El desaprovechamiento del talento, un problema persistente en el trabajo, según la OCDE
16 Abr 2026

El desarrollo de competencias ha ocupado un lugar central en las políticas educativas y laborales de los países de la OCDE durante las últimas décadas. Gobiernos e instituciones han invertido de forma sostenida en educación, formación profesional y aprendizaje a lo largo de la vida, con el objetivo de mejorar la cualificación de la población adulta y reforzar el capital humano —y, con ello, el talento disponible— que sustenta las economías avanzadas. Sin embargo, tal y como subraya la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) en su informe «How Workers Use, or Don’t Use, their Skills in the Workplace», este esfuerzo resulta insuficiente si no va acompañado de un uso eficaz de dichas competencias en los entornos laborales.

A partir de los datos más recientes de la Encuesta sobre las Competencias de la Población Adulta (PIAAC, 2023), la OCDE pone de manifiesto una desconexión persistente entre el nivel de competencias de los trabajadores y las trabajadoras, y el uso real que hacen de ellas en su trabajo cotidiano. Este desajuste no solo tiene consecuencias económicas, en términos de productividad o salarios, sino también efectos relevantes sobre el bienestar, la satisfacción laboral y la salud mental de las personas trabajadoras.

Una brecha entre el conocimiento y el desempeño en el trabajo.

Uno de los principales hallazgos del informe es la existencia de una desconexión entre las competencias del personal laboral y su uso en el trabajo. Los países con mayores niveles medios de competencia en lectura, matemáticas o resolución de problemas no son necesariamente aquellos donde estas habilidades se utilizan con mayor frecuencia en el trabajo. De hecho, dentro de cada país, una proporción considerable de personas con altos niveles de competencia apenas emplea dichas capacidades en su actividad laboral.

El informe identifica un fenómeno especialmente significativo: al menos un 10% de las personas con alta competencia lectora ocupa puestos de trabajo en los que el uso de esta habilidad es muy limitado. En países como Croacia o Singapur, esta cifra alcanza hasta a un tercio de los trabajadores altamente cualificados. Incluso en ocupaciones consideradas de alta cualificación, como los profesionales sanitarios asociados, persiste un uso insuficiente de competencias clave.

Este desaprovechamiento supone una oportunidad perdida tanto para las personas como para las organizaciones y las economías en su conjunto. Las competencias existen, pero permanecen latentes, sin activarse plenamente en el desempeño profesional.

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Fuente: freepik. Autoría: Drazen Zigic. Descarga: 09/02/26.
Qué competencias se usan realmente en los entornos laborales.

El análisis de la OCDE muestra que no todas las competencias tienen el mismo peso en el trabajo actual. Las más utilizadas de forma sistemática en la mayoría de los países son las relacionadas con la autoorganización, la discrecionalidad en las tareas y la cooperación con otras personas. Estas competencias reflejan un creciente énfasis en la autonomía, la responsabilidad individual y el trabajo en equipo.

Por el contrario, las competencias de procesamiento de la información —como la lectura, la escritura o, especialmente, las matemáticas— se emplean con menor frecuencia. La numeración es, de hecho, la competencia menos utilizada en el lugar de trabajo en la mayoría de los países analizados, sin que en ninguno de ellos se alcance un uso medio semanal.

Este patrón refleja una transformación estructural del trabajo, caracterizada por una menor presencia de tareas rutinarias y un mayor peso de actividades relacionales, organizativas y de coordinación. En este contexto, las competencias vinculadas al ámbito psicológico y social adquieren una relevancia creciente, aunque no siempre se traducen en un reconocimiento explícito dentro de los sistemas de organización del trabajo.

Diferencias por género, edad y nivel educativo.

El informe identifica desigualdades persistentes en el uso de competencias según características personales y laborales. En el caso del género, las mujeres utilizan la mayoría de las competencias con menor frecuencia que los hombres, incluso cuando presentan niveles similares de competencia y ocupan puestos comparables. Esta diferencia se mantiene tras controlar variables como la edad, el nivel educativo o el sector de actividad, lo que apunta a una asignación desigual de tareas dentro de las organizaciones.

En términos de edad, el uso de competencias muestra trayectorias heterogéneas. Algunas, como las matemáticas, siguen una curva en forma de U invertida, con un mayor uso en la mitad de la vida laboral y un descenso posterior. Otras, como el aprendizaje en el trabajo, disminuyen progresivamente con la edad, mientras que la autoorganización tiende a aumentar y estabilizarse con la experiencia. Estos patrones reflejan la interacción entre envejecimiento, diseño del puesto y oportunidades de desarrollo profesional.

Respecto al nivel educativo, disponer de estudios superiores no garantiza necesariamente un mayor uso de competencias en el trabajo. Aunque ciertas habilidades —como la resolución de problemas o la influencia— sí se utilizan más entre personas con educación terciaria, otras no muestran diferencias significativas una vez controlado el tipo de ocupación. No obstante, el informe subraya que carecer de estudios secundarios superiores limita de forma clara el acceso a trabajos más intensivos en competencias.

El impacto del uso de competencias en los salarios y la productividad.

La OCDE constata una asociación clara entre el uso más frecuente de competencias y unos salarios más elevados. Este vínculo se mantiene incluso tras considerar factores individuales y del puesto de trabajo. Las competencias con mayor retorno salarial son las relacionadas con la influencia sobre otras personas y las competencias de procesamiento de la información, como la lectura, las matemáticas o el uso de tecnologías de la información.

