Uno de cada seis adolescentes y adultos jóvenes presenta problemas de salud mental: ansiedad y depresión lideran la carga global de enfermedad
06 Jul 2026

Los trastornos mentales continúan consolidándose como una de las principales causas de carga de enfermedad en adolescentes y personas adultas jóvenes a nivel mundial, con una prevalencia global que supera el 15% en estos grupos de edad y con un impacto desproporcionado en términos de discapacidad.

Así lo afirma un estudio publicado en la revista Molecular Psychiatry, cuyo objetivo es analizar de forma exhaustiva la prevalencia, la carga de enfermedad -medida en años vividos con discapacidad (AVD o YLDs por sus siglas en inglés) y años de vida ajustados por discapacidad (AVAD o DALYs en inglés)—, así como los cambios temporales entre los años 1990 y 2021 de los trastornos mentales y los trastornos por uso de sustancias en adolescentes y adultos jóvenes a nivel global, a partir de los datos del Estudio de Carga Global de Enfermedades 2021 (Global Burden of Disease Study 2021).

Una elevada prevalencia de problemas de salud mental en etapas clave del desarrollo.

El presente estudio pone de relieve que los problemas de salud mental afectan a una proporción muy significativa de la población joven en todo el mundo. En este sentido, los datos muestran que, en 2021, aproximadamente uno de cada seis adolescentes y jóvenes presentaba algún trastorno mental, lo que evidencia la magnitud del problema en estas etapas del ciclo vital, caracterizadas por importantes cambios biológicos, psicológicos y sociales.

Esta elevada prevalencia no es homogénea en todos los grupos de edad ni en todos los tipos de trastornos, sino que responde a un patrón diferencial que evoluciona desde la infancia y adolescencia hacia la adultez joven.

Fuente: freepik. Autoría: rawpixel.com. Descarga: 23/04/26.
Tipología de los trastornos mentales: diferencias entre adolescencia y adultez joven.

Uno de los aspectos clave del estudio es la identificación de los distintos tipos de trastornos mentales y su distribución según la etapa vital.

En las primeras etapas del desarrollo, el estudio destaca el peso específico de los trastornos del neurodesarrollo, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y los trastornos del espectro del autismo (TEA), que presentan una mayor prevalencia en hombres en comparación con las mujeres y contribuyen de forma significativa a los AVD en la adolescencia, debido a su inicio temprano y su carácter persistente. En este sentido, el TDAH constituye uno de los trastornos con mayor impacto funcional en la infancia y adolescencia, participando de forma relevante en la carga global de discapacidad en estas edades, tal y como se recoge en las estimaciones del estudio.

Junto a estos, adquieren una importancia creciente los trastornos emocionales, principalmente, los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos, que aumentan de forma notable durante la adolescencia y se consolidan como las condiciones más prevalentes en esta etapa. De hecho, estos trastornos —ansiedad y depresión— no solo son los más frecuentes, sino también los que mayor contribución realizan a los AVD, explicando una parte sustancial de la carga total de enfermedad en estas edades.

Asimismo, el estudio contempla los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa, que presentan una mayor carga en mujeres y contribuyen también a la discapacidad en estas edades.

Se incluyen también otros trastornos mentales relevantes, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, los trastornos disociativos y los trastornos de conducta, estos últimos especialmente frecuentes en la adolescencia y con una evolución diagnóstica posterior hacia trastornos de personalidad en la adultez. En este sentido, los autores advierten de que la aparente reducción de este tipo de trastornos en la adultez joven puede estar influida por cambios en la clasificación diagnóstica, ya que los trastornos de conducta suelen diagnosticarse en la infancia y la adolescencia y, cuando los síntomas persisten en la edad adulta, tienden a reclasificarse como trastornos de personalidad, en lugar de mantenerse como tales.

A medida que se avanza hacia la adultez joven (20-24 años), el perfil de los problemas de salud mental se desplaza claramente hacia los trastornos emocionales, manteniéndose los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos como los más prevalentes y los que más contribuyen a la carga global de enfermedad en términos de AVD y AVAD.

