos clínicos.
Los pacientes destacan diferencias de prioridades entre ellos y quienes les atienden. Mientras los y las profesionales se centran en la reducción de síntomas, ellos subrayan los efectos de los tratamientos en la vida cotidiana, las dificultades funcionales, la necesidad de apoyo continuado y la importancia de intervenciones psicológicas y sociales que contemplen, además de la clínica, las condiciones reales de vida.
El estigma, la falta de información sobre los servicios, los costes económicos y la desigualdad territorial aparecen también como obstáculos persistentes. Los grupos focales describen además el valor del apoyo entre pares, de las redes comunitarias, del acompañamiento informal y del papel de organizaciones voluntarias, que en algunas regiones, ya proporcionan el 75% de los servicios disponibles para personas con necesidades complejas.
El valor del enfoque holístico y centrado en la persona.
Los participantes expresan de forma unánime la necesidad de modelos asistenciales capaces de integrar salud física, salud mental y factores sociales y económicos. Este enfoque holístico permitiría evitar la fragmentación, mejorar la continuidad y fortalecer las intervenciones psicológicas y sociales. Tanto pacientes como profesionales remarcan que la atención debe dirigirse a la persona, no al diagnóstico, y que la coordinación entre psicólogos/as, médicos/as, trabajadores/as sociales y servicios comunitarios es crucial para avanzar hacia soluciones más eficaces.
El informe resalta que la colaboración interdisciplinar, la transparencia, las relaciones terapéuticas basadas en la confianza y la participación activa de pacientes con experiencia propia son factores clave para mejorar la calidad asistencial.
Encuesta de validación: prioridades según pacientes y profesionales.
La encuesta realizada entre quienes han participado en los grupos focales muestra que las necesidades más prioritarias se concentran en dos ejes: el acceso y la coordinación, y el tratamiento y la recuperación. Entre los aspectos más valorados aparecen la falta de comunicación entre servicios, la ausencia de atención integrada a salud mental y física, la dificultad para encontrar servicios adecuados y la centralidad de sistemas que se orientan a la gestión de crisis en vez de a la prevención.
Otros aspectos con puntuaciones relevantes incluyen la escasa consideración de la interacción entre condiciones, la falta de apoyo para el manejo diario de los problemas de salud y la necesidad de enfoques verdaderamente centrados en la recuperación, lo que implica ampliar el acceso a intervenciones psicológicas y sociales, así como abordar los determinantes sociales.
Hacia sistemas más robustos, coordinados y humanizados.
El informe concluye que la mejora de los sistemas de salud mental requiere recursos, pero también cambios prácticos que optimicen los servicios existentes. Entre las recomendaciones se incluyen reforzar la coordinación entre departamentos especializados, mejorar las herramientas digitales para facilitar la comunicación —sin sustituir el contacto humano—, integrar los apoyos comunitarios y redes de pares, y promover la participación de personas con experiencia en el diseño de servicios. El reto es lograr un modelo asistencial que contemple la totalidad de la vida de la persona, no únicamente la gestión de los síntomas, y que reconozca el papel fundamental de la psicología, las intervenciones psicológicas y sociales y el trabajo de los y las profesionales de la psicología en este proceso.
El documento enfatiza que la atención holística, la reducción del estigma, la inclusión de apoyos comunitarios y la escucha activa de quienes viven con condiciones complejas tienen el potencial de transformar la respuesta a las necesidades no cubiertas. La integración de servicios sanitarios, sociales y comunitarios, junto con una mayor equidad y coordinación, constituye un paso esencial para avanzar hacia sistemas de salud mental verdaderamente centrados en las personas y capaces de responder a los desafíos reales que plantean las condiciones complejas y múltiples.
Se puede acceder al informe completo desde la página web de GAMIAN EUROPE o bien directamente aquí.