En el caso de España, el informe señala una variación notable en los retornos salariales vinculados al uso de competencias: quienes utilizan más intensamente las competencias de influencia (vinculadas a tareas como coordinar, supervisar, negociar o persuadir en el entorno laboral, etc.), obtienen salarios un 10% más altos, mientras que el uso intensivo de competencias físicas (asociadas a exigencias como el esfuerzo físico, la manipulación de cargas o el trabajo manual) se relaciona con una penalización salarial superior al 9%.

A nivel agregado, los países con una distribución más desigual del uso de competencias tienden a presentar mayores niveles de desigualdad salarial. Por el contrario, un uso más extendido y equitativo de las competencias se asocia con una menor dispersión de salarios. Asimismo, existe una relación positiva entre el uso de competencias y la productividad laboral: las economías con mayor frecuencia de uso de competencias clave suelen registrar niveles más altos de producto interior bruto por hora trabajada.

En esta comparación internacional, España aparece entre los países situados en el extremo con mayor desigualdad, al figurar junto con Chile en el grupo donde coinciden altos niveles de desigualdad en el uso de competencias y alta desigualdad salarial, en línea con mercados laborales descritos como estructuras duales y oportunidades segmentadas para tareas de alta y baja cualificación.

Todo lo anterior sugiere que no basta con aumentar el nivel medio de competencias de la población; es necesario garantizar que dichas capacidades se utilicen de manera eficaz en los puestos de trabajo para que los beneficios económicos se materialicen.

Uso de competencias, bienestar y salud mental.

Más allá de los resultados económicos, el informe dedica una atención especial a los efectos del uso de competencias sobre el bienestar de las personas trabajadoras. Los datos muestran que un mayor uso de competencias se asocia con mayores niveles de satisfacción laboral y satisfacción vital. Esta relación es especialmente intensa en el caso de las competencias vinculadas al aprendizaje en el trabajo y a la discrecionalidad en las tareas, que favorecen la autonomía y el sentido de control sobre el propio desempeño.

Desde una perspectiva de salud mental, el informe introduce un análisis específico del riesgo de burnout, entendido como un fenómeno vinculado al estrés laboral crónico no gestionado adecuadamente. El burnout se caracteriza por el agotamiento emocional, el distanciamiento mental del trabajo y una menor percepción de eficacia profesional, dimensiones que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce como propias de este fenómeno en el contexto laboral.

Aunque la encuesta PIAAC no incluye instrumentos clínicos específicos, la OCDE construye un índice de riesgo de burnout a partir de variables relacionadas con el ritmo de trabajo, la presión por plazos ajustados, la satisfacción laboral, la tendencia a sentirse deprimido, la sobrecualificación y la sobrecarga de competencias. Este enfoque permite aproximarse a los factores de riesgo desde una perspectiva psicológica y organizativa.

Los resultados indican que un mayor grado de discrecionalidad en las tareas y de autoorganización se asocia con un menor riesgo de burnout. Por el contrario, el uso intensivo de competencias físicas se vincula a un mayor riesgo, lo que sugiere que los trabajos con alta exigencia física pueden conllevar mayores costes en términos de bienestar y salud mental. En este sentido, el informe pone de relieve la importancia del diseño del trabajo y de las condiciones laborales en la prevención del burnout y del estrés en este ámbito.

Cambios en el uso de competencias a lo largo del tiempo.

El análisis longitudinal incluido en el informe permite observar cómo ha evolucionado el uso de competencias durante la última década. En términos generales, el uso de competencias de procesamiento de la información ha aumentado de forma notable, especialmente, el uso de tecnologías de la información y la escritura. Este incremento se observa incluso en ocupaciones de menor cualificación, lo que refleja la creciente digitalización del trabajo.

El informe destaca que el aumento del uso de competencias TIC en el trabajo es particularmente pronunciado en España (junto con Chile e Irlanda), lo que apunta a una fuerte intensificación del uso de herramientas digitales en el entorno laboral.

Por el contrario, el uso de competencias físicas y de destreza manual ha disminuido en numerosos países, en línea con la automatización y la transformación de las tareas. Asimismo, aunque las personas con menor nivel educativo han incrementado el uso de varias competencias, persisten brechas significativas, y no se observa una convergencia clara entre hombres y mujeres en la mayoría de los dominios analizados.

Conclusiones: más allá de la formación, el reto del uso eficaz de las competencias.

Las conclusiones del informe de la OCDE son claras: ampliar el nivel de competencias de la población es una condición necesaria, pero no suficiente, para mejorar la productividad, reducir las desigualdades y promover el bienestar. El verdadero reto reside en garantizar que las competencias existentes se utilicen de forma eficaz en los entornos laborales.

Para ello, resulta imprescindible actuar sobre el diseño de los puestos de trabajo, las prácticas de gestión y la organización de las tareas, promoviendo contextos que favorezcan la autonomía, el aprendizaje y la participación. Desde una perspectiva psicológica y de salud mental, facilitar un uso adecuado de las competencias no solo contribuye al rendimiento económico, sino que también reduce el riesgo de estrés crónico y burnout, mejora la satisfacción y refuerza el sentido de eficacia profesional.

En definitiva, el informe subraya que el futuro del trabajo no depende únicamente de lo que las personas saben, sino de las oportunidades reales que tienen para poner en práctica ese conocimiento, en condiciones que promuevan tanto la eficacia como el bienestar psicológico y social.


Fuente.

OECD (2026), How Workers Use, or Don’t Use, their Skills in the Workplace, Getting Skills Right, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/0e7c6dc9-en

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