En conjunto, esta tipología refleja un patrón evolutivo en el que los trastornos del neurodesarrollo tienen un mayor peso en las etapas más tempranas, mientras que los trastornos emocionales —particularmente ansiedad y depresión— pasan a concentrar la mayor parte de la carga de enfermedad en la adolescencia tardía y la adultez joven, con la contribución adicional de los trastornos por uso de sustancias en estas últimas etapas.

Trastornos por uso de sustancias: una carga relevante aunque en descenso.

En paralelo, el estudio incluye los trastornos por uso y consumo de sustancias, que abarcan problemas asociados al consumo de alcohol y otras drogas, y que, aunque presentan una menor prevalencia que los trastornos mentales, generan una carga significativa en términos de discapacidad, especialmente, en adultos jóvenes.

Estos trastornos, aun situándose por detrás de los trastornos emocionales en términos de impacto global, forman parte del conjunto de condiciones analizadas y contribuyen de manera específica a los AVD y AVAD.

De acuerdo con los datos, en 2021, estos trastornos ocuparon la 15ª posición en AVD y la 22ª en AVAD en adolescentes, mientras que en adultos jóvenes ascendieron a la 8ª posición en AVD y la 11ª en AVAD, lo que refleja su impacto relevante en términos de discapacidad. Este aumento en su posición relativa con la edad pone de manifiesto que, pese a la disminución de la prevalencia, la carga de los trastornos por consumo de sustancias se intensifica en la adultez joven, lo que refleja una mayor vulnerabilidad en esta etapa.

Como señalábamos anteriormente, uno de los hallazgos más llamativos es la disminución de su prevalencia durante el periodo 2019-2021, en contraste con el aumento observado en los trastornos mentales. Para los autores del estudio, este descenso no elimina su relevancia en términos de carga de enfermedad y debe interpretarse en el contexto de las restricciones sociales y las modificaciones en los patrones de consumo y acceso durante la pandemia.

Asimismo, los autores destacan que los trastornos por consumo de sustancias coexisten con frecuencia con los trastornos mentales, contribuyendo a resultados adversos como el abandono escolar, la marginación social, la autolesión y la mortalidad prematura.

Carga de enfermedad: el peso de los AVD y los AVAD

El análisis de la carga de enfermedad constituye uno de los pilares fundamentales del estudio. Los trastornos mentales destacan por su enorme contribución a los años vividos con discapacidad (AVD), reflejando su impacto en la funcionalidad y el bienestar.

Concretamente, los trastornos mentales representaron el 27,14% del total de años vividos con discapacidad en adolescentes y el 26,62% en adultos jóvenes. En la adolescencia, los trastornos de ansiedad (8,92%) y depresivos (6,76%) fueron los principales contribuyentes, seguidos de los trastornos de conducta (4,82%) y del espectro del autismo (2,53%), mientras que, en personas adultas jóvenes, los trastornos depresivos (9,83%) y de ansiedad (7,92%) concentraron la mayor carga, seguidos de la esquizofrenia (1,94%).

En términos de AVAD, los resultados muestran que los trastornos mentales fueron la principal causa de pérdida de salud en adolescentes y adultos jóvenes en 2021, representando el 15,2% del total de los años de vida ajustados por discapacidad en adolescentes de 10 a 19 años y el 13,5% en jóvenes de 20 a 24 años, lo que evidencia su peso relativo frente a otras condiciones de salud. Estas cifras indicarían que, aproximadamente, uno de cada seis AVAD en adolescentes y uno de cada siete en personas adultas jóvenes se deben a trastornos mentales. Estos valores sitúan a los trastornos mentales por encima de otras causas de enfermedad en estas edades, consolidándolos como la principal fuente de discapacidad global.

Cambios temporales (1990-2021): una tendencia creciente.

El estudio analiza la evolución de estos problemas de salud mental a lo largo de más de tres décadas. En términos generales, se observa un incremento progresivo de la carga de los trastornos mentales desde 1990, con un aumento especialmente marcado en los años más recientes.

Este patrón temporal se relaciona directamente con el incremento señalado en la introducción durante el periodo 2019-2021, en el que se registra un aumento tanto en la prevalencia como en los DALYs asociados a los trastornos mentales, sobre todo, en los trastornos de ansiedad y depresión.

En términos cuantitativos, la prevalencia de los trastornos mentales mostró una ligera disminución entre 1990 y 2019, seguida de un aumento significativo entre 2019 y 2021, del 8,79% en adolescentes y del 12,25% en adultos jóvenes. De forma paralela, los AVAD aumentaron un 12,76% y un 15,01%, respectivamente, en ese mismo periodo.

El impacto de la pandemia: un punto de inflexión.

Este incremento en la prevalencia de trastornos mentales y en los AVAD asociados durante el periodo 2019-2021, no fue homogéneo, sino que afectó en mayor medida a las mujeres, lo que contribuyó a ampliar las diferencias de género en la carga de enfermedad. En contraste, los trastornos por uso de sustancias experimentaron una disminución en su prevalencia, lo que sugiere un cambio en los patrones de comportamiento durante este periodo.

No obstante, los autores advierten de que la pandemia habría actuado como un factor acelerador de tendencias previas, más que como el único determinante del incremento observado.

Diferencias en función del género y factores asociados.

El estudio identifica diferencias importantes en función del género. Los hombres presentan mayor prevalencia de trastornos del neurodesarrollo, mientras que las mujeres presentan una mayor carga de trastornos emocionales, como ansiedad y depresión. En línea con lo señalado en el apartado anterior, el impacto de la pandemia en términos de aumento de AVAD fue mayor en mujeres, lo que refuerza la necesidad de incorporar una perspectiva de género en el análisis de la salud mental.

A nivel geográfico, el estudio señala que las regiones de altos ingresos presentan mayores tasas de trastornos mentales, lo que, para los autores, puede estar relacionado tanto con factores de estrés como con una mayor capacidad diagnóstica, mientras que en regiones como África subsahariana las tasas más bajas podrían reflejar fenómenos de infradiagnóstico, diferencias culturales en la expresión del malestar y limitaciones en los sistemas de salud.

Implicaciones para la psicología y la salud pública.

El estudio vincula estas tendencias con múltiples factores sociales y ambientales, entre ellos, la presión académica, la exposición a entornos digitales y redes sociales, el ciberacoso, el aislamiento social, la violencia, la inestabilidad socioeconómica y, más recientemente, la ansiedad relacionada con el cambio climático, todos ellos asociados al incremento del malestar psicológico en población joven. En este sentido, los autores subrayan la necesidad de una atención integrada que aborde de forma conjunta los trastornos mentales y los trastornos por consumo de sustancias, con el fin de reducir la discapacidad a largo plazo y la carga global de enfermedad.

Tal y como señalan, los resultados recogidos tienen implicaciones directas para la psicología, la planificación sanitaria y las políticas públicas. En primer lugar, ponen de manifiesto que los problemas de salud mental son la principal causa de discapacidad en jóvenes, lo que exige reforzar los sistemas de atención psicológica, mejorar la detección precoz e implementar intervenciones basadas en la evidencia. En segundo lugar, resaltan la trascendencia de adaptar las estrategias a las diferentes etapas del desarrollo, teniendo en cuenta el predominio de trastornos del neurodesarrollo en la infancia y el aumento de trastornos emocionales en la adolescencia y adultez joven. Finalmente, el impacto de la pandemia evidencian la importancia de integrar la salud mental en la respuesta ante crisis globales.


Fuente.

Zhao, X., Liu, L., Zhang, L., Zhao, P., Jiang, W. & Nahata, M.C. (2026). The global burden of mental and substance use disorders among adolescents and young adults. Molecular Psychiatry, 31, p. 3880–3897 . https://doi.org/10.1038/s41380-026-03503-9

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